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Capítulo 43: El Regalo

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 16 de septiembre de 2026

Hiro y 8-bit llegaron primero. La moto de neón rojo se deslizó en silencio hasta detenerse detrás de unas rocas, lejos de la entrada de la base. Hiro la aseguró con un par de anclajes improvisados.

 

—¿Por qué la escondemos? —preguntó 8-bit, flotando a su lado—. Es preciosa.

 

—Sorpresa. Sigilo.

 

Minutos después, Natsuki y Nexo aparecieron desde otra dirección, cargando el cofre entre los dos. Sus pasos eran rápidos, pero silenciosos.

 

—¡NES—! —empezó a gritar 8-bit al verlos.

 

Los otros tres se giraron al unísono, haciendo señas desesperadas.

 

—¡Shhh! —susurró Natsuki.

 

—¡Silencio! —añadió Nexo.

 

8-bit se encogió.

 

—Perdón.

 

Se reunieron tras las mismas rocas. Sonrisas silenciosas. Manos que se estrechaban sin hacer ruido.

 

—¿Una moto? —susurró Natsuki, señalando el vehículo oculto.

 

—¿Un cofre? —susurró Hiro, señalando la caja que traían.

 

—Es un tesoro —susurró 8-bit con orgullo—. Y una moto.

 

—Nosotros también trajimos un tesoro —susurró Nexo, abriendo la tapa—. Y escamas. Muchas escamas.

 

Los zafiros brillaron bajo la luz del Jardín Cobalto. Las escamas negras con destellos azules relucieron como estrellas atrapadas en piedra.

 

Hiro las examinó un instante.

 

—Material de calidad superior. Probabilidad de éxito incrementada.

 

—Vamos a hacer el mejor regalo de la historia —susurró 8-bit.

 

---

 

Se acercaron a la base con sigilo de ladrones. Cuatro sombras pegadas a las paredes, esquivando ventanas, agachándose tras arbustos. Llegaron a una ventana que daba a la sala común y se asomaron con cuidado.

 

Dentro, las chicas estaban reunidas. Pero no estaban entrenando. No estaban discutiendo estrategias. Estaban... jugando.

 

Miku y Sora tenían unas cuerdas y estaban haciendo trenzas, sus dedos moviéndose con una concentración casi absurda. Kurenai las observaba con atención, aprendiendo los movimientos.

 

Ember estaba sentada en el suelo con una hoja de datos en sus enormes manos, tratando de hacer un origami. El papel se doblaba en direcciones que no debía. Sus cejas fruncidas mostraban una concentración que nunca había mostrado en combate.

 

Nira estaba a su lado, con su propia hoja. Sus movimientos eran precisos, milimétricos, pero el resultado era igualmente desastroso. Un pato de papel que parecía más un cubo deforme.

 

Zera estaba de pie, observando a todas con una expresión que nadie le había visto: curiosidad pura, casi infantil.

 

Hiro no lo dudó. Hizo zoom con su ojo de lente y tomó una foto.

 

CLICK. FLASH.

 

Dentro, todas se giraron.

 

—¿Qué fue eso? —preguntó Miku.

 

Kurenai olfateó el aire.

 

—Huelo... ¿Hiro? ¿Natsuki?

 

Los cuatro se apartaron de la ventana de golpe, cayendo casi uno sobre otro.

 

—¡HIRO! —susurró Natsuki, furioso.

 

—¿¡POR QUÉ!? —susurró Nexo.

 

—¡Nos van a matar! —susurró 8-bit, aterrorizada.

 

Hiro los miró con total calma.

 

—El momento era adorable. La probabilidad de volver a capturarlo era del 0.3%. Era ahora o nunca.

 

Los otros tres lo miraron. Quisieron reprocharle. Pero no pudieron. Tenía razón.

 

---

 

Corrieron. Kurenai salió de la base como una exhalación, su nariz trabajando a toda velocidad. Los siguió sin dudar.

 

Nexo señaló hacia la sala de almacenamiento. Entraron. Cerraron la puerta sin hacer ruido.

 

El olor allí era una mezcla de todos ellos. Semanas de trabajo, de suministros, de vida compartida. Todo mezclado en un cóctel imposible de desenredar.

 

Kurenai llegó. Olfateó la puerta. Frunció el ceño.

