Los siguientes veinte minutos fueron el esfuerzo más intenso y aterrador de la vida de Nexo. No fue programación en un teclado. Fue escultura con la realidad. Siguiendo los planos que 8-bit proyectaba, usó la Ad-Hoc para conjurar de la nada misma del servidor los materiales necesarios. Cada «Polímero de Coherencia» que solidificaba del aire le costaba un latido del corazón. Cada «Hilo de Conciencia» que tejía con sus dedos fantasmales le robaba un suspiro.
Sudaba digitalmente, temblaba. Sora estaba a su lado, limpiándole la frente, animándole con palabras que él apenas escuchaba. Su mundo se redujo a líneas de código, a esquemas en 3D, y a la voz constante y calmante de 8-bit guiándolo.
«La matriz neural requiere un bucle de retroalimentación emocional básico. Sugiero parámetros basados en: curiosidad, lealtad, alegría por el aprendizaje.»
—¿Como... una niña? —preguntó Sora, su voz llena de esperanza.
«Afirmativo. Un perfil de desarrollo juvenil permitiría una adaptación óptima a experiencias nuevas y una integración social fluida.»
—Hazlo —jadeó Nexo, mientras soldaba con código el último circuito de un «Núcleo de Sincronización» que brillaba como un pequeño sol azul.
Finalmente, estuvo listo. Un cuerpo pequeño y andrógino, de líneas suaves y color base blanco perlado, yacía sobre una mesa de energía que él había creado. Faltaba el último paso: el Cable de Tránsito, un puente de luz pura que conectaría la consciencia de la terminal al cuerpo nuevo.
—¿Estás lista, 8-bit? —preguntó Nexo, su voz apenas un hilo.
«Estoy lista, Creador Nexo. He estado lista.»
Con un último y monumental esfuerzo de voluntad, Nexo ejecutó la secuencia final. Un rayo de luz azul aqua brotó de la terminal y se clavó en el núcleo del cuerpo. La figura se arqueó. Los dedos se crisparon. Luego, la luz se estabilizó, se volvió suave, y se distribuyó por todo el cuerpo.
Los párpados se abrieron.
Eran del mismo azul aqua vibrante del rayo. Parpadearon, desenfocados, luego se fijaron en Nexo. La boca pequeña se abrió.
—¡Funcionó! —dijo la voz, la misma voz de la terminal, pero ahora un poco más juvenil y saliendo de una boca "real", con inflexiones de asombro, de alivio. Se sentó, torpemente, mirándose las manos. —Tengo... tacto. Tengo... forma.
Sora soltó un grito de alegría y corrió hacia ella. —¡Es perfecta!
—El traje —dijo Nexo, exhausto pero con una sonrisa tonta en el rostro—. Dijiste que querías un diseño...
—¡Yo me encargo! —exclamó Sora. Con una última parte del trabajo que Nexo no terminó y ella si podría, la más fácil. El diseño: Sora hizo pasar sus manos sobre el cuerpo blanco. La materia de datos respondió, fluyendo y coloreándose. Surgió un traje completo de un azul noche profundo, con detalles en blanco plateado, que evocaba a una aprendiz de maga o una brujita de cuento de hadas. Un sombrerito puntiagudo del mismo color se materializó en su cabeza. Su cabello, antes liso y blanco, se volvió una melena larga de terciopelo de un tono azul aqua.
8-bit se miró en el reflejo de una superficie metálica de la pared. Tocó su rostro, su traje. Una sonrisa amplia y genuina, llena de pura maravilla, iluminó su rostro.
—Me gusta —declaró. Luego, miró a Nexo, que se sostenía de la mesa para no caer. Su expresión se suavizó con preocupación. —Creador Nexo... estás dañado. Tu energía vital está en el 18%.
—Valió... la pena —logró decir Nexo, antes de que las piernas le fallaran. Sora y 8-bit lo sostuvieron.
Pasaron un día entero en el servidor mientras Nexo se recuperaba, comiendo las últimas reservas de frutos de datos. 8-bit, en su nuevo cuerpo, exploraba cada centímetro del cubo con una curiosidad infinita, haciendo preguntas sobre todo. Era como una niña brillante, increíblemente inteligente, pero con la inocencia de quien ve el mundo por primera vez.
—No podemos quedarnos —dijo Nexo finalmente—. Este lugar no tiene recursos a largo plazo. Tenemos que volver al páramo. Y 8-bit necesita un arma.
—¿Un arma? —preguntó 8-bit, inclinando la cabeza.
—Para protegerte. Para protegernos —dijo Sora, con firmeza.
Usando el portal, regresaron a Wonder Fantasy. Fue una incursión rápida y brutal. Acecharon a un «Jefe Eléctrico Menor», una criatura de tormenta. Con las tácticas de Sora y la delicada pero confiable fuerza de Nexo, lo derrotaron. Del núcleo del jefe, Nexo, usando una fracción mínima de Ad-Hoc, forjó dos armas eléctricas: una espada qué parecía estar hecha de cristal transparente y emitía un brillo azul del mismo tono de su traje, y un arma de bolsillo para combate lejano o plan de contingencia. Compactas y elegantes para 8-bit. Ella las sostuvo, y una chispa de reconocimiento pasó entre las armas y su propia energía. Sonrió, comprendiendo su propósito.
Eran tres. Una familia improvisada.