La noche en el Vacío se había vuelto más oscura desde que Vespera desapareció.
—¿Alguien la ve? —preguntó Miku.
—No —contestó Ember.
—No bajen la guardia —recordó Hikari—. Volverá.
Y tuvo razón. Cuando reapareció no era una sombra más. No era un susurro en la niebla. Era algo nuevo. O mejor dicho… tenía algo que ninguno había visto antes. O no esperaban ver.
En sus manos sostenía lo que ninguno imaginó, o debían haber imaginado. La piedra Centella. Sus dedos, hechos de sombra, se cerraban alrededor de ella con una lentitud deliberada, como si quisiera que todos vieran lo que estaba a punto de hacer.
—No —dijo Miku, en voz baja.
Vespera la miró. Sonrió.
Y entonces, con un movimiento que ninguno pudo anticipar, abrió un orificio en su propio pecho.
No fue sangre lo que brotó. Fue sombra. Densidad pura. La piedra Centella, amarilla como un relámpago congelado, pulsó en su mano antes de que la introdujera en esa cavidad que no debería existir.
Nadie ignoró la escena, Miku se llevó las manos a los ojos para no mirar, Nexo hizo lo mismo con 8-bit, Nira hizo una mueca de disgusto, Ember sintió náuseas, Hiro y Nexo desviaron la mirada.
El cuerpo de Vespera se convulsionó. Por un momento, nada pasó.
Luego, todo.
Su forma se volvió más sólida. Ya no era una silueta borrosa. Tenía contornos. Tenía peso. Tenía una presencia que antes no tenía. Sus ojos, antes vacíos, ahora brillaban con un magenta eléctrico que dolía mirar. Se elevó en el aire. El cielo ya oscuro. Las nubes negras que siempre habían estado en los bordes de la isla se concentraron sobre la estructura, y ahora no eran solo sombras. Eran tormenta.
—Esto no es bueno —dijo Nexo.
—Lo sé —respondió Natsuki.
Vespera no esperó. Extendió un brazo, y de las nubes bajaron clones. No los de antes, que se disipaban con un golpe. Estos eran más grandes. Más densos. Y la electricidad que los recorría los hacía sólidos. Reales.
—¡A cubierto! —gritó Ember.
Los clones atacaron. Lanzaban escombros. Golpeaban con fuerza. El grupo se dispersó instintivamente, pero no había dónde esconderse. Las ruinas del templo ya no ofrecían protección.
Hiro disparó con su arma. 8-bit también. Los proyectiles de energía impactaron contra los clones, pero solo los empujaron. No los dañaron.
—¡No sirve! —gritó 8-bit.
Sora observó un momento más. Su mente de jugadora, entrenada en miles de batallas virtuales, procesó lo que sus ojos veían.
—¡Son energía! —dijo—. ¡Los ataques de energía solo los alejan! ¡No les hacen daño!
—¿Entonces qué hacemos? —preguntó Ember.
Sora no tuvo tiempo de responder. Un clon se abalanzó sobre ella.
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Natsuki, Nira y Nexo intentaron formar un plan, pero las palabras se perdieron en el estruendo de los impactos. Las sombras eran demasiadas. Demasiado rápidas. Demasiado sólidas.
Kurenai no esperó.
Lanzó el Hell-Breaker.
El martillo giró en el aire, pesado y mortal, y atravesó a un clon como si fuera papel. La sombra se disipó en una ráfaga de electricidad. Nadie podía creer lo que veía. Ni siquiera Vespera.
Pero no era todo. Del mango del Hell-Breaker brotó una cadena carmesí, viva, que se enrolló en la muñeca de Kurenai. Ella no dudó. Jaló. El martillo regresó a su mano con la misma velocidad con la que había salido, derribando a otros tres clones en el camino.
Kurenai sonrió.
—Esto es más fácil de lo que pensaba.
Se lanzó entre las sombras. El Hell-Breaker y sus garras borraban clones uno tras otro. Pero Vespera no se quedó quieta. Más sombras surgieron de la tormenta. Más clones. Siempre más.
Uno apareció detrás de Kurenai.
No llegó a tocarla. Ember se le subió a la espalda y lo apuñaló una y otra vez hasta que se desvaneció.
—¡No estás sola! —gruñó Ember.
Kurenai sonrió. Luego volvió a la carga.
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La pelea se dividió en frentes.
Hikari y Nira enfrentaban a un clon enorme, de brazos largos y electricidad danzante. Nira cortaba, Hikari perforaba. No hablaban. No necesitaban hacerlo.
Nexo y Natsuki peleaban espalda con espalda contra otro. Natsuki desviaba golpes, Nexo los devolvía. Sus estilos, tan diferentes, se complementaban.
