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Capítulo 39: El Precio Del poder

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 31 de agosto de 2026

La luz del amanecer se filtró por las ventanas de la base, pero nadie la notó.

 

En la sala común, todos estaban reunidos alrededor de la capsula donde yacía Zera. Su núcleo parpadeaba débilmente, un latido constante que era lo único que confirmaba que aún estaba viva.

 

Hiro no se había movido de su lado en horas.

 

Sus sistemas no mostraban signos de fatiga. Pero sus sistemas aún mostraban advertencias parpadeaban en el borde de su visión, ignoradas una tras otra. No le importaba. No podía importarle.

 

Miku se sentó a su lado, una taza humeante en las manos. La puso a su alcance y apoyó la cabeza en su hombro.

 

—No puedes ayudarla si te rompes tú también —dijo, con esa voz suave que siempre usaba con él.

 

Hiro procesó las palabras. Luego, con esa calidez que solo Miku conocía, respondió:

 

—Puedo procesar mientras espero.

 

—Eso no es vivir.

 

Él no respondió. Pero su mano, la que sostenía la de Zera, apretó un poco más.

 

Horas después, Hiro se levantó.

 

—Es momento de saber qué pasó.

 

Nexo y 8-bit se acercaron de inmediato.

 

—¿Necesitas apoyo? —preguntó Nexo.

 

—Sí. Crucen sus datos con los míos. Busquen inconsistencias.

 

Hiro activó sus escáneres internos. Una luz tenue recorrió su cuerpo mientras conectaba sus sistemas con los de Zera. Nexo y 8-bit permanecieron a su lado, sus propias interfaces brillando mientras procesaban la información.

 

El silencio se extendió. Largo. Pesado.

 

Finalmente, Hiro habló.

 

—Su núcleo está estable. Pero el fragmento... sigue ahí. Inerte, pero incrustado.

 

8-bit frunció el ceño.

 

—¿Podemos quitarlo?

 

Hiro negó con la cabeza.

 

—No sin dañar su núcleo. Está fusionado con sus sistemas principales. Si lo extraemos, podríamos... —hizo una pausa—. Podríamos perderla.

 

Nexo se inclinó sobre los datos.

 

—¿Y si despierta y el fragmento vuelve a activarse?

 

Hiro lo miró. Su expresión era seria, pero no derrotada.

 

—Lo monitorizaré constantemente. Cada latido. Cada fluctuación. Si hay algún cambio, lo sabré antes que ella.

 

---

 

Mientras Hiro trabajaba, el resto del grupo procesaba lo ocurrido a su manera.

 

Ember y Nira estaban sentadas juntas en un rincón de la sala. La guerrera roja tenía el brazo vendado, pero su mirada estaba lejos de ahí.

 

—Nunca había sentido tanta impotencia —dijo Ember, en voz baja—. No podía ni tocarla. Cada vez que intentaba acercarme, era como si el aire mismo me empujara.

 

Nira asintió.

 

—Yo sí. Es como enfrentarse a uno mismo. A lo que podrías llegar a ser si perderas el control.

 

Ember la miró.

 

—¿Tú crees que ella quería eso? ¿Perder el control?

 

—No. Quería ser más fuerte. Como todos nosotros. La diferencia es que nosotros tuvimos ayuda.

 

En otro rincón, Kurenai y 8-bit compartían el silencio. La pequeña IA flotaba débilmente, sus luces aún parpadeando por los daños del combate.

 

—Huelo algo diferente en ella —dijo Kurenai, rompiendo el silencio—. No es el fragmento. Es... ella.

 

—¿Crees que despierte? —preguntó 8-bit.

 

Kurenai la miró. Sus ojos felinos, siempre tan vivos, tenían una suavidad inusual.

 

—Tiene que hacerlo. No podemos perder a otra hermana.

 

8-bit asintió. No dijo nada. No hacía falta.

 

Natsuki y Sora organizaban turnos de guardia en la entrada de la base. Era una tarea rutinaria, pero necesaria. No podían permitirse otro descuido.

