El día del Jardín Cobalto bañaba el claro principal con su luz. Los árboles blancos brillaban suavemente, y el césped azul marino crujía bajo los pies de las seis figuras que se movían en una danza de combate.
Zera era el centro de atención.
Sus movimientos eran fluidos, letales, casi imposibles de seguir. Atacaba a Miku con una ráfaga de golpes precisos, y la guerrera sónica apenas lograba esquivarlos por centímetros.
—¿Puedes esquivarme? —preguntó Zera, sin rastro de arrogancia, solo curiosidad analítica.
Miku rió, sin aliento.
—¡Apenas! ¡Vas muy rápido!
Ember, que esperaba su turno junto a Nira, negó con la cabeza.
—Y yo que creía que era fuerte —murmuró—. ¡Ahora tengo que esforzarme el doble!
Nira observaba con atención, su mente táctica registrando cada movimiento de Zera.
—Su velocidad casi iguala a la de Miku en distancias cortas —comentó—. Y en fuerza... está levemente por encima de Ember.
—¡Oye! —protestó Ember, aunque con una sonrisa—. ¡Eso no se dice en voz alta!
Kurenai, desde un costado, olfateaba el aire mientras seguía los movimientos con sus ojos felinos.
—Poder nuevo —dijo—. A evolución. Pero también... ¿tensión? No sé.
Sora, sentada en una roca cercana, observaba todo con una mezcla de admiración y diversión.
—En mi mundo, Zera sería jefa de mazmorra —bromeó—. De las que nadie puede pasar.
En otro lado.
Al borde del claro, cuatro figuras observaban en silencio.
Hiro tenía sus escáneres activos, sus ojos parpadeando con ese brillo analítico que hacía tiempo no mostraba. Los números bailaban en su campo de visión, procesando cada movimiento de Zera, cada fluctuación de su núcleo.
Natsuki lo notó. Una pequeña sonrisa cruzó su rostro.
—Hace tiempo que no te veía así —dijo—. Con los números bailando en los ojos.
Hiro no apartó la mirada de Zera.
—Mis sistemas siempre procesan datos —respondió—. Es su función principal. La probabilidad de que no los esté utilizando en este momento es de 0%.
Natsuki rió suavemente.
—Ya sé. Pero últimamente hablabas más... cálido. Menos porcentajes.
—Las situaciones de vulnerabilidad y paz requieren un enfoque diferente —explicó Hiro—. Sin embargo, el análisis actual demanda precisión. La tasa de error debe mantenerse por debajo del 2%.
8-bit flotaba a su lado, sus pequeños ojos azules también fijos en Zera.
—¿Qué encontraste? —preguntó.
Hiro hizo una pausa. Los números bailaron más rápido.
—Su rendimiento es óptimo. Fuerza incrementada en un 340% respecto a su base anterior. Velocidad de reacción mejorada en un 280%. —Otra pausa—. Pero su núcleo emite fluctuaciones. Pequeñas, pero constantes. 0.7% de inestabilidad cada ciclo. Como si el fragmento y su cuerpo no terminaran de sincronizarse.
Nexo frunció el ceño.
—¿Es peligroso?
Hiro lo miró. Su expresión era seria.
—A largo plazo, la probabilidad de fallo estructural es del 78.3% si no se interviene. Su cuerpo no fue diseñado para contener esa energía. Podría... desgastarse. Fallar.
El silencio se instaló entre los cuatro.
Luego, sin mediar palabra, Hiro guardó sus escáneres y salió corriendo hacia la base.
Natsuki, Nexo y 8-bit lo siguieron sin dudar, casi tropezando entre sí en su carrera.
De vuelta al entrenamiento.
En el claro, las chicas se detuvieron al escuchar el ruido.
Ember señaló hacia la base.
—¿Qué fue eso?
Miku se giró a tiempo para ver a los cuatro desapareciendo por la puerta principal.
—¿Los chicos?
Kurenai olfateó el aire, sus fosas nasales dilatándose.
—Huelen a emoción —dijo—. A planes. A algo grande.
Nira cruzó los brazos.
