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Capítulo 44: El Día Después

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 16 de septiembre de 2026

La luz entró por las ventanas de la base como si nada hubiera cambiado. Pero algo había cambiado. Todos lo sentían. Una calma nueva, un peso menos en los hombros.

 

8-bit ya estaba despierta, flotando cerca de la ventana, sus pequeños ojos azules fijos en el horizonte.

 

—Hoy es un buen día —dijo, sin dirigirse a nadie en particular—. Lo sé. Lo proceso.

 

Nadie le respondió. Nadie tuvo que hacerlo.

 

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En el claro, Zera se preparaba para su primera prueba real. Su nuevo cuerpo, la armadura de escamas negras con destellos azules, la Black Blade Chain enrollada en su brazo. Todo nuevo. Todo por estrenar.

 

Natsuki y Sora se ofrecieron como sparring. También Ember y Kurenai. Hiro y Miku observaban desde un costado. Nira estaba cerca, en silencio, evaluando.

 

Nexo llegó tarde, ajustándose el guantelete de su armadura.

 

—¿Ya empezaron? —preguntó, algo frustrado—. Siempre me pierdo lo bueno.

 

—¿Contra cuatro? —preguntó Zera, sin inmutarse—. ¿No es demasiado?

 

Ember sonrió. Esa sonrisa feroz que solo aparecía cuando iba a haber pelea.

 

—Queremos ver de qué es capaz ese nuevo cuerpo tuyo.

 

---

 

Comenzaron.

 

Natsuki y Sora se movieron primero. Era como si bailaran. No necesitaban mirarse. Sora atacaba con la precisión de una paladín, sus movimientos limpios, calculados, cada estocada en el lugar exacto, típico de un jugador en el cuerpo de su avatar. Natsuki cubría con la técnica depurada de un samurái, cada bloqueo perfectamente colocado, cada contraataque fluido.

 

Sora fingió una estocada. Natsuki aprovechó el hueco para atacar. Ni siquiera se miraron.

 

Ember observaba, impresionada.

 

—¿Siempre son así? —preguntó—. ¿Cómo hacen para saber dónde va a estar el otro?

 

Kurenai observaba con atención, sus ojos felinos siguiendo cada movimiento.

 

—No lo sé —respondió—. Pero se nota que confían. Son expertos. Cada uno en lo suyo, pero juntos son otra cosa.

 

Nexo sonrió, orgulloso.

 

—Mi hermana siempre fue buena. Pero con él... es diferente.

 

Zera los observaba. Sus ojos procesaban cada movimiento, cada ajuste, cada mirada que no necesitaba palabras. La sincronía era perfecta. Casi irreal.

 

Por un momento, dejó de procesar. Solo miró.

 

—¡Ahora! —gritó Kurenai.

 

No esperó. Se lanzó contra Zera con un ataque salvaje, impredecible. Sus garras vinieron desde ángulos imposibles. Zera bloqueó, pero Kurenai ya no estaba donde había estado. Apareció a su izquierda. Luego a su derecha. Un torbellino felino.

 

—¡No todo es técnica, Zera! —gritó Kurenai, riendo—. ¡A veces hay que ser impredecible!

 

Zera intentó seguirla, pero era como intentar atrapar humo.

 

Ember entró como un misil. Un golpe directo que Zera apenas pudo bloquear. El impacto la desplazó varios metros hacia atrás. Sus brazos no dolían, pero la fuerza la había movido como si nada.

 

—¡La fuerza también cuenta! —gritó Ember.

 

Nira observaba desde el costado.

 

—Ember no tiene técnica depurada —comentó—. Tiene poder bruto. Y sabe usarlo.

 

Zera se recuperó. Sacó la Black Blade Chain. La cadena cayó, las cuchillas brillaron.

 

Nexo la vio y su expresión cambió.

 

—¿Segura que quieres probarla ya? —preguntó—. Es difícil de dominar.

 

—No hay mejor momento —respondió Zera.

 

La cadena giró. Las cuchillas trazaron arcos en el aire. Al principio fue torpe. Luego más fluida. Luego... peligrosa.

 

La cadena alcanzó a Kurenai, que esquivó por centímetros. Luego a Ember, que la bloqueó con sus espadas. El sonido del metal resonó en el claro.

 

—¡Ya le agarró la mano! —exclamó Kurenai.

 

Natsuki y Sora volvieron a moverse. Esa sincronía perfecta. Esa confianza absoluta.

 

Zera los miró. Solo un instante. Pero fue suficiente.

 

—Ahora sí —dijo Kurenai, y barrió sus piernas.

 

Zera cayó al suelo.

 

—¿Qué...? —preguntó, desde el suelo.

 

—Te distrajiste —respondió Kurenai—. El enemigo no espera a que termines de mirar a los demás.

 

Zera miró a Natsuki y Sora, que se habían detenido. Los observó un momento.

 

—Su sincronía... —dijo, lentamente—. Afectó mi procesamiento. Es... ¿ineficiente? No. Es... agradable.

 

Sora rió.

 

—¿Eso fue un cumplido?

 

Natsuki sonrió.

 

—Creo que sí.

 

—Hasta Zera los aprueba —afirmó Ember.

 

8-bit flotó en el aire, un dispositivo en sus manos.

 

—¡Patrón de coordinación documentado! —anunció—. ¡Podríamos usarlo para optimizar nuestros propios combates!

 

---

 

Zera se levantó. Volvió a la carga. Esta vez combinó todo: la velocidad de su nuevo cuerpo, la fuerza de la armadura, la cadena danzante.

 

Ember respondió con potencia bruta. Kurenai con movimientos salvajes. Natsuki y Sora con técnica depurada.

