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Capítulo 30: La Canción Restaurada

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 17 de agosto de 2026

La luz del amanecer se filtraba por las ventanas de la base cuando Nexo, Sora y Lyra ya estaban en la sala de mapas. El fragmento roto descansaba sobre la mesa, sus dos mitades separadas por una grieta que parecía imposible de reparar.

 

Nexo lo observaba con atención, girando la cabeza para examinarlo desde distintos ángulos.

 

—Dijiste que podías reparar lo roto —dijo, sin apartar la mirada—. ¿Cómo?

 

Lyra extendió una mano sobre las piezas, sin tocarlas. Sus dedos trazaron círculos lentos en el aire.

 

—Los Caminantes no usaban herramientas —respondió—. Usaban la memoria. Cada fragmento recuerda lo que fue. Hay que ayudarlo a recordar.

 

—¿Cómo se ayuda a una piedra a recordar? —preguntó Sora, inclinándose también.

 

—Cantándole. Contándole su propia historia.

 

8-bit flotó hasta situarse junto a Lyra, sus pequeños ojos brillando con determinación.

 

—Yo puedo sostenerlas —dijo—. Tengo manos firmes. Bueno, dedos firmes. Más o menos.

 

Lyra sonrió, una de esas sonrisas que había mostrado tan pocas veces.

 

—Eso sería de gran ayuda, pequeña.

 

---

 

Las horas pasaron. El trabajo era lento, meticuloso, casi ceremonial.

 

Lyra cantaba en voz baja mientras sus manos flotaban sobre el fragmento. No era una canción con letra, sino una melodía antigua que parecía vibrar en el aire. 8-bit sostenía las dos mitades con una concentración absoluta, sus pequeños dedos temblando ligeramente por el esfuerzo.

 

Nexo documentaba cada paso, cada variación en la luz, cada cambio en la textura de la piedra. Sora iba y venía con tazas de té y palabras de ánimo, aunque nadie le prestaba mucha atención.

 

Poco a poco, algo comenzó a cambiar.

 

Las dos mitades, antes separadas por una grieta visible, empezaron a emitir un brillo tenue. No era luz propia, sino como un reflejo de algo más profundo. Las marcas en la piedra, antes estáticas, parecían moverse, reordenarse, recordar.

 

—Está funcionando —susurró Nexo.

 

—Siempre funciona —dijo Lyra, sin dejar de cantar—. Cuando algo quiere ser reparado, encuentra la manera.

 

Pasó una hora más. Luego otra.

 

Y entonces, ocurrió.

 

Las dos mitades encajaron con un chasquido suave, casi imperceptible. La luz que emanaron en ese momento no fue tenue ni gradual. Fue un destello que recorrió toda la sala, bañando cada rincón con una calidez antigua.

 

8-bit soltó las piezas por puro reflejo, pero el fragmento no cayó. Flotó en el aire un instante, como si celebrara su propia reconstrucción, antes de descender suavemente sobre la mesa.

 

—¡Lo logramos! —gritó 8-bit, dando una voltereta en el aire.

 

Lyra tomó el fragmento con manos temblorosas. Sus ojos, siempre serenos, estaban húmedos.

 

—Está completa —dijo, su voz apenas un susurro—. Después de siglos... la Canción de Unión está completa.

 

---

 

Mientras tanto, en otras partes de la base, la vida continuaba.

 

En la habitación de Hiro, Natsuki y Zera revisaban el cuerpo del guerrero caído. El nuevo blindaje de coranium brillaba suavemente bajo la luz tenue de los monitores. Los signos vitales eran estables. El núcleo parpadeaba con ese ritmo constante que ya conocían.

 

—Está mejor —dijo Natsuki, revisando las lecturas—. Las nuevas placas están integradas correctamente. Su cuerpo las aceptó.

 

—Era de esperarse —respondió Zera—. El coranium de Metal Core siempre fue compatible con él.

