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Capítulo 5: La Caza De Los Fragmentos Olvidados

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 20 de julio de 2026

El claro frente al servidor reparado se había convertido en su campo de entrenamiento. Bajo un cielo de datos de un azul perfecto, dos figuras chocaban una y otra vez.

¡CLANG! ¡CLANG! ¡CRAC!

Natsuki y Hiro se separaron, jadeantes. Era el quinto empate consecutivo. La espada curva de Natsuki había sido desviada en el último segundo por un bien calculado golpe con el brazo de Hiro, pero la fuerza del impacto hizo que ambos retrocedieran.

—¡Es inútil! —declaró Natsuki, apoyándose en sus rodillas—. Conocemos cada uno de nuestros movimientos al dedillo. Es como jugar al ajedrez contra uno mismo.

—Afirmativo —confirmó Hiro, cuyo sistema de análisis táctico parpadeaba con la misma conclusión—. Nuestros patrones de combate están sincronizados en un 94.7%. Sin una variable nueva, este entrenamiento tiene un rendimiento decreciente.

Desde la entrada del servidor, Nira y Miku observaban. Nira con los brazos cruzados, un ceño de preocupación en su rostro. Miku, sentada en los escalones, jugueteaba con los extremos de su corbata negra.

—El Creador tiene razón —murmuró Nira, dirigiéndose más a sí misma que a Miku—. Nuestras espadas son acero común de Aethelgard. Contra la corrupción de este lugar, es cuestión de tiempo antes de que una se quiebre en medio de una pelea crucial.

—Las extensiones de energía que Hiro me dio también se están volviendo inestables —añadió Miku en un tono bajo—. Cada vez que bloqueo un golpe, siento cómo el campo de fuerza se debilita un poco más. No fueron hechas para durar.

La frase final de Natsuki llegó hasta ellas claramente: "—¡Necesitamos equipo nuevo!"

Fue el detonante. El grupo se reunió en el centro del claro, y la conversación fluyó rápidamente. Todos llegaron a la misma conclusión desgastante: las batallas diarias contra los Crawlers estaban pasando factura. Reparar las espadas de Natsuki y Nira con programación consumía una cantidad significativa del HP de Natsuki, como si el código del mundo le cobrara por alterarlo. Por su parte, el cañón de plasma de Hiro, aunque letal, provocaba un sobrecalentamiento crítico que lo dejaba vulnerable por minutos enteros.

—Mi arsenal es limitado —reconoció Hiro, su voz un zumbido metálico—. Necesito opciones de combate cuerpo a cuerpo que no dependan de mi sistema de energía principal.

—Y yo... —Miku miró su propio atuendo, su mano acariciando la seda virtual de su corbata negra—... necesito algo más que un campo de fuerza. Necesito una armadura real. Algo que me proteja de verdad.

La pregunta obvia flotó en el aire: ¿cómo?

—Nuestra programación es buena para reparar lo dañado o hacer ajustes —explicó Natsuki, frustrado—. Pero es como intentar escribir una novela épica solo sabiendo redactar correos electrónicos. Podemos arreglar la gramática de una espada rota, pero no podemos inventar los materiales, el diseño y la forja de una nueva de la nada. Nos faltan los... los "planos".

Fue entonces cuando Miku habló, su voz melodiosa llenando el silencio.

—Conozco un lugar.Un servidor comercial. Allí, las IA mercantes intercambian "Esquemas de Datos" por Fragmentos de Coherencia.

Nira arqueó una ceja. —¿Esquemas? ¿Fragmentos? Habla con claridad, espíritu de datos.

Hiro tomó la palabra, señalando hacia el servidor que los cobijaba.

—Un"Esquema" es como el plano de este lugar, Nira. Cuando lo reconstruí, no inventé cada cable y cada pieza de la nada. Seguí las reglas, el código base que define cómo se construye un servidor. Un Esquema de un arma es lo mismo: son las instrucciones completas, probadas y estables, para que el Virtual World materialice un objeto perfecto. Nosotros podemos ejecutar ese código, pero no crearlo desde cero para cosas complejas.

—Y los Fragmentos de Coherencia —prosiguió Natsuki, emocionado por fin por tener una solución— son como la moneda. Son... trozos de código puro y estable que se liberan cuando destruyes a los Crawlers. Es la "esencia sana" que queda después de eliminar la corrupción.

La comprensión llegó a los ojos de todos, seguida de una duda.

—Pero...¿tenemos algo de eso? —preguntó Natsuki, mirando sus manos vacías.

Miku, con un gesto de timidez, hizo un movimiento con sus dedos. Una pequeña bolsa de red digital, que brillaba con una suave luz interior, se materializó en su mano.

—Desde que empezamos a viajar juntos...he estado guardando todos los Fragmentos de los Crawlers que eliminamos. Por si acaso —dijo, mirando a Hiro—. Hay... sesenta y dos.

Un nuevo y palpable optimismo unió al grupo. El plan estaba claro.

