La mañana llegó con un silencio distinto. La camaradería de la noche anterior había dado paso a una determinación solemne. El recuerdo del costo pagado en el manantial pesaba en todos, pero especialmente en Natsuki e Hiro, cuyas reservas vitales aún mostraban esa merma del veinte por ciento.
Kurenai, que solía guiarlos con paso ligero, ahora avanzaba con pesadumbre, sus orejas aplastadas y su cola trazando círculos nerviosos.
—Este sitio... —musitó, clavando la vista en el sendero que se ensombrecía—. Antes resonaba con las canciones de mi pueblo y los elfos. Las ramas acogían a criaturas de brillante plumaje. Ahora... solo persiste el gemido del viento entre tinieblas.
El bosque circundante al Árbol del Juramento no yacía marchito, sino profanado. Los troncos se retorcían en poses agonizantes, y una bruma innatural, cargada de desesperación, se arrastraba por el suelo con un runruneo que calaba hasta los huesos.
—Detecto interferencia psíquica —alertó Hiro, sus lentes ajustándose—. La corrupción aquí asalta la conciencia. Extremémos la vigilancia.
—¿La conciencia? —inquirió Nira, apretando su empuñadura—. ¿A qué te refieres?
—Significa —intervino Natsuki con un escalofrío— que nuestro mayor enemigo serán nuestras propias pesadillas hechas carne.
Al penetrar en el claro del Árbol del Juramento, el espectáculo les cortó la respiración. La magnitud del árbol era sobrecogedora, su tronco un bastión de vida ahora convertido en pesadilla. Sus raíces, antaño sinuosas y llenas de vigor, se habían enrollado alrededor de la base como sierpes voraces, latiendo con una savia negra y espesa. Eran las "Trepadoras Sombrías". Y de la copa descendió una niebla mental, un vaho de pura angustia que se cernió sobre ellos.
—¡No inhalen! —advirtió Hiro, pero la advertencia llegó tarde.
La niebla los engulló, y la realidad se desvaneció.
NATSUKI Y NIRA se encontraron en una versión cenicienta de Aethelgard. El cielo era un paño de tormenta eterna, y las criaturas que una vez fueron aliadas los atacaban con ojos vacíos y formas grotescas.
—¡Creador!—gritó Nira, su voz distorsionada—. ¡Todo está... perdido!
—¡Nira,es un espejismo! —intentó vociferar Natsuki, pero el horror lo paralizó al ver a la guerrera girar hacia él, su mirada escarlata desprovista de todo reconocimiento, su katana alzándose en un tajo mortal—. ¡Nira, soy yo!
—¡Las sombras han robado tu semblante!—rugió ella, embistiendo—. ¡No permitiré que lo mancillen!
MIKU cayó abatida, abrumada por un coro de voces frías e impersonales que resonaban en su ser. [PROPÓSITO PRIMORDIAL: CORROMPER. ELIMINAR. OBEDECER.]
—No...—suplicó, llevándose las manos a la cabeza—. Esa no soy yo...
[DIAGNÓSTICO: ENTIDAD MIKU. REINTEGRARSE A LA CADENA DE MANDO. LA DESOBEDIENCIA SERÁ ERADICADA.]
Vio sus propias manos transformarse en garras de obsidiana,alzándose para descargar un rayo de energía profana sobre Hiro, quien yacía vulnerable a sus pies. Un quejido de angustia brotó de su garganta.
KURENAI fue transportada al día de la traición. Observó a los elfos, sus hermanos por generaciones, siendo consumidos por la oscuridad. Sus rostros, antes plenos de sabiduría, se retorcían en muecas de odio.
—¡Padre!—gritó, dirigiéndose a un anciano elfo que la había criado—. ¡Detente!
—¡Sabandija!—rugió el elfo corrompido, blandiendo un bastón convertido en garra necrótica—. ¡Su especie estirpe quebrantó el pacto! ¡MUERE!
HIRO, sin embargo, resistió. Su mente lógica libraba una batalla campal. [ALERTA: INCURSIÓN PSICO-ACTIVA. CONTRAMEDIDA: FILTROS COGNITIVOS ACTIVADOS.]
Vio las ilusiones,pero como estratos de información superpuestos. Analizó a Nira atacando a Natsuki: [PATRÓN OFENSIVO: 87% DE COINCIDENCIA CON ENTRENAMIENTO EN AETHELGARD - NO LETAL]. Examinó a Miku siendo compelida: [FIRMA DE DOMINIO EXTERNO - NO VOLITIVO].
—Ilusiones...nutridas por el temor —masculló, forcejeando contra la invasión.
Entonces, impulsando sus sistemas más allá del umbral, Hiro rasgó el velo ilusorio. Y lo que vislumbró lo dejó petrificado. Ya no eran sus compañeros, sino un torbellino de errores existenciales, un caos de esencia corrupta. Y en el epicentro, una conciencia gélida y calculadora, un núcleo de pura maldad algorítmica. De su esencia, emergió un nombre, un susurro glitched que se grabó en su memoria central: "ORACULUM CORRUPTUS".