 

—Llegó hasta aquí... pero no. El olor está en todas partes.

 

Dudó un momento. Luego dio media vuelta y regresó con las demás.

 

Dentro, los cuatro exhalaron. En silencio.

 

---

 

Sobre una mesa improvisada, comenzaron a trabajar.

 

Hiro y Natsuki se encargaron de la estructura principal: el torso de la armadura, las conexiones, los puntos de anclaje. Sus manos se movían con una precisión que hablaba de años de experiencia.

 

8-bit proyectaba esquemas en el aire, guiando a Nexo en la funcionalización de los sistemas de distribución de energía.

 

—¿Esto va aquí? —preguntó Nexo, señalando un componente.

 

—No, ahí no —respondió 8-bit—. ¡Ahí! Un poco más a la izquierda. Así.

 

Hiro y Nexo tomaron las escamas de Neodragón. Las trituraron a muñones con sus manos, cosa que les tomaría un buen rato pues las escamas bien se sabe que son resistentes y aún una por una sigue siendo difícil. Pero al final se logró. El polvo resultante era negro, con destellos azules que brillaban como estrellas diminutas.

 

Lo aplicaron sobre la armadura como si fuera pintura. Capa tras capa. Cubriendo cada centímetro.

 

—Parece tinta de estrella —dijo Natsuki, admirado.

 

—Espera, aún no termino —dijo Nexo.

 

Sacó más escamas. Con cuidado, las moldeó en una falda ligera, casi etérea, que se acopló a la cintura de la armadura.

 

—¡Le va a quedar preciosa! —exclamó 8-bit.

 

Hiro revisó el trabajo.

 

—Treinta minutos. Tiempo récord.

 

---

 

La armadura estaba completa. Negra con destellos azules. La falda le daba un aire de gala, de ceremonia.

 

Natsuki la observó con atención. Luego frunció el ceño.

 

—Esto no es una armadura. El torso lo es. Pero los brazos y piernas... son completamente mecánicos. No son para integrarse sobre los suyos. Son para reemplazarlos.

 

Silencio.

 

—¿Vamos a tener que...? —preguntó 8-bit, sin terminar la frase.

 

Hiro asintió.

 

—Sí. Zera deberá fusionarse con esto.

 

—¿Debemos decirle? —preguntó Nexo. 

 

—Aún no. La sorpresa primero —respondió 8-bit. 

 

---

 

—Vamos —dijo Natsuki, tomando la armadura—. Yo la llevo.

 

Abrió la puerta y los cuatro se congelaron. 

 

Todas las chicas estaban ahí.

 

Miku, Nira, Kurenai, Zera, Sora, Ember. En fila. Caras neutrales. Ni molestas, ni felices. Solo mirando.

 

Zera alcanzó a ver la armadura un instante. Sus ojos se abrieron ligeramente.

 

Natsuki cerró la puerta de golpe.

 

—¡VIERON! —exclamó Nexo.

 

—¡VIERON TODO! —añadió 8-bit.

 

—¡Cambio de plan! —ordenó Natsuki—. ¡El cofre!

 

Guardaron la armadura. Tomaron el cofre. Volvieron a abrir.

 

Las chicas seguían ahí. Mismas caras.

 

Los cuatro retrocedieron un paso. Las chicas avanzaron uno.

 

Retrocedieron otro. Ellas avanzaron otro.

 

Hasta que los cuatro quedaron contra la pared. El cofre temblaba en sus manos.

 

Miku, Nira y Zera sonrieron al mismo tiempo.

 

—Bienvenidos a casa —dijo Miku.

 

Y las seis se lanzaron hacia ellos. Abrazo grupal. Diez cuerpos en uno.

 

Nira sintió los brazos de Natsuki temblar contra ella.

 

Kurenai olfateó el aire.

 

—Huelen a miedo. Mucho miedo.

 

Todas rieron.

 

Luego vieron sus rostros. Pálidos. Incluso Hiro tenía una expresión que nunca le habían visto.

 

—¿Nos pasamos? —preguntó Sora.

 

—Un poquito —admitió Ember.

 

Miku los soltó, sonriendo.

 

—Era una broma. Lo siento.

 

Zera habló, más seria:

 

—Pero la armadura... la vi. Un momento, pero la vi.

