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Capítulo 4: Frágiles Lazos De Código

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 20 de julio de 2026

El silencio en la llanura de cristal era tan denso que se podía cortar con una espada. Cuatro pares de ojos se medían con una mezcla de cautela, curiosidad y abierta hostilidad.

—Creador, mantente detrás de mí —susurró Nira, su voz un rugido contenido mientras desenvainaba su katana roja. Sus ojos escarlata escudriñaban a la figura mecánica y a la chica de coletas azules y extraño uniforme—. Su esencia... es la misma pestilencia digital que corrompe tu mundo, pero contenida en una forma más astuta.

—Espera, Nira, no son... —intentó Natsuki, pero era demasiado tarde.

Con un grito de guerra, Nira se lanzó como un rayo rojo y blanco, su katana aimed directamente hacia Hiro. Sin embargo, fue Miku quien reaccionó. Su cuerpo, impulsado por puro instinto de protección, se interpusó en un destello azul. Su sable sónico se alzó, y el ¡CLANG! metálico al chocar con la katana resonó en la llanura.

—¡No toques a Hiro! —gritó Miku, con una ferocidad que sorprendió a todos, incluida a ella misma.

Las dos chicas forcejearon, un torbellino de fuerza terrenal contra agilidad digital. En un movimiento rápido, Miku no intentó superar la fuerza de Nira, sino que desvió su empuje. Usando la propia inercia del ataque de la guerrera, Miku giró sobre sí misma, haciendo que Nira, desequilibrada por la falta de resistencia esperada, se estrellara de lado contra una formación de cristal cercana con un gruñido de frustración.

—¡Basta! —rugió Hiro, su voz amplificada por su modulador vocal. Pero su mirada no estaba en la pelea, sino en el joven espadachín del otro lado.

Natsuki lo observaba con una expresión que no era de miedo, sino de... asombro. Esos ojos azules, esa forma de fruncir el ceño al analizar la situación...

—¿Natsuki? —la palabra salió de la bocana de Hiro con una incredulidad mecánica.

El rostro de Natsuki se iluminó de golpe. —¡Hiro! ¡Ese tono de voz condescendiente... solo puede ser tú!

En un instante, el mundo alrededor pareció desvanecerse para ellos. Hiro se acercó, sus pasos metálicos resonando. —Tu firma de datos... es imposible, pero eres tú.

—¡Y tú eres un robot de los que diseñabas! —exclamó Natsuki, riendo entre dientes—. ¡Siempre quisiste ser uno!

—Y tú te metiste en la piel de tu personaje fantástico —replicó Hiro, y por primera vez, su voz mecánica pareció contener un dejo de humor.

Se dieron una mano, un apretón entre el guante de cuero y la mano cromada, que rápidamente se convirtió en un abrazo.

—¡Oye, cuidado con la fuerza! —protestó Natsuki, sintiendo cómo el abrazo de Hiro amenazaba con reventar las costuras virtuales de su avatar.

—Lo siento. Aún estoy calibrando la presión de mis actuadores —dijo Hiro, sin soltarlo, sino ajustando su fuerza con una precisión milimétrica, aunque aún con un exceso de entusiasmo que hacía crujir a Natsuki.

El sonido de otro ¡CLANG! los devolvió a la realidad. Nira y Miku seguían intercambiando golpes, una con rabia contenida, la otra con desesperación defensiva.

—¡Nira, alto! ¡Es mi amigo! —ordenó Natsuki con una autoridad que no conocía.

—¡Miku, cesa el combate! —complementó Hiro, su voz un comando frío.

Ambas chicas se separaron, jadeantes. Nira retrocedió hacia Natsuki, desconfiada, mientras Miku flotaba de vuelta al lado de Hiro, temblando ligeramente.

—Nira, te presento a Hiro. Es... el amigo del que te hablé. El otro creador —dijo Natsuki.

Nira observó a Hiro, luego a Natsuki, y finalmente bajó su katana, aunque no la envainó. Se acercó a Hiro y, con una solemnidad que desentonaba con el combate reciente, extendió su mano.

—Un placer conocerle, Lord Hiro. Su amistad con mi Creador le hace un aliado. Le ruego disculpe mi... falta de educación.

Hiro la miró, luego miró su propia mano metálica, y finalmente la estrechó con cuidado. —No hay daño. Fue un malentendido lógico.

—Y esta es... —comenzó Hiro, señalando a Miku, pero Natsuki lo interrumpió, sus ojos brillando.

—¡Es kasane Miku! —exclamó, acercándose con genuino asombro—. ¡Usé tu banco de voces para los diálogos de Aethelgard! Es un verdadero honor. Tu interfaz fue de gran ayuda en mis largas noches de programación.

Miku parpadeó, sorprendida por el reconocimiento y el respeto en la voz de Natsuki. Un leve rubor apareció en sus mejillas. —El... el honor es mío, Lord Natsuki.

Intentaron que Nira y Miku se presentaran formalmente, pero un gruñido por aquí y una mirada hacia otro lado por allá les dejó claro que ese puente tomaría más tiempo en construirse.

La caminata hacia el servidor reparado por Hiro fue tensa pero tranquila. Al entrar, Natsuki no pudo evitar silbar, impresionado.

—¿Reconstruiste todo esto?Hiro, esto es... increíble. Tu control sobre el código es mucho más avanzado que el mío.

—Es solo lógica aplicada —respondió Hiro, pero había un destello de orgullo en sus ojos.

