Saltar al contenido
Explorar novelas

Capítulo 50: El Reino De La Sombra

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 23 de septiembre de 2026

La caída no tuvo fin.

 

No había suelo bajo sus pies. Debían flotar. No había paredes a los lados. Solo oscuridad, infinita, profunda, y alrededor, auroras de colores que se encendían y apagaban como latidos distantes. Rojo. Verde. Violeta. Cada pulso iluminaba sus rostros demacrados, sus ojos hundidos, sus manos aún temblorosas por meses de encierro.

 

Foolish intentó agarrarse a algo. No había nada.

 

—¿Dónde...? —comenzó a decir, pero su voz se perdió en el vacío.

 

Quiet no respondió. Sus ojos recorrían el espacio, buscando algo que sus sentidos pudieran tocar. No encontraba nada.

 

—No lo sé —dijo al fin—. No siento nada abajo.

 

—¿Entonces vamos a flotar para siempre?

 

Quiet no respondió. Pero en la distancia, algo brilló.

 

Una isla.

 

Flotaba sobre el vacío como una astilla de un mundo roto. Luces tenues parpadeaban sobre su superficie. Construcciones. Edificaciones menores. Caminos que no llevaban a ningún lado. Y alrededor, el vacío, las auroras, la noche eterna.

 

Foolish sintió que su presión se ralentizaba. Quiet también. Algo las guiaba hacia la isla. Algo que no podían ver, pero que las sostenía.

 

—¿Qué lugar es este? —preguntó Foolish, sin esperar respuesta.

 

—No lo sé —respondió Quiet—. Pero es un lugar.

 

Aterrizaron.

 

---

 

No era el pueblo que habían visto desde lejos.

 

Los caminos estaban rotos. Las edificaciones, vacías. Las luces que parpadeaban en la distancia, las de la ciudad principal, no llegaban hasta aquí. Aquí solo había sombras. Y silencio.

 

Foolish caminó unos pasos. Sus pies apenas hacían ruido sobre el suelo de piedra pulida.

 

—¿Dónde están los que viven aquí?

 

Quiet la siguió. Sus ojos recorrían las fachadas vacías, las ventanas sin luz, las puertas selladas.

 

—No lo sé. Pero esto no es un pueblo. Es un cementerio.

 

—¿Cementerio de qué?

 

Quiet no respondió. Pero en el silencio, una voz sí lo hizo.

 

—No es un cementerio. Es un basurero. Donde tiran lo que no quieren ver.

 

Foolish se giró. Quiet también. Sus cuerpos se tensaron, listos para atacar, para huir, para lo que fuera necesario.

 

No había nadie.

 

Solo sombras. Solo auroras reflejándose en las paredes vacías.

 

—¿Quién habla? —preguntó Foolish, con la voz más firme de lo que se sentía.

 

—Alguien que también fue abandonada. Alguien que también fue olvidada.

 

La sombra en la pared no era una sombra. Se movía. Se despegaba de la piedra como si nunca hubiera sido parte de ella. Tomaba forma. Una presencia. Una silueta. Y finalmente… un cuerpo, pero algo que quería ser visto.

 

—Me llamo Vespera.

 

La silueta se solidificó lo suficiente para que las hermanas vieran su contorno. No era algo que conocieran. No tenía rasgos animales o placas metálicas. Tampoco parecía tener armadura o armas. Era otra cosa. Algo que había crecido en las grietas, alimentado por algo que no era luz.

 

—Los que viven aquí —dijo Vespera, y su voz era suave, casi amable, pero había algo en ella que hacía que las palabras pesaran más de lo que debían— me echaron a esta parte de la ciudad cuando no pudieron controlarme.

 

—¿Controlarte? —preguntó Quiet.

 

—Soy diferente. Como ustedes. Como todo lo que no encaja. Primero intentaron entenderme. Luego intentaron cambiarme. Cuando vieron que no podían... me empujaron aquí. A la parte que no se ve. A la parte que no existe.

 

Foolish apretó los puños.

 

—¿Por qué nos contarías esto?

 

Vespera se acercó. No caminaba. Flotaba. Su silueta se movía como un susurro sobre el suelo.

 

—Porque son como yo. Porque las vi. Las vi encerradas. Las vi sufrir. Las vi ser abandonadas. Y nadie las ayudó. Nadie fue… y tampoco vendrá.

 

El silencio se hizo más denso. Foolish sintió que algo se apretaba en su pecho. Quiet mantuvo la mirada fija en la silueta.

 

—¿Cómo sabes lo que nos pasó?

 

—Las vi —repitió Vespera—. A través de las grietas. A través del espacio. A través del tiempo. Las vi en esa cueva, esperando, odiando. Y nadie las ayudó.

 

—¿Y tú? —preguntó Foolish—. ¿Tú nos ayudaste?

 

—No pude. No tenía cuerpo. No tenía fuerza. Solo tenía... ganas. Ganas de que alguien como ustedes pudiera salir. Ganas de que alguien como ustedes pudiera... entender.

 

Quiet dio un paso adelante.

 

—¿Entender qué?

 

Vespera se detuvo. Su silueta se volvió más clara. Más definida.

 

—Que los que las encerraron no son los únicos enemigos. También están los que las dejaron estar aquí. Los que las usaron y las abandonaron. Los que vinieron después... y las encerraron otra vez.

 

—¿Los del Jardín? —preguntó Foolish, con la voz temblando—. ¿Los que nos encontraron?

 

—Ellos no las encontraron. Ellos las buscaron. Y cuando las vieron, no las ayudaron. Las juzgaron. Las encerraron. Como hicieron todos antes que ellos.

 

Foolish sintió que algo se rompía dentro de ella. No era rabia. Era más viejo. Más profundo.

 

—¿Y qué quieres a cambio? —preguntó Quiet.

 

Vespera se acercó más. Su voz se volvió un susurro.

 

—Nada. Solo verlas libres. Solo verlas... vengarse.

 

—¿Vengarnos de quién? —preguntó Foolish—. Los que nos lastimaron están lejos.

 

—También están los que las dejaron estar aquí —respondió Vespera—. Todos los que las hicieron sentir que no pertenecían. Todos los que las hicieron sentir que sobraban. Están conectados. 

 

Foolish miró a Quiet. Quiet la miró a ella.

 

—¿Qué hacemos? —preguntó Foolish.

 

Quiet cerró los ojos. Por un momento, no hubo nada. Solo el silencio. Solo el vacío. Solo la certeza de que, si decían que no, estarían solas otra vez.

 

Abrió los ojos.

 

—Nos quedamos.

 

—¿Con ella? —preguntó Foolish.

 

—Con quien nos entiende.

 

Vespera. En todo el rato, finalmente sonrió. Y las hermanas sintieron su sonrisa.

 

—Bienvenidas a su hogar, hermanas. Aquí nadie las va a encerrar nunca más.

 

---

 

En la distancia, en la parte brillante de la ciudad, se escuchaba como personas, o similares, celebraban una festividad. Luces de colores dadas por cristales. Música. Risas. Niños corriendo. Ancianos contando historias de tiempos mejores.

 

No sabían que en las sombras, en la parte olvidada de su propia ciudad, algo había empezado a crecer.

 

No sabían que las hermanas habían llegado.

 

No sabían que Vespera, una sombra que tampoco sabían que estaba ahi, había clavado un clavo falso, ya no estaba sola. Y no sabían lo que les esperaba. 

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Yovannyx4gl en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: La última guardia · Virtual World—The Other Plane · Héroes