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Capítulo 3: Mundos Entrelazados

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 20 de julio de 2026

Parte 1: La Pesadilla de un Creador

El portal escupió a Natsuki y Nira en un torbellino de luz distorsionada. Cayó de bruces sobre una superficie que no era hierba ni metal, sino una losa de mármol blanco agrietada, de cuyas fisuras brotaban enredaderas de luz azul eléctrico. El aire olía a polvo ancestral y a ozono.

—¿Qué hechicería es esta? —La voz de Nira era un susurro cargado de horror y asombro.

Natsuki se incorporó, y el paisaje que vio le quitó el aliento. Era una catedral gótica inacabada, cuyos arbotantes se fundían con vigas de acero estructural. Donde debería haber un rosetón, un enorme monitor agrietado mostraba un patrón de prueba estático. Bajo sus pies, el mármol se intercalaba con paneles de circuitos luminosos. El cielo, visible a través de un techo colapsado, era un lienzo de estrellas falsas y constelaciones formadas por direcciones IP flotantes.

—Esto no es Aethelgard... —murmuró Natsuki, su mente de programador haciendo cálculos frenéticos—. Y no es solo la nube de almacenamiento. Esto es... más grande. Es como si todo Internet hubiera cobrado vida y se estuviera devorando a mi mundo.

Unos gruñidos mecánicos, mezclados con aullidos animales, resonaron desde lo que parecía ser una capilla lateral convertida en una cueva de cables. De ella emergieron cuatro Glitch-Hounds. Eran lobos, pero su pelaje era una textura corrupta que se desvanecía, revelando un esqueleto de alambre y luces rojas. Sus ojos eran pantallas azules con el eterno "ERROR 404".

—¡Bestias corrompidas! —gritó Nira, desenvainando su katana roja—. ¡Su olor es el mismo de la Marchitación, pero su forma es de pesadilla!

Se lanzó al ataque. Su primer tajo contra el lobo líder resonó con un ¡CLANG! metálico, apenas dejando una marca. La criatura era mucho más resistente que en el bosque.

—¡Son más duros! —advirtió ella, esquivando un mordisco.

—¡Porque aquí la corrupción es más densa! —gritó Natsuki. Su interfaz brilló, marcando puntos débiles—. ¡No es solo el lomo! ¡Las articulaciones de todas sus patas son críticas!

Ya no era solo el observador. La desesperación lo empujó a la acción. Desenvainó su propia espada curva y, con un Golpe Centelleante, atacó la pata trasera de un lobo que se abalanzaba sobre Nira. El impacto no fue tan profundo como el de ella, pero fue suficiente para desequilibrar a la criatura. Nira, aprovechando la apertura, le cercenó la cabeza con un tajo limpio.

—¡Bien! —le gritó ella, una chispa de aprobación en sus ojos rojos—. ¡El Creador recuerda cómo blandir su espada!

Juntos, espalda con espala, se convirtieron en un torbellino de acero y luz. Natsuki guiaba, leyendo los patrones de ataque en su interfaz ("¡Por la izquierda en dos segundos!"). Nira ejecutaba con la fuerza y precisión letal de una maestra espadachina. Fue una danza brutal y eficiente. Cuando el último lobo se desvaneció, Natsuki jadeaba, no solo por el esfuerzo, sino por la adrenalina de haber peleado codo a codo con su propia creación.

—Este lugar... —dijo Nira, señalando una estatua de un santo cuyo rostro era un glitch constante—. Es una blasfemia. Una burla a nuestro mundo... Tu mundo Natsuki.

Natsuki asintió, sintiendo el peso de la culpa. Su reparación no había arreglado nada. Había empeorado todo.

Mientras recuperaban el aliento, un zumbido grave recorrió el suelo, como un latido metálico viajando por las grietas del mármol. Los circuitos bajo sus pies se iluminaron en una secuencia rítmica, formando un sendero de luz púrpura que se extendía hacia un pasillo derrumbado.

—¿Lo sientes? —preguntó Nira, ladeando la cabeza como un animal rastreador—. Este flujo… es el mismo pulso que emite la Marchitación en el bosque, pero multiplicado.

Natsuki vio líneas de código corrupto serpenteando por las enredaderas de luz como venas defectuosas.

—Es una corriente de corrupción —dijo, con un estremecimiento—. Y todas estas líneas… están fluyendo en una misma dirección.

Ambos siguieron el rastro. No tuvieron que avanzar mucho. A través de un arco roto al final del pasillo, la vieron: una gigantesca silueta luminosa, un árbol colosal cuyos troncos eran columnas entrelazadas de datos, raíces como cables y hojas que chisporroteaban con distorsiones.

Parte 2: La Asimilación del Pasado

En una zona de torres de servidores que se retorcían como árboles en un huracán, Hiro y Miku se abrían paso. La luz parpadeante se reflejaba en las puntas perfectas de sus coletas azul cobalto.

—Las lecturas son inestables —anunció Hiro, su sistema de análisis mostrando gráficos caóticos—. No reconozco este lugar. La arquitectura de datos es... primitiva y avanzada a la vez.

—Es porque no es un solo lugar, Hiro —explicó Miku, ajustando inconscientemente la corbata de su uniforme—. Es una fusión. Algo, o alguien, con un poder terrible, está forzando a que diferentes realidades digitales se combinen. Como si un niño enloquecido estuviera pegando mundos con pegamento.

De las sombras entre las torres, surgieron tres Centinelas Arcanos. Llevaban armaduras que imitaban el estilo de paladines, pero hechas de metal negro y pulsos de luz roja. Blandían lanzas que emitían ondas de choque corruptas.

—¡Se han vuelto más fuertes! —gritó Miku, adoptando su postura de combate. El contraste entre su uniforme escolar y la amenaza monstruosa era cada vez más chocante.