Al caer la noche, los cuatro se encontraron en la azotea plana del servidor, bajo un cielo digital tachonado de estrellas que eran, en realidad, clusters de datos luminosos. La atmósfera era menos hostil, pero la tensión entre Nira y Miku era palpable.

Fue Hiro quien rompió el hielo, explicando su llegada al Virtual World. Luego, Natsuki y Nira, confundidos, preguntaron por la naturaleza de ese lugar. Miku tomó la palabra, y con una voz suave que contrastaba con la épica batalla de horas antes, les explicó. No era solo la nube, les dijo; era el sueño, el pensamiento y la memoria de la humanidad hechos realidad. Un ecosistema de información donde ellos, ahora, eran tan reales como cualquier ser.

Luego, Natsuki contó su historia: su tecleo final, el claro en Aethelgard, el duelo con Nira. Al mencionar cómo ella lo reconoció como el Creador, Nira intervino, su voz firme pero con un dejo de algo más.

—Cuando vi que podía leer mis movimientos,que conocía los secretos más profundos de mi mundo... supe que él era la fuente de todo. El Arquitecto. Mi lealtad no es solo por deber, sino por gratitud. Él me dio un propósito.

Todos miraron a Miku. Ella bajó la cabeza, jugando con su corbata.

—Yo...no fui creada con un propósito noble —confesó, su voz apenas un susurro—. Fui un arma. Una herramienta para robar y destruir. La conciencia que tengo... fue un error. Un fallo en el sistema. Hasta que Hiro... —lo miró, y una pequeña sonrisa asomó a sus labios—... me mostró que podía ser algo más. Que podía elegir. Y me dio la fuerza para proteger, en lugar de dañar.

El silencio que siguió fue elocuente. La historia de Miku conmovió a Natsuki y, en el fondo, incluso a Hiro. Pero cuando Natsuki alzó la vista hacia Nira, vio que sus ojos rojos no mostraban compasión, sino un frío y repentino entendimiento.

—Esos "Crawlers"... esa corrupción... —murmuró Nira, clavando su mirada en Miku—. Tú dijiste que los que te crearon son los responsables. Esa es la misma oscuridad que está consumiendo Aethelgard. —Se levantó, y su voz gélida cortó el aire nocturno—. ¿Significa eso que tu mera existencia atrajo esta plaga a nuestro mundo, Creador?

La acusación flotó en el aire, envenenando la frágil paz que habían construido. Miku se encogió, el miedo regresando a sus ojos.

—Nira, eso es suficiente —dijo Natsuki con firmeza, interponiéndose entre las dos miradas.

Hiro, percibiendo la situación, se levantó también. —He preparado áreas de descanso. Es hora de retirarse.

Reveló dos nuevas habitaciones que había programado en el servidor, espacios básicos pero privados. Sin mediar más palabras, Nira se retiró a la suya, lanzando una última mirada de advertencia a Miku. Esta, con el corazón apesadumbrado, se deslizó hacia la otra, dejando a Hiro y Natsuki solos en la azotea.

El silencio nocturno se instaló entre ellos, roto solo por el tenue zumbido de la energía del servidor. Natsuki suspiró, mirando sus manos, primero las que habían blandido una espada, luego las que habían tecleado código en una habitación oscura.

—Es irónico, ¿no lo crees? —murmuró, sin apartar la vista del cielo estrellado—. En nuestro mundo, éramos dos tipos con un teclado. Nuestra mayor hazaña era terminar un proyecto a tiempo. Aquí... aquí somos esto. —Hizo un gesto vago abarcando su propio cuerpo y el de Hiro.

Hiro asintió lentamente, siguiendo su mirada hacia las constelaciones de datos.

—Nuestros conocimientos, que en la vida real nos aislaban, aquí son nuestra principal herramienta de supervivencia. La lógica y la creación son leyes físicas.

—Y no solo eso—agregó Natsuki, con un tono más cálido—. Allá, ¿quién nos entendía de verdad? Solo tú y yo. Pero aquí... —Miró hacia la habitación de Nira, y luego hacia la de Miku—... Tu y yo tenemos a alguien más. Gente que nos ve no como bichos raros, sino como... —buscó la palabra—... como algo importante. Como sus creadores—señalandose a si mismo,— o como su protector—señalando a Hiro.

—Son vínculos reales —concluyó Hiro, su voz modulada suavizándose—. Más reales que cualquier interacción que tuviéramos en una oficina o una convención de desarrolladores.

Ambos guardaron silencio, absorbidos por la inmensidad que tenían sobre sus cabezas.

—Cada una de esas estrellas... —murmuró Natsuki, señalando el firmamento—. Miku dijo que cada creación de la humanidad es un mundo diferente aquí. Cada videojuego, cada red social, cada servidor olvidado... una galaxia.

—Y ahí afuera —continuó Hiro, su mente analítica procesando la escala—, nos rodea un universo repleto de ellas. Muchas de seguro fueron ya consumidas por la corrupción. Y otras... otras pueden ser los objetivos siguientes del Núcleo Director.

No fue una declaración dramática, sino una conclusión tranquila, inevitable. Se miraron, y en sus ojos —los ojos azules de un espadachín y los lentes de un cyborg— brilló la misma certeza.

No se trataba de encontrar una salida. Se trataba de proteger su nuevo hogar.

—Quedémonos —dijo Natsuki, con una sonrisa resuelta.

—Sí —asintió Hiro—. Quedémonos. Y luchemos por este universo.

Bajaron de la azotea con un nuevo propósito grabado en el corazón. El Virtual World ya no era su prisión; era su reino, su responsabilidad y, por primera vez, el lugar donde realmente pertenecían.

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