 

---

 

—¿Cómo lo supieron? —preguntó Natsuki—. Bueno, además de la foto.

 

Zera se llevó una mano al pecho. Luego señaló a Hiro.

 

—Mi núcleo y el de Hiro nacieron de dos mitades de la misma chispa. Puedo sentirlo cuando se acerca.

 

Todos miraron a Hiro.

 

—Yo no puedo hacer eso —dijo él.

 

—¿Por qué? —preguntó Natsuki.

 

—En la historia original de Metal Core, cuando Zero se convierte en Cypher-7, su núcleo fue modificado. El de Zera nunca sufrió ese cambio. Ella aún tiene cosas que yo perdí.

 

Varios no entendieron pero no dijeron nada, otros entendieron y tampoco dijeron nada. 

 

Nexo le dio unas palmadas de consuelo en el hombro. Las palmadas resonaron con un eco metálico. La energía de los impactos viajó por el traje de Hiro, creando patrones de luz que recorrieron su cuerpo.

 

—Miren —señaló Kurenai—. Es bonito. 

 

—Los patrones son predecibles —dijo 8-bit—. Pero sí, bonitos.

 

—Parecen estrellas fugaces —añadió Miku.

 

Zera volvió a hablar.

 

—Ya vi la armadura. Y... en el fondo, lo esperaba.

 

—Por eso no estábamos entrenando —dijo Miku—. Para no sobrecargarla.

 

—Y porque Zera necesitaba ahorrar fuerzas —añadió Sora.

 

—Quiero verla bien —dijo Zera—. No a escondidas.

 

Natsuki, Nexo y 8-bit asintieron.

 

Hiro la miró.

 

—No solo lo necesitas. Te lo mereces.

 

---

 

Sacó la armadura.

 

El negro de las escamas brilló con destellos azules. La falda cayó suavemente. Los sistemas de Metal Core se integraban a la perfección en el diseño.

 

Todas se quedaron sin palabras.

 

—Es hermosa —dijo Ember.

 

—Parece un sueño —dijo Sora.

 

—Es poder —dijo Kurenai—. Y cariño.

 

Miku tenía lágrimas en los ojos.

 

—Zera... te va a quedar perfecta.

 

Zera se acercó. Tocó la armadura. La recorrió con los dedos.

 

Las líneas de luz azul se encendieron suavemente.

 

—Quiero que me la pongan —dijo.

 

Natsuki tragó saliva.

 

—Zera... los brazos y piernas son para reemplazar los tuyos. Tienes que fusionarte con ella.

 

Ember se puso nerviosa.

 

—¿Reemplazar?

 

—¿Quitarle partes? —preguntó Sora.

 

Miku dio un paso.

 

—Zera, no tienes que... No creo que sea buena… 

 

—Lo haré.

 

Silencio.

 

—Confío en ustedes —dijo Zera—. Y quiero ser completa.

 

Todos asintieron. La decisión fue tomada. 

 

Fueron a su cuarto. Ella se introdujo en su cápsula de mantenimiento.

 

—Modo protección.

 

Sus ojos se cerraron.

 

Hiro se volvió hacia los demás.

 

—Natsuki, Nexo, 8-bit. Ustedes el torso. Yo los miembros.

 

Trabajaron.

 

Hiro retiró los brazos y piernas originales con cuidado quirúrgico. Desarmó cada parte de cada miembro y fusionó con los nuevos miembros de la armadura. Las conexiones encajaron con precisión milimétrica.

 

Natsuki, Nexo y 8-bit colocaron el torso. Las líneas de luz se alinearon con su núcleo. Las placas se sellaron.

 

El tiempo se estiró. Se hizo eterno.

 

Finalmente, estaba listo.

 

El torso estaba sellado, Hiro volvió a conectar brazos y piernas. Se veía tan linda que les dio pena tener que despertarla, pero a fin y al cabo debían hacerlo. 

 

Hiro le dio dos golpecitos en la frente.

 

Zera abrió los ojos.

 

Las líneas de luz en su armadura se iluminaron de azul. Poco a poco. Como un amanecer.

 

Miró sus manos. Oscuras. Metálicas. Elegantes.

 

Miró sus piernas. Su torso. Su núcleo, brillando estable a través del orificio de liberación en la armadura.

