Se escucha el sonido de la puerta al cerrarse en una habitación tenebrosa y oscura, donde se veían unas rejas que contenían a personas esposadas. Había ancianos, adolescentes, bandidos; pero a lo lejos, en una de las celdas, se podían observar cinco personas dos con capa negra y tres con capa azul, también encerrados. Se podían visualizar a dos guardias con lanzas y un emblema de león en sus trajes, conversando mientras estaban sentados vigilando. Entonces, entre ellos comentan:
Primer soldado:
—Ya hace cinco días desde que ocurrió el incidente. El barón Alistair y su escuadrón no pudieron encontrarlos. Detuvieron a muchas personas que ni siquiera sabían leer o escribir. Después de todo, los que vinieron de otro mundo y fueron capturados dentro del Arcanium. Al parecer, en ese mundo tienen un lenguaje similar al nuestro, pero su escritura es muy diferente por eso arrestaron incluido a analfabetas para interrogarlos.
Segundo soldado:
—No sabía lo de la escritura. Aun así, supe que lograron obtener sospechosos. Entre ellos están esos dos con capa negra que intentaron hacerse escándalo, escapando y usando trucos como bombas de gas, escondiéndose mientras los caballeros los perseguían. Pero no duró mucho, en solo minutos los capturaron sin problemas. Resultó que solo eran un grupo de oradores que buscaban distraer.
Los hombres uniformados siguen dialogando. Entonces, me acerco más para llamar su atención y evitar que pierdan el tiempo entonces ellos notan mi presencia.
—Saludos, barón Alistair, un gusto verlo por esta área.
Suspiro al escuchar la voz de los soldados y, después, les indico con las manos que se sienten. Luego, me acerco a las personas con capa azul entrando en la celda. En ese momento, destapo el rostro de uno, revelando su cara lastimada. El joven rubio, con expresión seria, se dirige a él.
—Alder, ya han pasado varios días sin comer. Esta tortura terminaría si nos dijeras lo que queremos. Está claro que causaste todo ese alboroto para despistar a nuestro grupo. No solo eso, secuestraron una cantina y robaron durante el proceso. Me informaron que falta uno de sus miembros; se fueron con tres sujetos, dos de ellos con armaduras. Es bastante claro que están involucrados con ellos y, lógicamente, sabes hacia dónde se dirigen.
Mientras miro seriamente al viejo Alder, él me sostiene la mirada antes de pronunciar unas palabras:
—Nunca podrás quebrarnos. Nosotros somos fieles a Arcane. Ellos cumplirán su misión y la paz regresará a nuestro pueblo. Encontraremos nuestro lugar. Nunca doblegarás nuestra voluntad, menos alguien como tú, que vienes de una sangre traidora, Alistair.
Al escuchar eso, sonrío y luego me doy la vuelta, caminando hasta situarme frente a los guardias. Con calma, les digo:
—Denles de comer. En el estado en que están, posiblemente solo resistan un día más antes de morir. No nos sirve de nada que mueran; no obtendremos la información que necesitamos. Tarde o temprano tendrán que hablar...
Tras esas palabras, salgo de la habitación y recorro el pasillo hasta llegar al elevador tomándolo. Mis pensamientos no me dejan tranquilo: ¿Cómo es posible que nos hayan burlado tan fácilmente dentro de las instalaciones? ¿Qué pasará si obtuvieron información y la revelan al mundo? Seguramente los tratarían como locos... pero, si se hacen pasar por caballeros, no los tomarán a la ligera. Mientras continúo reflexionando, murmuro en voz baja:
—Esto es un problema... Parte de nuestros soldados reunieron información en los pueblos cercanos. Usaron el medallón de nuestros compañeros caídos para hacer compras en Valen, un pueblo pequeño. Incluso uno de los escuderos, o un discípulo de caballero, fue herido por ellos. Al parecer, también están buscando formas de despistarnos...
El ascensor se detiene y se abre en el tercer piso. Mientras avanzo por los pasillos, veo a dos caballeros. Ambos llevan armaduras blancas, con cascos diseñados como la cabeza de un león. En el pecho, se puede ver la imagen de unas garras grabadas en el metal, junto con un escudo que muestra a un león rugiente. Son miembros de la Guardia Leonina, los mejores caballeros de leones blancos. Aunque están por debajo de mí como duque, suelen trabajar como mercenarios o directamente para el rey. Uno de ellos me saluda:
—Hola, barón Alistair. Disculpe la interrupción, pero venimos acompañando al rey. Ha recibido un mensaje sobre el incidente en este cuartel. Lamentamos no haberle avisado antes de nuestra llegada.
