Saltar al contenido
Explorar novelas

Capítulo 51: El Trono De la Sombra

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 23 de septiembre de 2026

Días después de su llegada, las hermanas seguían en la parte olvidada. Sus cuerpos, pálidos y demacrados, apenas se sostenían. Foolish había dejado de caminar. Quiet había dejado de hablar. Solo esperaban.

 

—No puedo más —dijo Foolish, su voz apenas un hilo—. No se porque… pero necesitamos… ¿como se llama?… comer.

 

Quiet no respondió. No había nada que decir. No había nada en las calles rotas, en las edificaciones vacías, en las sombras que las rodeaban. Solo ellas. Solo la sensación del hambre que nunca sintieron. Tal vez porque se alimentaban de quienes caían en la zona muerta del jardín cobalto (mentira). O tal vez porque habían llegado a un lugar donde, aunque nunca hayan tenido un cuerpo dado por un mundo, les exigía que debían comer.

 

—No hay nada aquí —dijo al fin.

 

—Lo sé.

 

Foolish cerró los ojos. Quiet también. En el silencio, una voz susurró.

 

—Hay comida en la ciudad. Pero no les darán nada. No a ustedes. No a las que vinieron a encerrar.

 

Foolish abrió los ojos. Vespera estaba frente a ellas, su silueta más sólida que la primera vez. Ya no era solo una sombra. Tenía contornos. Tenía presencia.

 

—¿Entonces qué hacemos? —preguntó Foolish, con la voz más firme de lo que se sentía—. ¿Nos morimos de hambre?

 

Vespera sonrió. No tenía rostro del todo, pero las hermanas sintieron su sonrisa.

 

—Yo puedo conseguirla. Solo confíen en mí.

 

---

 

Horas después, Vespera regresó.

 

Traía frutas que brillaban con luz propia, sopas que aún estaban calientes, agua que reflejaba las auroras del Vacío. Lo dejó todo frente a las hermanas, que la miraban sin entender.

 

—¿Cómo lo hiciste? —preguntó Quiet.

 

Vespera flotó hacia ellas, sus pies apenas rozando el suelo.

 

—Les dije que alguien había llegado a la parte olvidada. Alguien que necesitaba ayuda. Y ellos... creyeron.

 

Foolish tomó una fruta. La sostuvo como si fuera a desaparecer.

 

—¿Les mentiste?

 

Vespera se inclinó. Su rostro, aún borroso, estaba cerca del de Foolish.

 

—Les dije lo que necesitaban oír. Como hago siempre. Como haré siempre. Para protegerlas.

 

Foolish mordió la fruta. Quiet tomó el agua. No preguntaron más.

 

---

 

Pasó una semana.

 

Vespera traía comida cada día. A veces frutas. A veces panes. A veces cosas que las hermanas no conocían, pero que las alimentaban igual. Y poco a poco, sus cuerpos cambiaron.

 

Los pómulos que antes marcaban sus rostros se suavizaron. Los brazos que antes parecían ramas recuperaron forma. Las piernas que antes temblaban al caminar volvieron a sostenerlas.

 

Foolish se miró las manos. Ya no veía los huesos bajo la piel.

 

—¿Por qué haces esto por nosotras? —preguntó.

 

Vespera flotaba cerca, observando.

 

—Porque nadie lo hizo por mí. Porque sé lo que es estar sola. Porque sé lo que es... necesitar.

 

Quiet la miró. Por primera vez, en sus ojos no había desconfianza.

 

—¿Dónde vives? —preguntó.

 

Vespera sonrió.

 

—Quiero mostrarles.

 

---

 

La llevó a una isla pequeña, separada de la isla principal. No había caminos que llevaran hasta ella. No había puentes. Solo el vacío, las auroras, y una estructura antigua que ninguna de las hermanas había visto antes.

 

—Aquí nadie me molesta —dijo Vespera, flotando hacia la entrada—. Aquí nadie me juzga. Aquí soy... yo.

 

Entraron. No había puertas. No había paredes en la sala principal. Solo columnas que sostenían un techo que no existía. Y al fondo, una escalera que ninguna usó. Flotaron hasta arriba.

