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Capítulo 60a: El Precio De La Victoria

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 23 de septiembre de 2026

Vespera flotaba en el aire, tambaleándose, su cuerpo parpadeando como una llama a punto de apagarse. Pero sus ojos, esos ojos magenta que habían brillado con furia durante toda la pelea, ahora miraban a Foolish y Quiet. No con odio. Con algo que, en otro contexto, podría haberse parecido a la súplica.

 

—Ustedes —dijo, con voz quebrada—. Ustedes saben que yo las quise. Que les di lo que nadie más les dio.

 

Foolish la miró. No apartó la mirada.

 

—¿Querernos? —repitió, como si la palabra fuera veneno—. Nos usaste. Nos moldeaste. Nos convertiste en lo que odiábamos.

 

Quiet habló después. Su voz era baja, pero cada palabra cortaba.

 

—Nos diste comida cuando estábamos hambrientas. Nos diste refugio cuando estábamos solas. Y después nos pediste que destruyéramos todo lo que nos rodeaba. Y lo hicimos. Porque no sabíamos que había otra forma.

 

—¡Pero la hay! —gritó Vespera, y su voz se rompió—. ¡Yo les mostré!

 

—Nos mostraste tu odio —dijo Foolish—. Y nosotras lo hicimos nuestro. Pero ya no.

 

Vespera las miró. Luego miró al grupo detrás de ellas. Luego a las hermanas otra vez.

 

—¿Por qué? —preguntó, y esta vez no había furia. Solo una tristeza antigua, cansada—. ¿Por qué ellos y no yo?

 

Nadie respondió. No había respuesta que pudiera doler menos.

 

Vespera apretó los puños. La tristeza se fue. Volvió la furia.

 

—Entonces mueran conmigo.

 

Atacó.

 

---

 

Los rayos cayeron sin control. No apuntaban a nadie en particular. Apuntaban a todos. El grupo se dispersó instintivamente, pero las hermanas no se movieron. Foolish levantó una roca. Quiet hizo flotar otra. Las dos, juntas, comenzaron a compactar escombros, piedras, fragmentos del templo caído.

 

—¡Ahora! —gritó Foolish.

 

La masa de roca y escombros se cerró alrededor de Vespera. Por un momento, quedó atrapada. Una esfera imperfecta, brillando con destellos verdes, suspendida en el aire.

 

No duró.

 

La esfera explotó. La onda expansiva iluminó el cielo oscuro, y dos rayos gemelos salieron disparados de su interior. Impactaron de lleno en Foolish y Quiet.

 

Ambas gritaron. Sus cuerpos se tensaron, arqueados por la descarga. Luego, cayeron. Hacia el vacío.

 

—¡Foolish! —gritó Kurenai.

 

—¡Quiet! —gritó 8-bit.

 

Miku y Zera salieron volando antes de que nadie pudiera ordenarlo. Las atraparon en el aire, cada una a una hermana, y las depositaron suavemente en el suelo. Estaban inconscientes. Pero respiraban.

 

Nadie dijo nada. Nadie las culpó. En ese momento, solo preocupación.

 

Kurenai apretó el mango del Hell-Breaker. Sus dedos se cerraron alrededor de la piedra caliente.

 

—Yo voy —dijo.

 

—¡Kurenai, espera! —gritó Natsuki.

 

No esperó.

 

Se lanzó contra Vespera sola.

 

---

 

Los que estaban en el suelo vieron cómo Kurenai se enfrentaba a la sombra. Y lo que vieron los dejó sin palabras.

 

Kurenai movía el martillo con una facilidad y velocidad que dejaba a los demás en ridículo. Los rayos de Vespera eran esquivados o desviados por el Hell-Breaker. La cadena carmesí se extendía y se retraía, llevándola de un lado a otro como si el martillo supiera adónde quería ir antes que ella.

 

Vespera no podía desaparecer. No podía reaparecer. Cada vez que intentaba huir, Kurenai ya estaba ahí, el martillo en alto, la cadena silbando.

 

—¡¿CÓMO...?! —gritó Vespera, bloqueando un golpe con los brazos. Cosa que fue un terrible error. 

 

Kurenai no respondió. Solo atacó.

 

8-bit, desde atrás, apretó los puños. Sus luces parpadeaban con furia contenida.

 

—Yo también quiero ir.

 

Hizo para lanzarse, pero Hiro la detuvo.

 

—No —dijo.

 

—¡Pero yo puedo!

 

—No es tu turno.

 

Todos lo miraron. Hiro había sacado su arma. La sostuvo frente a sí, examinándola como si la viera por primera vez.

 

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Ember—. Ya viste que no le hace daño.

 

—No para dispararle —respondió Hiro—. Para atraparla.

 

Natsuki lo miró. Nexo también. 8-bit dejó de forcejear.

 

—¿Atraparla? —preguntó Sora.

 

Hiro activó la interfaz de su arma. Los números bailaron en el aire.