 

No sentía sobrecarga. Sentía paz.

 

Se levantó. Miró a todos. Dio una vuelta. La falda bailó a su alrededor como el vestido de una niña.

 

Ember rompió el silencio.

 

—Eres preciosa.

 

—Una princesa guerrera —dijo Sora.

 

— Como lo que dije antes. Hueles a poder —dijo Kurenai—. Y a paz.

 

Miku lloraba.

 

—Zera...

 

Natsuki, Nexo y 8-bit sonreían. Satisfechos. Conmovidos.

 

Hiro asintió. Una vez.

 

---

 

Zera vio algo en el cofre. Algo que nadie había notado.

 

Una cadena. En sus extremos, dos cuchillas.

 

La tomó. La examinó. Al contacto, algo resonó en su interior.

 

—Esto... esto me pertenece.

 

—Ni sabíamos que estaba ahí —dijo Natsuki.

 

—Debió estar en el fondo —dijo Nexo— es una Black Blade Chain. Un arma hecha del mismo material de mi espada, es resistente, pero al ser de doble filo es difícil de dominar. Tanto que se dejó de usar y terminó siendo un bono en cofres. O eso es lo que yo se. 

 

—Pero ya tienes un buen arsenal —Recordó Hiro, pero luego hizo una pausa para intensificar su expresión, como pidiendo explicación— y me interesa la razón por la que no volviste a usarlo. 

 

Zera no tardó en responder. 

 

—Antes tenía armas integradas, si. —dijo Zera—. Una espada y un cañón de plasma en cada mano. Pero siempre preferí el combate mano a mano. Esto es diferente. Un arma externa con la que no corro riesgo de perder la mano si me la arrancan. Y complementa mi estilo.

 

Hizo girar la cadena. Las cuchillas trazaron arcos perfectos.

 

—¿Funcionará con tu nuevo cuerpo? —preguntó Hiro.

 

Zera asintió.

 

—Sí. Perfectamente.

 

---

 

Salieron al exterior.

 

Zera comenzó a moverse.

 

Acrobacias. Las mismas que siempre había hecho. Pero más rápidas. Más altas. Más precisas.

 

La cadena giró. Las cuchillas trazaron figuras imposibles en el aire, típico de una ninja. 

 

Hiro se adelantó.

 

—Ahora, potencia.

 

Le explicó: energía del núcleo, viajar por la armadura, punto de impacto.

 

Zera entendió.

 

Puños. Patadas. Codos. Rodillas. Cada golpe, más fuerte. Cada impacto, más devastador.

 

Hiro bloqueó uno. Luego otro. Luego una ráfaga. Lo lo dañaba, pero lo hacía desplazarse, y lo obligaba a materializar escudos. 

 

—Aprobado.

 

Zera probó algo, concentró energía en sus tobillos y muñecas.

 

Los puntos de liberación parecían propulsores.

 

Voló.

 

—¡¿PUEDE VOLAR?! —gritó Miku.

 

—¡ESO NO ESTABA EN LOS PLANOS! —exclamó 8-bit.

 

Zera rió. Un sonido nuevo, sobaba calculado pero se sintió natural y genuino. Libre. Para después impulsarse como un proyectil. 

 

Miku y 8-bit despegaron tras ella. Las tres volaron juntas.

 

---

 

Desde el suelo, Sora, Ember y Kurenai miraron hacia arriba.

 

—Quiero hacer eso —dijo Sora.

 

—Yo no —dijo Ember.

 

—Se ve divertido—dijo Kurenai.

 

Miku descendió.

 

—¿Quieren volar? El pase es gratis.

 

Nira activó su armadura de Metal Core. El cristal rojo brilló en su pecho.

 

—¿No vienes? —preguntó viendo a Ember. 

 

—No gracias —negó. 

 

—Tu te lo pierdes —confirmó Nira asintiendo.

 

Miku cargó a Sora en brazos.

 

8-bit se colocó detrás de Kurenai, la sostuvo con sus pequeños brazos. Su impulso eléctrico trabajando al máximo.

 

—¿Vas a poder? —preguntó Kurenai.

 

—¡POR SUPUESTO! —respondió 8-bit—. ¡TENGO MUCHA ENERGÍA! ¡PERO NO TE MUEVAS MUCHO!