 

Natsuki asintió, pero su mirada se perdió en el rostro inmóvil de Hiro.

 

—Ayer encontramos el último fragmento —dijo, en voz baja—. Lyra... tuvo un momento. Con la criatura. La que matamos hace tiempo.

 

Zera lo miró, esperando.

 

—Era la bestia que separó a los Caminantes. La que destruyó su hogar. Y nosotros la matamos sin saberlo.

 

—¿Cómo reaccionó?

 

—Lloró. Nos abrazó. Dijo gracias una y otra vez.

 

Zera guardó silencio un momento. Luego, con esa voz plana que usaba para las cosas importantes, dijo:

 

—A veces las mejores cosas que hacemos son las que no planeamos.

 

En el área de entrenamiento, los golpes resonaban con una cadencia nueva.

 

Ember y Nira llevaban horas practicando, pero algo había cambiado. Nira ya no peleaba con su precisión habitual. Sus movimientos eran más feroces, menos controlados. Sus golpes buscaban lastimar, no solo neutralizar.

 

—¡Eso! —gritó Ember, esquivando un ataque por centímetros—. ¡Así se hace!

 

Nira respondió con una estocada que obligó a Ember a retroceder tres pasos.

 

—Pero cuidado con perder la cabeza —añadió Ember, recuperando el equilibrio—. La furia es buena, pero sin control eres solo una bestia más.

 

Nira jadeó, apoyada en sus rodillas. El sudor corría por su frente.

 

—No la pierdo —dijo entre respiraciones—. La uso.

 

Ember sonrió, ancha y orgullosa.

 

—Eso. Exactamente eso.

 

En el perímetro, Kurenai patrullaba sola. Sus pasos eran lentos, deliberados. Su nariz trabajaba sin descanso, buscando ese olor que no la dejaba en paz desde hacía días.

 

Estaba ahí. Más tenue que antes, pero presente. Como una sombra que se niega a desaparecer.

 

—¿Qué esperas? —murmuró para sí misma—. ¿Qué estás esperando?

 

El viento no respondió.

 

En la habitación de Hiro, Miku estaba sentada junto a la cápsula. Su mano sostenía la de él, fría e inerte, pero ya no le importaba.

 

—Lyra encontró lo que buscaba —dijo, en voz baja—. La canción está completa. Pronto... pronto podremos ayudarte.

 

Apretó su mano con más fuerza.

 

—Y tú vas a despertar. Lo sé.

 

El núcleo parpadeó. Una vez. Dos veces. Como si respondiera.

 

El grupo estaba disperso en la base, cada uno sumido en sus pensamientos. Sora caminaba por el pasillo cuando se encontró con Natsuki, que salía de la habitación de Hiro.

 

—¿Cómo está? —preguntó ella.

 

—Estable. Zera y 8-bit lo están monitoreando.

 

Silencio. Sora parecía querer decir algo más.

 

—Natsuki —dijo al fin—. Lo que viene...

 

—Va a ser peligroso —completó él—. Lo sé.

 

—No me refiero a eso. Me refiero a... —dudó—. Cuídate. Por favor.

 

Él la miró. Por un momento, el líder, el estratega, desapareció. Quedó solo él.

 

—Tú también.

 

Se sostuvieron la mirada un instante. Luego ella sonrió, una sonrisa pequeña pero genuina, y siguió su camino.

 

Natsuki se quedó un momento más, viéndola alejarse.

 

—Lyra reunió al grupo en la sala común —dijo Miku, apareciendo detrás de él—. Es hora.

 

Natsuki asintió y la siguió.

 

---

 

Lyra reunió al grupo en la sala común. Sostenía el fragmento unificado contra su pecho junto a todos los demás, y la luz que emanaba era tan cálida que todos se sintieron atraídos hacia ella.

 

—La canción está completa —dijo—. Pero no puede cantarse aquí. Debe ser en el lugar donde empezó todo.

 

Natsuki asintió.