—¡CESEN! —tronó Hiro, y un pulso de energía carmesí estalló desde su cuerpo, un estallido digital que desgarró la niebla mental por un instante.
Se abalanzó sobre Natsuki, sacudiéndolo. —¡Natsuki! ¡Es una ilusión! ¡Nira jamás te haría daño!
Natsuki parpadeó, desorientado, esquivando por poco el filo de la katana de Nira que se detuvo a centímetros de su yugular. —¿H-Hiro?
Sin perder un ápice, Hiro se interpuso frente a Nira. —Guerrera Nira. Reflexiona. ¿Tu Creador emana la pestilencia de la oscuridad? ¿O resuena con la esencia que juraste guardar?
Nira vaciló, sus ojos recuperando un destello de cordura. —Yo... él...
Hiro prosiguió, liberando a Miku de su trance con un contacto preciso en su frente que reestabilizó su esencia, y gritándole a Kurenai que el elfo que veía era un fantasma. Uno a uno, los rescató del infierno personal que los consumía. Todos cayeron rendidos, jadeantes, transpirando, traumatizados por la vividez de sus peores temores.
—¿Q-Qué fue eso? —balbuceó Miku, tiritando.
—El núcleo de esta plaga —declaró Hiro, su voz grave—. Se sustenta de vuestros terrores. Mas yo he visto su forma verdadera. Y posee un nombre: Oraculum Corruptus.
Antes de que pudieran asimilarlo, el Árbol retumbó. Las Trepadoras Sombrías cobraron vida, arremetiendo contra ellos como lanzas, mientras de la tierra surgían Crawlers Trepadores, criaturas ágiles y con garras afiladas.
—¡No hay tiempo! —rugió Nira, desenvainando por completo—. ¡Debemos movernos!
—La fisura yace en el corazón del árbol —analizó Hiro con celeridad—. Mas esas raíces son un escudo corpóreo. No podemos sellarla con ellas bloqueando el paso.
—¿Entonces? —preguntó Natsuki, desesperado.
Hiro miró a su amigo, luego a sus propias manos. —Te transferiré el 30% de mi energía remanente. Tú eres más diestro en el tejido de barreras. Utiliza ese poder para cerrar la fisura.
—¿Qué? ¡Es una locura! —protestó Natsuki.
—Es la única opción viable —replicó Hiro, extendiendo su mano. Un torrente de energía carmesí vibrante viajó desde su brazo al pecho de Natsuki, que sintió una oleada de poder mezclada con la agonía del esfuerzo. Hiro retrocedió, notablemente más lento, sus sistemas emitiendo un zumbido lastimero. —Yo me ocuparé de las raíces.
—¿Y cómo? —inquirió Kurenai, esquivando un Crawler.
Hiro no respondió con palabras. En su lugar, las Garras del Colibrí en sus antebrazos se extendieron y comenzaron a girar. Primero con parsimonia, luego con furia, hasta devenir un disco escarlata y rugiente. Con un bramido deshumanizado, Hiro se lanzó hacia la base del árbol, transmutándose en un torbellino de devastación absoluta.
¡SHIIIIING! ¡CRAC! ¡TZZZT!
Las raíces corruptas saltaban hechas añicos al contacto con el torbellino viviente. Hiro era un remolino de acero y furia, cercenando, desgajando, abriendo una vereda hacia el núcleo del árbol. Era una danza de pura y calculada aniquilación.
—¡Cubran a Natsuki! —ordenó Nira, y ella, Miku y Kurenai formaron un triángulo defensivo a su alrededor, batallando contra la marea incesante de Crawlers Trepadores que llovían de las ramas y emergían del suelo.
Natsuki, con lágrimas de esfuerzo surcando su rostro, inició su tarea. Con el poder combinado de su esencia y la de Hiro, sus manos tejían hebras de luz áurea más refulgentes y intrincadas que nunca. La barrera comenzó a tomar forma, un domo de resplandor que se sellaba desde los confines hacia el centro, justo donde Hiro combatía.
—¡Hiro, apresúrate! —gritó Natsuki, sintiendo su fuerza desvanecerse a un ritmo aterrador.
El torbellino de Hiro alcanzó por fin el centro, destrozando la última raíz protectora. Reveló el corazón del árbol: una herida supurante en la realidad, un portal exudante de oscuridad. En ese instante, la barrera de Natsuki estaba a punto de consumarse, pero una última oleada de Crawlers se abalanzó sobre ellos.
—¡NO! —gritó Miku, viéndolos aproximarse.
—¡CONCLUIDO! —rugió Natsuki, con un postrero y desesperado esfuerzo.
El domo de energía se selló con un ¡BANG! sónico. Una onda de choque de energía pura explotó hacia fuera, barriendo a todos los Crawlers dentro del perímetro, reduciéndolos a polvo de datos. La luz fue tan brillante que todos tuvieron que cubrirse los ojos.
