La primera sensación fue de una calidez suave y un leve cosquilleo en su mejilla. Miku entreabrió los ojos, aún sumida en las brumas del sueño. Una oreja peluda de un rojo vibrante se acurrucaba contra su rostro, y el suave ronroneo de Kurenai llenaba el silencio de la cabaña. Parpadeó, confundida, hasta que su mirada se posó en la figura sentada junto a la cama.
Hiro estaba inmóvil en una silla improvisada, su perfil metálico recortado contra la tenue luz matutina. De su antebrazo surgía una pantalla holográfica donde bloques geométricos caían en un silencioso juego de construcción digital. Sus dedos se movían con precisión milimétrica, rotando y encajando las piezas con una eficiencia hipnótica.
—H-Hiro...? —murmuró Miku, su voz ronca por el sueño.
Al despertar por completo, la realidad la golpeó con la fuerza de un martillo. ¡Estaba abrazando la mano metálica de Hiro! Sus propios brazos rodeaban su antebrazo con una ternura que la avergonzó al instante. Un rubor carmesí le encendió el rostro y soltó un chillido ahogado, liberando la extremidad como si hubiera tocado lava.
¡SHHKKT!
El holograma se esfumó al instante. Hiro se puso de pie de un salto, su sistema en modo defensa antes de que sus procesadores terminaran de analizar la situación. Sus Garras del Colibrí se extendieron con un shiiing metálico, sus ópticas escaneando la cabaña en busca de amenazas.
—¡Alto, alto, soy yo! —gritó Miku, levantando las manos en señal de paz—. ¡Perdón, fue un susto! ¡Solo soy yo!
Hiro se relajó visiblemente, las cuchillas de energía retrocediendo. Sus lentes se posaron en ella, y su voz modulada sonó curiosamente serena.
—Buenos días,Miku. ¿El ciclo de descanso fue satisfactorio?
—¡B-Buenos días! —respondió ella, aún mortificada, ajustándose nerviosamente la corbata—. ¿Y tú? ¿Estuviste ahí toda la noche... vigilando?
El movimiento y las voces despertaron a la tercera ocupante de la cama. Kurenai se estiró con la elegancia felina de su especie, bostezando ampliamente hasta que sus ojos escarlata se enfocaron en la escena: ella entrelazada con Miku, Miku mirando a Hiro con las mejillas encendidas, Hiro de pie junto a la cama como un centinela.
¡YYYYAAAAAGGGH!
El alarido de Kurenai fue considerablemente más potente y agudo. Saltó de la cama como si el colchón estuviera electrificado, acabando en una posición de combate contra la pared opuesta, con el pelaje completamente erizado y la cola tiesa como un palo de escoba.
—¡EXIJO UNA EXPLICACIÓN INMEDIATA! —rugió, sus pupilas convertidas en finas rendijas—. ¿POR QUÉ MI PERSONA ESTABA... ENREDADA CON LA ENTIDAD DE LUZ? ¿Y QUÉ MOTIVOS TIENE EL CONSTRUCTO METÁLICO PARA OBSERVARNOS DURANTE EL SUEÑO?
Antes de que Hiro pudiera ofrecer una explicación basada en la lógica, la puerta de la cabaña se abrió de golpe. Natsuki y Nira irrumpieron con las espadas desenvainadas, los rostros tensos por la alarma.
—¡Escuchamos gritos de agonía! —anunció Nira, su katana trazando un arco defensivo.
—¿Están bajo ataque? —preguntó Natsuki, los dedos ya formando el inicio de un hechizo.
Se detuvieron en seco, confundidos. El cuadro que encontraron era... peculiar. Hiro de pie junto a la cama, imperturbable. Miku sentada en el lecho, tan roja como las amapolas del bosque. Y Kurenai literalmente aferrada a la pared con las garras, bufando como una fiera acorralada. No había rastro de Crawlers, ni de Corrupción, ni de peligro inminente.
Natsuki y Nira se miraron. Lenta y sincronizadamente, bajaron sus armas.
—¿...Se nos escapó algún detalle? —preguntó Nira, con genuina perplejidad.
—Parece —respondió Natsuki, frotándose el puente de la nariz— que nos convocaron por una emergencia de... índole doméstica.
El bochorno matutino se disipó en las aguas frías de un manantial que brotaba en una gruta interior de la cueva. Uno por uno, el grupo se lavó el rostro, limpiándose tanto los micro-fragmentos de corrupción residual como los vestigios del sonambulismo. El agua, al menos en este santuario, aún conservaba su pureza original.
