Explorar novelas

Capítulo 10: Aguas De Descanso Y Trofeos Escarlata

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 20 de julio de 2026

El sendero hacia el oeste se reveló menos hostil de lo esperado, pero cargado con una pesadez distinta. No era la opresiva amenaza de la Corrupción, sino el agotamiento que se había instalado en sus huesos después del costo pagado en el manantial. Caminaban en un silencio cómplice, cada uno cargando con el conocimiento de que Natsuki e Hiro estaban significativamente debilitados.

Fue Kurenai quien rompió el mutismo, sus orejas girando hacia un sonido familiar. —Escuchen. ¿Eso es... agua corriente?

El grupo aceleró el paso, emergiendo en un claro donde un lago de aguas cristalinas se extendía ante ellos, alimentado por una pequeña cascada que caía sobre rocas musgosas. La luz del atardecer se reflejaba en la superficie, creando destellos dorados que parecían burbujas de esperanza.

Natsuki e Hiro se adelantaron, sus interfaces escaneando automáticamente el área. —Lecturas de agua pura en un 99.8% —anunció Hiro, su voz zumbando con un tono de aprobación—. No hay rastros de contaminación digital o biológica.

—El aire también huele... limpio —añadió Natsuki, respirando hondo. Era un aroma a tierra húmeda y vegetación fresca, un contraste brutal con la pestilencia del manantial corrupto.

Fue entonces cuando las miradas cayeron sobre sus propios cuerpos. Estaban cubiertos de lodo seco, rasguños y las salpicaduras negras y viscosas de su batalla previa. Nira, normalmente impecable, tenía su cabello blanco empañado de gris. El impecable uniforme escolar de Miku lucía manchas y desgarrones. Kurenai parecía un felino callejero, con el pelaje de sus orejas y cola enmarañado.

Miku fue la primera en articular el deseo colectivo. —Es... tentador. ¿Podríamos...? Solo un rápido baño para limpiarnos.

Nira asintió con solemnidad. —La higiene es parte de la disciplina de un guerrero. Restauraría nuestra capacidad de combate.

Kurenai, con los ojos brillando ante el agua clara, no lo pensó dos veces. —¡Excelente idea! —Con la inocencia práctica de quien ha vivido en la naturaleza, comenzó a desabrochar los lazos de su vestido gótico—. ¡Vamos, el frío del atardecer será peor si...!

El ¡CRAC! de dos cabezas girando al unísono fue casi audible. Hiro y Natsuki se dieron la vuelta tan rápido que casi provocan un torbellino.

—¡DETENTE! —gritó Nira y Miku al unísono, lanzándose sobre la nekomusa y sujetando sus manos.

Kurenai parpadeó, confundida. —¿Qué? ¿No era la idea?

—¡No de esa manera! —susurró Miku, sonrojada, mientras Nira rearrastraba con firmeza el vestido de la felina.

Natsuki, con la voz un poco más aguda de lo normal, explicó sin mirar. —¡Costumbres culturales diferentes, Kurenai! Muy diferentes.

Hiro, de espaldas, añadió con su lógica implacable. —Además, la exposición de la dermis al ambiente sin protección táctil reduce la eficiencia defensiva en un 60%.

Un silencio incómodo se instaló. La necesidad de limpiarse chocaba con las limitaciones prácticas y sociales. Propusieron y descartaron ideas: bañarse por turnos (muy lento), vigilar de espaldas (Hiro lo calificó de "inseguro"), buscar otro lugar (no había tiempo).

Natsuki, frotándose la sien, sintió el peso de su energía Ad-Hoc residual. Un 11% más que Hiro. No era mucho, pero...

—Esperen —dijo, y un destello de inspiración cruzó sus ojos—. Tengo una idea. Es... un poco tonta, pero podría funcionar.

Todos lo miraron. Concentrándose, extendió las manos. Líneas de código dorado, más tenues que las usadas para la barrera, surgieron de sus dedos y envolvieron a las chicas. En un destello de luz suave, sus atuendos se transformaron. El uniforme escolar de Miku se convirtió en un elegante tankini azul cobalto que conservaba el estilo de su diseño original. La armadura y vestido de Nira en un traje de baño de una pieza, blanco y funcional. El vestido gótico de Kurenai fue reemplazado por un bikini rojo y negro que hacía juego con sus orejas.

