Se escucha una campana en la escuela, marcando el inicio del recreo. Los estudiantes juegan en el patio de sus aulas; algunos practican fútbol, otros juegan al gato y al ratón. Lentamente, se observa a un niño con lentes y uniforme escolar salir del salón. Camina hacia la parte trasera de su aula, donde no hay más que un área cubierta de maleza. Entonces, empieza a hacer un pequeño sonido mientras saca una lechuga de su mochila. De pronto, un conejo sale corriendo de un agujero y se aproxima al niño, quien procede a decir:
—Hola, Bonny, te traje esta comida. Hoy te vi mucho por las instalaciones de las aulas. Ten cuidado, la última vez te golpearon con una roca.
El niño saca su bolsa de frituras y come un poco mientras observa al conejo comer cerca de él. Luego comenta:
—¿Te gusta, verdad? Parece que te quedas aquí más de lo usual, Bonny. ¿No tienes amigos o algo por el estilo?
De pronto, el conejo se aleja lentamente de mí, y lo veo correr y esconderse en la maleza. Entonces, escucho una voz.
—Oye, estúpido Pitufín Iván. ¿Otra vez solo? ¿Acaso nadie te quiere?
Algo molesto, pero a la vez nervioso, contesto:
—Déjenme en paz. Desde el primer año me están molestando. ¿No se aburren o tienen a alguien más a quien hacerle la vida imposible?
El chico grandulón se acerca a mí y, con la mano, tira mi bolsa de papas al suelo. Esto me molesta; aprieto los puños mientras el grandulón me grita:
—¿Y qué harás? ¿¡Qué me vas a hacer, Pitufín!? ¿Llorarás con tu mami?
Me empuja con fuerza, casi tirándome al suelo. Yo era el menor en estatura de mi salón, donde éramos siete chicos y diez chicas. Desde que entré a esta escuela, siempre es lo mismo... Mientras estoy en el suelo con la camisa llena de tierra, intento levantarme y digo:
—Siempre me molestas, ¿No tienes a quién más fastidiar? Siempre me buscas, no sé cómo me encuentras, Emanuel...
Uno de ellos recoge la bolsa de papitas y, mientras estoy de rodillas, me la tira en la cabeza. Las frituras caen lentamente, como en cámara lenta... Todo se pone en blanco...
¡¿Ah?! Respiro con dificultad, sintiendo que el aire me falta. Mis ojos, aún algo borrosos, miran confundidos las manos sobre el plato con el pescado cortado. El chico de cabello negro, claramente alterado, parece haber notado mi desconcierto. Se limpia los ojos con la palma y, tras un breve suspiro, comento:
—No es momento de perder el tiempo... No hemos logrado nada, llevamos un buen tiempo intentándolo...
En ese momento, escucho la voz suave de una chica detrás de mí diciendo:
—¿Pudiste lograr algo, Iván?
Nervioso, tartamudeo mientras intento moverme rápidamente para ocultar el plato antes de que lo vea. Al darme cuenta de mi reacción, respiro hondo y contesto apresuradamente mirando a la chica.
—No te preocupes, aún está en proceso, pero voy bien. Lamento si tardé.
Lyra, suavemente y relajada, me responde:
—No te preocupes, los chicos también están teniendo problemas. Klaus apenas puede mover una pequeña cantidad de tierra del tamaño de una piedra, mientras que Hiroshi apenas logra generar una llama en sus dedos, como si fuera un fósforo.
Me siento cada vez más nervioso al pensar en lo geniales que son ellos. Ya han logrado controlar sus habilidades, mientras que yo aún no soy capaz de unir ni una parte del corte del pez. Me siento como si me estuviera quedando atrás... Aún tengo tiempo, ¿verdad? Decido preguntar a Lyra cuánto tiempo ha pasado desde que comenzamos. Ella, con calma, responde:
—Tres horas desde que empezamos. No hubo gran avance, pero es normal; son nuevos en esto. Tu magia es más complicada porque es solo de curación. Tengo entendido que también tiene tres fases desgraciadamente solo se lo la fase inicial. Así que lamento no poder ayudarte más.
Al escuchar lo que dice Lyra, pregunto:
—¿Cómo lograste que ese señor te enseñara? ¿Cuánto tiempo tardaste en aprenderlo?