Miku y Hiro se turnaban para atacar y cubrirse. Miku desorientaba a los clones con sus pulsos sónicos; Hiro los remataba con su cuchillo de escamas.
Zera enfrentaba sola a un clon, su cadena y su velocidad manteniéndolo a raya.
Sora peleaba contra otro, su espada dorada cortando la sombra una y otra vez.
Kurenai seguía en el centro, imparable.
Pero Miku notó algo.
Cada vez que alguien golpeaba a un clon, Vespera se estremecía. No era solo esfuerzo. Era dolor.
—Están conectadas —dijo Miku, en voz alta—. ¡Los clones son parte de ella! ¡Cada golpe que damos, le duele a ella!
La información se extendió como un reguero de pólvora.
Natsuki compartió una mirada con Nira, Sora y Nexo. No hablaron. No hacía falta.
—Vamos a hacerlo a su manera —dijo Natsuki.
Ember, Kurenai y Hikari lo miraron.
—¿A nuestra manera? —preguntó Ember.
—Violencia —dijo Natsuki—. Ferocidad. Sin control.
Las tres sonrieron. Genuinamente felices.
—Así me gusta —dijo Hikari entre dientes con una sonrisa maliciosa.
El resto del grupo se mostró preocupado. Alguno, emocionado. Nadie objetó.
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El combate se volvió un caos hermoso.
Ya no había estrategia. No había formación. Solo golpes. Solo furia. Los clones caían uno tras otro, y cada vez que caían, Vespera se retorcía.
Miku, Zera y Nira dejaron por completo estrategias de flanco y solo pensaron en atacar, usando su velocidad natural para lanzar cortes al azar, pero efectivos.
Miku: —¡¿Nadie más siente vergüenza?! —preguntó en voz alta.
Nira: —¡Solo gozalo! ¡Imagina que son Oraculum! —dijo Nira.
Miku: (....).
Miku no respondió, se quedó quieta un momento para luego lanzar una serie de cortes al clon qué enfrentaba, parecía una maquina de coser.
Zera acabó por fin con su clon y vio a Miku, para después ver a Nira qué parecía satisfecha.
—Tengo el ligero cálculo de que ese comentario fue mala idea.
Pero Nira le restó importancia y fue por otro clon, Zera hizo lo mismo.
Ember, Kurenai y Hikari eran el centro de su propia tormenta. Hikari con su lanza cortaba y gritaba, Ember le hacía honor a su ya probablemente olvidado o arrebatado título de "Mejor guerrera" de Ancient Warriors, no parecía calcular o pensar, y ese era el peligro. Y Kurenai seguía con su combo de impactos, garras y patadas. Las tres repetían lo mismo sin parar "¡Muere, muere, muere!"
Natsuki, Sora y 8-bit eran el mismo tema de Miku, Nira y Zera, con la diferencia que estos si se mantenían espalda con espalda, estáticos. Ninguno decía nada. Aunque no pensaran, si tenían la necesidad de concentrarse.
Y Hiro con Nexo eran una maquina de destrucción en conjunto, Nexo con su espada provocaba grietas accidentalmente al cortar mientras que Hiro provocaba pequeños crateres. El riesgo que ellos destruyan la estructura es es mismo o más que Vespera.
Pero ella no se rendía. Más sombras surgían. Más clones. Siempre más.
Hasta que Vespera se hartó.
Con un gesto, disolvió a todos los clones. La niebla se dispersó. Quedaron solo ella y el grupo, frente a frente, en el centro de las ruinas.
—Basta —dijo, y su voz ya no era melodiosa. Era cansada—. Si quieren jugar, jueguen conmigo.
El grupo se posicionó. Todos tenían diferentes rostros, pero todos decían lo mismo. "Como quieras".
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Y pelearon.
Fue once contra una.
Vespera ya no usaba clones. Usaba rayos. Aparecía y desaparecía, cegaba con niebla, y cada roce dejaba una descarga eléctrica que hacía temblar los brazos y las piernas de quienes la enfrentaban.
Peleaba por instinto. Como una niña haciendo un berrinche. Pero una niña con rayos que podían matar.
Llegó un momento en que Hiro logró atrapar sus manos. Las sujetó con fuerza, impidiéndole moverse.
—Te tengo —dijo, con voz fría.
Vespera no se rindió. Un rayo cayó del cielo y la impactó. La electricidad recorrió su cuerpo y se transfirió a Hiro. Él aguantó. Su traje de escamas desviaba la energía, la redistribuía. Pero se estaba calentando.
—¡Hiro! —gritó Miku.