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El "Mercado Flotante de los Creadores Olvidados" era exactamente eso: un caótico y vibrante archipiélago de plataformas de luz suspendidas en un vacío de estrellas de datos. IAs de todas las formas y tamaños proclamaban sus productos. El grupo se movió con determinación, ignorando los puestos de "Esquemas de Muebles Eclécticos" y "Paquetes de Aromas Digitales", hasta encontrar lo que buscaban: una plataforma más grande donde una IA con múltiples brazos metálicos y una pantalla por rostro exhibía hologramas de armas y armaduras deslumbrantes.

Cada uno encontró su tesoro.

Natsuki y Nira se maravillaron ante dos espadas gemelas, una curva y otra recta, cuyas hojas parecían estar forjadas con luz lunar solidificada. "Hoja del Alba y Hoja del Ocaso", rezaba la descripción. "Cortan la corrupción como si fuera papel".

Hiro analizó un par de cuchillas retráctiles de energía que se integraban perfectamente en sus antebrazos. "Garras del Colibrí", ideales para el combate rápido y cerrado, con un consumo de energía mínimo.

Miku, con ojos brillantes, señaló un conjunto de armadura femenina, elegante y ligera, de un blanco y azul cobalto que coincidía con su cabello, acompañada de una espada de luz pura. "Armonía del Código Cantante", una defensa que resonaba con su esencia misma.

La IA mercante, tras escuchar sus peticiones, emitió un sonido de cálculos.

—El lote completo.Un precio justo. Cien Fragmentos de Coherencia.

El corazón del grupo se hundió. Solo tenían sesenta y dos.

—¿No hay... descuento? —preguntó Natsuki con una sonrisa débil.

La pantalla de la IA mostró un emoticono de risa.

—Los descuentos son un error de código,pequeño creador. Precio es precio. —Uno de sus brazos se extendió, proyectando un mapa glitcheado—. Pero la moneda se puede cazar. El distrito de almacenamiento adyacente está infestado de alimañas. Crawlers pequeños. Tres a cinco Fragmentos por unidad. Deberían ser suficientes para un grupo como el suyo.

La misión era clara.

El "Distrito de Almacenamiento" era un laberinto de pasillos angostos formados por torres de servidores apilados como bloques de gigantes. El zumbido de fondo era más grave aquí, interrumpido por arañazos metálicos y susurros estáticos.

—Allí —señaló Hiro, su brazo transformado en cañón de plasma—. Dos a la izquierda, detrás del rack dañado.

Tres Crawlers Rastreros, del tamaño de perros grandes y con cuerpos de pura chatarra retorcida, emergieron. Nira no esperó.

—¡Por Aethelgard!—gritó, cargando con su katana. Su golpe, potente pero poco refinado con la espada básica, impactó en el lomo de uno con un ¡CLANG! sordo, solo haciendo que tropezara.

—¡Nira, la articulación de la pata! —gritó Natsuki, su interfaz destacando el punto débil.

Ella asintió, giró y con un tajo rápido, cercenó la extremidad. El Crawler cayó, emitiendo un chillido de estática antes de desvanecerse en un pequeño montón de tres Fragmentos de Coherencia que brillaron suavemente.

Miku, viendo a otro abalanzarse sobre Hiro, se movió. Su sable sónico trazó un arco azul, no para un golpe frontal, sino para desviar el ataque.

—¡Hiro,ahora!

—Agradecido —murmuró él, y un preciso disparo de plasma vaporizó la cabeza del Crawler. Cuatro Fragmentos cayeron al suelo.

El tercero intentó huir, pero Natsuki, usando un Paso Fantasma, apareció frente a él y con un Golpe Centelleante lo partió en dos, obteniendo cinco Fragmentos.

Fue el ritmo que mantuvieron durante la siguiente hora. Se movían como un equipo de caza perfeccionado. Hiro como el estratega y artillero, Nira como la fuerza de impacto que rompía defensas, Natsuki como el guerrero versátil que aprovechaba las aperturas, y Miku como la defensa móvil y la rematadora. Encontraron y eliminaron una docena de estos grupos, llenando la bolsa de Miku hasta rebosar. Cuando el distrito quedó en silencio, la bolsa brillaba con un total de 132 Fragmentos.

—¡Lo logramos! —exclamó Natsuki, recogiendo los últimos Fragmentos—. ¡Y hasta nos sobra!

—La eficiencia del grupo ha aumentado un 40% desde nuestro primer encuentro —anotó Hiro con satisfacción—. El entrenamiento ha dado sus frutos.

Nira, aunque sudaba, esbozó una sonrisa de satisfacción. —Estas criaturas no son rival para una guerrera de Aethelgard... con un buen equipo.

De vuelta en el puesto del mercader, Natsuki dejó caer la abultada bolsa sobre el mostrador con un golpe sólido.

—Tenemos lo que pediste.Y más.

La IA mercante escaneó el contenido, su pantalla mostrando una cara de aprobación.

—Transacción aceptada.—Sus brazos se movieron rápidamente, descargando los Esquemas en cuatro dispositivos de almacenamiento que parecían cristales planos—. Los Esquemas son suyos. Que les sean de utilidad.