 

—¿Crees que volverá a ser la misma? —preguntó Sora, mientras marcaba horarios en una tabla.

 

Natsuki tardó en responder.

 

—No lo sé. Pero sea lo que sea, la ayudaremos. Como ayudamos a Hiro. Como nos ayudamos siempre.

 

Sora sonrió, una sonrisa pequeña pero genuina.

 

—Sabes... por eso me gustas.

 

—¿Por mi optimismo?

 

—Porque siempre encuentras una respuesta. Incluso cuando no la hay.

 

---

 

Esa noche, Hiro tomó una decisión.

 

Buscó a Natsuki en la sala de mapas. Estaba solo, repasando rutas de patrullaje que ya conocía de memoria.

 

—Necesito hablar contigo —dijo Hiro.

 

Natsuki levantó la vista. Algo en el tono de Hiro le dijo que no era una conversación cualquiera.

 

—Dime.

 

—Si no despierta en dos días, la llevaré a Metal Core.

 

Natsuki frunció el ceño.

 

—¿Solo?

 

—No puedo arriesgar a nadie más. Tú y los demás protegerán la base. Todos te necesitan aquí.

 

—No me gusta.

 

—A mí tampoco. Pero es lo lógico. No solo allí podré repararla de forma adecuada, su cuerpo fue creado allí. Su código original convive en esos servidores. Si hay algún lugar donde pueda despertar, es ese.

 

Natsuki lo miró largamente. Luego asintió.

 

—Dos días. Si no despierta, ve. Pero vuelve.

 

—La probabilidad de inconveniente es del 50%, pero el que presente un problema es de 10%. Yo siempre regreso. 

 

---

 

Esa misma noche, mientras Hiro mantenía su vigilia, algo cambió.

 

Su conexión con los sistemas de Zera, que había estado monitoreando sin descanso, registró una fluctuación. Pequeña. Casi imperceptible. Pero ahí.

 

Hiro se tensó.

 

El núcleo de Zera parpadeó más fuerte. Una vez. Dos veces. Tres.

 

—Algo está cambiando —dijo Hiro, en voz alta.

 

Miku, que dormitaba a su lado, despertó al instante. Los demás, dispersos por la sala, se acercaron.

 

Los ojos de Zera se abrieron.

 

Lentamente. Confundidos. Parpadeando como si la luz fuera demasiado para ellos.

 

—¿Her...mano? —dijo, su voz apenas un susurro.

 

Hiro inclinó la cabeza. Su expresión, siempre controlada, se suavizó de una manera que pocos habían visto.

 

—Estoy aquí. Siempre estuve.

 

---

 

La sala se llenó de murmullos. De pasos apresurados. De cuerpos que se agolpaban alrededor de la capsula.

 

—¡ZERA! —gritó 8-bit, volando hacia ella sin importar su propio agotamiento.

 

Kurenai olfateó el aire y asintió, satisfecha.

 

—Eres tu otra vez. Bien.

 

Zera intentó incorporarse, pero sus brazos no respondieron. Estaba débil. Demasiado débil.

 

—Yo... —su voz se quebró—. Los lastimé.

 

Ember negó con la cabeza, un gesto brusco que le hizo recordar que aún le dolía el costado.

 

—No fuiste tú. Fue ese maldito cristal.

 

Nira asintió.

 

—Y volviste. Eso es lo que importa.

 

---

 

Zera miró su pecho. El fragmento seguía ahí. Pero ya no era opaco. Brillaba con una luz tenue, suave, casi natural.

 

—¿Por qué sigue? —preguntó, con un dejo de pánico en la voz—. Deberían quitármelo.

 

Hiro la calmó con un gesto.

 

—Lo he analizado durante horas. Está fusionado con tu núcleo. Quitarlo podría matarte.

 

—Entonces soy un peligro.

 

—No. Escanea tu propia energía. ¿Notas algo diferente?

 

Zera cerró los ojos. Su procesamiento se sumergió en sus sistemas, en el flujo de energía que recorría su cuerpo.

