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Capítulo 58: La Sombra Habla

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 23 de septiembre de 2026

La niebla era más densa que nunca.

 

No era como las nubes del Jardín Cobalto, que se disipaban con el viento. Esta era espesa, casi sólida, y absorbía el sonido de una manera que hacía que los pasos propios sonaran lejanos, como si vinieran de otro lugar. El grupo seguía en el templo, rodeado por la niebla, sin saber dónde estaban Kurenai y 8-bit. No podían ir a buscarlas. La niebla no los dejaba avanzar. Y Vespera mucho menos. 

 

Natsuki apretó la empuñadura de su espada.

 

—No podemos quedarnos aquí —dijo—. Tenemos que encontrarlas.

 

Hiro activó sus escáneres. Los datos no llegaban. No había señales. No había referencias.

 

—No sabemos en qué dirección están —respondió—. La niebla distorsiona todo. Probabilidad de éxito: 12%.

 

Ember golpeó su puño contra la palma de su mano.

 

—¡Entonces nos dividimos!

 

Nira negó con la cabeza.

 

—No. Si nos separamos, Vespera nos va a cazar uno por uno.

 

Fue entonces cuando las sombras comenzaron a moverse.

 

---

 

Clones de sombra emergieron de la niebla. Eran idénticos a Vespera. Se movían igual. Atacaban igual. Sus siluetas se recortaban contra la bruma gris, imposibles de distinguir de la original.

 

Hiro activó sus escáneres otra vez. Los números bailaron en su visión, pero no encontraban coherencia.

 

—Mis escáneres no distinguen los clones del original —dijo, y su voz era más tensa de lo habitual—. Probabilidad de error: 98%.

 

Zera asintió, sus propios sensores trabajando a máxima capacidad.

 

—Los míos tampoco. Es como si todos fueran reales.

 

Natsuki desenfundó su espada.

 

—Entonces no confiamos en los escáneres. Confiamos en nosotros.

 

El grupo atacó. Los clones se disipaban y reaparecían en otro lugar, como si la niebla misma los reubicara. Cada vez que alguien golpeaba a un clon, resultaba ser una ilusión... o un compañero.

 

Ember golpeó a un clon que se disipó en el aire.

 

—¡OTRA VEZ NO!

 

Sora esquivó un ataque que venía de Nexo, su espada dorada levantándose justo a tiempo para desviar el golpe.

 

—¡Soy yo!

 

Nexo retrocedió, confundido.

 

—¡No te vi! ¡Esto es un fastidio!

 

Incluso Hikari estaba teniendo problemas. Disparó una flecha a una sombra, pero era Hiro. Hiro la esquivó por poco. Recibió el impacto con el cuchillo de escamas, y con esa energía potenció el impacto, pero cuando se volteo a ver no había nadie, ni siquiera veía a sus compañeros, sintió la voz de Vespera en su oído —No es mentira —Hiro se dio vuelta rápido y disparó al clon qué tenía detrás, pero era Hikari. Quien tubo que agacharse para esquivarlo. 

 

—¡OYE! —le reprochó. 

 

—Perdón, me esta sacando de quisio. 

 

Miku voló sobre ellos, tratando de mantener una vista panorámica, pero incluso ella perdía la orientación.

 

—¡Tengan cuidado! —gritó—. ¡Vamos a lastimarnos de verdad!

 

---

 

El grupo se reunió en el centro, espalda con espalda, formando un círculo. No podían avanzar. No podían encontrar a Kurenai y 8-bit. Solo podían defenderse.

 

Natsuki respiraba hondo, conteniendo la frustración.

 

—No podemos seguir así. Nos está desgastando.

 

Hiro asintió, sus ojos recorriendo la niebla sin encontrar un blanco claro.

 

—Esa es su intención. Que nos cansemos. Que nos lastimemos entre nosotros.

 

Hikari apretó su lanza con ambas manos.

 

—Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos aquí hasta que se aburra?

 

Una voz surgió de la niebla. Suave. Melódica. Y venenosa.

 

—Nunca me aburro. Ustedes son muy entretenidos.

 

Ember rugió hacia la oscuridad.

 

—¡MALDITA! ¡MUÉSTRATE!

 

---

 

Natsuki alzó la voz. No era un grito. Era una demanda.

 

—¿Por qué hacés esto? ¿Qué ganás con aterrorizar a un pueblo entero?

 

La voz de Vespera respondió, lenta, como si estuviera saboreando cada palabra.

 

—¿Ganar? No gano nada. No necesito ganar. Solo necesito que pierdan.

 

Nira apretó la mandíbula.

 

—¿Y ellas? ¿Engañarlas, usarlas? ¿Eso también es parte de tu juego?