Reunidos alrededor de un mapa tosco que Kurenai había trazado en la tierra húmeda, Natsuki señaló los objetivos con un palo.
—Tres focos de infección —declaró, su voz recuperando la seriedad—. Primero, el Manantial de Lágrimas Plateadas, al ESTE. La arteria acuífera principal. Si logramos contener la corrupción allí, ganaremos un respiro crucial para los refugiados.
—Segundo —continuó, moviendo el indicador—, el Gran Árbol del Juramento, al OESTE. El pilar central del ecosistema. Si sucumbe, el resto del bosque se derrumbará en cadena.
—Y el epicentro —Kurenai señaló una zona elevada en el mapa—, el Templo del Rubí Interior, en las faldas de la montaña. La herida primigenia de donde mana todo este veneno.
Natsuki asintió, mirando a cada miembro del grupo.
—La estrategia es directa:Llegar, identificar la fisura dimensional por donde la corrupción se está filtrando, y sellarla. Como cirujanos cauterizando una herida abierta.
Fue entonces cuando Hiro intervino, su voz cargando un peso nuevo.
—Debo realizar una rectificación crucial en el plan.Mis análisis indican que sellar las fisuras solo mitigará el 40% de la crisis.
Todos volvieron su atención hacia él.
—Explícate—pidió Nira, frunciendo el ceño.
—Al cerrar cada fisura —explicó el cyborg—, estaremos interrumpiendo el flujo de corrupción de su punto de origen. Pero la infección que YA se ha consolidado aquí, la que ha enraizado durante años... permanecerá. Solo la estaremos confinando, como encerrar a un animal salvaje en una jaula más pequeña. No la estamos erradicando.
Un silencio incómodo se extendió. Miku fue la primera en comprender la terrible implicación.
—Y para sellar esas fisuras...ustedes usarán la Programación Ad-Hoc, ¿cierto? —preguntó, pero luego se corrigió, mirando a Natsuki e Hiro—. Ustedes dos la usarán.
Natsuki asintió con gravedad.
—Así es.Solo Hiro y yo podemos ejecutar código a ese nivel fundamental. La Programación Ad-Hoc no es un hechizo, es... como reescribir los cimientos de la realidad. Es el privilegio y la carga de un Creador.
—Nira y yo podemos combatir las manifestaciones físicas de la corrupción —dijo Miku, comprendiendo la división de roles—. Y Kurenai conoce el terreno y puede guiarnos. Pero sanar las heridas del mundo mismo... eso solo está en sus manos.
—Afirmativo —confirmó Hiro—. Pero otro problema igual de grave, sin el Fragmento de Coherencia Primordial para actuar como fuente de energía externa, el costo de cada intervención recaerá directamente en nuestros sistemas vitales. Natsuki perderá HP, y mi energía disminuirá. Nos debilitaremos con cada sello que impongamos.
Kurenai miró a los dos creadores con una mezcla de admiración y horror.
—¿Quieren decir que...el peso de esta misión recae únicamente sobre sus hombros? ¿Que ustedes dos serán los que carguen con el precio más alto?
—Es el tributo por manejar las herramientas de la creación —dijo Natsuki con un tono resignado—. No es la primera vez. En Aethelgard, cada modificación importante al mundo me dejaba exhausto. Es como si la realidad nos cobrara un impuesto por alterar sus leyes primarias.
—La lógica es incuable —añadió Hiro—. Manipular el código base de la existencia consume recursos proporcionales a la escala de la alteración. Nosotros somos los 'programadores'. Los únicos que podemos ejecutar el comando, y por tanto, los únicos que sufrimos el 'costo de compilación'.
—¡Eso es injusto! —protestó Kurenai, sus orejas erguidas en indignación.
—La justicia es una construcción social —respondió Hiro con su habitual frialdad analítica—. Los fenómenos naturales simplemente... son. Nosotros somos las variables con la capacidad, por lo tanto, asumimos el riesgo.
Nira puso una mano firme en el hombro de Natsuki.
—Entonces nosotros seremos su fortaleza.Miku, Kurenai y yo nos aseguraremos de que nada interfiera con su trabajo. Protegeremos su HP... protegiéndolos a ellos.
Miku asintió con determinación.
—Cada minuto que les compremos en combate es un minuto menos de exposición al desgaste para ustedes.
—Entonces no hay tiempo para vacilaciones —declaró Nira—. Cuanto más tardemos, más fisuras deberán sellar. La velocidad es esencial. Erradiquemos la amenaza con celeridad para que ellos paguen el menor precio.