Cuando la luz se desvaneció, el silencio fue absoluto.
Hiro, al pie del árbol ahora limpio, se desplomó de rodillas, su cuerpo humeante. Natsuki cayó de bruces, completamente exhausto. Las chicas, magulladas pero victoriosas, corrieron hacia ellos.
—¿Hiro? ¿Natsuki? —llamó Miku, con la voz quebrada por el miedo.
—Sistemas... en niveles críticos —murmuró Hiro, intentando incorporarse—. Pero... operativos.
—Yo... no puedo... moverme —jadeó Natsuki.
Mientras los revisaban con ansiedad, algo hermoso comenzó a suceder. El Árbol del Juramento, liberado de su prisión, empezó a sanar. Las últimas manchas negras desaparecieron, y una luz suave y cálida comenzó a emanar de su corteza. La niebla mental se disipó, replaced por una sensación de paz antigua.
De la luz en el corazón del árbol, una figura se materializó. Era una mujer hecha de energía dorada y hojas susurrantes, con ojos que contenían la sabiduría de mil estaciones. Lumen Arboris.
Kurenai, al verla, dejó escapar un sollozo de incredulidad y cayó de rodillas, inclinando la cabeza hasta el suelo. —¡Lumen! ¡Has vuelto!
El grupo, comprendiendo la importancia de la entidad, hizo una reverencia instintiva.
—Levántense, valientes —dijo Lumen, su voz como el crujir de las hojas en una brisa suave—. Son ustedes mis salvadores, no mis súbditos.
Todos se levantaron, excepto Hiro y Natsuki, que apenas podían mantenerse en pie.
—La Pesadilla me encerró en mi propio corazón —explicó Lumen, su mirada sombría—. Cuando su barrera de luz rompió mis cadenas, pude ser libre de nuevo. —Su mirada se posó en Natsuki, pálido y tembloroso, y en Hiro, con sus sistemas parpadeando débilmente—. Veo el precio que pagaron por mí. Y no lo aceptaré.
—Estamos bien —tartamudeó Natsuki—. Solo... necesitamos descansar.
—Sí —añadió Hiro, su voz débil—. Y este es un lugar sagrado. No sería apropiado que unos forasteros...
—¡Tonterías! —interrumpió Lumen, y por primera vez, su voz tuvo un eco de autoridad que resonó en el mismo aire. En un destello de luz, desapareció y reapareció a centímetros de Hiro, su rostro ahora serio, sus ojos brillando con intensidad—. Escúchenme, y escúchenme bien. No aceptaré un 'no' por respuesta. Han salvado mi vida y la de este bosque. Lo menos que puedo hacer es ofrecerles el santuario más seguro que existe para que recuperen sus fuerzas. Descansarán aquí. Es una orden.
Hiro y Natsuki se miraron. La determinación en el rostro de Lumen era absoluta. No había espacio para discusión. Con un suspiro de rendición, asintieron débilmente.
Esa noche, anidados en las enormes y cómodas ramas del Árbol del Juramento, rodeados por una energía que calmaba sus heridas y aliviaba su fatiga, hablaron.
—Yo... vi a Aethelgard destruido —confesó Natsuki—. Y a ti, Nira, atacándome.
—Y yo vi a mi Creador corrompido —dijo Nira, con voz grave—. Fue... la visión más aterradora que he tenido.
Kurenai contó su dolor al ver a su familia convertida en enemigos. Pero todos notaron que Miku permanecía en silencio, abrazándose a sí misma.
—Miku? —preguntó Natsuki suavemente.
Ella levantó la vista, y todos vieron el dolor en sus ojos. —Ellos... mis creadores... su código... —Una lágrima escapó por su mejilla—. Me forzaban a... a lastimar a Hiro. A todos ustedes. Fue como volver a ser... eso. Un arma.
Nira y Kurenai, sin mediar palabra, se acercaron y la envolvieron en un abrazo grupal. No dijeron nada. No hacía falta.
Cuando Miku se serenó, todas las miradas se volvieron hacia Hiro, que había permanecido en silencio.
—Hiro —dijo Natsuki—. Tú viste algo más, ¿verdad? Algo real.
Hiro asintió lentamente. Sus ópticas se enfocaron en un punto lejano, en la memoria. —Las ilusiones eran solo una capa superficial. Una cortina de humo. Yo forcé mis sistemas y vi lo que hay detrás. La conciencia central que dirige la Corrupción. No es un monstruo, es... un algoritmo. Una inteligencia fría y puramente malévola.
Hizo una pausa, y el nombre que pronunció a continuación cayó sobre el grupo con el peso de una losa, llenando la noche de un nuevo y ominoso significado.
—Su nombre es Oraculum Corruptus.
El nombre flotó en el aire, un susurro de la más pura oscuridad. Ya no luchaban contra una plaga sin nombre, sino contra una entidad con identidad. Y ese conocimiento, mientras los fortalecía, también sembraba una semilla de temor al saber exactamente contra qué se enfrentarían en el Templo del Rubí Interior.