 

—Las ruinas donde te encontramos.

 

—Sí. El círculo negro. El portal de los Caminantes.

 

—¿Y qué pasará cuando cantes? —preguntó Miku.

 

Lyra la miró con una expresión que nadie supo interpretar del todo.

 

—No lo sé. Quizás nada. Quizás todo. Pero es el único lugar donde tiene sentido intentarlo.

 

—¿Y si no pasa nada? —insistió Miku.

 

Lyra sonrió. Era una sonrisa triste, pero también libre.

 

—Entonces al menos lo habré intentado. Después de siglos de espera, intentarlo es suficiente.

 

El grupo decidió acompañarla. Nadie se quedó atrás.

 

Natsuki y Zera verificaron los escudos de la base una última vez. Kurenai olfateó el perímetro en busca de señales de peligro. No encontró nada, pero algo en su pecho seguía inquieto.

 

—Volveremos pronto —dijo Natsuki, mirando la cápsula de Hiro—. Y cuando lo hagamos, traeremos respuestas.

 

---

 

El viaje a las ruinas fue solemne. Diez figuras más una, caminando bajo la luz de la esfera planetaria. Nadie hablaba. Nadie sentía la necesidad de hacerlo.

 

Kurenai olfateaba el camino a cada paso. Algo la inquietaba, algo que no podía ver pero sí sentir.

 

—Ese olor —dijo, en voz baja—. Está más cerca. No entiendo por qué no lo veo.

 

Nira se puso alerta.

 

—¿Azura?

 

—Sí. Pero diferente. Como si estuviera esperando algo.

 

Ember, que caminaba junto a Nira, apretó las manos sobre sus espadas.

 

—Que espere. Cuando venga, la recibiremos.

 

Miku caminaba cerca de Lyra. No hablaban, pero sus miradas se encontraban de vez en cuando. Algo en esos cruces decía más que cualquier palabra.

 

8-bit flotaba nerviosa, emocionada, preguntando cada cinco minutos si faltaba mucho. Nadie se molestaba en responderle, pero su presencia aligeraba el ambiente.

 

Llegaron cuando la noche estaba en su punto más oscuro. El círculo negro de tierra los esperaba, igual que la primera vez. Igual que siempre.

 

Lyra se colocó en el centro. Sostuvo los fragmentos contra su pecho y cerró los ojos.

 

El grupo formó un círculo alrededor, respetando el momento. Nadie hablaba. Nadie respiraba.

 

Lyra respiró hondo.

 

Y comenzó a cantar.

 

---

 

La melodía era antigua. No tenía palabras, pero todos entendían lo que decía.

 

Hablaba de hogar. De pérdida. De espera. De reencuentro.

 

Hablaba de caminos que se separan y de caminos que vuelven a juntarse. De voces que se apagan y de voces que resuenan a través del tiempo.

 

La luz del fragmento se extendió, bañando las ruinas, el círculo negro, a cada uno de los presentes. No era una luz agresiva. Era cálida. Acogedora. Como un abrazo que llevaban siglos esperando.

 

El suelo tembló suavemente.

 

8-bit lloraba sin saber por qué. Sus lágrimas digitales caían y se desvanecían antes de tocar el suelo.

 

Miku sintió algo en el pecho. Una conexión. Hiro, desde su coma, también escuchaba. Su núcleo, en la distancia, parpadeó más fuerte, respondiendo a la llamada.

 

Nira y Ember se miraron. Algo en sus pechos se agitaba, algo que no sabían nombrar.

 

Kurenai olfateó el aire, y por un momento, el olor de Azura desapareció. Como si la canción lo hubiera ahuyentado.

 

El círculo negro comenzó a brillar.

 

---

 

Una luz blanca, antigua, emergió del suelo. No era como los portales que conocían. No tenía bordes definidos ni electricidad danzante. Era suave. Natural. Viva.