Natsuki intercambió una mirada con Hiro. Una comprensión silenciosa pasó entre los dos programadores. Eran los ingenieros en un campo de batalla donde la munición era su propia esencia vital.
—De acuerdo —dijo Natsuki, poniéndose de pie—. Todos conocemos nuestros roles. —Miró a los rostros esperanzados de los refugiados—. Es un precio que estamos dispuestos a pagar. Kurenai, guíanos al manantial.
El sendero hacia el este era un corredor de sombras y susurros. Los árboles carmesí se inclinaban sobre ellos, entrelazando sus ramas como garras ansiosas. Para romper la opresiva atmósfera, Nira inició una conversación.
—Creador, este bosque... evoca los Bosques Susurrantes de Aethelgard —comentó, esquivando una raíz retorcida con elegancia—. Aquellos donde los arbolespíritus orientaban a los viajeros desorientados.
Natsuki sonrió con nostalgia.
—Sí,los diseñé inspirándome en los relatos que mi abuela me contaba. Aunque aquí los susurros son... notablemente más siniestros.
Kurenai, caminando al frente con sus orejas en constante movimiento, preguntó con genuina curiosidad:
—¿En vuestro mundo de origen,los árboles poseen el don de la palabra?
—No como tú y yo —aclaró Natsuki—. En Aethelgard, era magia programada. Un algoritmo que escribí para que ciertos árboles ancestrales ofrecieran pistas a los jugadores... perdón, a los aventureros.
—¡Era exasperantemente críptico! —agregó Nira con una rara sonrisa—. Pasabas horas descifrando el acertijo correcto mientras el dendroespíritu se mofaba de tu falta de perspicacia.
—¡Era para incentivar el pensamiento lateral! —se defendió Natsuki, riendo.
Mientras, en la retaguardia, Miku caminaba en un silencio cargado. Finalmente, no pudo soportar más la vergüenza.
—Hiro...acerca del incidente nocturno... —comenzó, jugueteando nerviosamente con los extremos de su corbata—. ¿Qué... qué ocurrió exactamente?
Hiro giró ligeramente la cabeza hacia ella.
—Te trasladé a la cabaña después de que el sueño te venciera.Mi intención inicial era reanudar la vigilancia en el perímetro exterior.
—¿Y... entonces?
—Y tú aferraste mi mano—declaró él con su habitual tono factual—. Con una fuerza notable para alguien de tu constitución. Intenté desasirme sin alterar tu sueño, pero el agarre era óptimo. Evalué que la posición me permitía una vigilancia aceptable del campamento, con solo un 8.3% de reducción en mi eficiencia de escaneo.
Miku se sonrojó hasta la raíz del cabello.
—¿T-Toda la noche?
—Afirmativo.El contacto se mantuvo ininterrumpido. Parecías... obtener serenidad del contacto.
—¡Mis más sinceras disculpas! —exclamó ella, cubriéndose el rostro con las manos—. No era consciente...
—No se requiere disculpa —respondió Hiro, y si se escuchaba con atención, podría detectarse un matiz de suavidad en su voz modulada—. Fue un intercambio mutuamente beneficioso. Tu descanso mejoró en un 27% y mi capacidad de guardia se mantuvo en parámetros operativos.
La comedia no terminó ahí. En un momento dado, Kurenai, al escuchar un crujido, saltó instintivamente hacia atrás... y aterrizó directamente sobre los hombros de Hiro, como un felino asustadizo.
—¡ALERTA MÁXIMA! ¡MOVIMIENTO SOSPECHOSO A LAS 3 EN PUNTO! —vociferó, señalando con el pelaje completamente erizado.
Hiro se quedó inmóvil, con la nekomusa anclada en sus hombros.
—Kurenai.Eres una guardiana del bosque, no un sistema de alerta aviar. Y ese 'movimiento sospechoso' era una fronda desprendiéndose.
Kurenai descendió rápidamente, murmurando algo ininteligible about "los reflejos hiperactivos".
Poco después, Natsuki tropezó con una raíz putrefacta. Nira, con reflejos sobrehumanos, lo agarró del brazo... pero con tanta fuerza que lo hizo girar como una peonza antes de detenerlo.
—¡¿Acaso pretende usted fracturarse la columna vertebral, Creador?! —le espetó, más consternada que furiosa.
—¡Fue un traspié accidental! ¡No se requería el giro coreográfico! —protestó Natsuki, mareado.