—¿Deberíamos preocuparnos?
Sora se levantó de la roca, una sonrisa divertida en los labios.
—¿Preocuparnos? Es mi hermano. Siempre que corre así es porque se le ocurrió algo brillante... o algo desastroso.
Ember dio un paso hacia la base.
—¿Vamos a ver?
Zera negó con la cabeza.
—No. Confío en ellos.
Miku sonrió, retomando posición de combate.
—Zera tiene razón. Si están tramando algo, ya nos enteraremos. Por ahora... —sus ojos brillaron con desafío—. Quiero ver si puedes mantener ese ritmo otra hora.
Zera casi sonrió. Casi.
—Inténtalo.
Las chicas rieron y retomaron el entrenamiento, sin darle más vueltas al asunto.
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Dentro de la base, los cuatro llegaron a la sala de mapas, agitados.
Natsuki se apoyó en la mesa, recuperando el aliento.
—Bien, Hiro. Explica bien. ¿Qué pasa con Zera?
Hiro activó una proyección en el centro de la mesa. Mostraba un diagrama del núcleo de Zera, con el fragmento incrustado y pequeñas líneas rojas indicando las fluctuaciones.
—Su núcleo está inestable —dijo, señalando las líneas—. El fragmento le da poder, pero su cuerpo no fue diseñado para contenerlo. Necesita un catalizador externo o... —los números aparecieron junto al diagrama—. Las probabilidades son malas.
Nexo se inclinó sobre la proyección.
—¿Qué tipo de catalizador?
—Hay dos opciones. He calculado las probabilidades de éxito de cada una.
Todos lo miraron.
—¿No puedes simplemente manipular su código para que lo resista? —preguntó Natsuki.
Nexo y 8-bit no ocultaron sus expresiones de sorpresa y de acuerdo para después todos voltear a ver a Hiro, y éste respondió.
—Lo pensé. Pero la programación Ad-hoc te permite "manipular" el código de cualquier objeto, no escalarlo —explicó él.
Los tres entendieron, y pasaron de de acuerdo a desacuerdo.
—Ok, como sea. Continúa —pidió Nexo.
Hiro asintió.
—Primera: ir a Metal Core. Construir un núcleo o armadura catalizadora con tecnología de mi mundo. Probabilidad de éxito: 89%. Estabilizaría la energía, pero requeriría viajar y tiempo. El viaje en sí tiene un 12% de riesgo de incidentes.
—¿Segunda? —preguntó Natsuki.
—Esa es tuya.
Natsuki parpadeó, asintió, pensativo.
—Podríamos buscar más escamas de Rojolectro. O algo parecido en otro mundo. Algo que conduzca energía, que sea resistente...
—¿Como el traje de Hiro? —interrumpió 8-bit.
—Exacto. Pero no solo debe ser eficiente, efectivo o seguro. Debe ser original. Y bonito. Zera merece algo hecho para ella.
Nexo levantó la vista, una sonrisa empezando a formarse en sus labios.
—Escamas de Neodragón.
Todos lo miraron.
—En Wonder Fantasy —explicó—. Los Neodragones tienen escamas que conducen energía igual que los Rojolectro. Pero en vez de rojas, son negras con destellos azules. Son... hermosas, la verdad. Sora y yo los cazabamos siempre por recursos y deporte.
8-bit flotó más cerca.
—¿Las has visto?
Nexo asintió, nostálgico.
—Sí. En mis días de juego. Eran una buena fuente de experiencia y material. Nunca imaginé que volvería a pensar en ellas para algo así.
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Los cuatro se sentaron alrededor de la mesa. Hiro proyectó dos columnas de datos.
—Opción A: Metal Core —dijo—. Ventajas: tecnología precisa, garantizada. Probabilidad de éxito en la fabricación: 94%. Desventajas: viaje a Metal Core, riesgo de incidentes del 12%. Tiempo estimado: 3-4 días.
—Opción B: Wonder Fantasy —continuó Natsuki—. Ventajas: material orgánico se adapta mejor al cuerpo, más natural. Estéticamente superior. Desventajas: cazar un Neodragón tiene un 40% de riesgo de complicaciones. Tiempo impredecible.