 

Era un caos controlado. Todos mostraban sus puntos fuertes. Nadie dominaba. Nadie cedía.

 

Miku veía con emoción y nervios. 

 

—Se nota que Zera realmente disfruta su nuevo cuerpo. 

 

Hiro asintió observando desde el costado.

 

—Eficiencia de combate: óptima —dijo—. Todos en su nivel máximo.

 

Miku sonrió.

 

—Y divirtiéndose.

 

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Un ruido. Todos se giraron.

 

Una pequeña amalgama oscura emergió de entre los árboles. Era un crawler. Pequeño. Débil. Pero ahí.

 

Hiro lo escaneó.

 

—Solo uno. Probabilidad de amenaza: baja.

 

Zera dio un paso al frente.

 

—Déjenmelo.

 

Se lanzó. La Black Blade Chain silbó en el aire. El Crawler cayó en segundos. Su cuerpo se desintegró en datos dispersos.

 

En el suelo, algo brilló. Un Fragmento de Coherencia. Pequeño, pero brillante.

 

Zera lo observó.

 

—Siempre dejan algo.

 

Kurenai miró el fragmento.

 

—¿Cuánto hace que no veíamos uno de estos?

 

Natsuki pensó un momento.

 

—Desde la cueva. Las hermanas.

 

Nira asintió.

 

—Han estado ausentes mucho tiempo. Los Crawlers, digo.

 

Nexo frunció el ceño.

 

—Demasiado. No descansan. Si no están aquí...

 

—...es porque están en otro lado —completó Hiro.

 

Sora los miró.

 

—¿Consumiendo otras realidades?

 

—Probabilidad alta —respondió Hiro—. Oraculum no los usa al azar. Si no atacan, es porque esperan. O porque están acumulando fuerzas.

 

Miku suspiró.

 

—Deberíamos estar atentos.

 

Ember sonrió, desafiante.

 

—¿Atentos? Siempre lo estamos. Pero si van a venir, que vengan. Los recibiremos como siempre.

 

Zera tomó el fragmento. Lo observó un momento.

 

—No es si vienen —dijo—. Es cuándo. Y qué tan preparados estaremos.

 

Guardó el fragmento. El momento pasó.

 

---

 

Regresaron a la base. El ambiente era ligero, pero la reflexión quedó flotando.

 

Ember y Nira bromeaban sobre quién era mejor dando un aventon.

 

—¡Yo te guíe perfectamente! —decía Ember.

 

—Me sostenías del cuello —respondió Nira—. Casi me asfixias.

 

—¡Pero no te caíste!

 

Sora caminaba junto a Natsuki. Sus manos se rozaron. Luego se tomaron. No dijeron nada. No hicieron falta palabras.

 

Kurenai se acercó a Zera.

 

—¿Cómo te sientes? —preguntó—. De verdad.

 

Zera tardó en responder.

 

—Completa —dijo al fin—. Es la única palabra que tengo.

 

Kurenai asintió.

 

—Entonces es la correcta.

 

---

 

En la cocina, Hiro y Miku preparaban la cena.

 

—Están felices —dijo Miku—. Todos.

 

Nexo estaba reclinado en la pared a su lado —¿Tu crees? 

 

—Sí —respondió Hiro—. La cohesión grupal está en su punto más alto.

 

Miku sonrió.

 

—¿Siempre tienes que ponerle ese tono?

 

Hiro hizo una pausa.

 

—No. Pero hoy... no hace falta.

 

Se miraron. No dijeron nada. No necesitaban.

 

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La cena fue ruidosa. Alegre. Familiar.

 

8-bit intentó contar lo del Crawler con exageración, sus brazos haciendo gestos enormes.

 

—¡Y entonces Zera lanzó la cadena y el Crawler voló por los aires y explotó en mil pedazos!

 

—Eso no pasó —dijo Zera, sin malice—. Pero la intención es correcta.

 

Ember y Nira discutían amistosamente sobre quién había ganado más rondas en el entrenamiento.

 

—¡Yo te derribé tres veces! —decía Ember.

 

—Y yo a ti cinco —respondía Nira.

 

—En la cuarta te resbalaste y me pusiste el pie. Y en la última fue porque me resbalé yo. 

 

Kurenai olfateó la comida y asintió, aprobando.

 

Sora y Natsuki compartían un plato. Sus manos se tocaban. Nadie decía nada. Todos lo notaban.

 

Nexo observaba a su hermana. Ya no había tensión en su mirada. Solo orgullo.

 

Zera observaba todo. Procesaba. Luego, por primera vez, se sirvió comida sin que se lo ofrecieran.

 

Hiro lo notó. Asintió. Una vez.

 

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La cena terminó. Todos se retiraron.

 

Zera estaba en el techo de la base. Miraba sus manos. La Black Blade Chain enrollada en su brazo. El fragmento guardado en su armadura.

 

Hiro apareció.

 

—Misma pregunta de siempre: ¿Procesas? 

 

Zera asintió.

 

—Sí. Pero es diferente. No son datos. Son... sensaciones.

 

—Bienvenida —dijo Hiro.

 

Zera sonrió. Una sonrisa pequeña, casi imperceptible.

 

—Gracias, hermano.

 

Hiro miró al horizonte.

 

—Lo del Crawler... no fue casualidad.

 

—Lo sé —respondió Zera—. Es una advertencia.

 

En la distancia, más allá del Jardín Cobalto, algo parpadeó. Una luz. Luego desapareció.

 

Zera no lo vio. Hiro sí.

 

Pero no dijo nada. No esta noche. 

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