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Capítulo 33: La Chispa.

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 19 de agosto de 2026

La luz del amanecer se filtró por las ventanas de la base cuando el grupo comenzó a reunirse para el desayuno. Era una escena cotidiana, casi rutinaria, pero algo en el aire era diferente. Algo que nadie mencionaba, pero que todos comenzaban a notar.

 

Natsuki y Sora llegaron por separado, como siempre. Pero sus miradas se buscaron antes de sentarse, un intercambio rápido, casi furtivo, que no pasó desapercibido para ciertos observadores.

 

Miku, que servía frutas junto a Hiro, levantó una ceja. Hiro, a su lado, procesó la información y asintió levemente. Era un lenguaje silencioso altamente encriptado.

 

8-bit flotaba cerca de la mesa, sus pequeños ojos azules recorriendo la escena con su curiosidad habitual.

 

Kurenai fue la primera en romper el silencio. Olfateó el aire con esa intensidad felina que la caracterizaba, y frunció el ceño.

 

—Ustedes dos —dijo, señalando con la cabeza a Natsuki y Sora—. Huelen raro.

 

Sora se sonrojó al instante.

 

—¿Qué? No. Nosotros no. No pasa nada.

 

—No dije que pasara algo —respondió Kurenai, con una sonrisa pícara—. Dije que huelen raro.

 

Natsuki, que había estado bebiendo té, casi se atraganta. Su rostro, normalmente sereno, mostró un tono que nadie le había visto antes.

 

Ember los miró a todos sin entender.

 

—¿De qué hablan? ¿Qué huele raro? Yo no huelo nada.

 

—Porque no tienes nariz para estas cosas —dijo Kurenai.

 

—Sí tengo nariz. 

 

—Pero no para esto.

 

Ember frunció el ceño, confundida, pero no insistió.

 

---

 

El día transcurrió en una sucesión de pequeños encuentros que, vistos por separado, no significaban nada. Vistos en conjunto, lo significaban todo.

 

Natsuki "necesitó ayuda" con los mapas de la zona este. Sora "se ofreció voluntaria" para ayudarlo.

 

Sora "tenía dudas" sobre las rutas de patrullaje más seguras. Natsuki "le explicó con detalle" durante 45 minutos.

 

Coincidieron en la cocina a la misma hora. "Casualmente". Prepararon té. "Casualmente". Se sentaron juntos. "Casualmente".

 

Nexo los observó desde la distancia, su ceño fruncido en una expresión que mezclaba preocupación y algo parecido a la resignación.

 

Zera también observaba. Pero desde otro lugar.

 

Estaba en la sala de monitoreo, repasando datos de patrullaje que ya conocía de memoria. Sus dedos se movían sobre la interfaz, pero sus ojos no se fijaban en las pantallas. Miraban hacia la cocina, hacia Hiro y Miku, que compartían ese silencio cómodo que solo ellos tenían.

 

Procesó la imagen. La comparó con la escena de Natsuki y Sora. Algo en su interior... no dolía, pero tampoco era indiferente.

 

—Ellos tienen eso —murmuró para sí misma—. Natsuki y Sora empiezan a tenerlo. ¿Yo?

 

No encontró respuesta.

 

---

 

Nexo buscó a Miku en privado. La encontró en el pequeño jardín que habían improvisado cerca de la entrada, cuidando las plantas que Kurenai había traído de sus exploraciones.

 

—¿Tú también lo notas? —preguntó, sin preámbulos.

 

Miku sonrió. Ya sabía a qué se refería.

 

—¿El qué?

 

—No te hagas. Mi hermana y Natsuki. Pasan mucho tiempo juntos.

 

—¿Y eso es malo?

 

Nexo dudó.

 

—No lo sé. ¿Lo es?

 

Miku se incorporó y lo miró con esa calidez que solo ella tenía.

 

—Depende. ¿Confías en Natsuki?

 

—Sí —respondió Nexo, sin dudar—. Pero...

 

—¿Pero?

 

—Es mi hermana. Es mi responsabilidad.

 

Miku negó suavemente.

 

—Nexo, Sora no es una niña. Y Natsuki es de confiar. Si pasa algo, no será a escondidas.

 

Nexo no quedó convencido del todo, pero asintió. Algo en las palabras de Miku resonaba con verdad.

 

Mientras tanto, en el área de entrenamiento, Ember y Nira sostenían un combate que llevaba media hora. Los golpes resonaban con una cadencia familiar, pero Ember estaba distraída.

 

—Oye, Nira —dijo, esquivando un ataque por centímetros—. ¿Qué está pasando con Natsuki y Sora?

 

Nira bloqueó un golpe y contraatacó con precisión.

 

—No lo sé. ¿Por qué?

 

—No entiendo. Pasan mucho tiempo juntos. ¿Van a pelear? ¿Van a entrenar? ¿Qué hacen?

 

Nira casi sonrió. Casi.

 

—Se llama... compañía.

 

—¿Compañía? —Ember frunció el ceño—. Yo estoy contigo todo el día y no me sonrojo.

 

—Es diferente.

 

—No entiendo.

 

—Ya sé.

 

Ember no quedó satisfecha, pero decidió dejarlo para otro momento. La confusión era parte de su encanto.

 

---

 

Cayó la noche. La esfera planetaria en el cielo había alcanzado su punto más alto, bañando el Jardín Cobalto con su luz celeste.

 

Natsuki estaba en la azotea de la base, solo. Miraba el horizonte, pero no veía nada. Su mente estaba en otra parte.

