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Capítulo 25: Fragmentos De Esperanza

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 17 de agosto de 2026

La luz del amanecer se filtró por las ventanas de la base, pero nadie la notó. El ambiente era denso, cargado del peso de la noche anterior. El cuerpo de Hiro seguía en su cápsula, inmóvil, sus sistemas emitiendo un débil zumbido que era lo único que confirmaba que aún estaba vivo.

 

Natsuki fue el primero en moverse. Se levantó de la silla donde había pasado la noche, miró a Hiro un momento, y luego salió de la habitación. Había trabajo que hacer.

 

Reunió a los demás en la sala común. Las caras reflejaban agotamiento, preocupación, y una determinación callada.

 

—Hiro necesita reparaciones —dijo Natsuki, sin rodeos—. No podemos llevarlo a Metal Core. El viaje sería demasiado riesgoso con Azura suelta y Oraculum vigilando. Tenemos que hacerlo aquí.

 

—¿Aquí? —preguntó Nexo—. ¿Con qué herramientas? ¿Con qué conocimientos?

 

—Con lo que tenemos —respondió Natsuki—. Y con lo que podamos improvisar.

 

Miró a los que sabía que podían ayudar.

 

—Zera, conoces su estructura de combate. Has peleado con el de forma pareja, y a su lado, has visto cómo funciona. Necesito que guíes las reparaciones.

 

Zera asintió. Su expresión era seria, pero en sus ojos había algo nuevo. Determinación, sí, pero también algo más profundo.

 

—8-bit, tú entiendes de sistemas mejor que nadie. Necesito que documentes cada paso, cada conexión, cada código que usemos. Por si algo sale mal, por si necesitamos repetirlo.

 

—Lo haré —dijo la pequeña IA, con una firmeza que rara vez mostraba—. No voy a dejar que se apague.

 

—Nexo, tú al igual que Hiro y yo sabes usar la programación ad-hoc, tal vez necesitemos crear piezas improvisadas. Además Puede que necesitemos usarla para estabilizar algo que no podamos reparar físicamente.

 

Nexo asintió, aunque su rostro mostraba dudas.

 

—Nunca he trabajado con un cuerpo como el suyo. Pero... haré lo que pueda.

 

—Lyra —dijo Natsuki, volviéndose hacia la Caminante—. Tú has vivido siglos. Has visto cosas que nosotros no. ¿Puedes ayudar?

 

Lyra asintió lentamente.

 

—Los Caminantes conocían técnicas para mantener la energía estable en cuerpos dañados. No sé si funcionarán con el suyo al ser otra cosa, pero puedo intentarlo.

 

—Eso es más de lo que teníamos hace cinco minutos —dijo Natsuki—. Los demás... Ember, Nira, Kurenai, Sora, Miku... ustedes patrullan. Azura sigue ahí fuera. Oraculum también. No podemos bajar la guardia.

 

Miku no respondió. Estaba mirando sus manos, perdida en sus pensamientos.

 

—Miku —dijo Natsuki, más suave—. ¿Me escuchaste?

 

—Sí —respondió ella, sin levantar la vista—. Patrullar. Entendido.

 

Natsuki quiso decir algo más, pero Nira negó ligeramente con la cabeza. Déjala. Ya hablaremos después.

 

---

 

El equipo de reparación se puso a trabajar. La habitación de Hiro, antes un espacio privado, se convirtió en un taller improvisado. Zera examinaba cada parte del cuerpo de Hiro con una meticulosidad que rayaba en lo obsesivo, sus dedos recorriendo las placas dañadas, los cables expuestos, las grietas en la aleación metálica.

 

—El brazo izquierdo está casi desconectado —dijo, en voz baja—. La pierna derecha perdió toda respuesta motriz. Su ojo... no lo sé. Puede que tengamos que reemplazarlo.

 

—¿Con qué? —preguntó Nexo—. No tenemos piezas de repuesto.

 

—Con lo que encontremos —respondió Zera—. O con lo que improvisemos. Hacer piezas de fabrica. 

 

8-bit flotaba cerca, sus pequeños ojos registrando cada detalle, cada gesto, cada palabra. Su memoria era perfecta, y no iba a perder ni un segundo de lo que ocurría.