Kurenai se miró, girando sobre sí misma. —¡¿Qué?! ¡Es tan... poco material! ¿Cómo se supone que proteja esto?

Nira, con su habitual gravedad, examinó su nuevo atuendo. —Una aplicación inusual de sus dones, Creador. Pero... práctica.

Miku se sonrojó ligeramente, acariciando la tela. —En realidad... es bastante cómodo.

Natsuki sonrió, aliviado. —Duran una hora. Luego vuelven a la normalidad. —Luego miró a Hiro—. ¿Y tú? ¿Unos nadadores?

Hiro lo miró fijamente. —Mi estructura de aleación de datos es hidrofóbica y auto-limpiante. Solo requiero enjuagar los sedimentos de mis componentes faciales. —Se acercó al borde del lago, se lavó la cara con eficiencia robótica y, de un compartimento en su muslo, desplegó una caña de pescar plegable.

Natsuki no pudo evitarlo. —¿En serio? ¿Llevas una caña de pescar en tu kit de herramientas de combate? ¿No trajiste un bote también?

—La pesca es un método eficiente de obtención de proteínas —declaró Hiro, ignorando el sarcasmo—. Un bote sería logísticamente inviable.

Con agilidad sorprendente, Hiro escaló una imponente formación rocosa que se elevaba unos ocho metros sobre la superficie del lago, obteniendo una posición de vigilancia perfecta. Mientras tanto, Natsuki ejecutó su propio cambio. Su ropa se transformó en unos shorts de baño, revelando un torso más delgado de lo que parecía bajo sus ropas, pero surcado por una musculatura definida y fibrosa, resultado de semanas de combate real.

Desde lo alto, Hiro observó y comentó: —Densidad muscular notable. Casi rivaliza con mi aleación. Te tendría envidia si mi sistema endocrino pudiera producirla.

Natsuki se rió. —Gracias, supongo. ¿Seguro que no te unes?

—Mi vigilancia es más efectiva desde aquí. Además, he detectado signos vitales de salmónidos de buen tamaño. —Y con eso, Hiro se volvió hacia el lago, su atención dividida entre la caña y el escaneo del perímetro.

El agua era fría, pero increíblemente refrescante. Por unos momentos, la guerra contra la Corrupción pareció quedar a un mundo de distancia. Nira nadaba con potentes brazadas, sumergiéndose como una foca. Miku, flotando con gracia, le enseñaba a una muy reluctante Kurenai los principios básicos de la natación.

—¡Las Nekomusas NO estamos hechas para esto! —protestaba Kurenai, pataleando torpemente mientras Miku la sostenía—. ¡Preferiría enfrentar tres Trepadores Sombríos!

Natsuki simplemente flotaba de espaldas, dejando que el agua se llevara la suciedad y una pizca de su fatiga. Observaba a su equipo, sonriendo. Por primera vez desde su llegada al Bosque Carmesí, se sentía como un grupo, no solo como unos aliados circunstanciales.

Mientras tanto, el botín de Hiro crecía. Dos salmones plateados y tres anguilas ya yacían en un cubo de datos que había materializado. En su camino a la roca, incluso había recolectado unos cangrejos de río. Su eficiencia era, como siempre, impecable.

Fue entonces cuando Natsuki, Nira y Miku, intercambiando una mirada cómplice desde el agua, pusieron en marcha un plan. Miku se sumergió, nadando silenciosamente hacia Kurenai y susurrándole instrucciones. Con la agilidad felina que el agua no podía negarle por completo, Kurenai se deslizó por debajo de la superficie, usando a los otros tres como pantalla, y comenzó a avanzar lentamente hacia la base de la roca donde pescaba Hiro, completamente absorto en seguir el rastro de un nuevo pez.

Hiro ajustó la tensión de su sedal. Sus sensores detectaron movimiento a sus espaldas, pero lo clasificó como "aliado - Kurenai - sin hostilidad". Un error de cálculo que pagaría caro.