 

Despegaron.

 

—¡ESTO ES INCREÍBLE! —gritó Kurenai.

 

—¡NUNCA HABÍA VOLADO! —rió Sora.

 

—¡Esto es libertad! —exclamó Kurenai.

 

Zera las vio y se unió. Las seis volaron juntas. Hicieron piruetas. Se persiguieron. rieron.

 

---

 

Descendieron un poco. Planeaban sobre el Jardín Cobalto.

 

—¿Y los chicos? —preguntó Sora.

 

—¿Dónde están Hiro… Natsuki, Nexo y Ember? —preguntó Nira.

 

Un rugido. La moto de neón rojo pasó a toda velocidad por debajo de ellas.

 

Natsuki manejaba. Ember, Hiro y Nexo iban a los costados, sus pies patinando sobre el suelo, a velocidad extrema. Las botas de combate de Nexo y Ember y las suelas reforzadas de Hiro aguantaban sin problema. Chispas volaban bajo sus pies.

 

—¡Esto es mucho mejor! —exclamó Ember. 

 

—¡¿DE DÓNDE SACARON ESO?! —gritó Miku.

 

—¡LA ENCONTRAMOS! —respondió 8-bit—. ¡ES DE METAL CORE!

 

Aceleraron para alcanzarlos.

 

—¡ESTA COSA ES INCREÍBLE! —gritó Nexo.

 

—¡HEY ESPEREN!! —gritó Sora.

 

Todas aceleraron hasta estar casi sobre ellos, Miku y Nira no les costó mucho. 

 

—¡Son veloces! —gritó Kurenai.

 

—¡ES DE HIRO! —gritó Natsuki desde la moto—. ¡NOS LA ENCONTRAMOS!

 

—¡ESTO ES UNA LOCURA! —gritó Nexo, patinando—. ¡PERO ME ENCANTA!

 

—Botas de combate —dijo Hiro, con calma, mientras patinaba—. Suelas reforzadas. Probabilidad de fallo: 0.3%.

 

—¡Siempre con los números! —rió Miku.

 

Estaban a la par.

 

—¿Puedo probarla algún día? —preguntó Ember.

 

—¡Pregúntale a Hiro! —respondió Natsuki.

 

—Probabilidad de que la estrelles: 78% —dijo Hiro—. Negativo.

 

—¡¿Quien crees que soy?! ¡No la estrellaría!

 

—Sí lo harías —dijo Nira, dándole unas palmadas en la mano.

 

—¡Todos lo saben! —rió 8-bit.

 

Hiro tomó el manubrio y aceleró. La moto se levantó sobre una rueda. Hiro, Ember y Nexo se elevaron un instante, suspendidos en el aire, antes de volver a patinar.

 

—¡HIRO! —gritaron todas.

 

—¡ME AVISAS ANTES DE HACER ESAS COSAS! —gritó Natsuki.

 

—¡ESTO ES MEJOR QUE WONDER FANTASY! —gritó Nexo.

 

Las seis voladoras aceleraron tras ellos.

 

La luz del Jardín Cobalto brillaba sobre el grupo.

 

Diez figuras. Riendo. Volando. Patinando.

 

Familia.

 

---

 

Llegó la noche. 

 

Esa noche, celebraron. Habían risas, bromas, algún que otro chiste malo. 

 

Zera se sentó junto a Hiro.

 

—Nunca imaginé que podría… sentir esto.

 

—¿Qué?

 

—Pertenecer.

 

Hiro guardó silencio un momento.

 

—Siempre lo hiciste, pero era eso —hizo una pausa— debías ser capaz de sentirlo. 

 

Zera lo miró y sonrió. 

 

—A mi también me costó sentir eso. Hasta que los encontré y despertaron de nuevo mi alma.

 

Miku se sentó al otro lado.

 

—¿De qué hablan?

 

Zera sonrió.

 

—De familia.

 

Miku sonrió también.

 

—Ah, eso. Lo mejor que hay.

 

Alrededor, el resto reía, comía, hablaba.

 

La cadena de cuchillas descansaba enrollada en su hombro y torso.

 

Zera finalmente consiguió lo que tanto quería. Lo que genuinamente deseaba. No poder. Estar completa. En casa. 

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