La luz del atardecer teñía el Jardín Cobalto de tonos violáceos cuando el grupo estaba casi perdidos en la búsqueda del último fragmento para terminar la canción de unión. Sus pasos eran lentos, sus hombros caídos, sus expresiones un reflejo de la frustración que cargaban.
Nexo fue el primero en romper el silencio. Dejó caer su mochila al suelo con un golpe sordo y se dejó caer en una silla.
-Nada -dijo, sin necesidad de que nadie preguntara-. Revisamos cada ruina. Cada piedra. Cada recoveco. No hay nada.
Sora se sentó a su lado, apoyando la cabeza en su hombro.
-Estuvimos en todas -confirmó-. Hasta volvimos a las primeras, las que encontramos con Lyra. Nada.
Lyra entró detrás de ellos, su presencia etérea más tenue que de costumbre. Flotó hasta la mesa donde descansaban los fragmentos recuperados y los miró con una tristeza antigua.
-Tal vez -dijo, su voz apenas un susurro-. Tal vez no exista. Tal vez se perdió para siempre.
Miku, que había estado esperando noticias, negó con la cabeza.
-No puede ser. Después de todo esto... tiene que estar en algún lado.
-Los Caminantes creían que las canciones nunca mueren -respondió Lyra-. Solo se transforman. Cambian de forma. Quizás el último fragmento ya no es una piedra. Quizás es otra cosa. Algo que no sabemos reconocer.
Nadie supo qué responder.
Natsuki, que había estado escuchando en silencio, tomó una decisión.
-Volvamos a la base. Necesitamos descansar, pensar con claridad. Mañana trazaremos un nuevo plan.
El grupo asintió sin entusiasmo. Recogieron sus cosas y emprendieron el camino de regreso.
La ruta que eligieron pasaba por el cañón. Era el camino más corto, y después de un día agotador de búsqueda infructuosa, nadie tenía ganas de rodeos.
Miku comenzó a mostrar preocupación en su rostro. Cosa que Nexo y Sora notaron.
-Miku ¿que tienes? -le preguntó Nexo.
-¿Te sientes bien -terminó Sora.
Miku al principio no quiso responder, pero al final cesó, respondió con algo de temblor -No se si fue buena idea dejar a Hiro solo.
Pero Natsuki la tranquilizó. O lo intentó.
-Recuerda que aplicamos un escudo reforzado al rededor de la base y el mismo en su propia capsula.
Nexo lo apoyó -Cierto, Azura y GB trabando juntas tardarán mínimo dos semanas en atravesar solo uno.
8-bit también habló -Además que Zera se quedo con el. Relajate.
Eso no tranquilizó del todo a Miku, pero si confiaba en el trabajo de sus compañeros.
El viaje continuó.
El paisaje aún mostraba las marcas de la batalla de ya meses atrás. Rocas partidas, el suelo levantado en grandes placas, cicatrices de energía que aún brillaban débilmente cuando la luz incidía en el ángulo correcto.
Lyra caminaba en silencio, absorta en sus pensamientos. No miraba el paisaje. No veía las marcas. Su mente estaba en otro lugar, en otro tiempo.
Hasta que se detuvo.
Fue un frenazo tan brusco que Sora, que caminaba detrás, casi choca con ella.
-¿Lyra? -preguntó-. ¿Qué pasa?
Lyra no respondió. Su cuerpo se había tensado como una cuerda lista para romperse. Sus ojos, siempre serenos, estaban abiertos de par en par, fijos en un punto al fondo del cañón.
-No... -susurró-. No puede ser.
Todos siguieron su mirada.
Allí, en el fondo del cañón, yacían los restos de la criatura. La Fauces Pétreas. La bestia que habían derrotado en sus primeros días, antes de que Lyra existiera en sus vidas.
Sus restos eran enormes, incluso muerta. Las rocas que la formaban yacían dispersas, pero su silueta aún era reconocible. Una montaña de piedra caída.
Lyra retrocedió un paso. Luego otro. Su rostro había perdido todo color.
-Esa... -su voz temblaba-. Esa es la bestia.
Nexo frunció el ceño.
-¿Esta? ¿Esta criatura?
Lyra asintió, sin poder apartar la mirada.
-En los primeros días del Jardín, cuando aún explorábamos los portales, apareció. Destruyó nuestros puestos. Mató a algunos de los míos. Separó a los demás.
Su voz se quebró.
-Muchos tuvieron que irse por un bien mayor. Entraron en portales que no conocían, huyendo de ella. Otros... otros no pudieron.
El silencio que siguió fue pesado.
-Pero no entiendo -continuó Lyra, un temblor en sus palabras-. ¿Por qué no ataca? ¿Por qué está así?
El grupo se congeló.
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Nexo y Kurenai intercambiaron una mirada. Una de esas miradas que pesan, que lo dicen todo sin necesidad de palabras.
Sora se llevó una mano a la boca.
Lyra los observó, notando el cambio. Su confusión se transformó lentamente en algo más. Algo parecido al miedo.
-¿Qué? -preguntó-. ¿Qué pasa?
Nadie respondió.