Justo cuando sintió un picotazo prometedor, Kurenai emergió y, con un salto felino impulsado por la roca, se lanzó contra su espalda.

—¡ATAQUE SORPRESA! —gritó, empujando con todas sus fuerzas.

Hiro, tomado completamente por sorpresa, perdió el equilibrio y cayó desde los ocho metros de altura, estrellándose contra la superficie del lago con un estruendo que pareció sacudir el agua hasta sus profundidades. Natsuki, Nira y Miku estallaron en carcajadas, el éxito de su conspiración superando sus expectativas.

Kurenai emergió jadeante y nadó de vuelta, uniéndose a las risas. —¡Logrado! ¡El golem ha sido derribado!

Pero las risas se apagaron gradualmente. Segundos pasaron. Luego medio minuto. La superficie del lago donde Hiro había caído quedó inquietantemente tranquila. La profundidad en esa zona, de unos siete metros, ocultaba todo rastro de él.

—¿Hiro? —llamó Miku, su voz temblorosa.

No hubo respuesta.

El pánico comenzó a apoderarse de ellos. —¡Él puede respirar bajo el agua, ¿verdad?! —preguntó Kurenai, alarmada.

—¡Sí, pero...! —Natsuki no terminó la frase. Él y Miku se sumergieron inmediatamente, descendiendo hacia las profundidades.

Bajo la superficie, la visibilidad era sorprendentemente buena a pesar de la profundidad. Y lo que vieron los dejó boquiabiertos. Hiro estaba de pie perfectamente erguido en el lecho del lago, a siete metros de profundidad, con el agua llegándole al pecho. En una mano sostenía su caña de pescar, y en la otra, había materializado un enorme tenedor de carne que usaba como arpón improvisado. Acababa de ensartar un pequeño pez cuando sus ópticas se encontraron con las de ellos.

Una pantalla holográfica se encendió frente a su rostro, mostrando texto subacuático: [ANÁLISIS: MI DENSIDAD METÁLICA ES 7.8 VECES SUPERIOR A LA DEL AGUA. LA FLOTACIÓN ERA FÍSICAMENTE IMPOSIBLE. LA CONCLUSIÓN ERA LÓGICA.]

Les estaba diciendo, básicamente, que sabía que se hundiría. No era que no quisiera nadar, es que no podía.

Antes de que Natsuki o Miku pudieran procesar esta información o sentir algo de remordimiento, una sombra enorme y rojiza surgió de las profundidades más oscuras del lago, más allá de los siete metros. Era un pez colosal, de escamas del color de la sangre y ojos negros como el azabache. Un "Presagio Escarlata", como después identificaría Kurenai.

Hiro, sin inmutarse, vio al monstruo acuático como un nuevo objetivo. Con un movimiento rápido y decisivo, clavó su tenedor-arpón en el lomo del pez.

El efecto fue instantáneo y catastrófico. El Presagio Escarlata, herido y con una fuerza descomunal, se lanzó hacia adelante. Hiro, que no tenía purchase en el fondo fangoso, no pudo resistir el tirón. Fue arrancado de su posición y arrastrado como un peso muerto por el gigante enfurecido a través de las profundidades.

Natsuki y Miku salieron a la superficie, tosiendo y con los ojos desorbitados. —¡HIRO! —gritó Natsuki.

Vieron la aleta dorsal del pez, del tamaño de un escudo, cortando el agua hacia ellos a una velocidad aterradora. Se prepararon para lo peor, pero en el último segundo, la bestia acuática giró violentamente y comenzó a forcejear, sacudiendo el agua como si estuviera en medio de una tormenta. Fue entonces cuando vieron la figura cromada de Hiro, aferrado tenazmente al lomo del pez con ambas manos, siendo azotado de un lado a otro.

—¡Por los dioses del código! —murmuró Natsuki.

Kurenai, nadando hacia ellos, explicó con voz agitada: —¡Es un Presagio Escarlata! ¡Un gigante de las profundidades! ¡Se necesitan tres cazadores expertos para someterlo!