Lyra coloca su dedo en la boca, mirando hacia arriba, y responde:
—Bueno, todo comenzó......
En un camino del bosque, la hierba se veía abundante. Se escuchaba el grito de una niña mientras era arrastrada por un hombre con una capa que llevaba la imagen de una estrella. La niña, con el cabello blanco y una túnica holgada, gritaba mientras se acercaban a un establo.
—¡¡No quiero ir, papa, por favor! ¡me dan miedo esos animales que hay aquí!!
El hombre con capa la sujeta con firmeza y la lleva adentro. Luego la sienta en la paja, le toca los hombros y le dice:
—Por el gran Arcano, ¿puedes dejar de gritar? O cuando volvamos a casa te prohibiré jugar con tus mascotas.
La niña casi empieza a llorar, pero se esfuerza por contener las lágrimas. Se limpia la nariz con la manga y, con los ojos algo enrojecidos, dice lentamente.
—Pero Pachi se sentirá solo si no juega conmigo... ¿Por qué eres tan malo?
Entonces el hombre comenta, secando las lágrimas de la niña.
—Si te importa tanto Pachi, deja de llorar para que puedas jugar con él.
Se escucha la voz de un joven de ojos castaños, con guantes y un bicornio en la cabeza, que lleva una cubeta en la mano al entrar por la puerta. Saluda:
—Hola, señor Alder. Espero que haya tenido un buen día. ¿La trajo? Veo que es una niña muy saludable... Y también veo que era cierto lo de su cabello. Espero que el trayecto, tan lejano y difícil de cruzar, no les haya causado problemas. ¿Se aseguró de que nadie lo siguiera?
Alder contesta mientras acaricia el cabello de la niña.
—No, nadie me siguió. Tomé el atajo que me dijiste. Sobre ella, sí, por eso a veces le ponía una peluca cuando iba a la escuela monástica, pero se salió después de un año... Sin embargo, el gran Arcano nos dio una oportunidad más para que esta niña sea de beneficio para nuestra gente.
Entonces el hombre responde con una sonrisa:
—Entiendo, quieres que le enseñe magia de curación, ya que soy el único en este pueblo cercano que puede hacerlo, aunque no todos pueden soportar el entrenamiento.
Alder comenta mientras le agarra las manos al hombre y sonríe al decirle:
—Ella es muy buena con la magia, es muy diferente de la mayoría de los que entrenaste. Ha aprendido varias magias. Por favor, te la dejo a tu cargo; el gran Arcano te lo recompensará.
Entonces la niña quedó sola con el hombre, quien la mira y luego sonríe. Le lanza una cubeta a las manos y le dice:
—Agárrala. Vamos a alimentar a los basiliscos. Tendrás que trabajar para que te enseñe, ¿no es así?
Me seco las lágrimas y camino con la cubeta hacia donde está el hombre. Él me pregunta:
—Buena chica, ¿Cuántos años tienes?
Responde, algo nerviosa mientras un poco de lagrimas salían de mis ojos:
—Tengo doce años... snif snif.
El hombre, sorprendido, empieza a llenar la cubeta con filetes mientras comenta:
—Ya estás grande y aún te comportas así, qué ironía... Bueno, toma, ayúdame a llevar las cubetas.
Mientras caminamos por pasillos al aire libre, llegamos a un corral donde se ven dos gallos gigantes. Detrás de ellos, se puede ver una serpiente, como si saliera de detrás de ellos. Entonces pregunto:
—¿Qué son esas aves? ¿Por qué tienen una serpiente detrás?
El hombre responde mientras tira los filetes de la cubeta. El gallo gigante se da la vuelta y la serpiente en su cola empieza a comer las chuletas. Con la cara impactada y llena de miedo, comento:
—¿No se suponía que el pollo es la cabeza?
El señor responde amablemente:
—No, la serpiente es la verdadera. El basilisco tiene una visión compartida; normalmente habita en cuevas. Su visión térmica le ayuda a cazar. Bueno, ahora es momento de alimentar a Warshe.
Mientras camino con el señor, llegamos a un corral con barrotes de acero. Entonces veo a una especie de lagarto grande, en cuatro patas, salir de su choza y acercarse a los barrotes. Con algo de miedo comento:
—Es un dragón, no me gusta su mirada, me da miedo...