 

—No las engañé —respondió Vespera, y por un momento, casi pareció sincera—. Les di lo que ustedes no pudieron. Comida. Refugio. Cariño.

 

Sora la miró fijamente, aunque no podía verla.

 

—¿Cariño? ¿Les diste cariño o les diste un propósito para tu objetivo?

 

—Una cosa no excluye la otra.

 

Nexo intervino, su voz cargada de una furia contenida.

 

—¿Y los Zeninaris? ¿Qué te hicieron ellos?

 

—Nada —dijo Vespera, y su voz se volvió más fría—. No me hicieron nada. Por eso los odio.

 

---

 

Miku dio un paso al frente, sin miedo.

 

—¿Por qué? ¿Qué te hicieron?

 

La niebla se agitó. Por un momento, la silueta de Vespera se hizo visible. No atacaba. Solo hablaba.

 

—No sé de dónde vengo. No me importa. Aparecí un día en un lugar vacío. Luego terminé en esta isla. Vi a los que vivían aquí. Y los desprecié.

 

Zera, siempre analítica, preguntó:

 

—¿Por qué? ¿Qué te hicieron?

 

—Nada —repitió Vespera, y esta vez su voz tembló, no de miedo, sino de algo más oscuro—. Por eso. No me hicieron nada y yo ya los odiaba. Desde que nací, solo puedo odiar. Todo. A todos. Quiero que se destruyan. Que se consuman.

 

Hikari dio un paso al frente. Su lanza apuntaba hacia la niebla, hacia donde creía que estaba Vespera.

 

—Eso es patético.

 

La niebla se agitó.

 

—¿Perdón?

 

Hikari no bajó la guardia.

 

—¿Odio nato? ¿No se te ocurrió un cuento más barato? Yo perdí a mis guardianes. Vi a mi pueblo caer. Y nunca se me ocurrió culpar a todos por lo que hicieron unos pocos.

 

—No es mi problema si no me creés.

 

Hikari la miró con desprecio.

 

—No es que no te crea. Es que no me importa. Eres patética. Y vas a caer.

 

---

 

La niebla se calmó. Vespera siguió hablando, como si nada la hubiera afectado.

 

—Aprendí a influir en las mentes. Al principio era pequeño. Una duda aquí, un miedo allá. Disfrutaba viéndolos pelear.

 

Hiro la interrumpió.

 

—Te descubrieron. De alguna forma te atraparon y enviaron a esta isla.

 

—Sí —admitió Vespera—. Y me quedé aquí. Sola. Por lo que pareció una eternidad.

 

Miku preguntó lo que todos querían saber.

 

—¿Y ellas?

 

—Surgieron de una grieta —dijo Vespera, y por primera vez, algo parecido a la nostalgia cruzó su voz—. No sé de dónde vinieron. Pero las vi. Estaban solas. Asustadas. Hambrientas. Y vi en ellas lo que siempre quise: odio puro, sin motivo, sin destino.

 

Sora apretó los puños.

 

—Las usaste.

 

—Las usé, sí. Pero también las quiero. Como dije: una cosa no excluye la otra.

 

Ember escupió las palabras.

 

—No sabes lo que es querer. Solo sabes lo que es usar.

 

—Tal vez —respondió Vespera, y su sonrisa se sintió incluso a través de la niebla—. Pero eso no cambia lo que sienten ellas por mí.

 

---

 

Natsuki alzó la voz. No era un grito. Era una promesa.

 

—Vamos a salvarlas. Lo dije antes y lo repetiré. No porque nos deban algo. Porque es lo correcto. Y porque también se los debemos. 

 

Nira asintió.

 

—Las encontramos una vez. Las vamos a encontrar otra vez.

 

Miku, con su voz suave pero firme, añadió:

 

—Y vamos a enmendar nuestro error. Todavía estamos a tiempo.

 

Nexo cerró los puños.

 

—No vamos a dejarlas ahí. No otra vez. 

 

Sora, a su lado, completó la idea.

 

—No esta vez.

 

Ember levantó sus espadas hacia la niebla.

 

—Y tu, sombra, te haremos pagar.

 

Hiro fue el último. Su voz fue fría, calculada, pero con una determinación que no admitía dudas.

 

—Las enmendaremos. A ellas y a todos. Si para eso debemos exterminar una sombra... Que así sea.

 

La niebla se agitó. La voz de Vespera llegó, burlona.

 

—¿Y cómo piensan hacerlo si ni siquiera saben dónde están...?

 

No pudo terminar la frase.

 

---

 

CRACK.

 

El suelo se agrietó. Vespera se quedó en silencio.

 

CRACK.

 

Natsuki miró hacia abajo.

 

—¿Qué fue eso?

