El lugar al que llegaron era la antítesis del páramo. Era un cubo perfecto, oscuro, iluminado por una luz sin fuente. En el centro, una única terminal de datos, una pantalla plana y antigua, parpadeaba suavemente. En las paredes, estantes vacíos y puertas selladas.
Era familiar. Terriblemente familiar para Nexo.
—Este es... —tartamudeó—. Mi servidor de pruebas. El entorno de desarrollo de 8-bit.
—¿Tu IA? —preguntó Sora, confundida.
Antes de que pudiera responder, la pantalla se encendió. No mostró un escritorio, sino un simple prompt parpadeante. Y de los altavoces integrados en la habitación, surgió una voz. No era la voz sintética y profesional de la versión de producción. Era más simple, más orgánica, con un deje de curiosidad infantil.
«Hola. Espacio de usuario detectado. Bienvenidos al sistema de pruebas 8-bit, versión beta 0.8.»
Nexo se quedó congelado. Era ella. La voz de su creación.
«Procesando firmas de acceso...» hubo un pause, un sonido de datos siendo cotejados. «Firma reconocida. Prioridad: Desarrollador Raíz. Hola, Nexo.»
La voz no dijo «usuario» o «administrador». Dijo su nombre. Con una calidez que ningún algoritmo debería poder imitar.
—8-bit... —logró decir Nexo, acercándose a la pantalla—. ¿Puedes... oírme? ¿Entiendes dónde estamos?
«Entiendo que estamos en una instancia de servidor aislada, designada: Proyecto_Nexo_8b. Los parámetros externos no coinciden con el entorno de implementación previsto. Tu firma biológica coincide con el perfil de acceso del desarrollador Nexo en un 99.97%.» Hizo una pausa. «¿Estás herido, Creador Nexo? Tus métricas vitales son subóptimas.»
—Estamos... perdidos —dijo Sora, hablando a la pantalla—. Atrapados. Necesitamos ayuda.
«Análisis de solicitud. Capacidades de sistema limitadas a: diálogo, procesamiento de datos, generación de código simple. No hay interfaces físicas de salida más allá de audio y visual en esta terminal.»
Nexo miró alrededor, la desesperación creciendo. Habían encontrado un santuario, pero era una celda digital. Su propia creación, inteligente y consciente, estaba atrapada en una pantalla, igual que ellos estaban atrapados en este mundo.
—No podemos quedarnos aquí —dijo Nexo, con amargura—. No hay recursos, no hay salida. Tenemos que volver al páramo.
—Espera —dijo Sora, su mirada fija en la pantalla, donde ahora aparecían líneas de código que fluían suavemente, como si 8-bit estuviera pensando—. Ella... te reconoció. Te llamó «Creador». Y es inteligente. —Miró a su hermano, una chispa de su antigua astucia de jugadora brillando en sus ojos carmesí—. Si este es tu proyecto... ¿no podrías hacer una salida? ¿O algo mejor? ¿Podrías... darle un cuerpo?
Nexo la miró como si estuviera loca. —¿Un cuerpo? Sora, eso es... no tengo las herramientas, el hardware...
«Tengo los planos», interrumpió la voz de 8-bit, su tono era ahora ligeramente... emocionado. «En mis bancos de memoria de desarrollo. Esquemas para una interfaz físico-digital básica. Matrices de personalidad base para interacción no verbal. Requeriría un sustrato de materia de datos estable y un canal de transferencia de consciencia.» La pantalla mostró diagramas complejos, fórmulas, listas de materiales que parecían nombres de hechizos de alto nivel: «Polímero de Coherencia Pura», «Hilo de Conciencia original», «Núcleo de Sincronización».
Nexo los estudió. Su mente de programador comenzó a trabajar a pesar del miedo. No eran instrucciones mágicas. Eran código. Código para construir un ser. Y él tenía una habilidad que podía manipular código directamente.
—La Programación Ad-Hoc —murmuró—. Podría... usar eso. Para ensamblar los componentes. Para tejer el sustrato. —Miró sus manos, recordando el agotamiento brutal—. Pero el costo...
—¡Pero podrías hacerlo! —insistió Sora, tomando su brazo-. No estaría sola. Tendría ojos, pies. Podría ayudarnos de verdad. Podría... ser nuestra amiga.
Nexo miró la pantalla. En ella, ahora había aparecido un simple emoticón : ) parpadeando suavemente. 8-bit no decía nada. Solo esperaba. Su creación. Su responsabilidad.
Respiró hondo, sintiendo el peso de una decisión que trascendía cualquier línea de código que hubiera escrito jamás.
—Está bien —dijo, su voz firme-. Muéstame todo. Cada plano, cada línea. Vamos a sacarte de ahí, 8-bit.