El señor ríe mientras arroja comida, y yo intento lanzar una chuleta sin acercarme. Entonces, el señor contesta con una sonrisa.
—No es un dragón. Aunque ambos también llevan el nombre de lagartos, son diferentes. Este no tira fuego, pero tiene una mordida muy peligrosa y es venenoso. Si quiere, puede oler a las personas a solo 50 metros de distancia en un rango considerable. Normalmente, los caballeros blancos los piden para cazar o atrapar criminales.
Cuando termina de alimentarlo, prosigo diciendo:
—Vaya, señor, sabe mucho. A pesar de que hay animales que se ven feos, no me parecen malos.
El señor continúa caminando para alimentar a más animales. Después de dos horas de trabajo, comienzo con mi entrenamiento. Coloca un pescado en un plato, y tras varios minutos intentándolo sin avanzar, me desanimo. Entonces, molesta, digo:
—No pasa nada, no hay ningún efecto como en las demás magias. ¿Se supone que tengo que cerrar esta herida en el pez?
El hombre se acerca con calma, coloca una mano pesada pero cálida sobre mi hombro, y, con un gesto paternal, acaricia mi cabello blanco. Con voz profunda y serena, dice:
—Tienes que calmarte. Encuentra la paz por dentro, intenta pensar en tus familiares, en momentos lindos que hayas tenido; eso ayuda a que tu mana se sienta como el mío.
Inflo mis mejillas mientras sigo intentando, cierro los ojos y suspiro. El primer día fracasé. Al siguiente, seguimos con la misma rutina: barría, alimentaba a los monstruos y seguía intentándolo. Pasaron doce días sin sentir progreso, lo cual me desanimaba.
—No lo voy a lograr, aún no avanzo nada... además, no sé cómo se ve la energía de curación.
Entonces, una mano toca las mías, que estaban sobre el pez, y un aura blanca, algo luminosa, se manifiesta. Él retira su mano y, al mirar el pez, veo que la cortadura ha desaparecido. Luego me dice:
—Recuerda pensar en esos momentos que te mencioné. Si te sientes relajada y te sumerges en esos pensamientos, la probabilidad de que lo logres aumenta.
Sorprendida, comento:
—Pero yo no tengo... no tengo amigos, mi padre casi no convive conmigo, y la gente me trata mal por cómo soy.
Entonces el señor con una sonrisa se acerca a mi respondiendo:
—Siempre hay esos momentos. Adelante, sé que puedes.
El señor me dedica una sonrisa, y algo en mi interior se enciende. Mis ojos brillan levemente, y, sin poder evitarlo, una pequeña sonrisa de determinación aparece en mi rostro. Pasaron cuatro días más... Seguía allí, esforzándome por curar la herida del pez. Con las manos sobre él y los ojos cerrados, comencé a reflexionar: Esos momentos que me hacen tan feliz... Todo lo que vi es sufrimiento, pero la vez que mi madre me regaló una corona de flores... la vez que comí un chocolate... que adopté a Pachi... las veces que pasé con el señor...
Mientras sigo con los ojos cerrados, unas voces se escuchan cerca de mí, con un eco profundo, diciéndome:
—No estás sola, nunca lo estás.
Abro los ojos, sorprendida, mirando hacia los lados sin reconocer la voz. Entonces, miro mis palmas y veo un aura blanca débil. Grito:
—¡Señor, venga a ver! ¡Lo hice!
El hombre viene corriendo, entra por la puerta, me sonríe y acaricia mi cabello. Después, se apaga la energía, y él dice:
—Buena chica, lo lograste después de una semana. Aún falta que lo mantengas por más tiempo.
Pasó un mes, y logré aprender la magia con tiempo y esfuerzo. El día en que me recogerían era mañana. Estaba en mi habitación cuando el señor me habló, y entonces vi un pastel en la mesa. Me dijo:
—Antes de que te vayas, hay que celebrar tu logro. Elige cualquier parte del pastel que quieras; hoy es tu día especial.
Mientras comíamos, me sentía algo nerviosa y trataba de mirar hacia abajo. Entonces, él me pregunta:
—¿Tengo algo en la cara? ¿Qué pasa?
