La carroza avanzaba ruidosamente. Nos habíamos despertado temprano para dirigirnos al siguiente pueblo, llamado Litio. Mientras nuestro Galvano se movía por un camino algo inestable entre los árboles, teníamos que usar atajos para despistar. En algún momento, podríamos encontrar algún caballero si íbamos por un lugar muy transitado. Entonces, le pregunté a Lyra:
—¿Cuidad Litio? ¿Cómo es? ¿Alguna vez fuiste a ese ciudad? ¿Crees que haya comida allí?
Lyra, sentada con una libreta en la mano, escribiendo, reaccionó y me respondió:
—Disculpe, joven Hiroshi, nunca he estado allí, pero varios de los devotos oradores que viajaban al principio con mi padre y conmigo vivieron allí. Me dijeron que en ese lugar están las mejores herrerías de la ciudad, las plantaciones de Milys más extensas que existen, y una biblioteca. Esto lo supe gracias a ellos, pero no sé en qué parte de la ciudad están ubicadas; no pude preguntarles antes de su despedida.
Mientras escuchaba lo que decía, Klaus, acostado en la parte trasera, le respondió a Lyra:
—Dicen que monstruos y bestias los atacaron. ¿Tan peligroso es el lugar donde se encontraban? Pensar que hay cosas así y que nosotros tengamos que lidiar con algo parecido algún día... es un fastidio...
Mientras Klaus hablaba, Iván interrumpió, rascándose la mejilla, y le preguntó a Lyra:
—Tal vez los monstruos sean territoriales, tal vez estaban protegiendo a sus crías. Digo, ¿los monstruos son como animales o me equivoco?
Lyra, escuchándolo, sonrió un poco. Lentamente guardó su libreta antes de responder:
—La verdad... no eran solo monstruos. También había animales eran venados, osos... incluso galvános, con un olfato increíble para rastrear personas. Era casi imposible escondernos. Es lo que más recuerdo... se comieron a muchos de nuestros compañeros. Con mi magia logré matar a la mayoría, pero ni siquiera congelándolos nos dejaron en paz, pero había algo peor una creatura que no quiero recordar. Apenas logramos escapar.
Iván, algo confundido, se tocó la barbilla con su mano y dijo:
—Es raro que varias especies quieran atacarlos sin importarle sus vidas... ¿No será que alguien los controlaba?
Lyra, pensativa, respondió con su suave voz:
—También pensé que alguien los controlaba, pero para hacer un hechizo de control suficiente para manejar un grupo de animales, no conozco ninguna magia de esa clase.
Entonces, Iván, con una expresión de felicidad e impaciencia, mientras sus ojos brillaban, se acercó mucho a Lyra y habló:
—¿Significa que existe una magia para controlar monstruos o animales? ¿¡Dónde se aprende eso? ¿Dónde puedo encontrar a personas con esa habilidad!?
Lyra, algo nerviosa, con una gota de sudor en su frente, visiblemente incómoda, se alejó un poco de Iván después responde:
—Sí, hay una magia que requiere mucho mana su objetivo es controlar a los monstruos contra su voluntad. El problema es que era imperfecta el monstruo o animal se volvía bastante agresivo, o por instinto se liberaban del trance. Por eso, esa magia fue relegada para animales de granja. A un así, manipular contra su voluntad a un ser vivo es horrible, por lo que me alegra que esa magia no sea efectiva y espero que desaparezca. Nadie debería aprenderla, ni siquiera tú, Iván. ¿Entendido?
Iván, desanimado, con un aura negra de resignación, se fue a una esquina diciendo:
—Está bien... Perdón, solo era una broma, Lyra...
Mientras Klaus se reía de lo que le había pasado a Iván, volví a mirar el camino y pude ver a lo lejos la muralla del pueblo, con una torre y una campana, varios edificios altos, y una gran cantidad de cultivos fuera de la muralla. Entonces exclamo:
—Escuchen, en unos minutos llegaremos al pueblo. Hay que divertirnos por nuestro esfuerzo en el entrenamiento. Ya deseo ver las armas; una espada sería grandiosa.