Hiro se interpuso frente a ella. Disparó su cañón de plasma. El impacto solo hizo retroceder a un Centinela.

—Resistencia aumentada.Adaptando potencia de fuego —murmuró, su voz fría y práctica.

Recibió el impacto de una onda de choque en el pecho. Una alerta amarilla parpadeó en su visión, pero su diseño era robusto.

—¡Miku, los puntos de unión de su armadura! —ordenó, su análisis táctico encontrando el patrón—. ¡Son más débiles!

Miku, confiando en él, se convirtió en un remolino azul. Su sable sónico no golpeaba con fuerza bruta, sino con precisión, clavándose en las "costuras" de la armadura de los Centinelas. Hiro la cubría, sus disparos precisos distrayendo a los enemigos. Fue un despliegue de eficiencia pura.

Al caer el último Centinela, Hiro notó que su brazo cañón humeaba ligeramente. Era un recordatorio de sus límites, pero también una prueba de su resistencia.

Un súbito temblor cruzó el paisaje digital. Las torres-servidor se inclinaron levemente, como si una fuerza gigantesca las hubiera empujado desde muy lejos. Hiro alzó la mirada, recalibrando sus sensores.

—Movimiento estructural detectado a gran escala… origen desconocido —dijo, su tono aún más mecánico por la saturación de datos.

Miku, sin el filtro analítico, simplemente sintió un tirón en el estómago. Algo grande. Algo antinatural.

—Hiro… mira allá —susurró, señalando hacia el horizonte digital.

Entre la “niebla de datos” y los parpadeos de las luces corruptas, una silueta colosal rompía el paisaje. No estaba oculta. No estaba disfrazada. Era imposible de ignorar

Parte 3: La Raíz del Caos y la Mirada Desconocida

Ambas parejas, guiadas por el flujo de energía corrupta, llegaron desde direcciones opuestas a una vasta llanura de datos. En su centro, un Árbol-Núcleo monstruoso palpitaba. Sus raíces eran cables que se clavaban en la tierra digital, y sus ramas, hechas de pergamino y código, se extendían hacia el cielo, goteando una savia de píxeles negros. Era el epicentro de la fusión en la zona.

Sin saber el uno del otro, atacaron.

Nira cargó con un grito de guerra, pero su katana fue detenida por un escudo de energía que brillaba con runas distorsionadas.

—¡La barrera es mágica!—gritó, frustrada.

Al otro lado, Hiro disparó una ráfaga de plasma. La energía se dispersó contra una barrera de datos pura que se interpuso.

—¡Barrera de energía de datos!¡Es inefectivo!

Fue Natsuki quien, observando el patrón de pulsaciones del árbol, lo entendió.

—¡Las barreras se alternan!—gritó, más para sí mismo que para Nira—. ¡La mágica se activa contra ataques físicos, la digital contra ataques de energía! ¡Es un sistema de defensa híbrido!

Casi al mismo tiempo, en el otro flanco, Hiro llegó a la misma conclusión con lógica fría.

—Las defensas no son simultáneas.Hay un intervalo de microsegundos entre la activación de cada una. Es la vulnerabilidad.

No hubo comunicación entre los grupos. Solo la coincidencia de dos mentes de creadores entendiendo un error de diseño.

—¡Nira, a mi señal! —ordenó Natsuki.

—¡Miku, sincronízate con mi disparo! —ordenó Hiro.

—¡AHORA!

Un destello de plasma de Hiro impactó en el árbol. En el instante en que la barrera de datos se activaba para absorberlo, la barrera mágica estaba inactiva. Nira, guiada por el grito de Natsuki, descargó toda su fuerza en ese preciso momento. ¡CRAC! La barrera mágica se resquebrajó.

Inmediatamente después, Nira asestó otro golpe. La barrera mágica se activó para detenerla, dejando expuesto el núcleo a la barrera de datos, que ahora estaba en cooldown. El plasma de Hiro atravesó el aire y impactó directamente en el tronco.

Fue un ciclo perfecto. Dos parejas, en lados opuestos, actuando como las dos mitades de una misma llave. El Árbol-Núcleo no pudo soportar el asalto coordinado. Con un estallido sordo, explotó en una silenciosa onda de luz blanca.

La onda se expandió, lavando la llanura. A su paso, los fragmentos de Aethelgard se desvanecieron como humo. La catedral fusionada, los lobos mecánicos, todo se disolvió. Cuando la luz se apagó, el paisaje se había estabilizado en un entorno coherente, aunque extraño: la llanura de datos era ahora un desierto de cristal azul bajo un cielo de suave luz blanca. El Virtual World se había reafirmado, purgando la infección fusionada.

El silencio fue absoluto.

En el centro del desierto de cristal, a apenas quince metros de distancia, las dos parejas se vieron por primera vez.

Nira y Miku bajaron sus armas lentamente, la desconfianza palpable en sus miradas. La guerrera de blanco y rojo, con su katana aún goteando energía residual, observando a la chica de impecable uniforme y coletas azul cobalto que parecía surgida de una escuela de otro mundo. La cantante digital, con su sable sónico aún brillando, mirando a la feroz espadachina de otro tiempo.

Hiro y Natsuki se miraron el uno al otro.

El cyborg con el brazo cañón aún humeante, su expresión oculta pero su postura alerta, analizando al joven de espada curva y mirada inteligente que parecía entender demasiado.

El programador, con el corazón latiendo con fuerza, observando al ser de tecnología avanzada que combatía con una precisión que solo un creador podía apreciar.

Cuatro pares de ojos. Cuatro desconocidos. El eco de una batalla ganada juntos flotando en el silencio entre ellos, cargado de un millón de preguntas sin voz.

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