La luz del atardecer teñía el Jardín Cobalto de tonos azules y violetas cuando el grupo comenzó a reagruparse en la base. Habían pasado cinco días desde la batalla contra Azura, desde la partida de Lyra, desde que Hiro despertó con su nuevo traje y su nuevo poder. Cinco días de calma, de recuperación, de simplemente... existir.
Afuera, Ember y Nira compartían un entrenamiento ligero, sus movimientos más relajados que de costumbre. Kurenai estaba acurrucada en un rincón con 8-bit, la pequeña IA flotando cerca mientras la guerrera felina le contaba alguna historia de su mundo. Nexo revisaba datos en su interfaz, aunque su mente parecía estar en otro lugar. Hiro y Miku estaban en la cocina, como siempre, preparando la cena en ese silencio cómodo que solo ellos compartían.
Y en el almacén, Natsuki y Sora contaban suministros.
—43 raciones de fruta cristalina —dijo Natsuki, marcando en su lista—. 28 paquetes de proteína sintética. 12 litros de esencia primordial diluida. Medicina... suficiente.
Sora asintió, anotando en su propia libreta. Era una tarea simple, rutinaria, pero había algo en el ambiente que la hacía diferente. Quizás era la cercanía. Quizás era el silencio. Quizás era que, por primera vez en mucho tiempo, estaban solos.
—¿Siempre haces esto? —preguntó Sora, rompiendo el silencio—. ¿Llevar la cuenta de todo?
—Alguien tiene que hacerlo —respondió Natsuki, sin mirarla—. Si no controlamos los recursos, en un mes estaríamos comiendo piedras.
Sora rió suavemente.
—En juegos como Wonder Fantasy también había que controlar los recursos. Pero yo nunca me encargaba. Nexo lo hacía.
—¿Y tú?
—Yo peleaba. Exploraba. Me metía en problemas. —Una sonrisa nostálgica—. Siempre fui la impulsiva. La que se lanzaba sin pensar. Nexo era el que me sacaba de los líos.
Natsuki la miró entonces. Realmente la miró.
—¿Y ahora?
—Ahora... —Sora hizo una pausa, pensando—. Ahora sigo siendo impulsiva, creo. Pero ya no soy solo la hermana pequeña. Soy parte de esto. De ustedes.
—Eso no es fácil —dijo Natsuki—. Pasar de ser "la hermana de" a ser "Sora". Lleva tiempo.
—¿Tú cómo sabes?
Natsuki guardó silencio un momento. Dejó la lista sobre una caja y se apoyó contra la pared.
—Yo fui "el creador de Nira" durante mucho tiempo. Incluso después de que dejara de importar, la gente me veía y pensaba en ella. No en mí.
—¿Y ahora?
—Ahora soy Natsuki. El "líder". El que toma decisiones. El que carga con todo. —Se encogió de hombros—. A veces no sé si es mejor.
Sora se acercó un paso. Solo uno.
—¿Cargas con todo?
—Alguien tiene que hacerlo.
—Pero... ¿quién carga contigo?
La pregunta quedó flotando en el aire. Natsuki la miró, y por un momento, su expresión cambió. Ya no era el líder seguro, el estratega infalible. Era solo alguien que, quizás, nunca había considerado esa pregunta.
—No lo sé —admitió—. Nunca lo pensé.
—Deberías —dijo Sora, con una suavidad que contrastaba con sus palabras—. Todos necesitamos a alguien que nos sostenga.
El silencio que siguió fue diferente. Más cálido. Más significativo.
—Sora... —comenzó Natsuki.
—¿Sí?
—¿Puedo preguntarte algo?
Ella asintió, expectante.
—¿Por qué...? —dudó—. No, olvídalo.
—No, dime.
Natsuki respiró hondo.
—¿Por qué busco excusas para estar cerca de ti?
El rostro de Sora se tiñó de rojo. El de Natsuki también, algo que nadie en el grupo creía posible.
—Yo... —tartamudeó ella—. No sé... yo también...
No terminaron la frase. No hicieron falta palabras.
Más tarde.
En la sala común, Miku levantó la vista de la cena.
—¿Natsuki y Sora siguen en el almacén?
—Sí —respondió Nexo, sin levantar la vista de su plato.
—Llevan rato.
Nexo la miró. Sus ojos se estrecharon.
—¿A dónde quieres llegar?
—A ningún lado —dijo Miku, con una sonrisa inocente—. Solo es una observación.
Nexo frunció el ceño, pero no dijo nada.
Hiro, desde la cocina, intercambió una mirada con Miku. Ella le sonrió. Él asintió, casi imperceptiblemente.
Algo estaba pasando. Y ellos lo sabían.