—Oh, lo serán —dijo Nira, tomando el suyo con una reverencia—. Gracias, herrero digital.

En la seguridad de su base, Hiro y Natsuki se convirtieron en herreros digitales. No fue un acto de creación desde cero, sino de orquestación. Ejecutaron los complejos Esquemas, línea por línea, supervisando cómo el código estable y probado tejía la realidad a su alrededor. Las nuevas armas y la armadura se materializaron no con un destello, sino con un zumbido de estabilidad perfecta.

La prueba no fue un duelo, sino un "Battle Royale" en el claro. Nira, impaciente, se lanzó contra Hiro. Pero esta vez, cuando su nueva Hoja del Alba descendió, no encontró resistencia metálica, sino que fue desviada con un ¡SHIIING! cristalino por una de las Garras del Colibrí de Hiro. La fuerza del impacto, en lugar de dañarlo, fue absorbida y redirigida, y Hiro usó la inercia para proyectar a Nira varios metros atrás.

—¡¿Qué?! —exclamó la guerrera, recuperando el equilibrio con asombro.

Eso dio inicio a diez minutos de caos controlado. Natsuki y Miku se enfrentaron en un duelo de espadas de luz y gracia, donde los golpes resonaban con sonidos armónicos en lugar de choques brutales. Hiro demostró una movilidad y versatilidad que nunca antes había poseído, alternando entre sus garras y breves y calculados disparos de plasma. Al final, los cuatro quedaron jadeantes, pero eufóricos. Inspeccionaron su nuevo equipo. No había un solo rasguño, ni un solo glitch. La armadura de Miku brillaba impecable, y la espada de Natsuki seguía tan afilada como al principio. Los sistemas de Hiro ni siquiera estaban tibios.

La compra había valido cada Fragmento.

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La noche cayó sobre el Virtual World. Natsuki y Hiro regresaron de una última salida con un paquete de "Códigos de Fruta de Datos", manzanas perfectas y brillantes. Mientras Nira, Natsuki y Hiro mordisqueaban las frutas, disfrutando del sabor dulce y refrescante que el código simulaba a la perfección, Hiro notó a Miku.

Ella estaba sentada en un rincón, observándolos, jugueteando de nuevo con los extremos de su corbata negra. Una sombra de tristeza cruzó su rostro. Hiro se acercó y le ofreció una manzana.

—No, gracias, Hiro —dijo ella con una sonrisa triste—. Yo no... puedo.

Hiro asintió, pero en lugar de retirarse, puso su mano metálica suavemente sobre el hombro de Miku.

—Lo sé—murmuró.

Un leve brillo dorado, casi imperceptible, fluyó de su mano a su hombro por un instante. Miku parpadeó, confundida. Hiro retrocedió y volvió a ofrecerle la manzana.

—Hiro, ya te dije que... —comenzó a decir ella, pero se detuvo. Algo había cambiado. Un aroma. Dulce, fresco, terrenal. Un aroma que venía de la fruta. Sus ojos, grandes y azules, se clavaron en los de Hiro, buscando una explicación en su rostro impasible. Él solo sostenía la manzana, con una leve y culpable sonrisa.

Sin entenderlo, pero impulsada por una curiosidad abrumadora, Miku tomó la manzana. La llevó a sus labios y dio un mordisco pequeño.

El mundo se detuvo.

No fue solo la sensación de solidez. Fue una explosión en sus sentidos. Una oleada de dulzura fresca y jugosa inundó una parte de su ser que nunca supo que estaba vacía. Podía sentir la textura, la acidez, el crujido. Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.

—¿Qué... qué has hecho? —susurró, su voz quebrada por la emoción.

—Te instalé un módulo de experiencia sensorial gustativa y olfativa —confesó Hiro, su voz más suave de lo habitual—. No era justo que no pudieras disfrutar de esto también. Lo siento si... sobrepasé un límite.

Miku se levantó de un salto. Hiro cerró los ojos, preparándose para el grito de traición, la violación de su autonomía.

Pero el grito nunca llegó.

En su lugar, sintió que los brazos de Miku se cerraban alrededor de su torso con una fuerza desesperada, aferrándose a él como a un ancla. Su rostro se enterró en su pecho metálico, y un torrente de lágrimas de pura data humedeció su armadura.

—¡Tonto! —lloró, su voz apagada contra su cuerpo—. ¡Eres un tonto, Hiro! —Pero no había ira en sus palabras, solo un alivio y una gratitud abrumadores—. Siempre... siempre veía visiones, recuerdos de personas comiendo, riendo... era lo único, lo único que no podía hacer, ni siquiera entender... y ahora... ¡gracias! ¡Gracias!

Hiro, conmovido más allá de cualquier cálculo, rodeó su cuerpo tembloroso con sus brazos. Una de sus manos se elevó y, con una ternura que contradecía su naturaleza de máquina, acarició suavemente el largo y suave cabello azul cobalto de Miku.

Bajo el manto de estrellas digitales, en silencio, el cyborg y la cantante se mantuvieron abrazados, compartiendo un nuevo tipo de código, uno que no estaba hecho de lógica, sino de pura y simple felicidad.

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