La luz del nuevo ciclo se filtraba por las claraboyas de la base, intentando, sin éxito, disipar la pesadumbre que se había adueñado del lugar. El recuerdo de los ojos escarlatas en la penumbra de Aethelgard y el susurro del nombre "Kaelan" se habían incrustado en la mente de todos como una espina.
Después de un desayuno rápido y en silencio, Natsuki se levantó con determinación.
—No puedo ignorar esto. Si esa entidad me conoce de esa manera, la respuesta debe estar en mi código original. Nira, acompáñame. Voy a revisar los archivos de desarrollo que traje conmigo.
Hiro asintió, concordando con la estrategia. —Miku, Zera, Kurenai. Inspeccionaremos las coordenadas del portal. Confirmaremos su estado y buscaremos cualquier rastro o anomalía. A partir de ahora, la vigilancia perimetral es prioridad.
Sin pérdida de tiempo, los dos equipos se separaron. La búsqueda de respuestas, cada uno por su flanco, había comenzado.
En la sala de servidores, Natsuki encendió la consola principal que accedía al disco duro externo, un tesoro que contenía los archivos fuente originales de Aethelgard. Eran los planos de construcción, las bases de datos puras de su mundo, tal como existían antes de que su vida diera un vuelco y terminara formando parte de él.
—Esto es todo lo que logré traer conmigo —explicó Natsuki, sus dedos deslizándose sobre la interfaz holográfica—. Si hay una pista sobre esa... cosa, debería estar aquí.
Nira observaba en silencio, sus ojos escarlatas recorriendo las líneas de código y los modelos wireframe que desfilaban en la pantalla. Era como observar los planos arquitectónicos de la realidad que ahora habitaban. Vio los diseños de las bestias, la estructura de los paisajes, las mecánicas de combate primigenias.
—La carpeta de personajes —indicó Nira con su precisión habitual sin saber que estaba indicando, solo lo hizo.
Natsuki accedió. Revisó subcarpetas: bestias, PNJs, jefes... y luego, "Aliados / Protagonistas". La abrió. Encontró estadísticas, armas, árboles de habilidades para el arquero Lorian y la maga Elara, personajes que había diseñado antes que Kaelan. Pero algo no cuadraba.
—Es curioso —murmuró, frunciendo el ceño—. No está la carpeta del modelo base de Kaelan. —Scrolleó hacia abajo, buscando con más atención—. Y tampoco la tuya, Nira. Solo están los datos de implementación final, las habilidades y estadísticas que se cargaron. Los archivos fuente de los personajes principales... no están.
—¿Fueron corruptos durante la transferencia? —preguntó Nira, su tono neutral.
—No lo parece. Es como si... como si al establecerse en este mundo, ciertos elementos esenciales hubieran venido con nosotros. —Se encogió de hombros, relegando el dato a una simple curiosidad del sistema—. Bueno, no es lo que buscamos. Sigamos.
La búsqueda continuó, ahora centrada en registros de sistema, listas de assets y, crucialmente, en los logs de depuración y descarte. Revisaron informes de errores de criaturas, de mecánicas bugueadas... y entonces, Natsuki encontró una carpeta marcada "Logs - Descarte Definitivo".
Dentro de ella, un archivo llamó su atención de inmediato. El nombre era escueto y frío: "Entidad_Compañera_K_Prototipo_1 - Reporte de Descarte."
Con un presentimiento que le heló la sangre, Natsuki lo abrió. El informe era austero y despiadado:
· [FECHA: (Meses atrás, en su mundo original)]
· [ERROR CRÍTICO: Pathfinding en terreno irregular. Entidad se atasca.]
· [ERROR CRÍTICO: IA de combate no responde a prioridades. Prioriza objetivos no amenazantes.]
· [ERROR CRÍTICO: Inestabilidad en la carga de texturas.]
· [DECISIÓN: Asset marcado como 'inviable'. Programado para borrado en el próximo despliegue estable.]
· [STATUS: **DESCARTADO.**]
Natsuki se quedó mirando la palabra final. "DESCARTADO". Tan técnica, tan definitiva. No recordaba el proceso con claridad; era solo uno de los cientos de prototipos fallidos que surgían durante el desarrollo de un juego tan ambicioso.
—Solo esto —susurró, con un dejo de frustración—. No hay un modelo, no hay un rostro... solo un informe que dice que fue un error y que la eliminé. —Miró a Nira, y en sus ojos había una chispa de lástima, pero aún no de terror—. La abandoné. Ni siquiera intenté arreglarla a fondo.
Nira observaba la pantalla, su rostro era una máscara de serenidad, pero en la profundidad de sus ojos escarlatas algo se removía. Esa entidad, de la que solo tenían un susurro y un par de ojos, había sido, en otro tiempo, una idea. Una idea fallida, descartada. La revelación era perturbadora, pero no aclaraba la naturaleza de la amenaza actual.
Fue entonces cuando la conexión se hizo en la mente de Natsuki. Su expresión cambió de la frustración a una lenta y gélida comprensión.
—Espera...—dijo, su voz apenas un hilo de aire—. Si los archivos de nuestros modelos no están aquí porque, según supusimos, vinieron con nosotros a este mundo... —Su mirada se clavó de nuevo en el informe de descarte—. Y el modelo de ella... tampoco está...