Klaus, algo irritado mientras se rasca la cabeza dice:
—Yo solo quiero ver si hay algo parecido a un cigarrillo, un poco de alcohol no estaría mal. Ya hace días que no tengo una buena fiesta.
En eso, Iván se exalta con ojos emoción exclama:
—¡¡Yo anotaré las especies que encuentre!!!! ¡¡Además, seguro los habitantes tienen una mascota diferente a las de nuestro mundo!!
Entonces, Lyra reaccionó con confusión y preguntó:
—¿Nuestro mundo?
Klaus ahorcó a Iván, evitando que hablara, mientras ponía una expresión algo molesta. Después le dijo a Lyra:
—¡No le hagas caso! Su madre lo sobrealimentó tan bien cuando era niño que la grasa a veces le impide pensar.
Un sentimiento de molestia inundo mi cuerpo aquello había sido un tropiezo por parte de Iván. Decir que veníamos de otro mundo no solo nos haría pasar por locos, también destrozaría la fachada de caballeros que con tanto cuidado habíamos construido. Todo era una mentira sostenida con alfileres... y él estaba a punto de romperla por su absurda obsesión.
En lugar de investigar cosas de biología, debería aprender a combatir. Este mundo le ofrecía una oportunidad real de cambiar su vida dominar la magia, entrenar su cuerpo, volverse alguien necesario en algo más grande que nosotros mismos.
Mientras Lyra los miraba la escena en silencio con una duda que podía verse a plena vista, entonces sonrió forzosamente para después decir:
—bueno, si ustedes dicen, pero cambiando de tema ustedes no harán nada de eso. Nuestra parada es en la biblioteca.
Nos sorprendimos por la propuesta de Lyra, y algo confundido, le pregunté por qué esa decisión. Ella respondió:
—Es lógico... No saben leer, ¿Verdad? En todo el viaje no han podido leer algunas informaciones del mapa, ni siquiera los letreros. Ya lo sospechaba cuando Iván me pidió que leyera la información del hospedaje que tuvimos en el primer pueblo. Tampoco saben mucho de la historia de este Reino, ni sobre la magia...
Nos pusimos nerviosos y, al mismo tiempo, avergonzados, para después escuchar a Klaus decir:
—Yo no quiero perder el tiempo en una aburrida excursión a la biblioteca; solo quiero encontrar un bar para beber un poco, y también fumar un cigarrillo o como se llamen aquí.
Mientras Klaus hablaba, Lyra lo interrumpió comentando:
—Señor Klaus, si no sabe leer, no sabrá qué le están dando de beber. También podrían jugarle alguna broma. Además, tal vez en la biblioteca haya información acerca de los cigarrillos que tanto menciona. ¿No cree que sería una ventaja para usted?
Klaus, se quedó callado, suspiró un poco y luego dijo:
—Está bien, mujer, tú ganas, pero después de esto nos dejarás hacer lo que queramos.
Lyra, lo miró sonriendo, suspiró y pregunto:
—Entonces, ¿es una promesa, señor Klaus?
Klaus, mientras se ponía los zapatos, le respondió:
—Sí, sí, lo prometo. Qué molestia, pero terminando en la biblioteca, podremos ir donde queramos.
Lyra, respondió con un tono algo serio:
—Está bien, pero mientras no se metan en problemas o el lugar no se torne peligroso, prométanlo todos. Y, por cierto, Iván, no uses tu magia en las ciudades ni frente a ningún soldado.
La expresión de Iván reflejaba confusión y dudas ante las palabras de Lyra. Yo también quería saber por qué era tan importante no mencionarlo, pero rápidamente volví a centrar la vista en el volante, ya que la carroza comenzaba a desviarse del camino. Mientras conducía, miré a los alrededores y noté varias casas dispersas fuera de la ciudad. Las personas que vivían allí estaban en condiciones deplorables; además, las plantaciones de maíz, en las que parecían trabajar, estaban visiblemente en mal estado.
Al llegar a la ciudad, nos recibió una muralla de piedras que protegía la entrada. Cuando nos acercamos, un hombre salió a nuestro encuentro y, con un tono reservado, comentó:
—Oh, hace tiempo que no recibimos a un caballero blanco aquí. ¿Viene por alguna misión o planea hospedarse?