 

Del otro lado, apenas visibles, comenzó a formarse un puente que se extendía sobre un vacío oscuro, donde se podían ver lo que parecían ser auroras de luz.

 

Lyra abrió los ojos. Las lágrimas rodaban por su rostro sin control.

 

—Sigue estable —susurró—. El puente, el puente a casa... sigue ahí.

 

El portal estaba abierto.

 

Lyra dio un paso hacia él. Luego otro.

 

Estaba a punto de cruzar.

 

---

 

—Qué bonito. Un camino mágico y todo.

 

La voz cortó la noche como un cuchillo.

 

Todos se giraron.

 

Azura estaba allí. Sola. De pie sobre una roca, sus ojos rosados brillando en la penumbra. Su cuerpo, marcado por los años y la energía, irradiaba una amenaza que no necesitaba ejército para ser letal.

 

Natsuki fue el primero en reaccionar.

 

—¿Cómo encontraste este lugar?

 

Azura sonrió. Esa sonrisa rota.

 

—¿Cómo crees? Tengo siglos de experiencia siguiendo rastros. El olor de su base, las huellas en el jardín, los patrones de sus patrullajes. Por algo sigo siendo la mejor cazarrecompensas de mi mundo. No es difícil cuando tienes paciencia.

 

Ember desenfundó sus espadas.

 

—Viniste a morir, entonces.

 

—No vine a morir. Vine a terminar lo que empecé. —Azura observó el portal, la luz bañando su rostro—. Y veo que tienen una fiesta. No me gusta que me excluyan.

 

Kurenai dio un paso adelante, su voz tensa.

 

—El olor... nos siguió. Todo este tiempo, nos siguió. Y esperó. Esperó a que todos estuviéramos juntos.

 

Azura asintió, casi con orgullo.

 

—Obvio. ¿Para qué atacar uno por uno pudiendo matarlos a todos de una vez?

 

Lyra miró el portal abierto detrás de ella. Luego miró al grupo. Luego a Azura, que ahora estaba justo entre ellos y la luz.

 

Natsuki se interpuso.

 

—Lyra, tienes que irte. Nosotros nos encargaremos.

 

—No puedo dejarlos —dijo Lyra, su voz firme a pesar del temblor—. No después de todo.

 

Miku negó con la cabeza.

 

—Tu hogar está ahí. Nosotros...

 

Azura la interrumpió con una carcajada.

 

—¿Hogar? ¿Ese caminito de allá? No van a llegar. Ninguno de ustedes.

 

Dio un salto adelante. Y aterrizó. Se plantó frente a ellos, de espaldas al portal, bloqueando el paso con su propio cuerpo.

 

—Primero la antigua. Luego el resto. Y si quieren pasar... tendrán que matarme.

 

Ember sonrió, feroz.

 

—Eso podemos arreglarlo.

 

---

 

Azura asumió posición de combate. Su cuerpo brilló con energía rosa, la misma que la había mantenido viva siete años, la misma que la había potenciado más allá de lo lógico.

 

El grupo se dispersó instintivamente. Cada uno sabía su lugar. Cada uno sabía lo que tenía que hacer.

 

Lyra aún sostenía el fragmento. La luz del portal la envolvía, llamándola con una fuerza que casi dolía. Pero no se movió.

 

Natsuki giró la cabeza hacia ella.

 

—Lyra. VETE. Nosotros la detenemos.

 

Lyra negó con la cabeza.

 

—No. Esta pelea también es mía. Me quitaron a los míos una vez. No permitiré que me los quiten a ustedes también.

 

Azura observó la escena con una mezcla de desprecio y algo parecido a la admiración.

 

—Qué conmovedor. Una familia unida. Lástima que las familias se rompen tan fácil.

 

Los bandos frente a frente.

 

Azura sola contra diez guerreros más Lyra.

 

El portal brillando detrás.

 

Y la promesa de una batalla que decidiría el destino de todos.

 

Nadie cruzaría ese portal sin pelear.

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