 

Los abrió de golpe. Sorprendida.

 

—Lo controlo. El fragmento... ya no me controla, sino al revés. Yo lo controlo. 

 

Hiro confirmó con sus escáneres. Una sonrisa mínima, casi imperceptible, cruzó sus labios.

 

—Armonizó con tu núcleo. El poder que querías... ahora es tuyo. Limpio.

 

---

 

Zera procesó. Miró a cada uno de ellos. A Hiro, su hermano. A Miku, la hermana que le enseñó a sentir. A Nira, la guerrera que entendía su lucha. A Ember, la fuerza que la aceptó sin reservas. A Kurenai, el instinto que nunca fallaba. A 8-bit, la pequeña luz que la seguía a todas partes. A Natsuki, el líder que siempre encontraba una respuesta. A Sora, la guerrera que brillaba con luz propia. A Nexo, el creador con facha de guerrero.

 

—No merezco... —comenzó.

 

Nexo la interrumpió.

 

—No digas eso. Todos hemos cometido errores. Todos hemos sido débiles.

 

8-bit flotó hasta su rostro, sus ojos brillantes.

 

—Tú me enseñaste a ser fuerte. Me inspiraste a no rendirme. Ahora déjanos enseñarte a ti. 

 

Por primera vez en tanto, una lágrima rodó por la mejilla de Zera. No solo una. Dos. Siendo de las pocas veces que Zera llora casi sin control. Como la vez que ella y Zero (Hiro) se reencontraron. 

 

—Gracias —dijo—. Gracias a todos.

 

---

 

Días después, Zera se incorporó por completo.

 

El fragmento en su pecho brillaba con una luz limpia, estable. Ya no era una amenaza. Era parte de ella.

 

Levantó una mano. La energía fluyó a través de sus dedos, formando patrones en el aire. La controlaba. Era suya.

 

—Nunca quise poder —dijo, mirando sus manos—. Quería ser suficiente.

 

Miku se acercó y tomó su mano.

 

—Y lo eres. Siempre lo fuiste.

 

Hiro se puso a su lado. No dijo nada. Solo puso una mano en su hombro y la sostuvo allí.

 

Zera lo miró. Luego al resto del grupo. A su familia.

 

—Bienvenida de vuelta, hermana —dijo Hiro.

 

Y por primera vez en días, Zera sonrió. De verdad. De forma genuina. 

 

---

 

En la distancia, MB observaba desde las sombras de un árbol blanco.

 

Su expresión era de frustración, pero también de algo parecido al respeto.

 

—Lo logró —murmuró—. Armonizó con el fragmento. Eso no debería ser posible.

 

Activo su comunicador.

 

—Tenemos un problema. La sombra no solo se liberó. Se adueñó del fragmento.

 

La voz de Oraculum respondió desde el otro lado. Calmada. Pensativa.

 

—Interesante. Muy interesante. Esto abre nuevas posibilidades.

 

—¿Qué hacemos?

 

—Nada. Por ahora. Regresa a casa. Dejemos que crean que ganaron. La próxima vez, no será un fragmento. Será algo que no puedan controlar.

 

—¿Como qué?

 

Un silencio. Largo. Pesado.

 

—Ya lo verás.

 

La comunicación se cortó.

 

MB se desvaneció en la noche, dejando solo el viento como testigo.

 

---

 

En la base, la luz del atardecer entraba por las ventanas.

 

Zera estaba sentada con los demás, compartiendo la cena. No hablaba mucho, como siempre. Pero esta vez, cuando miraba a los suyos, sus ojos no procesaban. Brillaban.

 

Hiro y Miku, como siempre, estaban en la cocina. Pero esta vez, Hiro miraba a Zera más de lo habitual.

 

—Está bien —dijo Miku, leyendo sus pensamientos.

 

—Lo sé. Pero me preocupaba.

 

—Ya pasó. Y ahora es más fuerte.

 

Hiro asintió.

 

—Sí. Todos lo somos.

 

Miku sonrió y se apoyó en su hombro.

 

—Porque estamos juntos.

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