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Entre Golpes y Reconciliación

Traficados a otro mundo · por Entidad multiversal · 06 de agosto de 2026

Bajo un árbol, estaba reflexionando sobre lo que dije, sobre todas mis acciones. Cierro los ojos para ver la espada de madera con mis propios ojos, recordando las veces que intenté ser mejor en lo que me hacía especial. Quería agradarle a todo el mundo y sobresalir para que dejaran de compararme con mi hermano... Entonces me levanto, caminando mientras sostengo mi espada, acercándome lentamente hacia donde estaba Klaus. Me sentía mal por haberle dicho eso, aunque a la vez me molestaba un poco tener que disculparme, ya que él siempre molestaba a Iván y también a Lyra. A veces buscaba formas de irritarme con su comportamiento. Finalmente, llego frente a él mientras estaba acostado descansando, y le hablo:

—Hola... Klaus, ¿podemos hablar? Es sobre lo que pasó ayer... yo...

Entonces, cuando estaba a punto de seguir hablando, escucho las palabras fuertes de Klaus diciendo:

—Lárgate... no estoy interesado en escuchar tus palabras.

Mi cara de sorpresa se transforma en una de molestia, y digo:

—Escúchame al menos, intento arreglar las cosas...

Escucho la voz de Klaus, un poco molesto, y me vuelve a decir en tono fuerte:

—¡Que te vallas dije! ¡No te lo volveré a decir!

Algo nervioso, no puedo dejar que me hable así; no es nadie para mandarme. Entonces, contesto fríamente:

—No lo hare.

Veo a Klaus mirándome, y coloca sus manos cerca de donde yo estaba parado. Siento que me elevo varios metros; el terreno bajo mí se desestabiliza, haciendo que caiga al suelo, soltando la espada de madera en el trayecto y golpeándome la espalda. Bastante adolorido, miro a Klaus agarrando la espada de madera del suelo, señalándome con ella, y luego me habla:

—Te lo advertí, idiota. No soy alguien con la paciencia suficiente, y menos con un niño como tú, un arrogante que no soporta que la gente muestre tus defectos. Por eso buscas atacar a las personas que te hacen ver mal, para protegerte y sentir que tienes todo bajo control... Solo eres un niño que necesita que lo pongan en su lugar.

Veo cómo mueve la espada y me golpea con fuerza en la cara, mandándome a volar dos metros. Era fuerte, tanto que el daño que recibí fue brutal. Escupo algo de sangre mientras intento levantarme, entonces escucho la voz de Lyra e Iván corriendo mientras dicen:

Lyra: —¡Klaus, déjalo, basta por favor! ¡No sigan, hagan las paces o tendré que intervenir y detenerlos a ambos!

Iván: —Hiroshi, esa herida en tu boca parece grave. Klaus, detén la pelea, creo que es bastante injusto.

Entonces, la voz de Klaus grita con fuerza:

—¡No se metan no les incumbe! ¡Esto ya no es un combate justo es una pelea donde todo vale!

Lyra, sorprendida, grita molesta con una expresión de enojo.

—¿¡De que están hablando!? ¿¡piensas matarlo!?

Klaus ignora a Lyra mientras se acerca a mí. Intento levantarme, escupo algo de sangre, molesto.

—Sigues siendo el mismo tramposo de siempre... tus juegos sucios me enferman.

Me volteo, extendiendo la palma frente a él, y un chorro de fuego sale en dirección a Klaus. Este último cubre su cuerpo con las manos para evitar el daño de las llamas, pero lo recibe. Veo cómo sus manos están dañadas por el calor, y también veo que suelta la espada de madera, que cae al suelo. Corro rápidamente y agarro la espada mientras Klaus sigue adolorido por las quemaduras en sus manos. Después, lanzo un ataque con la punta de la espada, gritando:

—Tú lo pediste, espero que te arrepientas de iniciar este combate... ¿Eh?

Cuando la punta de mi espada está a punto de golpear su estómago, veo que Klaus detiene el golpe con sus piernas a duras penas, lo que hace que la fuerza del impacto lo haga caer hacia atrás. Sorprendido, mientras mi boca aún sangra, escupo diciendo:

—Mierda, no lo puedo creer... Este tipo es como un mono; incluso con sus piernas es capaz de pelear. Era mi oportunidad mientras seguía adolorido por sus quemadu...