Como un poco de pastel y respondo:
—Nunca me dijiste tu nombre; quiero saberlo.
El señor se ríe mientras bebe un poco de una copa y responde:
—Me sorprende que te interese. Mi nombre es Erick. Tengo una pregunta para ti: ¿Por qué tu padre te hace aprender magias distintas?
Entonces, respondo mirándolo:
—Porque dice que, cuando sea adulta, eso hará que ayude a nuestro pueblo y podamos ser bendecidos por el dios Arcano.
El hombre, algo dudoso, termina de comer, abre la puerta y sale, mientras me dice:
—Si ya terminaste de comer, sal afuera para bajar el alimento y luego ve a dormir.
Cuando dice eso, salgo afuera con él mientras sonrío. Luego, el señor Erick me mira y me suelta una pregunta:
—Eres rara. Tu padre siempre habla de su dios y de lo que le enseñaron, pero tú no. De hecho, nunca mencionas nada de tu religión.
Entonces, respondo algo sorprendida, pero mi expresión cambia rápidamente, dejando paso a una mirada triste.
—Sí, soy de la religión, pero no soy obsesiva como mi padre. Solo lo soy en casa. Si fuera como mi padre, me odiarían más de lo que ya me odian algunos por mi cabello.
Veo un galvano pastando cerca de la granja y corro a verlo mientras río. Me caigo, aunque no me hago daño, y miro unas luces alrededor de mí diciéndome "hola". Esas luces son reconfortantes.
—...Y así fue mi estancia aprendiendo magia blanca.
Lyra terminó de contarme completamente su relato. En eso, obtuve dos deducciones en mi mente: la paz y buscar buenos momentos en tu vida, lo cual es difícil porque yo no recuerdo ninguno. Entonces le respondí:
—Fue bastante tiempo para aprenderlo. Aun así, te admiro demasiado; quizás me tome más tiempo que a ti.
Mientras miro hacia abajo, mis manos tocan el pescado. Ella pone su mano en la mía, mirándome de cerca, lo que me pone un poco sonrojado, y me dice:
—Sé que lo harás. A mí me costó mucho porque no tenía el aura compatible, pero tú tienes esa ventaja.
Mientras escucho esas palabras, cierro mis ojos e intento pensar... yo... no quiero pensar en nada. Cada vez que pienso en algo bueno, hay diez cosas malas... Entonces, escucho a Lyra gritar:
—¡¡Bueno, es hora de comer, ya casi se está poniendo el sol!!
Quito las manos del pescado, huelo mis manos y noto un olor feo, así que tuve que lavármelas. Entonces, veo a Klaus en la carreta, sudado, mientras Hiroshi está con la cabeza abajo, algo decepcionado, y sus manos están algo negras. Entonces, pregunto:
—Chicos, ¿Cómo les fue en su entrenamiento?
Hiroshi responde:
—Solo logré sacar pequeñas llamas con mis dedos. Pude sacar una, pero no la controlé y me quemé las manos.
Klaus responde mientras se seca el sudor:
—Esto es una mierda. Me la pasé intentando levantar un pedacito de tierra del tamaño de una pelota de fútbol. Cuanto más fallaba, más me sentía agotado...
Entonces, Lyra comenta sonriendo:
—Hicieron su mayor esfuerzo. Propongo que, si quieren, nos quedemos dos días más para mejorar su entrenamiento, pero si no quieren, podemos seguir el camino.
En eso, Hiroshi responde:
—Yo prefiero quedarme. Voy a aprender a lanzar fuego, no importa cuánto tiempo tome.
Después, Klaus dice:
—Como quieran, pero déjenme dormir bien, no me molesten. Mañana continuamos.
Mientras los chicos responden, Lyra me mira fijamente. No podía hablar en ese momento, así que escucho su voz.
—¿Y tú qué dices, Iván?
Intento hablar, pero tartamudeo un poco al ver que también mis amigos me miran:
—Sí, supongo que sería buena idea... así intentaré otra vez mañana.
Esa noche, dormimos temprano nos espera un día largo mañana aun así espero poder manifestar mi poder... aunque no se si podre lograrlo...
Continuara....