Al escuchar eso, procedí a responderle:
—Vengo a hospedarme, traigo a mi familia conmigo para vacacionar. Espero que no tenga ningún inconveniente con eso, ¿verdad?
El hombre se puso nervioso y abrió las rejas del pueblo. Mientras entrábamos, observé a niños jugando con una pelota, vendedores mostrando sus productos como pociones, figuras e incluso alimentos. Había algunos carruajes tirados por caballos de piel oscura, que exhalaban aire con fuerza por sus narices. Noté algunos carruajes estacionados cerca de un pequeño edificio y entonces escuché a Lyra decir:
—Estaciónate cerca de los Sleipnir antes de que nos ganen el estacionamiento, joven Hiroshi. Es muy difícil encontrar dónde dejar nuestra carroza a veces.
Hice que nuestro Galvano caminara un poco más rápido y nos estacionamos perfectamente. Entonces, un chico se acercó y nos preguntó:
—Hola, caballero. Yo cobro por cuidar los carruajes. Si gusta, podría darme algo de dinero para mantenerlo seguro, si no le molesta, claro.
Mientras lo escuchaba, miré al chico y le pregunté:
—¿Cuánto será por tu servicio?
El chico me respondió sonriendo:
—Son 200 Vernalines por el día, señor caballero.
Alguien tocó mi espalda. Miré hacia la parte trasera del carruaje y vi la mano de Lyra dándome el dinero. Pagué y después bajé, abriendo la puerta trasera del carruaje y diciendo:
—Listos para bajar. No olviden no llamar la atención. Lyra, asegúrate de que al menos no vean tu cabello, usa la capa para pasar desapercibida.
Vi a Klaus bajar sin usar nada, procediendo a bostezar mientras se rascaba un poco el trasero. Entonces, hablé:
—¿Por qué no quieres usar tu armadura? Digo, podrías tener privilegios al igual que yo.
Klaus me miró, suspiró y lanzó unas palabras:
—Ya no tengo mi medallón, ¿recuerdas? No podré sacar dinero, además esa armadura es bastante incómoda y ya empezó a apestar.
Le respondí, sorprendido:
—¿Acaso no se la diste a Lyra para que la limpiara?
Entonces Lyra, con su suave voz, me respondió:
—El único que me dio su armadura para que la limpiara fue usted. El señor Klaus me dijo que me la iba a dar en algún momento, pero nunca lo hizo, aunque se lo pedí algunas veces.
Toqué el casco en mi cabeza, molesto, y luego dije:
—Entonces no se separen de mí. Vamos a preguntar dónde está la biblioteca, igual preguntaremos por algunos sectores que nos interesan.
Mientras caminábamos, preguntamos a varias personas sobre las ubicaciones. Preguntamos a vendedores mientras veía a Lyra comprar una peluca de color negro. También preguntamos a algunos guardias e incluso a algunas familias, hasta que llegamos a un edificio con un logo escrito en letras extrañas y con una imagen de un libro. Aun así, ya estaba bastante cansado; esta armadura hacía difícil moverse activamente. Entonces escuché a Lyra hablar:
—Bueno, es hora de entrar. Recuerden comportarse. Solo tomarán los libros que yo les indique para revisarlos... ¿Uh?
Lyra nos miró a Iván y a mí, pero Klaus no estaba en ningún lugar, entonces se quedó callada. Empezó a revisar su bolso donde tenía el dinero en efectivo y susurró:
—¿Cuándo fue que lo agarró...?
Vi que puso su mano en la cara, mostrando una expresión de molestia, y después dijo:
—¿Por qué ustedes... son así? La verdad, ya no sé qué hacer...
Mientras decía esas palabras, empezó a sentirse como si la temperatura bajara cerca de Lyra. Entonces respondí:
—¡Lyra! No te enojes, es más, iré yo...
En eso, Iván me interrumpió rápidamente:
—No, yo iré. Sabemos dónde pudo haber ido, así que no me será difícil encontrarlo.
Lyra suspiró, para poner una expresión seria, y luego dijo:
—Déjenlo. Sabremos de él si pasa algo. Mientras tanto, hagamos lo que venimos a hacer. Después de todo, este imprevisto no nos desalentará. Esto no se quedará así.
