Explorar novelas

Capítulo 31: El Fantasma En El Umbral

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 04 de agosto de 2026

La puerta de la base se selló tras ellos con un chasquido que sonó como el golpe de un martillo sobre un ataúd. Hiro y Natsuki se apoyaron contra el metal frío, jadeando. No era el cansancio físico lo que los agotaba, sino el terror primordial de haber sido vistos por algo que no debería existir.

El silencio de la base fue roto por pasitos rápidos. Miku apareció en la esquina del pasillo, con un delantal de energía y una sonrisa que se desvaneció al instante.

—¿Ya regresaron?¿Y el estofado que...?

La pregunta murió en sus labios. Vio la palidez cadavérica de Natsuki, temblando incontrolablemente, y la postura rígida de Hiro, sus sistemas emitiendo un zumbido de baja frecuencia que denotaba un estrés extremo.

—¿Qué pasó? —preguntó Miku, su voz ahora un hilo de preocupación.

Antes de que pudieran responder, Kurenai, Nira y Zera llegaron detrás de ella. La escena era tan elocuente que nadie necesitó palabras. Kurenai olfateó el aire, sus orejas felinas se aplanaron.

—Huelen a... puro miedo. Y a estática rancia.

Natsuki se desplazó por la pared hasta quedar en cuclillas, enterrando su rostro en las manos. —Nos vio... —masculló, su voz apagada por el pánico—. Algo nos vio.

Hiro fue quien habló, su voz era un informe frío que contrastaba brutalmente con el contenido.

—Misión en Aethelgard: completada. El sello está reparado. Pero hemos identificado una entidad consciente no registrada en ninguna base de datos. De naturaleza espectral, composición desconocida. Nos habló.

—¿Hablar? —Kurenai frunció el ceño—. Esas cosas no hablan, solo gruñen y atacan.

—Esta sí —la voz de Natsuki era un susurro quebrado—. Dijo... "Los veo". Y luego... —Alzó la vista, sus ojos llenos de un horror incrédulo—. Dijo mi nombre. Mi verdadero nombre. "Kaelan".

Un silencio sepulcral llenó el pasillo. Todos sabían que Natsuki era el Creador, pero "Kaelan" era un eco de un pasado enterrado, la identidad de avatar que solo Nira, en sus primeros días, había usado. Que una entidad desconocida en un bosque corrupto lo supiera era aterrador.

—¿Y cómo...? —empezó Miku, pero se interrumpió.

—No lo sé —cortó Natsuki, desesperado—. ¡No lo sé! Era una sombra... una figura con ojos rojos... como los de Nira, pero... vacíos. Hambrientos. Me miró solo a mí. —Se estremeció—. Fue como si el bosque mismo supiera mi secreto.

Nira, que había permanecido impasible, cruzó los brazos. —¿Una sombra con mis ojos? —preguntó, su tono era neutral, pero había un destello de alerta en su mirada escarlata—. ¿Crees que es una de tus creaciones, Creador? ¿Algo que olvidaste?

—¡No! —negó Natsuki con vehemencia, pero su certeza sonaba falsa, quebrada por la duda—. Yo... no recuerdo haber programado fantasmas. A menos que... —Su mirada se perdió en el vacío, buscando en los archivos polvorientos de su memoria—. A menos que fuera un error tan temprano que lo borré por completo.

Zera se acercó. —La probabilidad de que una entidad parásita adquiera ese nivel de conocimiento específico es del 0.3%, a menos que su origen esté intrínsecamente ligado al tuyo, hermano Natsuki. La lógica sugiere que es un residuo de ti. Un eco.

—Un eco que conoce tu nombre —murmuró Kurenai, el significado hundiéndose—. Eso es... espeluznante.

—El peligro inmediato es la brecha —declaró Hiro, redirigiendo la conversación hacia la acción—. Asumimos que el portal se cerró tras nuestro salto, pero la conexión estaba inestable. No podemos confirmar su cierre al 100%. Debemos operar bajo el supuesto de que nuestra ubicación podría estar comprometida. La base ya no es un secreto.

La realidad de sus palabras golpeó a todos. Su hogar, su santuario, ya no era seguro. Una amenaza que no entendían, que conocía los rincones más íntimos de la historia de Natsuki, podía estar al acecho, sabiendo exactamente dónde encontrarlos.

Natsuki se puso de pie, tambaleándose. El miedo en sus ojos empezaba a ceder ante una resolución sombría.

—Tengo que averiguar qué es —dijo, su voz más firme—. Tengo que revisar los registros, los backups más antiguos. Si yo creé ese... fantasma, entonces debe haber una razón. Y una debilidad.

Miku se acercó y tomó su mano, fría y sudorosa. —No lo harás solo. —Lo miró a los ojos—. Lo que sea que haya allá fuera, no es solo tu problema. Es de la familia.

Nira asintió lentamente, su katana resonando en su vaina. —Un guerrero no teme a los fantasmas. Los exorciza. Si este espectro viene por ti, Creador, tendrá que pasar por mí primero. —Su mirada era hierro forjado, pero en su profundidad, una pregunta sin respuesta ardía: ¿Por qué sus ojos son como los míos?

El miedo inicial se estaba transformando. Ya no era solo el susto de haber visto un fantasma. Era la inquietante certeza de que el pasado de Natsuki, un pasado que ni él mismo recordaba por completo, había cobrado una forma siniestra y los estaba observando desde las sombras de un mundo herido. Y lo peor era que no sabían si habían logrado cerrar la puerta para mantenerla fuera.

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Yovannyx4gl en el lector de Culto de Papel. Es gratis.