La noche estalló en luces y acero antes de que nadie pudiera prepararse.
Las alarmas de Hiro sonaron cuando KB y MB ya estaban sobre ellos. No venían con sigilo, no venían con cautela. Venían a probar. A medir. A sembrar caos.
—¡A posiciones! —gritó Natsuki, desenfundando su espada—. ¡No se separen!
Ember ya estaba en movimiento, sus espadas gemelas brillando con la luz del cristal de Miku. Nira la siguió como una sombra, su hoja plateada con filo rojo trazando arcos del mismo, precisos y mortales. Las dos cargaron contra MB, que había descendido como un rayo amarillo directamente hacia el centro del campamento.
—¡La rápida es mía! —rugió Ember, su fuerza bruta haciendo haciendo hoyos en el suelo a cada paso.
—Compartida —corrigió Nira, y su espada, impulsada por una velocidad de combate perfectamente entrenada, ya cantaba en el aire.
MB esquivó el primer ataque combinado por centímetros, sus ojos amarillos brillando con sorpresa y deleite.
—¡Han mejorado! —rió, mientras su katana de alta frecuencia silbaba al corte—. ¡Esto es más divertido!
Nira no respondió. Su precisión era absoluta, cada estocada calculada para forzar a MB a moverse en una dirección específica. Ember complementaba con golpes demoledores que, aunque MB esquivaba, la obligaban a retroceder una y otra vez.
En el aire, KB planeaba con sus alas púrpuras desplegadas, su espadón de energía apuntando directamente a Hiro. Pero él no estaba solo. Zera ya se había deslizado a su flanco, su sigilo y precisión milimétrica convirtiéndola en una amenaza silenciosa. Miku generaba un campo sónico que distorsionaba las trayectorias de los cortes de energía, su velocidad de reacción permitiéndole proteger a sus compañeros desde múltiples ángulos.
—Tu precisión ha disminuido —observó Zera, esquivando un ataque con la frialdad de quien calcula cada movimiento.
KB apretó la mandíbula.
—Cállate.
Y cargó.
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El combate se fragmentó en múltiples frentes, pero a diferencia de la primera vez, el grupo no luchaba como individuos. Luchaban como un organismo donde cada pieza conocía su función.
Ember y Nira acorralaban a MB. La guerrera roja había ganado precisión con las semanas de entrenamiento junto a Nira; sus ataques ya no eran solo fuerza bruta, sino movimientos calculados que complementaban la velocidad de combate de su compañera. Nira, por su parte, usaba su precisión quirúrgica para anticipar cada movimiento de MB, sus estocadas siempre un paso adelante.
—¡Maldición! —bufó MB, esquivando por centímetros—. ¡¿Cuándo aprendieron a pelear así?!
—Cuando dejamos de pelear solas —respondió Nira, y su espada, impulsada por esa velocidad de combate que la caracterizaba, silbó cerca del rostro de MB.
Kurenai y 8-bit cubrían los flancos. La pequeña IA disparaba rayos eléctricos que obligaban a KB a mantenerse en movimiento, su precisión técnica compensando su falta de fuerza bruta. Kurenai, con su agilidad felina y velocidad natural, olfateaba cada movimiento, anticipando los ataques antes de que ocurrieran.
—¡Ahora! —gritó Kurenai, y 8-bit lanzó un rayo que KB esquivó por milímetros, justo para encontrarse con las garras veloces de Kurenai.
—¡¿Cómo...?! —alcanzó a decir KB, bloqueando el ataque.
—Huelo tus intenciones —sonrió Kurenai—. Literalmente.
Sora no estaba en el frente, pero su magia de luz era un faro. Cada vez que uno de los suyos estaba en peligro, un destello dorado lo protegía, una barrera momentánea que daba el respiro necesario para contraatacar. Su velocidad de reacción con los hechizos había mejorado notablemente.
Nexo y Natsuki dirigían la batalla desde atrás. No como generales distantes, sino como estrategas que conocían a la perfección las capacidades de cada miembro. Natsuki, con su experiencia, anticipaba los movimientos enemigos. Nexo, con su mente analítica, encontraba patrones donde otros solo veían caos.
—¡Ember, golpe de fuerza al este! ¡Nira, precisión al oeste! —gritó Natsuki.
—¡KB va a intentar un corte amplio en tres segundos! —añadió Nexo, quien tenía mucha experiencia en este tipo de combates, y efectivamente, KB ejecutó el ataque justo cuando Miku y Zera ya se habían movido.
Las órdenes funcionaban. El grupo se movía como una coreografía ensayada, cada uno confiando en que el otro estaría donde debía estar.
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MB, frustrada por no poder romper la defensa de Nira y Ember, buscó un objetivo más vulnerable. Sus ojos se posaron en Natsuki, que dirigía desde la retaguardia.
—Ahí estás —murmuró, y se lanzó.
Fue rápida. Más rápida que nunca. Ember y Nira no pudieron reaccionar a tiempo. La katana de MB, impulsada por su velocidad extrema, apuntaba directamente al corazón de Natsuki.
Y entonces, una figura se interpuso.
Lyra.
No llevaba armas. No hizo un gesto de combate. Solo extendió una mano, y el aire alrededor de MB se distorsionó. La guerrera amarilla frenó en seco, como si hubiera chocado contra una pared invisible.
—¿¡QUÉ!? —gritó MB, forcejeando contra nada.
Lyra la miró con una calma que helaba la sangre.
—He caminado entre realidades durante siglos —dijo, su voz ecoica resonando en la noche—. Una guerrera veloz no es nada nuevo.
MB intentó moverse, pero el espacio a su alrededor parecía espeso como melaza. Cada músculo, cada fibra de su ser digital, luchaba contra una fuerza que no podía ver ni comprender.