—¡Las dos tienen pros y contras! —exclamó 8-bit.
Nexo apoyó los codos en la mesa, pensativo.
—¿Y si hacemos las dos?
Hiro lo miró.
—Explicación.
—Fusionamos las ideas. Un traje de escamas de Neodragón, como el de Hiro, pero con tecnología de Metal Core para canalizar la energía. Lo mejor de ambos mundos.
8-bit dio una voltereta en el aire.
—Eso es brillante. Las escamas conducen energía, la tecnología la estabiliza. Probabilidad de éxito... ¡alta!
Hiro procesó. Los números bailaron.
—Fusión de ambos métodos incrementa la probabilidad de éxito al 96.7%. El riesgo combinado de los viajes es asumible. —Asintió—. Aprobado.
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Horas después, los cuatro seguían encerrados en la sala de mapas. Risas, discusiones, diseños que iban y venían.
Hiro dibujaba esquemas funcionales, líneas limpias llenas de anotaciones técnicas. Natsuki trazaba formas más estilizadas, pensando en la movilidad y la estética. 8-bit creaba diagramas de flujo de energía, superponiéndolos a los diseños. Nexo recordaba la estética de los Neodragones, sus colores, sus texturas.
Finalmente, emergieron.
Nexo mostró el plano en el centro de la mesa. Todos se inclinaron para verlo.
Era una armadura-vestido negra, elegante y funcional. Las líneas eran limpias, los ángulos precisos. Las escamas serían molidas para aplicarlas al blindaje de Metal Core, brillaban en el panel con destellos azules. Y en todo el contorno, pequeñas anotaciones indicaban dónde irían los nano-sistemas de conducción y liberación energética.
Natsuki silbó, admirado.
—Nexo... esto es perfecto. Es eficiente, efectivo, seguro... y precioso.
Hiro asintió, sus ojos recorriendo cada detalle.
—Aprobado. Probabilidad de éxito en la fabricación: 96.7%. Los materiales son los adecuados.
Con todo dicho y material en mente…
—Entonces vamos a dividirnos —dijo Hiro—. Yo iré a Metal Core con 8-bit.
8-bit flotó emocionada.
—¡Sí! ¡Quiero conocer tu mundo! ¿Tiene coliseos? ¿Arenas? ¿Cosas brillantes?
—Sí a todo. Pero también tiene peligros. La corrupción es un problema menor allá. La probabilidad de incidentes es del 20%. La asumimos.
Natsuki sonrió.
—Nexo y yo iremos a Wonder Fantasy.
Nexo respiró hondo.
—Va a ser como volver a casa. Pero con más peligro real.
Natsuki se inclinó sobre la mesa.
—Ahora... tenemos que pensar qué les decimos a las chicas.
8-bit parpadeó.
—¿Decirles? ¿La verdad?
—No —dijo Hiro—. La verdad arruinaría la sorpresa. Debemos crear una historia creíble.
Nexo se frotó la barbilla.
—Podemos decir que vamos a buscar materiales para reparaciones generales.
—O que necesitamos piezas de repuesto para los sistemas de la base —añadió Natsuki.
—O que vamos a explorar nuevos territorios para expandir nuestros mapas —completó Hiro.
8-bit levantó una mano.
—O todo junto. Así suena más convincente.
Natsuki sonrió.
—Eso. Vamos a decir que necesitamos materiales, piezas y explorar. Así cubrimos todo.
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Salieron al claro cuando el sol comenzaba a descender. Las chicas seguían entrenando, aunque con menos intensidad, más relajadas.
Miku fue la primera en verlos.
—¿Qué pasa? —preguntó, notando sus expresiones—. Tienen cara de conspiración.
Natsuki tomó la palabra.
—Vamos a hacer un viaje. Varios, de hecho.
Ember se incorporó.
—¿Adónde?
Hiro respondió con su tono más neutral.
—Metal Core y Wonder Fantasy. Necesitamos materiales para reparaciones, piezas de repuesto para los sistemas, y aprovecharemos para explorar nuevas zonas. La probabilidad de encontrar recursos útiles es alta.