Entonces veo un puño cerca de mi cara. Logro reaccionar, pero después siento cómo me da una patada en las piernas, haciéndome perder el equilibrio y caer. Siento que la tierra a mi lado se mueve, creando un montículo de casi cuatro metros de altura que luego se derrumba sobre donde estaba. Logro levantarme antes de quedar enterrado, a duras penas, mientras caigo al suelo. Me reincorporo para intentar no perder de vista a Klaus, y entonces recibo un puñetazo en la cara. Casi me tumba, pero pongo toda mi fuerza en las piernas para no caer. Después, devuelvo el golpe, golpeándolo en la cara y haciéndolo sangrar un poco.

—No creas que por ser más fuerte vas a ganar; no me volverás a humillar...

En ese momento, recibo otro golpe, demasiado fuerte. Klaus pone una expresión de dolor con cada golpe, adolorido por las quemaduras. Bajo mi brazo un poco y luego le doy un golpe en el estómago, mientras él me responde con un codazo en la cabeza. Seguimos así por algunos minutos, mientras los espectadores de nuestra pelea se ven afectados en su estado de ánimo. La expresión de Lyra se vuelve seria, pero también más molesta. Un aura azul comienza a manifestarse, haciendo que su capa se mueva lentamente. Iván, por otro lado, muestra más preocupación mientras mira a la chica de cabello blanco con algo de miedo. Entonces ella dice:

—¡Son unos tontos, no piensan en las consecuencias!

Mientras Klaus y yo seguimos golpeándonos, con las caras sangrando e inflamadas, sentimos un aire frío y el pasto comienza a congelarse. Entonces se forma una estructura de hielo que nos atrapa a ambos, convirtiéndose en una figura de una mano. Luego escuchamos la voz de Lyra desde lejos:

—No los bajaré hasta que mediten las cosas. Ambos son unos niños inmaduros. Tendrán que permanecer allí hasta que hagan las paces.

Es increíble; estábamos a varios metros del suelo, y además hacía mucho frío por el hielo que nos tenía atrapados. No sabía que Lyra podía crear tales estructuras, pero tiene sentido: es una maga especializada en el agua. Luego veo a Lyra calmarse, y escucho que le habla a Iván:

—Joven Iván, ¿puedes subir y curarles las heridas? Si siguen perdiendo sangre, haré un puente para que subas, no te preocupes.

Iván, algo nervioso, contesta algo feliz:

—Está bien... Lo haré, cuenta conmigo, Lyra. Aunque me sorprendió que pudieras hacer algo tan bello como esas esculturas de manos.

Lyra suspira mientras pone una mueca triste.

—Sí... No me gusta usar esta clase de magia, solo lo hice para detener a este par de idiotas.

Luego crea un puente de hielo, e Iván sube lentamente, con un poco de miedo a las alturas. Siento la palma de Iván en mi cara; un aura blanca brilla en su mano frente a mi rostro, y siento una sensación de paz y tranquilidad mientras el dolor se va disipando lentamente. Hizo lo mismo con Klaus. Entonces escucho a Klaus hablando con Iván mientras le cura las heridas de la cara. Le dice:

—Gracias, gordito, la verdad me siento mucho mejor. Es increíble cómo esa magia me curó las heridas sin que me doliera.

Iván se sorprende por lo que dice Klaus; apenado, sonríe y contesta:

—Gracias, aunque tengo que practicar más. Apenas puedo activar mi poder... Además, ¡no soy gordito, tengo mi nombre!... Por cierto, Klaus, por favor intenta hacer las paces con Hiroshi. La verdad, si siguen así, destruirán el grupo.

Klaus me mira con cara de molestia y luego aparta la vista, algo enfadado. Entonces Iván suspira, cierra los ojos y baja. Klaus le pregunta:

—¿En serio nos van a dejar aquí? ¡Están locos, sáquennos de aquí, Iván!

Iván, ya en el suelo, muestra un poco de tristeza en su rostro:

—Lo siento, estoy de acuerdo con Lyra. Tienen que quedarse allí, no podemos seguir así. Tienen que reflexionar.

Klaus y yo, nerviosos, gritamos:

— ¡No nos dejes aquí, Iván!