 

—Estoy documentando todo —dijo—. Cada cable, cada conexión, cada código que Zera mencione. Por si... por si necesitamos empezar de nuevo.

 

—No empezaremos de nuevo —dijo Zera, con una firmeza inusual—. Lo repararemos. Una vez.

 

Nexo se acercó y observó como un escáner ocular, pasándolo sobre el pecho de Hiro.

 

—Su núcleo está estable —dijo—. En modo de protección, como dijo 8-bit. Pero estable. Eso es bueno.

 

—La energía no fluye correctamente —observó Lyra, que había estado en silencio, observando—. Hay bloqueos. Como si su cuerpo se hubiera cerrado para proteger lo esencial.

 

—¿Podemos hacer algo? —preguntó Nexo.

 

Lyra extendió una mano sobre el pecho de Hiro, sin tocarlo. Cerró los ojos.

 

—Puedo intentar armonizar el flujo. Los Caminantes hacíamos esto con los nuestros cuando estaban heridos. No sé si funcionará con él, pero...

 

—Inténtalo —dijo Natsuki.

 

Lyra comenzó a cantar. No era una canción con palabras, sino una melodía suave, casi inaudible, que parecía vibrar en el aire. Por un momento, el núcleo de Hiro parpadeó ligeramente.

 

—¡Funcionó! —exclamó 8-bit.

 

—Solo un poco —dijo Lyra, abriendo los ojos—. Pero es suficiente. Su cuerpo sabe que estamos aquí.

 

Pasaron horas. Luego un día entero. Los avances eran lentos, casi imperceptibles. Lograron reconectar algunos cables, estabilizar ciertos sistemas, pero Hiro seguía sin despertar.

 

—Esto llevará días —dijo 8-bit, con frustración—. Quizás semanas.

 

—No importa el tiempo —respondió Natsuki—. Lo traeremos de vuelta.

 

---

 

Mientras tanto, en el exterior, Ember, Nira y Kurenai patrullaban el perímetro. El silencio era absoluto, roto solo por el crujido del césped azul bajo sus pies.

 

—Odio esto —dijo Ember, rompiendo la calma—. Estar fuera mientras Hiro se muere.

 

—No se muere —corrigió Nira—. Está vivo. Y lo mantendremos así.

 

—Pero nosotros no podemos hacer nada —insistió Ember—. Solo caminar, mirar, esperar. No sirvo para esperar.

 

—Nadie sirve —dijo Kurenai—. Pero alguien tiene que hacerlo. Si Azura vuelve mientras todos estamos dentro...

 

—Lo sé —la interrumpió Ember—. Lo sé. Pero no tiene que gustarme.

 

Kurenai olfateó el aire, deteniéndose.

 

—El olor de Azura sigue ahí. Más tenue que antes, pero presente. No se ha ido.

 

—¿Dónde? —preguntó Nira, alerta.

 

—Lejos. Por ahora. Pero no se ha ido. Está esperando.

 

—Como un depredador —murmuró Ember—. Esperando a que su presa se debilite.

 

—Exacto.

 

---

 

Al caer la noche, el equipo de reparación se detuvo para descansar. No habían logrado mucho, pero habían logrado algo. Hiro seguía vivo. Sus sistemas seguían funcionando. Era una victoria pequeña, pero la aferraron como un clavo ardiendo.

 

En la sala común, el grupo se reunió para una comida rápida. Nadie hablaba mucho. Las palabras parecían inútiles.

 

Miku no estaba.

 

Nira lo notó primero.

 

—¿Dónde está Miku?

 

—En la habitación de Hiro —respondió Sora, en voz baja—. No ha salido en horas.

 

Nira y Kurenai intercambiaron una mirada. Se levantaron sin decir nada y fueron a buscarla.

 

La encontraron sentada junto a la cápsula, la mano de Hiro entre las suyas. No lloraba. Solo miraba su rostro inmóvil, como si pudiera devolverlo a la vida con solo mirarlo.

 

—Miku —dijo Nira, suavemente.

 

—Déjenme sola —respondió ella, sin mirarlas.

 

—No —dijo Kurenai, sentándose a su lado—. No vamos a hacer eso.

 

Miku no respondió. Pero tampoco se apartó.

 

Nira se sentó al otro lado. Las tres permanecieron en silencio, acompañando a Hiro en la oscuridad.

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