Nira entrecerró los ojos.
—¿Cuánto tardarán?
—Unos días. Quizás una semana —respondió Natsuki.
Sora miró a su hermano.
—¿Puedo ir con ustedes, Nexo?
Nexo negó con la cabeza.
—No. Alguien tiene que proteger la base. Además... —sonrió—. Confío en ti para mantener a éstas a raya.
Sora resopló.
—Siempre igual.
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Las despedidas fueron breves, pero cargadas de significado.
Miku se acercó a Hiro.
—Cuídate. Y no hagas nada imprudente.
Hiro la miró.
—Defina imprudente. Si te refieres a acciones con probabilidad de fracaso superior al 30%, puede estar tranquila.
Miku sonrió.
—Eso es lo que más me preocupa.
Nira puso una mano en el hombro de Natsuki.
—Vuelve.
Natsuki sostuvo su mirada.
—Siempre vuelvo.
Sora abrazó a Nexo con fuerza.
—Ten cuidado. No es como en el juego.
Nexo le devolvió el abrazo.
—Lo sé. Por eso voy preparado.
8-bit flotaba emocionada.
—Voy a ver un mundo nuevo. Esto es increíble.
Kurenai le dio un golpecito en el hombro.
—Pórtate bien, pequeña. Y si ves algo peligroso, aléjate.
Zera observaba todo en silencio.
Pero algo en su interior... cambió.
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Mientras los chicos se alejaban hacia los portales, Zera sintió una punzada en su núcleo.
Llevó una mano a su pecho. El fragmento brillaba débilmente.
—Mi núcleo... —murmuró para sí misma—. Está inestable. Lo saben. Por eso se van.
Sus sistemas procesaron la información. Analizaron las miradas, las palabras, las despedidas.
Llegaron a una conclusión.
—Van a buscar algo. Para mí.
Por primera vez en su existencia, Zera sintió dos emociones contradictorias al mismo tiempo.
Esperanza: "Alguien se preocupa por mí. Quieren ayudarme."
Miedo: "¿Y si no funciona? ¿Y si sigo siendo un peligro?"
No supo qué hacer con esa mezcla. Era nueva. Desconcertante.
Miku se acercó, notando su expresión.
—¿Zera? ¿Todo bien?
Zera la miró. Por un momento, quiso procesar en silencio, como siempre. Pero algo la impulsó a hablar.
—Solo... proceso.
Miku sonrió, con esa calidez que solo ella tenía.
—Ya. Pero tienes esa cara. La misma que puse al hacerle el traje a Hiro. Que para mi fue como un regalo.
Zera parpadeó.
—¿Cómo sabes...?
—Porque te conozco, hermana. Y porque eso que sientes... se llama ilusión. Es nuevo, ¿verdad?
Zera asintió lentamente.
—Sí. Me gusta. Y me asusta.
Miku le dio un pequeño golpe en el hombro.
—Bienvenida al club.
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Hiro y 8-bit tomaron el camino al plano técnico hacia portal a Metal Core. 8-bit no dejaba de hacer preguntas, su entusiasmo desbordándose en cada palabra.
Natsuki y Nexo tomaron el portal a Wonder Fantasy. Nexo respiró hondo antes de partir, el recuerdo de su vida pasada mezclándose con la emoción del presente.
Las chicas los vieron irse.
Ember cruzó los brazos.
—¿Cuánto crees que tarden?
Nira observó el horizonte.
—El tiempo suficiente.
Kurenai olfateó el aire.
—Siento que volverán con algo grande.
Sora sonrió, un poco nostálgica.
—Ojalá. Nexo se merece una aventura que no sea de vida o muerte.
Zera miró sus manos. El fragmento brillaba suavemente bajo su piel.
—Y cuando vuelvan... —dijo, casi sin darse cuenta—. Tal vez con algo realmente grande, pero preferiría que mi "ilusión" fuera realidad.
Las otras la miraron. Luego, sonrieron.
Miku la rodeó con un brazo.
—Claro, zera. Te lo mereces.