 

Pasos detrás de él.

 

—¿Molesto? —preguntó Sora, apareciendo a su lado.

 

—No. Adelante.

 

Se sentaron juntos. El silencio fue incómodo al principio, luego cómodo, luego otra vez incómodo.

 

—Hoy estuvimos juntos muchas veces —dijo Sora.

 

—Sí.

 

—Fue raro.

 

—Sí.

 

—Pero no malo.

 

—No.

 

Otro silencio. Más largo. Más significativo.

 

Natsuki respiró hondo.

 

—Sora... ¿puedo preguntarte algo?

 

—Dime.

 

—¿Por qué sigo buscando excusas para estar cerca de ti?

 

Sora se sonrojó. Natsuki también.

 

—Yo también —admitió ella—. Y no sé por qué.

 

Se miraron. Había algo en el aire. Algo que ninguno se atrevía a nombrar.

 

—¿Te parece mal? —preguntó Natsuki.

 

—No. ¿A ti?

 

—No.

 

Sonrieron. Nerviosos. Torpes. Pero sinceros.

 

Abajo, en el perímetro de la base, Zera pasaba cerca de la azotea. Vio las dos siluetas recortadas contra la luz de la esfera planetaria. Las observó un momento, sin que la notaran.

 

No sintió celos. No sintió envidia. Sintió... curiosidad. Y algo más. Algo que no sabía nombrar.

 

Siguió caminando.

 

---

 

En la sala común, el grupo estaba disperso. 8-bit flotaba cerca de la ventana, y sus ojos se elevaron hacia la azotea.

 

—Natsuki y Sora están ahí —dijo—. Otra vez.

 

Kurenai sonrió, con esa expresión de saber algo que los demás ignoran.

 

—Huelen a nervios. Y a algo más.

 

—¿A qué? —preguntó Ember.

 

—A que va a pasar algo.

 

Hiro y Miku intercambiaron una mirada. Ella sonrió. Él asintió. Cómplices.

 

Nexo apretó la mandíbula, pero no dijo nada. Nira se acercó y puso una mano en su hombro.

 

—Déjalos —dijo, con su voz serena—. Ya hablarán contigo cuando sea el momento.

 

Zera entró en la sala en ese momento. Sus ojos recorrieron la escena, procesando cada expresión, cada gesto, cada palabra no dicha.

 

Se sentó junto a 8-bit.

 

—¿Tú también los ves? —preguntó la pequeña IA.

 

—Sí.

 

—¿Qué crees que está pasando?

 

Zera dudó.

 

—No lo sé. Algo que no entiendo del todo.

 

—¿Y eso te molesta?

 

—No. —Zera hizo una pausa—. Me hace preguntarme... si yo también puedo tener eso.

 

8-bit la miró, curiosa.

 

—¿Tener qué?

 

—Conexión. Alguien que te mire así.

 

8-bit no supo qué responder. Solo tomó la mano de Zera y la sostuvo un momento.

 

---

 

Natsuki y Sora bajaron de la azotea. Entraron a la sala común y todos los miraron.

 

8-bit fue la primera en hablar.

 

—¿Qué hicieron arriba?

 

—Hablar —respondió Sora.

 

—¿De qué?

 

—De cosas.

 

Kurenai se rió abiertamente.

 

Natsuki y Sora se sonrojaron otra vez.

 

Nadie dijo nada más, pero todos lo sabían.

 

---

 

Esa noche, la base quedó en silencio. Todos dormían... casi todos.

 

Nexo estaba en la sala común, mirando al techo, cuando Sora apareció.

 

—¿No duermes?

 

—No.

 

—¿Estás enojado?

 

Nexo negó con la cabeza.

 

—No. Solo... preocupado.

 

Sora se sentó a su lado.

 

—No tienes que estarlo.

 

—Lo sé. Pero es mi trabajo.

 

Sora lo miró con esa mezcla de cariño y frustración que solo las hermanas menores pueden sentir.

 

—Nexo, yo estoy bien. De verdad.

 

—¿Estás segura?

 

—Sí. Y si algo cambia, te lo diré. Prometido.

 

Nexo la miró un largo momento. Luego asintió.

 

—Está bien. Pero si te hace llorar, le parto la cara.

 

Sora rió, un sonido ligero que alivió la tensión.

 

—Trato hecho.

 

En la habitación de Zera, ella estaba despierta. Sentada en el borde de su capsula, miraba sus manos. La energía que aún no tenía. El poder que no llegaba. La conexión que otros encontraban y ella solo observaba.

 

Hiro apareció en la puerta.

 

—¿No duermes?

 

—No. Proceso.

 

—¿Qué?

 

—Por qué ellos pueden y yo... observo.

 

Hiro entró y se sentó a su lado.

 

—No compares. Cada uno tiene su tiempo.

 

—¿Y si mi tiempo no llega?

 

Hiro la miró. No con lástima, sino con la certeza de quien conoce a su hermana de código mejor que nadie.

 

—Llegará. Y cuando lo haga, estaré aquí.

 

Zera lo miró. Por primera vez, no como un peleador a otro, sino como hermana a hermano.

 

—Gracias.

 

Afuera, la esfera planetaria seguía su curso. La noche era tranquila. Pero dentro de la base, algo estaba cambiando. No solo entre Natsuki y Sora. También en Zera. También en todos ellos.

 

Y eso, quizás, era lo más importante.

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