El silencio que se hizo en la sala de servidores era absoluto. La pieza del rompecabezas encajó con un golpe sordo. La ausencia del modelo de la misteriosa figura en los archivos no era una casualidad o un error de transferencia. Era una evidencia.
—Ella no está en Aethelgard —concluyó Nira, su voz tan fría como el metal de su katana—. Si su cuerpo no está ahí, es porque ella, como nosotros, cruzó. Está en este mundo.
Mientras la terrible revelación tenía lugar en la base, el equipo de Hiro llegaba a las coordenadas del portal en el yermo digital. La atmósfera estaba cargada de una quietud antinatural. El paisaje de datos muertos y ruinas digitales parecía inalterado, pero una sensación de violación reciente impregnaba el lugar.
—Escaneo activo —anunció Hiro, sus ópticas rojas barriendo el área en un patrón meticuloso—. No hay signos de actividad hostil inmediata.
—El portal —señaló Zera—. Su firma energética es residual. Está inactivo.
Se acercaron. Donde antes había un óvalo de energía parpadeante y enfermizo, ahora solo había un parche de aire ligeramente distorsionado, el fantasma de una puerta. El portal a Aethelgard estaba cerrado.
—Parece... estable —observó Miku, aunque no bajó la guardia, su sable de energía aún brillaba suavemente en su mano.
—Demasiado estable —replicó Hiro, su tono era grave—. Nuestra retirada fue caótica. La conexión debería haber colapsado de forma errática, dejando una firma de energía dispersa y violenta. Esto... parece un cierre limpio.
Kurenai olfateó el aire alrededor con intensidad, sus orejas girando como radares para captar el más mínimo sonido.
—Huele...a nada —declaró, confundida—. No hay olor a podredumbre, a Crawlers... ni siquiera a la electricidad sucia de la Corrupción. Es como si alguien hubiera limpiado todo rastro.
Zera se arrodilló, tocando el suelo con la yema de los dedos. Sus puntas brillaron con un tenue resplandor blanco mientras analizaba los datos residuales a un nivel fundamental.
—La secuencia de cierre no se corresponde con una desconexión forzosa—confirmó, alzando la vista hacia Hiro—. Fue una terminación deliberada. Alguien apagó la llave.
La implicación flotó en el aire, fría y pesada. No fue la suerte o el error lo que cerró el portal. Fue un acto de voluntad.
—Inspeccionemos el perímetro —propuso Hiro, su voz más fría de lo habitual—. Busquemos cualquier anomalía, por minúscula que sea.
Durante la siguiente hora, el equipo escudriñó cada centímetro del área. Los sensores de Hiro no registraron ni un ápice de energía corrupta. No había huellas, ni marcas de lucha, ni fragmentos de código oscuro. No había indicios de que nada, absolutamente nada, hubiera salido de ese portal después de que ellos lo hicieron. Era la escena de un crimen perfecto, sin un solo rastro del criminal.
De regreso en la base, el reencuentro de los equipos fue sombrío. El aire en la sala común se había vuelto espeso, difícil de respirar.
Natsuki, con el rostro desencajado, compartió su descubrimiento: no solo la entidad era un prototipo descartado, sino la aterradora deducción a la que habían llegado. La ausencia de los modelos no era un error, era una huella. Ella ya no estaba en Aethelgard.
Hiro, a su vez, presentó su informe lacónico: el portal cerrado de forma deliberada y la absoluta, inquietante falta de cualquier rastro físico o energético a su alrededor.
—No solo sabe quién eres —resumió Miku, articulando el pensamiento de todos con un nudo en la garganta—. No solo cerró el portal... es que ya está aquí. En alguna parte de este mundo. Nos está buscando.
—Es paciente —agregó Zera, su lógica encontrando el patrón—. Metódica. El cierre del portal no fue para encerrarse, fue para cortar un camino que ya no necesitaba. Borró sus huellas.
Kurenai se estremeció, frotándose los brazos como si sintiera un frío repentino. —Prefiero mil veces un enemigo que ruge y corta, a uno que se deslice entre mundos como un suspiro y borre sus pasos.
Fue entonces cuando Nira, que había permanecido en un silencio meditativo, habló. Su voz, usualmente firme como el acero, tenía un matiz extraño, una mezcla de deber y de una intuición profunda.
—No es una bestia—dijo, clavando su mirada escarlata en Natsuki—. Es una conciencia. Una que carga con el peso del rechazo. Y ahora, ha cruzado el umbral para confrontar la fuente de su dolor. No vendrá con la furia de una tormenta. Vendrá con la precisión de una espada, no sabemos exactamente que es lo que quiere, y si no me equivoco... Su objetivo no será solo el Creador, sino todo aquello que representa lo que ella no pudo ser.
Las palabras de Nira sellaron la nueva y terrible realidad. El enemigo ya no era una amenaza distante en un mundo corrupto. Era una presencia cercana, inteligente y motivada por un dolor profundo. Una inteligencia que, como ellos, había cruzado el umbral y ahora se movía en las sombras de su mismo mundo. La espera había comenzado, y cada susurro del viento de datos, cada sombra en los pasillos de la base, ahora parecía contener una presencia invisible, un par de ojos rojos que, desde algún lugar muy cercano, los observaban con una paciencia infinita y una sed de reconocimiento que había mutado en algo mucho más oscuro...