Mi rostro se torna pálido, y una sensación de nerviosismo me invade. Intento responder rápidamente:
—¿En serio? ¿Quién envió la carta?... No me digas...
Me apresuro a entrar en la habitación de huéspedes. Allí, veo a Sirgurd bebiendo un poco de vino en el sofá, pero mi atención se dirige hacia otro sillón cercano a la chimenea, donde está sentado el rey Arlet. Al verlo, mi semblante se desmorona. Hago una reverencia y, tras un suspiro, le pregunto con respeto:
—Buenos días, su majestad. ¿Qué lo trae por aquí? Disculpe la pregunta tan repentina.
El rey me observa fijamente. Su bigote y barba, algo largas, resaltan su imponente presencia. Viste un traje verde con una capa roja que lleva el emblema de un león, y sostiene un bastón. Mientras se levanta, comenta:
—Supe que algunos extranjeros traídos por la máquina Arcanium escaparon. He venido a inspeccionar las instalaciones y a hablar contigo sobre este asunto, barón Alistair. Sinceramente, dejar que se escaparan fue un error.
Al escuchar sus palabras, trato de justificar mi incompetencia, hablando con lentitud:
—Disculpe, rey Arlet, pero escaparon matando a algunos de los nuestros y se hicieron pasar por caballeros de esta ciudad. Por eso ordenamos cerrar y vigilar toda la ciudad de Crestha para evitar su huida, pero fueron ayudados por un orador. Tengo una...
El rey me interrumpe, cerrando los ojos mientras comenta:
—Si se tratara de criminales comunes que hubieran robado alguna tienda, no me importaría tanto. Pero esas personas no solo salieron de aquí, sino que vienen de otro mundo. Si llegaron a obtener información sobre otros asuntos del cuartel, podrían ser interceptados por el reino de Morgath. Por suerte, el mar se interpone en su camino y la frontera está bloqueada desde la tensión de hace más de una semana. Aun así, podrían unirse a los pueblos opositores a mí. En ambos casos, los interrogarían y podrían revelar nuestra forma de obtener maná, además de otros secretos que guardamos en nuestras instalaciones.
De pronto, escucho reír a un hombre pelirrojo que lleva una camisa negra sin armadura. Luego dice unas palabras:
—Mi rey, yo puedo capturarlos. Puedo hacerlo solo. Deme algunos caballeros blancos y los traeré muertos o vivos, como usted lo desee. Yo no soy tan descuidado como Alistair.
Lo miro, algo molesto, mientras el rey lo observa y le responde:
—Sirgurd, gracias por tu ofrecimiento. Puse un poco de orden aquí, ya que este error es demasiado problemático. Ya tenemos tensiones con el reino de Morgath por la pertenencia de la reciente isla Lumora. Después de todo, es importante para nosotros, militarmente hablando. Es un tesoro; allí podríamos crear cristales de maná, aunque de manera limitada. Además, ha habido incontables avistamientos de espíritus. Por eso es crucial que no nos dejemos intimidar.
Sirgurd se levanta, hace una reverencia al rey y exclama:
—Déjeme esta misión, su majestad. Puede confiar en mí. Haré que todo funcione como debe ser aquí; nadie desobedecerá. Además, acabaré con los fugitivos.
Lo miro, nervioso y molesto, mientras escucho al rey decir:
—Sirgurd, te agradezco el ofrecimiento, pero seguiré confiando en el barón Alistair. Quiero darle una oportunidad más. Si me falla, entonces te encargaré a ti las instalaciones y la captura. Pero por ahora, quiero que capturen al grupo en una semana. Alistair, si no lo logras, degradaré tu estatus y serás transferido a otro sector, a si que evita fallar en la misión y no deshonres a tu padre.
El rey sale por la puerta mientras miro a Sirgurd, quien está sorprendido e impactado. Su plan había fracasado, aunque no del todo; el rey me ha mostrado paciencia. Aun así, decido dirigirle unas palabras:
—¿En serio fuiste tú quien envió la carta? Eso fue muy bajo de tu parte. He perdido la confianza del rey por tu culpa.
Empiezo a sacar mi espada. Tiene unos diamantes en el mango y un filo de color azul. Apunto al cuello de Sirgurd, y él procede a reír mientras dice:
—¡¡jajajajaja!!, tranquilo, ya estoy a unos pasos de mi objetivo. Solo estás aquí porque tu papi era especial; creen que tú también lo eres por eso. Tu padre contribuyó al mejoramiento del entrenamiento militar, pero no eres más que la sombra de él.