Entramos en la biblioteca, donde las estanterías estaban repletas de libros. La mujer que atendía nos dio la bienvenida y nos indicó en qué sección podíamos buscar.
Lyra comenzó a revisar los libros, devolviendo algunos a su lugar y entregándonos otros para que los sostuviéramos. En un momento, tomó un libro Naranja algo grueso y sonrió.
—Al fin, un libro sobre brebajes para cambiar las características del cuerpo. Quizás me ayude con mi cabello. Toma, Iván, no lo pierdas.
Se lo entregó a Iván, quien lo agarró aduras penas. De pronto, la escuché hacer una pregunta:
—¿Hay algún libro en especial que quieran? Ya seleccioné libros de magia, de historia del país, algunos para niños e incluso un libro sobre esta ciudad. Me pareció interesante lo que leí: antes de su construcción, esta ciudad era una zona minera con muchas cuevas que los enanos usaban para extraer ciertos materiales. En fin, les dejo los últimos libros a su gusto.
Iván, de repente, interrumpió emocionado acercándose a lyra.
—¡Quiero uno acerca de los monstruos, animales y de las plantas, por favor! ¡Me serviría de verdad!...
Escuchamos cómo la gente nos hacía "shhh..." para que guardáramos silencio, entonces Iván se puso nervioso y se calló inmediatamente. Lyra, algo nerviosa, sonrió mientras le respondía:
—Guarda silencio, tranquilo, con gusto buscaré un libro de monstruos. ¿Y tú, Hiroshi, qué libro quieres que te lleve?
Entonces interrumpo antes de que ella buscara un libro para mi entonces digo:
—No, no hace falta, con lo que tenemos será suficiente. ¿Tú tranquila, sí?
Mientras llevábamos los libros a una repisa, empezamos a revisarlos antes de comprarlos. Entonces vi el logo con espadas y diversas armas en la portada y le pregunté a Lyra:
—¿Este libro trata de armas mágicas o armas comunes, Lyra?
Lyra, vio el libro que yo había agarrado y, mientras miraba las hojas, me contestó:
—Tomé este libro porque enseña las distintas armas que se conocen en el mundo, pero también enseña cómo usar magia en tus armas, como espadas, lanzas, flechas, escudos. También cuenta sobre los siete objetos sagrados que fueron usados en batallas, como Excalibur, el Ryujin, Gáe Bolg.
Mientras la escuchaba, le pedí que se detuviera antes de cambiar de página para poder ver las armas sagradas que mencionó. Miré la espada Excalibur: era una espada larga con diamantes en el manto, de color púrpura y verde, mientras que el filo tenía un color azul marino... era una belleza. Mientras, el Ryujin era como un bastón dorado... La belleza de estas armas me cautivó, así que comenté:
—¿Sabes algo de la Excalibur, Lyra? Digo, ¿algún rumor o dato que sepas?
Entonces, Lyra se puso a pensar para luego responderme:
—Hay un rumor de que los Caballeros del León Blanco la tienen bajo su custodia. Quizás alguno de sus miembros la usa.
Mientras mi cara se pone desanimada, miro a Iván viendo un libro con una imagen en la portada de un dragón, entonces procedo a hablarle:
—¿Animales, cierto? Lo noto por tu cara de emoción.
Mientras sonrío, él me responde:
—Claro, hay muchos monstruos y animales aquí. Hay dibujos de tigres, aves, incluso bestias mitológicas como algo parecido a una arpía, un minotauro, e incluso un dragón de distintos colores. Hay uno que más me llama la atención, un dragón oriental dorado.
Mientras pongo atención a Iván, escucho a Lyra comentar:
—Bueno, dentro de algunos minutos nos iremos. Ya llevamos más de tres horas aquí, además tenemos que buscar al problemático señor Klaus...
Miro la mirada de Lyra, cómo su rostro se torna desanimado por un momento, pero después vuelve a poner una sonrisa para sentarse en una mesa a revisar el contenido de los libros. Mientras Iván sigue pegado al libro de los monstruos, me siento cerca de Lyra. Mientras la miro, pienso un poco: ¿Le pregunto? Quizás deba iniciar con un tema distinto para después sacar ese tema... ahora es el momento.