Cuando gritamos al mismo tiempo, nos quedamos mirándonos para después ignorarnos. Pasaron algunos minutos. tenia mucho frío por el hielo. Tuve suerte de que me gustara el frío, pero esto era demasiado...entonces me pregunte: ¿Acaso lo hicieron a propósito para que nos calmáramos? Mientras tiemblo un poco, veo a Klaus relajado mientras bosteza, y le hablo:

—¿Qué tal una tregua? Nos llevamos bien para salir de este lugar. Intento usar mi magia de fuego, pero no me puedo concentrar bien por el frío.

Entonces Klaus, con un tono despectivo, me contesta:

—¿En serio quieres que nos llevemos bien después de todo lo que pasó, bastardo?

Lo miro algo desanimado mientras bajo la mirada:

—Lo sé, Klaus. Me porté algo mal contigo...

Entonces Klaus se altera y responde:

—¡¿Cómo que algo, bastardo?!

—¿En serio quieres que nos llevemos bien después de todo lo que pasó, bastardo?

—Lo sé, Klaus. Me porté algo mal contigo...

—¿Cómo que algo, bastardo?!

—Está bien, está bien, me porté como un idiota contigo. La verdad, cuando me ganaste y dijiste que era la primera vez que usabas una espada, sentí que mis años de esfuerzo no valían la pena.

—Sí, fuiste un estúpido. Basura, ardido, idiotisch, Scheiße y...

—¡Ya entendí! No uses también palabras que no entiendo.

El silencio se sentía en la atmósfera. Pasaron varios minutos hasta que Hiroshi rompió el hielo mientras miraba el atardecer.

—A mi padre siempre le gustaba ver el atardecer desde las alturas. Siempre nos llevaba a un faro cerca de la playa para hacerlo. La verdad, no sé por qué me vino ese recuerdo.

—No sé por qué me cuentas eso...

—Vamos, ¿debes tener algún momento con alguien de tu familia, no? Yo, la verdad, tengo pocos recuerdos. La mayoría son... bueno, solo recuerdos.

Klaus se quedó en silencio, mirando el atardecer, hasta que su expresión se tornó molesta.

—Por lo menos tienes recuerdos. Mi padre es un idiota, todos lo son. El único que no lo era, era mi hermano, era el mejor.

—Se nota que lo quieres, dijiste que tu hermano se fue, ¿por qué?

—Por mi culpa... En fin, no diré más.

—Discúlpame por haber dicho lo de ayer.

—Está bien da igual, haré tregua contigo. ¡Quiero bajarme de este lugar, me estoy congelando!

—La única forma es pedirle perdón a Lyra.

—¡Olvídalo! ¡Intentaré liberarme yo mismo!

El hombre de cabello grisáceo comenzó a usar toda su fuerza para liberarse, pero fue inútil. Solo conseguía desgastarse más. Pasó un buen rato intentando de todo, hasta que su cuerpo empezó a temblar más de lo normal. Con una voz cortada y entre tartamudeos, soltó unas palabras:

—Esto es una m-mierda... ¿por qué tengo que pasar por esto? Está bien, tú ganas, Hiroshi. Pero jamás haré esto nunca...

Sonrió un poco mientras sudó porque ya no siento las piernas. Ambos gritamos:

—¡Lyra, por favor, sácanos de aquí, estamos arrepentidos!

Suspiramos mientras vemos a Iván y Lyra acercándose. Ella extiende su mano señalando las estructuras, y el hielo se convierte en agua. Caemos sobre el pasto congelado, sufriendo por el dolor. Entonces escucho la voz de Lyra:

—Muy bien, ya que reflexionaron, quiero escucharlos.

Mientras estamos de rodillas, sentados con nuestras manos levantadas, avergonzados, decimos:

—Discúlpanos, lamentamos comportarnos como unos niños. También perdónanos por todo, Lyra e Iván, los preocupamos.

Lyra suspira, y con su cara seria, cierra los ojos. Empiezo a ver un aura azul, y dice unas palabras:

—¿No volverá a pasar, verdad?

Respondo nervioso, mientras miro su cara con algo de miedo:

—Lo juramos, ya resolvimos nuestras diferencias.