—¿Qué... qué eres? —logró decir.
—Algo que no deberían haberse topado.
Nira y Ember no desperdiciaron la oportunidad. Atacaron juntas, combinando la fuerza bruta de Ember con la precisión letal de Nira. Esta vez MB no pudo esquivar. La espada de Nira, veloz y exacta, le abrió un tajo en el costado, por primera vez escucharon un grito de dolor genuino, y por primera vez MB era herida. Las espadas de Ember, con toda su potencia, la golpearon con el revés de las hojas como un martillo. MB cayó al suelo, aturdida, su energía parpadeando.
—¡MB! —gritó KB desde el aire.
Intentó descender para ayudar, pero Hiro, Miku y Zera no se lo permitieron. El cañón de Hiro disparó una ráfaga de pura fuerza que la obligó a desviarse. Miku, con su velocidad sónica, generó ondas que desestabilizaron su vuelo. Y Zera apareció justo donde iba a reposicionarse, su precisión letal lista para atacar.
—No tan rápido —dijo Zera.
KB apretó los dientes. Miró a su compañera caída, rodeada de enemigos. Miró al grupo, cohesionado, fuerte, y a esa figura extraña que había aparecido de la nada.
Pero de repente.
Una sombra cayó del cielo. GB. Sus cristales esmeralda formaron una barrera instantánea entre el grupo y las caídas, interrumpió la parálisis de Lyra. No atacó. Solo protegió.
—Suficiente —dijo GB, con su voz grave—. Se retiran.
KB descendió rápidamente, recogió a MB, y las dos se apoyaron en GB. La barrera de cristales comenzó a brillar intensamente.
—¡No las dejen escapar! —gritó Ember, cargando con toda su fuerza.
Pero Hiro la detuvo con un brazo.
—No. Es una trampa. Esa barrera... No puede romperse con prisa.
GB lo miró. Sus ojos, fríos, prometían algo.
—Nos veremos pronto —dijo. Y las tres se desvanecieron en un destello de luz esmeralda hacia el cielo.
El silencio que siguió fue absoluto. Solo los jadeos del grupo, solo el viento entre los árboles blancos.
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—¿Están todos bien? —preguntó Natsuki, recuperando el aliento.
—Golpes menores —dijo Hiro, escaneando con su precisión habitual—. Nada grave.
—Viste cómo corrían —exclamó Ember, con una sonrisa feroz a pesar del cansancio—. Les dimos una buena bienvenida.
—Huyeron —observó Nira, con su calma característica—. Pero no fue una derrota. Fue una retirada táctica.
—No importa —dijo Kurenai, moviéndose con su agilidad felina—. Les dolió. Eso cuenta.
Miku se acercó a Lyra, que aún permanecía en el lugar donde había detenido a MB.
—Lyra... ¿estás bien?
Lyra asintió, pero su mirada estaba perdida en el horizonte.
—Estoy bien. Pero ahora saben que existo. Y Oraculum no lo olvidará.
—¿Qué hiciste? —preguntó Nexo, acercándose—. Con MB... parecía que el espacio mismo la frenaba.
Lyra los miró, y por un momento, su rostro mostró algo que no habían visto antes: vulnerabilidad.
—Los Caminantes podían ralentizar el espacio entre realidades para los obstáculos persistentes. Es un eco de lo que fui. De lo que mi pueblo podía hacer.
—¿Puedes enseñarnos? —preguntó 8-bit, emocionada.
Lyra sonrió, pero era una sonrisa triste.
—Tal vez. Pero llevará tiempo. Y tiempo es lo que menos tenemos.
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Esa noche, reunidos alrededor del cristal de Miku, el grupo procesaba lo ocurrido. Habían ganado. No una victoria definitiva, pero sí una victoria. Y tenían una nueva aliada que había demostrado ser mucho más que una espectadora.
—Oraculum sabe de ti ahora —dijo Natsuki, mirando a Lyra—. Eso te pone en peligro.
—Ya estaba en peligro —respondió Lyra—. Desde que decidí mostrarme. Pero prefiero estar en peligro con ustedes que sola en la oscuridad.
Miku tomó su mano.
—No estás sola. Nunca más.
Hiro, desde su posición, añadió con su lógica característica:
—El combate de hoy demostró algo importante. Nuestra cohesión ha mejorado. Cada uno cumplió su función: Ember con su fuerza, Nira con su precisión, Miku con su velocidad sónica, Kurenai con su agilidad, Zera con su sigilo, 8-bit con su apoyo técnico, Sora con su magia de luz, Nexo y Natsuki con su estrategia. Y Lyra... Lyra aportó algo que no teníamos.
—¿Qué? —preguntó Ember.
—Experiencia. De un tipo que no habíamos enfrentado.
Lyra sonrió, y por primera vez, esa sonrisa llegó a sus ojos.
—Juntos... tal vez podamos lograr lo imposible.
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En su escondite, KB y MB se recuperaban. Los cristales de GB brillaban suavemente, proporcionando lo que en código era restauración, pero era mejor verlo como energía curativa. Oraculum observaba en silencio.
—Esa nueva —dijo KB, con rencor—. No es normal.
—No —respondió Oraculum, con esa calma que helaba la sangre—. Es antigua. Muy antigua. No la esperaba.
—¿Qué hacemos? —preguntó MB, aún dolorida.
Oraculum sonrió. No era una sonrisa amable.
—Esperar. Estudiar. Y preparar un recibimiento adecuado. La próxima vez, no serán solo dos.
Miró hacia el horizonte, hacia donde sabía que estaba la base.
—Que disfruten su victoria. Será la última.