Mientras escucho eso, mi espada empieza a formar electricidad. Lo miro, enojado, dispuesto a atacar.
—¿En serio quieres comenzar una pelea? Sabes que entre duques no podemos pelear, a menos que quieras que este edificio y gran parte de la ciudad sean destruidos en el proceso.
Al escuchar eso, detengo el maná eléctrico de mi espada, la bajo y la guardo, mientras miro incómodo a Sirgurd, que camina hacia la puerta, pasando a mi lado.
—Sabía que te contendrías. Me encantó ver tus rayos; con esa aura tan rara que tienes, no hay duda de por qué te llaman "el relámpago dorado".
Observo cómo se aleja lentamente, mientras miro al suelo y murmuro en voz baja:
—Demonios...
Mientras tanto, en un bosque...
Se escuchan los sonidos de los pájaros. Un chico de cabello lacio y castaño está solo, intentando manipular el fuego. Cada vez que usa su mano, aparece un pequeño fuego minúsculo; a veces surge uno más grande, pero desaparece al instante. se aleje algunos metros para evitar quemarse. Entonces el chico dice:
—Mierda, llevo horas aquí y es el último día. Mañana nos vamos, y sigo estancado en esta parte. Al menos no soy Iván, que no ha logrado regenerar la parte del pez herida... Y luego está Klaus...
Mientras pienso, algo molesto, escucho a Lyra decir:
—¡Grandioso! Lo dominas en solo tres días. Pudiste lograr los tres pasos para adquirir el nivel uno.
Me asomo y veo a Klaus algo cansado, mientras Lyra aplaude sonriente. Entonces escucho a Klaus decir:
—Fue bastante difícil. Con cada hora sentía que avanzaba. La tierra que movía era mayor, hasta que pude hacer montículos. Después empecé a extraer más, al punto de que, al final, pude crear uno lo suficientemente grande como para que, al empujarlo, golpeara un árbol.
Klaus se acuesta en el suelo y suspira, exhausto. Entonces Lyra le trae un vaso de agua, luego gira su cabeza en mi dirección e intenta disimular que no me está mirando. Sigo con mi entrenamiento, y escucho la voz de Lyra a mi espalda:
—Señor Hiroshi, tenemos que hablar. Sé que no es de mi incumbencia sus problemas personales o que el señor Klaus pueda ser un poco incómodo, pero sé que, en el fondo, usted quiere arreglar las cosas.
Mientras habla, sigo intentando hacer una llama más fuerte. Después suspiro y digo:
—Escúchame, Lyra. Ese tipo te ha estado molestando a ti y a Iván; a mí no me respeta, siempre me lleva la contraria. No tiene ni ética ni moral. ¿Cómo puedo ser amigo de alguien así? Al menos Iván nunca intenta herir o hacerte sentir mal.
Entonces Lyra me jala de la camiseta para mirarme y decirme:
—En tiendo eso ¿Pero qué necesidad hay de insultar a su familia? Ellos no tienen nada que ver con su problema.
Cuando escucho eso, me quedo en silencio, pensando que tenía razón; eso fue muy bajo de mi parte. Creo que exageré las cosas al decir eso, ya que él nunca se metió con mi familia. Suspiro, me siento y comento:
—Está bien, hablaré con él. Será difícil, pero intentaré mantener la calma. Le pediré disculpas.
Lyra sonríe y luego toca mi mano.
—Gracias, Hiroshi. Hablaré con Klaus para ponernos de acuerdo y arreglar las cosas.
Entonces la interrumpo, la miro sonriendo y le toco el hombro. Luego digo:
—No lo hagas, yo me haré cargo. Esto es entre él y yo.
Lyra, algo preocupada y dudosa, responde:
—Sí... está bien, Hiroshi. Bueno, iré a ver al joven Iván.
Entonces la joven Lyra se despide de Hiroshi empieza a caminar en dirección rumbo a la carroza, donde se ve a Iván con un pez diferente a los de los últimos días. Lyra se acerca por detrás y lo toca en el hombro. Iván se sorprende y dice:
—Lyra, eres tú. Creo que he mejorado un poco. He intentado recordar lo que me dijiste sobre pensar en mi cumpleaños o en momentos felices, como los que pasaba con mi padre y mi madre...
Mi rostro se entristece, y luego seco mis lágrimas. Entonces veo a Lyra sonreír y preguntarme:
—¿Cómo eran tus padres? No conozco la relación que tenías con ellos.