 

—El cilindro de contención de energía tiene una alta capacidad de compresión. Si lo reprogramamos a la inversa, en lugar de disparar energía... la absorbe.

 

—¿Una aspiradora? —dijo 8-bit.

 

—Exactamente.

 

Nexo se acercó, examinando los números.

 

—Vespera es energía ahora. Desde que se fusionó con la Centella.

 

—Si la absorbemos —continuó Hiro—, la contendremos en el cilindro. Las paredes fueron hechas para contener energía. Teóricamente, no debería poder salir.

 

—¿Teóricamente? —preguntó Ember.

 

—Suficientemente seguro.

 

Natsuki miró a Hiro, luego a Nexo, luego a 8-bit.

 

—¿Podemos hacerlo?

 

—Sí —respondió Nexo—. Pero la reprogramación no puede exceder el límite de código de la estructura. Tiene que ser con precisión milimétrica.

 

—¿Pues que esperamos? —preguntó Natsuki.

 

---

 

Nira activó su armadura de Metal Core. El cristal rojo brilló en su pecho.

 

—Ember, Zera, Hikari. Hay que ayudar a Kurenai.

 

Las tres asintieron. No preguntaron por qué. No hacía falta.

 

Miku y Sora se quedaron con Foolish y Quiet. Las hermanas seguían inconscientes, pero respiraban. Miku les sujetó las manos. Sora les secó el sudor de la frente.

 

—No se van a morir —dijo Miku, en voz baja.

 

—No —respondió Sora—. No después de todo.

 

---

 

Hiro, Natsuki, Nexo y 8-bit trabajaron en el arma.

 

8-bit proyectaba los diagramas en el aire, sus dedos trazando líneas de luz. Natsuki aplicaba el código, sus manos moviéndose con la precisión de un cirujano. Nexo lo extendía, conectando cada nueva línea con las anteriores. Hiro lo acomodaba donde debía, ajustando, corrigiendo, optimizando.

 

—Presión —dijo Hiro.

 

—60% —respondió 8-bit.

 

—Aumente a 80%.

 

—Voy a necesitar más.

 

—Entonces escribelo.

 

Trabajaron en silencio. Rápido. Sin errores.

 

—100% —dijo 8-bit.

 

Hiro tomó el arma. La sopesó en sus manos.

 

—Hay un problema —dijo.

 

—¿Cuál? —preguntó Natsuki.

 

—La absorción debe ejecutarse a un metro exacto de distancia. Más lejos, no hará efecto. Más cerca... absorberá la energía cercana.

 

—¿Como quiénes? —preguntó Nexo.

 

Hiro no respondió. Miró a Miku. A 8-bit. A Zera. A las hermanas, aún inconscientes.

 

—Todos —dijo.

 

El silencio se hizo denso.

 

—No hay otra opción —dijo Natsuki al fin.

 

—Lo sé —respondió Hiro.

 

Se puso de pie. Se acercó a Miku.

 

—No te acerques —dijo.

 

Ella lo miró. No preguntó por qué. Solo asintió.

 

Nexo hizo lo mismo con Sora.

 

—Corre si ves que se acerca.

 

—¿Adónde? —preguntó ella.

 

—Lejos.

 

---

 

Kurenai seguía peleando. Sus brazos ardían. El martillo pesaba, pero no para ella. Vespera estaba herida. Sangraba sombra. Pero no se rendía.

 

—¡Voy a matarlas a todas! —gritó, lanzando una ráfaga de rayos.

 

Kurenai los esquivó. La cadena la llevó detrás de Vespera. El martillo impactó en su espalda.

 

—¡Primero tendrías que atraparme!

 

—¡Ya te atrapé!

 

Vespera giró. Sus manos se cerraron alrededor del mango del Hell-Breaker. Forcejearon. La electricidad recorría el martillo, pero Kurenai no lo soltaba.

 

—¡Suelta!

 

—¡Nunca!

 

Las otras estaban al límite. Nira, Ember, Zera, Hikari. Rodearon a Vespera. No atacaron. Solo la contuvieron.

 

—¡Kurenai! —gritó Nira—. ¡Van a hacer algo! ¡Aguantá!

 

Kurenai apretó los dientes. No respondió. No podía.

 

---

 

Hiro, Natsuki, Nexo y 8-bit corrieron hacia Vespera. No llevaban armas. Llevaban el arma. Una sola.

 

—¡Desde los puntos ciegos! —gritó Natsuki.

 

Se abalanzaron.

 

Natsuki llegó primero. Golpeó a Vespera con las manos desnudas. La fuerza del impacto dejó boquiabierta a Nira. Sora, desde atrás, sonrió.

 

8-bit llegó después. Golpeó a Vespera con la guarda de su arma, no con el cañón. No quería dañarla. Quería aturdarla.

 

Hiro y Nexo la inmovilizaron. Cada uno de un brazo. La sostuvieron con fuerza.

 

Vespera forcejeó. Rayos cayeron del cielo, impactándola, cargándola de energía. La descarga pasó a Hiro. Su traje de escamas la desvió, la redistribuyó. Pero se estaba calentando.