Incluso Miku tuvo su momento bochornoso, cuando intentó flotar elegantemente sobre un charco de limo oscuro... solo para que su campo de levitación fallara momentáneamente y acabara con los pies embarrados hasta los tobillos. El silencio incómodo fue roto por un sonido inesperado: un breve bufido que surgió del modulador vocal de Hiro. Casi una risa ahogada.
—¿Acabas de... reírte? —preguntó Miku, atónita.
—He clasificado la situación dentro de la categoría 'incongruencia cómica' —explicó Hiro, recuperando su compostura—. Mi respuesta fue un error de procesamiento.
Pero toda ligereza se desvaneció cuando llegaron a la Zona Este. El aire se espesó hasta ser casi respirable, y el dulce aroma a podredumbre se volvió opresivo. La vida había retrocedido aquí, reemplazada por una bruma baja y pútrida de la que emergían Amalgamas Sombrías con forma de canes distorsionados y arácnidos formados por ramas retorcidas.
—¡Posiciones defensivas! —ordenó Nira—. ¡Hiro, Natsuki, manténganse en formación cerrada!
La batalla fue brutal pero metódica. Nira era un torbellino de acero, su Hoja del Alba cortando through la corrupción con silbidos de energía purificadora. Miku se movía como un relámpago azul, su sable sónico desviando ataques y creando aperturas. Kurenai era un destello escarlata, sus garras de luz destrozando puntos débiles con precisión quirúrgica. Mientras, Hiro y Natsuki conservaban su fuerza, usando solo ataques básicos para mantener a raya a cualquier criatura que se les acercara.
—¡Por la izquierda, Nira! —gritó Miku, desviando un lanzamiento de púas corruptas.
—¡Ya lo veo!—respondió la guerrera, girando para interceptar.
—¡El flanco derecho se está colapsando! —avisó Kurenai, destrozando una Amalgama que intentaba flanquearlos.
—¡Hiro,cubre esa zona! —ordenó Natsuki.
—Disparo de plasma calculado —anunció Hiro, eliminando la amenaza con un zumbido sordo.
Abrieron paso a través de la niebla corrupta hasta llegar a un claro. Y allí estaba: el Manantial de Lágrimas Plateadas. Pero ya no era plateado. Sus aguas eran negras y viscosas, burbujeando como brea caliente. En el centro, donde debería estar el ojo del manantial, se alzaba una horrenda Hidra de Fango Corrupto de tres cabezas, compuesta de limo negro y ojos que brillaban con el rojo de la corrupción. Cada cabeza siseaba un código distorsionado, un sonido que erizaba la piel.
—¡La fisura debe estar bajo su cuerpo! —gritó Kurenai—. ¡Es la centinela de la brecha!
La batalla contra la Hidra fue caótica. Sus cabezas se regeneraban al ser cercenadas, escupiendo veneno corrupto que carbonizaba el suelo. El grupo luchó con todo su arsenal, pero era una guerra de desgaste que no podían ganar.
—¡Sus cabezas se regeneran demasiado rápido! —gritó Nira, bloqueando un chorro de ácido.
—¡No podemos acercarnos al núcleo!—añadió Miku, esquivando un golpe de cola.
—¡HIRO! —rugió Natsuki, una idea formándose en su mente—. ¡PATRÓN DE BARRERA DE CONTENCIÓN ALFA-7, AHORA!
Ambos crearon simultáneamente. Líneas de código dorado surgieron de las manos de Natsuki, entretejiéndose con la rejilla de energía azul que Hiro proyectaba desde su brazo. Juntos, tejieron una cúpula de energía pura alrededor de todo el perímetro del manantial, encerrando a la Hidra en su propia prisión energética.
La criatura rugió de rabia, estrellándose contra los muros de fuerza, pero no pudo romperlos. Quedó atrapada, contenida pero no derrotada.
Un sudor frío recorría la frente de Natsuki. Una alerta parpadeó en su visión: HP: 80%.
Junto a él,Hiro emitió un zumbido forzado. ENERGÍA DEL SISTEMA: 79.8%.
—Un veinte por ciento —jadeó Natsuki, apoyándose en las rodillas—. Solo por contener la fisura, sin ni siquiera cerrarla permanentemente.
Hiro asintió, su respiración artificial notablemente más audible.
—El cálculo fue preciso.El costo es... significativo.
Miraron hacia el oeste, donde sabían que el Gran Árbol del Juramento los esperaba. Solo una fisura contenida de tres. Y ya estaban un quinto más débiles.
El verdadero costo de su misión, el precio en sangre y energía que tendrían que pagar, acababa de hacerse terriblemente tangible.