En lugar de eso, Nexo y Kurenai comenzaron a caminar hacia los restos de la criatura.
-¡No! -gritó Lyra-. ¡No se acerquen! ¡Podría despertar!
Pero ellos no se detuvieron. Algo había llamado su atención.
Kurenai fue la primera en verlo. Entre dos de los dientes de la bestia, incrustado en la roca fosilizada, algo brillaba con una luz tenue.
-Ahí -dijo, señalando-. Hay algo.
Nexo se acercó más. Con cuidado, metió la mano entre las fauces petrificadas y extrajo el objeto.
Era una pieza de piedra antigua. Pequeña, no más grande que su puño. Grabada con símbolos que reconocía. Estaba rota, partida en dos, pero las marcas eran claras.
-Es... -su voz tembló-. Es el fragmento. El último.
Lyra se acercó lentamente, sin comprender.
-¿Cómo... cómo llegó ahí?
Nadie respondió.
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Natsuki dio un paso al frente. Su voz era calmada, pero cada palabra pesaba como una losa.
-Lyra... hace meses, antes de que tú llegaras, nosotros enfrentamos a una criatura. En este cañón. Una bestia de piedra que estaba corrupta.
Lyra lo miró, sin aliento.
-Era enorme. Controlaba las rocas, el terreno. Casi nos mata. Pero luchamos. Juntos. Y la vencimos.
El silencio se hizo absoluto.
-¿Ustedes...? -susurró Lyra.
Miku asintió, con lágrimas en los ojos.
-No sabíamos lo que significaba -dijo-. No sabíamos que era la que... la que te había hecho daño. Solo peleamos porque teníamos que hacerlo.
Ember dio un paso adelante.
-Fue una pelea difícil -dijo, con una mezcla de orgullo y pesar-. Pero ganamos. El muy maldito cayó. Pero casi nos mata.
8-bit flotó cerca, su voz pequeña.
-Quedó así. Nunca más se movió.
Lyra temblaba. Sus ojos recorrían los rostros del grupo, buscando una mentira, una trampa. No encontraba nada.
Nira habló, con su voz serena pero firme.
-No sabíamos. Pero ahora lo sabemos. Esa bestia ya no existe. No gracias a nosotros solos, sino a todos. A los que estábamos aquí.
Lyra se llevó las manos a la boca. Su cuerpo temblaba sin control.
-Por siglos -dijo, con voz ahogada-. Por siglos cargué con esa sombra. Con la culpa. Con el miedo. Con la idea de que nunca podría enfrentarla. Y ustedes...
No pudo continuar.
Natsuki se acercó lentamente. No sabía qué decir. No había palabras para esto.
Pero cuando estuvo a su alcance, Lyra se lanzó sobre él.
No fue un abrazo educado. Fue desesperado. Sus brazos lo rodearon con una fuerza que no sabía que tenía. Su rostro se enterró en su hombro, y los sollozos finalmente estallaron.
-Gracias -dijo, entre lágrimas-. Gracias... gracias... gracias...
La palabra se repitió una y otra vez, entre gemidos, entre espasmos de llanto.
-Por siglos cargué con esa sombra. Y ustedes... ustedes la mataron. Sin saberlo. Me liberaron sin saberlo.
Natsuki la sostuvo. No dijo nada. No hacía falta.
Miku se acercó y puso una mano en su espalda. 8-bit flotó cerca, llorando también, sus lágrimas digitales desvaneciéndose antes de tocar el suelo. Kurenai y Nexo desviaron la mirada, pero sus ojos estaban húmedos. Ember apretó la mandíbula, conteniéndose. Nira observaba en silencio, pero algo en su expresión se había suavizado.
Pasaron minutos. Los sollozos se calmaron.
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Lyra se separó lentamente. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, un gesto tan humano que dolía.
-Lo siento -dijo-. No... no quería...
-No tienes que disculparte -dijo Natsuki.
Lyra miró sus manos, luego el fragmento roto que Nexo aún sostenía.
-Ella lo guardaba todo este tiempo -dijo, con una mezcla de asombro y tristeza-. Sin saberlo. El último pedazo de mi hogar, atrapado en la bestia que lo destruyó.
Sora se acercó, observando la piedra partida.
-Está roto. ¿Podremos repararlo?
Lyra tomó el fragmento con cuidado. Lo examinó, pasando sus dedos sobre las grietas.
-Se reparar lo roto -dijo-. Con la canción, todo es posible.
Por primera vez en horas, una sonrisa apareció en su rostro. Era pequeña, frágil, pero real.
-Volvamos a casa.
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El grupo emprendió el camino de vuelta. El ambiente era diferente. Más ligero.
8-bit flotó junto a Lyra.
-¿Estás bien? -preguntó.
Lyra la miró. Luego, con una suavidad que pocas veces mostraba, extendió una mano y acarició el cabello de la pequeña IA.
-Por primera vez en siglos -dijo-. Sí. Creo que sí.
Llegaron a la base cuando la noche ya había cerrado. El fragmento roto descansaba en la sala de mapas, esperando.
La canción estaba a punto de completarse.
Y Lyra, por fin, estaba en paz.