 

—¡Zera! —gritó Hiro.

 

Zera no dudó. Se pegó a su espalda, sus manos en su costado, compartiendo la carga. No duró mucho. También empezó a calentarse.

 

—¡Natsuki! —gritó Zera.

 

Natsuki se unió. Ember también. Hikari también. Nira también. Kurenai también.

 

Todos pegados a Vespera. Todos compartiendo el peso de la electricidad. Todos quemándose.

 

—¡Suéltame! —gritó Vespera, forcejeando—. ¡SUÉLTAME!

 

Nadie la soltó.

 

—¡No! —gritó Ember.

 

—¡Ni muerta! —gritó Kurenai.

 

—¡Jamás! —gritó 8-bit.

 

Vespera quiso desaparecer. Pero la descarga que le aplicaba a Hiro y Zera era devuelta como energía sólida, anclándola, manteniéndola pegada a ellos. Como un escudo inverso. Como una jaula.

 

Les dolía. Pero era necesario.

 

8-bit se separó del grupo. El arma en sus manos. Calculó la distancia. Un metro exacto. Sus sensores no mentían.

 

Se preparó.

 

Jaló el gatillo.

 

Por un momento, nada pasó.

 

Luego, Vespera sintió que algo la jalaba desde adentro. Su cuerpo, su esencia, su energía... todo comenzó a fluir hacia el cañón del arma.

 

—¡NO! —gritó.

 

Forcejeó. Pero no podía soltarse. No podía huir.

 

Su cuerpo comenzó a desvanecerse. Primero los dedos. Luego las manos. Luego los brazos.

 

—¡POR FAVOR! —gritó—. ¡NO!

 

Nadie la soltó.

 

Pero algo inesperado pasó. El arma en las manos de 8-bit tembló. Empezó a ser atraída también.

 

—¡HIRO! —gritó 8-bit.

 

Hiro la vio. Natsuki también. Nexo también.

 

Antes de que pudieran hacer algo, unos brazos se cerraron alrededor del torso de 8-bit.

 

Eran de Quiet.

 

La hermana había despertado. Su rostro estaba pálido, sus ojos abiertos, su respiración entrecortada. Pero sus brazos no temblaban.

 

—No te sueltes —dijo, en voz baja—. No te dejaremos caer.

 

Foolish llegó después. Se puso detrás de Quiet, sujetándola a ella. Miku y Sora llegaron también, rodeando a las hermanas, formando una cadena humana que ninguna tormenta podría romper.

 

Los rayos cesaron. Hiro y Zera dejaron de conducir energía. Todos cerraron los ojos.

 

Vespera dio un último grito.

 

Luego, silencio.

 

---

 

Abrieron los ojos. El cilindro de almacenamiento del arma brillaba con un brillo magenta eléctrico. Vespera estaba adentro.

 

Todos lo sabían.

 

Nadie dijo nada.

 

Se soltaron lentamente. Los que sostenían a Vespera se abrazaron sin querer al no tener nada que sujetar. Pero luego fue enserio. No fue un abrazo planeado. Fue un abrazo de alivio. De cansancio. De no creer que seguían vivos.

 

Kurenai fue la primera en separarse. Miró a Foolish y Quiet. Las hermanas estaban de pie, apoyadas en Miku y Sora. Estaban débiles, pero enteras.

 

Antes de que alguien pudiera hablar, el suelo retumbó.

 

CRACK.

 

Nadie dijo nada. Todos sabían lo que era.

 

CRACK.

 

—La estructura —dijo Hikari, en voz baja.

 

El templo se vino abajo.

 

Pero ellos no. Una sección del suelo donde estaban flotaba, sostenida por la voluntad de Foolish y Quiet. Todo lo demás cayó al vacío. Ellos volaron.

 

Las hermanas levantaron el suelo y lo llevaron hasta la isla principal. Lo posaron suavemente en el suelo.

 

Todos bajaron. Nadie habló.

 

---

 

Las hermanas miraron al grupo. Quisieron decir algo. Kurenai y 8-bit no las dejaron.

 

Las abrazaron.

 

No hubo sollozos. Pero sí lágrimas. Las hermanas se quedaron paralizadas un momento. Luego, correspondieron.

 

Natsuki se acercó. Las vio a ambas. Su expresión era seria. Las hermanas esperaron lo peor.

 

Natsuki las abrazó.

 

En su respiración, todos escucharon que también estaba llorando.

 

—Perdónennos —dijo, en un susurro que solo ellas pudieron oír—. Perdónennos, por favor.

 

Las hermanas liberaron lágrimas.

 

Nira se acercó. Sora también. Hiro también. Miku también. Todos.

 

Las envolvieron en un abrazo.

 

Hikari dudó. Vio a los demás. Vio a las hermanas, abrazadas, llorando, temblando. Recordó que Vespera fue la culpable. Que las hermanas también fueron víctimas.

 

Cedió.

 

Entró al abrazo.

 

Todos sabían que lo peor había terminado. 

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