Entonces, la expresión de Lyra cambia de seriedad a una más calmada y feliz mientras camina hacia la carreta:

—Quiero pedir disculpas por tomar este rol. Si no lo hacía, no quisiera ver a nadie herido. Por cierto, ya preparé algo de comer. Ya es tarde, en unas horas se ocultará el sol. Mañana nos iremos temprano como acordamos, ¿o hicieron algún cambio?

Mientras me levanto, Klaus, bostezando, comienza a estirar su cuerpo, entumido por el frío. Yo estaba más o menos bien, pero aún sentía las piernas frías. Entonces comento:

—No te preocupes, Lyra, sin ti tal vez esto se hubiera hecho más largo. También gracias, Iván, por curarnos... pero bueno, vamos a comer.

Iván, mientras nos mira, mostrándonos su mano, dice:

—Igual, si se lastiman o algo por el estilo, yo los curaré. Al parecer, usar mi magia puede calmar las molestias.

Mientras caminamos, empezamos a empacar las cosas: mapa, objetos, comida, armaduras, además de administrar el dinero. Después de eso, miramos la fogata y veo a Lyra observando el mapa. Entonces escucho su suave voz:

—El pueblo más cercano es el pueblo Litio, está a seis kilómetros de aquí. Podríamos hospedarnos allí, aunque es temporada de conejos y también de ciertas criaturas que tambien son peligrosas, así que hay que ir con cuidado.

Miro a Klaus, que está durmiendo, e Iván, que está escribiendo en su libreta. Le pregunto a Lyra:

—Por cierto, Lyra, ¿de qué trata tu religión? ¿Por qué cuando los conocí vestían de azul? ¿Saben que los pueden detectar así, no?

Lyra, sorprendida por la pregunta, responde:

—Al cumplir 13 años, nuestra religión te acepta como orador. Tenemos que usar estas capas con una cruz en la espalda cada vez salimos a los pueblos a buscar devotos o para orar al dios Arcane en los bosques. Los que no la usan la capa son mal vistos por otros oradores, significa que ocultan su fe, y pueden ser castigados. Nuestras capas azules son el símbolo de nuestra determinación. Según nuestra religión, mi padre era muy reservado. Las únicas veces que no la usaba era cuando estaba con mi madre, ella era la única que permitía que no la usara con ella.

Cuando escucho esas palabras, impresionado para después responder:

—Ya veo, tú no eres tan religiosa como tu padre. Bueno, al parecer tu madre tampoco lo era mucho, se nota. Pero ese tal dios Arcane, ¿Quién es? Recuerdo que tu padre lo mencionaba hasta en la sopa.

Lyra me mira sonriendo y responde:

—Es el dios de todas las cosas, el que creó la vida en la tierra, las plantas, el agua, el cielo y la tierra. Nosotros le oramos a la naturaleza, ya que ella nos da los alimentos, el agua, el sol, todo. La respetamos, ya que nos dio la vida y también nos permitió experimentar el poder de la magia.

Mientras escucho eso, bostezo un poco y luego respondo:

—Me recuerda a una religión de donde vengo en la práctica, pero lo que adoran es diferente. Bueno... creo que iré a dormir, Lyra... tengo sueño.

Me levanto y muevo a Klaus, que está en el suelo, despertándolo:

—No te vayas a quedar allí, tonto, no me haré responsable si te comen los lobos.

Escucho a Lyra hablar con un tono calmado, como siempre es propio de ella:

—No te preocupes, si quieren, yo me quedaré otra vez vigilando de noche. Ustedes descansen.

Preocupado porque no estoy seguro de si desvelarse le puede afectar, respondo:

—¿Estás segura? Si quieres, despiértame cuando no puedas soportar más, yo te relevaré.

Mientras camino, Iván también se levanta, sube a la carreta, y Klaus sube igual y se tira a acostarse. Entonces escucho a Iván susurrarme:

—Shh, me preocupa Lyra. antier, me tocó vigilar en la madrugada. Cuando me levanté, vi a Lyra en medio del campo de entrenamiento, como platicando con alguien. No sé si de verdad le haga bien quedarse tan tarde.

Escuchar eso me sorprende, pero a su vez, el sueño me estaba ganando. Caigo, empiezo a cerrar los ojos... hasta que todo queda en negro.

Continuará...

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