Suspiro y luego le respondo algo triste:
—Siempre tenía problemas en la escuela. Ellos siempre se preocupaban de si tenía hambre o necesitaba algo para la escuela... Los recuerdo...
Ivan recuerda su experiencia de niño se escucha a un niño abrir la puerta de una casa. Había un televisor, una mesa, un árbol de Navidad y un tendedero donde el niño dejaba su mochila. Mientras en la televisión se mostraban muñecos de dinosaurios, el niño grita:
—¡Ya estoy en casa! ¡Mamá! ¿Qué hay para cenar?
Mi madre, en la cocina, me responde contenta por mi regreso. Me sirve de comer mientras disfruto, y veo a mi padre salir del cuarto para cenar. Entonces escucho a mi madre preguntarme:
—¿Cómo te va en la escuela? ¿Hiciste amigos? Casi no hablas de eso, me da curiosidad.
Nervioso, respondo mientras miro hacia abajo y como la sopa:
—No pasó nada, solo que el profesor de matemáticas no vino. Tú tranquila.
Entonces mi madre me mira, luego observa mi cuello y se acerca. Empieza a desabrocharme la camisa, y yo intento cubrirme con fuerza, pero ella ve el moretón. Una lágrima se me escapa mientras ella, enojada, dice:
—Iremos a la escuela pasado mañana para que hagan algo. No puedo creer que toquen a mi hijo. Voy a regañarlos, no me importa si los padres los defienden.
Mientras escucho eso, intento comer rápido para luego irme a la cama. Pienso profundamente: ¿Qué voy a hacer ahora? Si van, seguro no cambiara nada. Esa estúpida escuela siempre me amenaza o me humilla cuando intento acusar a la banda de chicos, me dicen que soy una niña por acusar... Todo el salón también.
—bueno mama, papa tengo que irme hacer tarea...
A la mañana siguiente Intento ir a la escuela con normalidad; nadie me hablaba. Los chicos de la esquina murmuraban, pero no sabía qué decían. Entonces pensé: Seguro me usarán de puerquito de nuevo. Antes intentaba defenderme, pero siempre me ganaban en número. Si lastimaba a alguno, el regañado sería yo.
Luego entra el profesor para empezar a impartir clases. Mientras explicaba, miraba por la ventana, imaginando ser algo que me ayudara a escapar de esta realidad. Veo unas ardillas en los árboles y pienso: Debe ser genial vivir libre, explorando lugares, viendo a todos los animales de la zona. Ser un cocodrilo sería grandioso; nadie se quiere meter con uno.
En eso, escucho la voz del profesor devolviéndome a la realidad:
—¡Busquen equipos de 5 integrantes rápido y resuelvan este problema!
Mientras observo, veo que todos se están reuniendo en grupos, y yo me quedo solo. Nervioso, intento unirme, pero todos me dicen que el equipo ya está completo. Ni siquiera pregunto al grupo donde están los que siempre me molestan. Intento hacerlo solo, pero no puse atención al problema de matemáticas y no sé qué hacer. Entonces digo:
—Mierda... Tendré que esperar a que terminen las clases... aún queda el siguiente profesor. Ese idiota se burla de mí y hace que canten mi apodo para humillarme.
Finalmente, llega el día. Mi madre está hablando con el director. Ella nunca me permitió hablar, simplemente no quería escucharme. Mi padre, callado, tampoco expresa mucho. Salimos de la oficina y nos dirigimos al carro. Mi madre dice:
—No dejes que te toquen de nuevo. ¿Por qué nunca dices nada? Tú eres fuerte, tienes que hacerte respetar, claro, no violentamente.
Empiezo a llorar, pero ella seca mis lágrimas mientras me da un chocolate y enciende el carro...
Después de recordar todo lo que pasó, las lágrimas comienzan a correr por mi rostro. Entonces abro los ojos y veo que mis manos tienen un aura blanca. Lentamente, la herida del pescado comienza a cerrarse.
—¡Lyra, lo estoy haciendo! Sí pude, ¡mira!
Lyra, sorprendida y alegre, responde:
—Muy bien, joven Iván. Veo que tienes potencial. Pensar en cosas negativas no te ayudará.
Mientras hablamos, escuchamos un sonido fuerte, como si algo de madera hubiera sido golpeado. Nos giramos, mirando hacia atrás, confundidos. Nuestros rostros muestran sorpresa ante la escena que acabamos de ver...
Continuará...