 

CRACK.

 

La voz de Vespera, por primera vez, perdió su tono burlón.

 

—No... puede ser...

 

El suelo explotó.

 

Escombros volaron en todas direcciones. La niebla se dispersó. Un objeto rojo y brillante salió disparado del agujero, giró en el aire con una velocidad imposible, y cayó en una mano extendida.

 

La de Kurenai.

 

Ella caminó fuera del polvo, el Hell-Breaker en su mano, sus ojos fijos en Vespera. Su ropa estaba rasgada, su rostro cubierto de tierra, pero su mirada era firme.

 

---

 

Miku fue la primera en reaccionar.

 

—¡KURENAI!

 

Corrió hacia ella. La abrazó. Nira también. Zera también. Ember también. Sora también.

 

Nira la abrazó con fuerza, su voz ronca.

 

—¡No vuelvas a hacer eso!

 

Ember la abrazó con tanta fuerza que Kurenai casi pierde el equilibrio.

 

—¡Pensé que estabas muerta!

 

Sora se unió al abrazo, riendo y llorando al mismo tiempo.

 

—¡Nos asustaste!

 

Zera no abrazó, pero se acercó. Su voz era más suave de lo habitual.

 

—Estás bien.

 

Hiro, Natsuki, Nexo y Hikari no se movieron. Sostuvieron sus posiciones, armas apuntando a la niebla. Pero sus ojos se relajaron. Solo un poco.

 

---

 

Hikari fue la primera en notarlo. Su mirada se clavó en el martillo.

 

—El... Hell-Breaker.

 

Nexo la miró.

 

—¿Eso es?

 

Hiro analizó el arma. Sus números bailaron, pero no encontraban lógica.

 

—Kurenai... ¿cómo puedes levantarlo? Pesa más de...

 

Kurenai no lo miró. Solo respondió, con una calma que no le conocían.

 

—No pesa.

 

Zera frunció el ceño.

 

—Eso es imposible. Mis sensores indican que debería...

 

—No pesa —repitió Kurenai, y esta vez levantó el martillo con una mano—. No para mí.

 

Hikari, en voz baja, dijo:

 

—Te eligió.

 

---

 

Nexo miró alrededor. Su rostro palideció.

 

—¿Dónde está 8-bit?

 

Antes de que alguien pudiera responder, Vespera se materializó detrás de ellos. Una esfera de sombra crecía en su mano, densa, pulsante, lista para estallar como la última que los separó.

 

—Esa… cosa... no debió volver a la luz...

 

Iba a lanzar la sombra.

 

Dos disparos de luz cian la impactaron en el pecho.

 

Gritó. Retrocedió.

 

Una descarga eléctrica la envolvió. Gritó otra vez.

 

—¡¿QUIÉN...?!

 

Su cuerpo se desvaneció en el aire. La sombra se disipó.

 

8-bit descendió desde arriba, su pistola de plasma aún humeando.

 

—Yo.

 

---

 

Nexo no recordaba haber corrido tan rápido en su vida.

 

—¡8-BIT!

 

La abrazó con fuerza. Ella se apoyó en él. No hablaron. No hacía falta.

 

8-bit, con la voz cansada pero tranquila, dijo:

 

—Estoy bien, Nexo. Estoy bien.

 

---

 

Sora miró a Kurenai, luego a 8-bit.

 

—¿Las otras? ¿Dónde están?

 

Kurenai y 8-bit intercambiaron una mirada. Había algo que no decían. Algo que pesaba.

 

Kurenai respondió, con una pausa que duró más de lo necesario.

 

—En la cueva. Están... pensando.

 

Sora insistió.

 

—¿Vamos por ellas?

 

Otra pausa. Más larga.

 

—Mejor lo arreglamos más tarde.

 

---

 

El grupo se reunió. La niebla seguía ahí, pero ya no los rodeaba. Vespera se había ido. Por ahora.

 

Natsuki apoyó su espada en el suelo.

 

—No va a durar mucho. Va a volver.

 

Hiro asintió.

 

—Lo sé. Pero ahora tenemos un meteorito con empuñando. 

 

Kurenai lo miró.

 

—Y tenemos algo más. Aunque no lo sepan.

 

8-bit, todavía en los brazos de Nexo, añadió:

 

—Y nos tenemos unos a otros.

 

Ember cruzó los brazos.

 

—Qué cursi.

 

Miku sonrió.

 

—Pero cierto.

 

Hikari miró a Kurenai, al martillo, a la niebla que empezaba a disiparse en el horizonte.

 

—Todavía no terminó.

 

Natsuki enderezó la espada.

 

—Lo sé. Por eso vamos a respirar. Y luego... vamos a terminar esto.

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