—Una pregunta, Lyra. Sobre la plática de ayer en la noche, dijiste algo de tu madre. ¿Cuéntame cómo es ella?
Lyra se sorprende por la pregunta, para después poner una cara melancólica.
—Mi madre siempre fue una mujer amable y comprensiva conmigo. Cuando mi padre no estaba, solía jugar conmigo a solas, ya que los niños del pueblo donde vivíamos me tenían miedo o me trataban mal por mi cabello. Nunca me amenazó ni me obligó a seguir nuestra religión al pie de la letra. Por eso, en ocasiones discutía con mi padre, aunque siempre lograban reconciliarse. Con el tiempo, mi padre dejó de pelear con ella, y ambos llegaron a llevarse muy bien.
Años después, mi padre me llevó a distintos lugares para aprender diferentes tipos de magia. A causa de eso, dejé de ver a mi madre por mucho tiempo. Cuando cumplí 15 años, ella partió de viaje junto con otros oradores para vivir en la ciudad de Castleya. Se suponía que iría a verla una vez terminara mi entrenamiento, pero nuestro país entró en conflicto, y todas las vías de acceso al exterior quedaron cerradas.
Sin embargo, hace un mes se supo que los conflictos habían cesado. Ahora tengo 18 años, y estoy emocionada por reencontrarme con mi madre. Estoy segura de que estará orgullosa de verme convertida en toda una mujer. Además, me acompañará a la ceremonia, donde espero cumplir con éxito. Si lo logro, el gobernante nos otorgará la ciudadanía en esa ciudad, y nuestra religión será respetada como parte de la ley.
Mientras escucho eso, lentamente, algo nervioso, pregunto con temor:
—¿Cómo sabes que tu madre está allá? ¿Tan siquiera te contactaron? ¿Qué tal si les mintieron?
Veo a Lyra sacando algo de su blusa; era un sobre, una carta. Mientras la mira, me responde:
—Lo sé porque he recibido cartas de ella cada año. Tiene su letra, su gramática es la misma, incluso menciona a personas de la aldea... Ella sabe todo, es ella...
Miro la cara triste de Lyra, y después le digo:
—Entiendo. Otra pregunta, Lyra. ¿Estás segura de viajar con nosotros? ¿Te molesta algo?
Lyra se queda en silencio para luego responder con una voz que parecía temblar ligeramente, aunque intentaba disimularlo con una sonrisa apresurada.
—Claro que sí, ¿p-por qué no lo estaría? Ustedes no me molestan, ¿Sabes? Creo que ya es tarde. Deberíamos acomodar todo para llevárnoslo; está a punto de oscurecer, joven Hiroshi.
La miro en silencio mientras se para y se aleja con los libros. Suspiro y murmuro:
—Eso pensé... Creo que la fastidiamos. Normal, con lo que pasó, cómo se comporta Klaus, cómo Iván se pone muy pesado con sus arranques de felicidad, y la pelea que tuve con Klaus... La llevamos al límite. Creo que al final somos unos espanta viejas...
Me levanto, e Iván agarra los libros. Uso mi medallón para poder pagar los libros. Mientras salimos de la biblioteca caminamos, pero a lo lejos parece verse humo en una parte del pueblo. Todas las personas que pasan miran en esa dirección. Entonces, Iván comenta:
—Es mejor buscar a Klaus. Tengo un mal presentimiento... Debe de estar en algún lugar tomando alcohol, es lo típico de él... No se vaya a meter en problemas.
Suspiro y respondo con un tono cansado:
—Es lo típico de él. Bueno, uno se acostumbra. Lyra, yo lo buscare, no te preocupes. Como fue sin armadura, con sus características no será muy difícil de encontrar.
Le doy los libros que cargaba a Iván rápidamente y me voy corriendo. Mientras me distancio de mis compañeros, escucho decir:
—¡Espera... No te vayas...!
Mientras corro rápidamente, en mi mente sigo pensando: ya no quiero que nosotros le causemos problemas a Lyra... Klaus, espero que no tengas nada que ver con el incendio...
Continuará...