 

En lo más alto, una sala sin paredes. El vacío alrededor. Las auroras iluminando el espacio. Y en el centro, un trono.

 

No era de piedra. No era de metal. Era de sombra. De luz negra. De algo que no debería existir, pero que estaba ahí, esperando.

 

Vespera se sentó. Por primera vez, parecía completa.

 

—Este es mi lugar —dijo, y su voz resonó en el vacío—. Mi reino. Lo que he construido con lo que me dieron. Lo que he construido con lo que me quitaron.

 

---

 

—Los nativos de esta tierra nos temen —dijo Vespera, desde su trono—. Nos temen porque no nos entienden. Nos temen porque no pueden controlarnos. Y mientras tengan miedo... nos van a lastimar.

 

Foolish apretó los puños.

 

—¿Qué propones?

 

Vespera se levantó. Flotó hacia ellas.

 

—Que no dejen de tener miedo de nosotras. Que nos respeten. Que nos teman. Porque el miedo que controlas... no te controla a ti.

 

Quiet la miró.

 

—¿Y después?

 

—Después... salimos de aquí, de alguna manera. Vamos al Jardín. A los mundos de los que nos expulsaron. A todos los lugares donde nos hicieron sentir que sobraban. Y les mostramos que nunca sobraremos. Que siempre estaremos. Y que no se van a librar de nosotras.

 

Foolish sintió que algo se encendía en su pecho. No era rabia. Era más viejo. Más profundo.

 

—¿Y si nos vuelven a encerrar?

 

Vespera se acercó. Su rostro, ahora más definido, estaba a centímetros del de Foolish.

 

—No van a poder. Porque ahora no están solas. Ahora están con alguien que las entiende. Que las cuida. Que nunca las va a abandonar.

 

Quiet cerró los ojos. Por un momento, no hubo nada. Solo el silencio. Solo el vacío. Solo la certeza de que, si decían que no, estarían solas otra vez.

 

Abrió los ojos.

 

—Estaremos contigo.

 

Vespera sonrió. Por primera vez, las hermanas vieron su rostro completo.

 

---

 

Las hermanas no sabían que la historia de Vespera era solo parcialmente cierta.

 

No sabían que los nativos nunca intentaron encerrarla. Solo la apartaron cuando empezó a corromper las mentes de los más jóvenes.

 

No sabían que la comida que trajo no la pidió. La robó. La tomó de quienes aún creían que había esperanza para ella.

 

No sabían que el trono no lo construyó con lo que le dieron. Lo construyó con lo que destruyó.

 

No sabían que Vespera no solo quería que les temieran para respetarlas. Quería que la temieran solo a ella. Para así poder escapar de lo que cree es una prisión. Y que ellas eran sus primeras herramientas.

 

Pero en ese momento, en esa sala sin paredes, bajo la luz de las auroras, no había espacio para la duda.

 

Solo para la certeza de que, por primera vez en mucho tiempo, no estaban solas.

 

---

 

En la ciudad principal, los nativos seguían con sus vidas.

 

Luces de colores brillaban entre las edificaciones. Niños corrían entre los caminos, sus colas brillando con alegría. Ancianos seguían contando historias de tiempos mejores, de cuando los Caminantes cruzaban el Vacío, de cuando su diosa caminaba entre ellos.

 

No sabían lo que les esperaba.

 

No sabían que las hermanas ya no estaban muriendo de hambre.

 

No sabían que Vespera, esa sombra que habían apartado hacía tiempo, ya no estaba sola.

 

Y en el borde del pueblo, una de ellos entrenaba sola.

 

Sus colas se movían con cada golpe, con cada estocada, con cada movimiento que repetía una y otra vez. No era la más fuerte. No era la más rápida. Pero era la única que no había dejado de entrenar desde que la sombra llegó y les arrebató todo.

 

Se detuvo. Miró hacia la parte olvidada. Algo la inquietaba. Algo que no podía nombrar.

 

—Algo va a pasar —murmuró—. Y nadie me va a escuchar hasta que sea demasiado tarde.

 

Bajó la mirada. Volvió a entrenar.

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Yovannyx4gl en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: La última guardia · Virtual World—The Other Plane · Héroes