La bestia se sumergió de nuevo, arrastrando a Hiro a las profundidades. El grupo miró con horror, incapaces de hacer nada. Los segundos se extendieron como horas. La desesperación comenzaba a apoderarse de Miku cuando, de repente, en la cima de la roca de ocho metros, una figura emergió del agua.

Era Hiro. Estaba empapado, con algas enganchadas en sus articulaciones, pero impertérrito. Sostenía con ambos brazos, en alto, al masivo Presagio Escarlata, que aún se retorcía con sus últimos esfuerzos. La cola del pez era tan larga como la estatura de Hiro.

—ESPÉCIMEN CAPTURADO —anunció, su voz modulada sonando extrañamente triunfal a través del agua en su sistema—. MASA ESTIMADA: 95 KILOGRAMOS. RACIONES PROTEICAS: 7 DÍAS.

Kurenai nadó hacia la base de la roca, con los ojos como platos. —¡Es un trofeo digno de una leyenda!

Miku llegó justo detrás, riendo entre lágrimas de alivio y diversión. —¡Parecía que estabas montando un toro salvaje!

Nira, que había observado todo con su habitual calma marcial, no pudo evitar una rara y genuina sonrisa de asombro. Natsuki, por su parte, se reía tan fuerte que casi traga agua. —¡Solo tú, Hiro! ¡Solo tú puedes convertir un baño relajante en una misión de caza mayor!

Poco después, la hora límite llegó y los trajes de baño se desvanecieron, volviendo a la normalidad con un suave brillo. El uniforme escolar de Miku, el atuendo de guerrera de Nira y el vestido gótico de Kurenai estaban restaurados. La luz del día comenzaba a ceder ante el crepúsculo.

—Debemos buscar refugio —declaró Nira, recuperando su seriedad.

Hiro, tras asegurar su monumental captura con cables de datos, los guió a una pequeña cueva cercana. Con un empuje que demostraba que su fuerza no había mermado, rodó una roca masiva para sellar la entrada, creando un perímetro seguro.

Dentro, Nira usó su Yesca del Viajero para encender una fogata crepitante. Bajo la tenue luz, Hiro y Miku se convirtieron en un dúo culinario de eficiencia asombrosa. Hiro, con herramientas quirúrgicas, fileteó el salmón y el Presagio Escarlata con precisión milimétrica. Miku, con sus manos hábiles, sazonó la carne con hierbas que Kurenai identificó como seguras, y la cocinó sobre las llamas hasta que la piel crujía y la carne desprendía un aroma irresistible.

La cena fue un banquete. Incluso Nira, usualmente estoica, elogió el sabor. —Una comida digna de una gran sala de banquetes —concedió.

Entre risas y relatos exagerados de la "Gran Batalla del Presagio Escarlata", la atmósfera en la cueva era cálida y unida. Hasta que Hiro, en un momento de calma, preguntó con su tono más plano y frío:

—Pregunta. ¿De quién fue la idea del 'ataque sorpresa' acuático?

Un silencio incómodo se instaló. Luego, lentamente, tres pares de ojos (Nira, Miku y Kurenai) se giraron para mirar fijamente a Natsuki.

El programador se puso pálido. —Eh, bueno, verán, fue una decisión grupal, un esfuerzo colaborativo para... para...

Hiro no dijo nada. Solo se inclinó ligeramente hacia adelante, y en la penumbra de la cueva, una sonrisa lentamente se dibujó en su rostro. No era una sonrisa amable. Era una sonrisa diabólica, calculadora. Su ojo biónico brilló con una luz roja tenue, iluminando sus facciones metálicas de manera siniestra.

Las conversaciones y risas sobre la hazaña pesquera continuaron alrededor de la fogata, pero Natsuki ya no podía disfrutarlas plenamente. Se sentó, inconscientemente frotándose la mejilla, donde una marca roja en forma de escama de pez, grabada allí con una precisión meticulosa y un toque de venganza robótica, comenzaba a manifestarse.

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Yovannyx4gl en el lector de Culto de Papel. Es gratis.