Él no respondió. No podía.
—Zera, Nexo, Ember... —dijo, con la voz entrecortada—. ¿Me echan un cable?
Los tres corrieron hacia él. Zera apoyó las manos en el costado de Hiro, usando su propia manipulación de energía para aliviar la carga. No duró mucho. Su cuerpo también empezó a calentarse.
Nexo usó sus manos. Ember apoyó la espalda, protegida por su capa de plata.
Forcejearon. Empujaron. Vespera no soltaba.
Y entonces, Kurenai y 8-bit vieron una oportunidad.
Kurenai levantó el Hell-Breaker y lo lanzó con todas sus fuerzas contra Vespera mientras que 8-bit disparó una ráfaga de plasma.
Pero Vespera desapareció un instante antes. El ataque a dueto impactó contra Hiro, Zera, Nexo y Ember.
—¡Rayos! —dijeron los cuatro al unísono, saliendo volando hacia atrás.
Kurenai y 8-bit quedaron paralizadas un segundo. Luego hablaron.
—¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! —dijeron al unísono, tres veces en tres segundos.
No esperó respuesta. Se giraron y fueron tras Vespera, acompañadas de Hikari y Nira.
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Los cuatro caídos estaban en el suelo, echando humo. Pero estaban estables.
Miku y Natsuki ayudaron a Hiro a levantarse. Sora ayudó a Nexo. Ember, que había recibido la menor parte del impacto, ayudó a Zera.
—¿Duele? —preguntó Sora.
—Como un rayo —respondió Nexo, con una mueca que quería ser sonrisa.
Hiro miró su traje. Aún humeaba. Pero sus sistemas seguían funcionando.
—Probabilidad de seguir peleando: 78% —dijo—. Aceptable.
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Mientras se recuperaban, observaron a Kurenai, 8-bit, Nira y Hikari enfrentarse a Vespera. La sombra ya no era tan rápida. Los rayos ya no caían con tanta precisión.
—Está cansada —dijo Natsuki.
—No —respondió Hiro—. Está perdiendo el control.
Vespera lanzó una ráfaga de rayos que obligó a sus oponentes a retroceder. No las persiguió. Se quedó flotando en el aire, jadeando. Su cuerpo, antes sólido, ahora parpadeaba como una llama a punto de apagarse.
—¡Es ahora! —gritó Natsuki.
Hiro y Zera se miraron. No hablaron. Actuaron.
Sus escudos se activaron al mismo tiempo, entrelazándose, formando una barrera que ningún rayo podría atravesar. O eso esperaban.
Vespera cargó. Impactó contra los escudos.
CRACK.
Los escudos se fracturaron. Pero no cedieron.
—¡Sostengan! —gritó Natsuki.
Vespera empujó. Los escudos se resquebrajaron más.
CRACK.
—¡No voy a... poder...! —dijeron Hiro y Zera al unísono, con la voz tensa.
CRACK.
Los escudos estallaron en una onda expansiva que lanzó a todos hacia atrás. Hiro y Zera cayeron al suelo. Vespera se elevó en el aire, tambaleándose, pero aún en pie.
—¿Eso es todo? —preguntó, con voz quebrada—. ¿Todo lo que tienen?
Cargó un ataque masivo. Múltiples rayos convergieron en sus manos, formando una esfera de luz magenta que crecía y crecía.
—¡Estamos fritos! —gritó 8-bit.
—¡Agárrense! —ordenó Natsuki.
Hiro y Zera activaron sus escudos otra vez, aunque sabían que no iban a aguantar. Miku generó pulsos sónicos para reforzarlos. El grupo se abrazó, esperando lo inevitable.
El ataque no llegó.
Una roca de destellos verdes se interpuso en el camino de la esfera, absorbiéndola, y salió volando hacia Vespera. Ella la esquivó por poco, desviándose en el aire.
Todos miraron hacia atrás.
Foolish y Quiet estaban ahí. No en la cueva. No en las sombras. Ahí. Frente a ellos. Con los brazos extendidos, listas para seguir lanzando.
Vespera palideció. No era una metáfora. Su rostro, ya de por sí pálido, perdió todo color.
—¿Ustedes...? —comenzó a decir.
—Nosotras —respondió Quiet.
Foolish levantó otra roca. Quiet la hizo flotar a su lado.
—Ya no más —dijo Foolish.
Vespera las miró. Luego miró al grupo. Luego a las hermanas otra vez.
—¿Por qué?
Foolish no respondió. Quiet tampoco. No hacía falta.
Las hermanas están frente a Vespera, el grupo detrás, y la tormenta, por un momento, en silencio.