Se escucha el canto de los pájaros y el suave viento mueve las plantas. La luz del sol se cuela entre las hojas; es de mañana. Dentro de la carroza, un bulto se mueve entre las sábanas. Un chico estira sus brazos mientras se despierta y se rasca el cabello lacio y color Negro, bostezando procede a decir:
—Ya es de mañana... No lo noté, pero qué buen sueño me eché. Ayer fue un día duro.
Mientras me levanto, noto las vendas en mis manos que Lyra me puso por las pequeñas quemaduras que me hice al intentar crear fuego.
—Qué tierna es Lyra... Quizás algún día la invite a salir, a ver si acepta.
Bajo de la carroza y veo un tazón con carne seca. Tomo un trozo y empiezo a comer mientras camino hacia el lugar de entrenamiento, que se encuentra a algunos metros. Al llegar, veo a Klaus con la mano en el suelo, los ojos cerrados, intentando manipular un pequeño bulto de tierra. Sin embargo, la estructura se derrumba, y Klaus, frustrado, dice:
—Mierda, aún no paso de aquí. Intento crear, manipular, pero no avanzo mucho. No dejaré que esta estúpida magia es un dolor de cabeza.
Entonces, Lyra, con una sonrisa algo nerviosa, le dice a Klaus.
—Avanzaste más que al principio, pero recuerda concentrarte bien, controlar las emociones. Piensa en las veces que nunca te rendiste, en quienes te apoyaron; así aumentas la probabilidad de que se manifieste más mana.
Entonces, con expresión dudosa, Klaus pregunta:
—Una pregunta... ¿Por qué pensar en esas cosas en específico ayuda con el mana?
Lyra, con la mirada relajada, responde con voz suave:
—Se cree que el color del mana está relacionado con la personalidad, el estilo de vida, las experiencias, entre otras cosas. Por eso uso este método cuando se les dificulta.
Klaus, sorprendido al escuchar eso, se acaricia el cuello antes de decir:
—¿Pero eso no sería un rumor o podría ser un invento?
Lyra, tranquila, comenta mientras sonríe:
—Si lo fuera o no, la diferencia se nota. Cuando les dije que hicieran, empezaron a avanzar un poco más rápido, incluso cuando aprendí estas clases de magia use ese método así que... hace la diferencia. Pero bueno... perdón, iré a ver a Iván para ver su avance.
Mientras Lyra se retira, Klaus le dice de repente.
—Ey... Este... muchas gracias por lo que haces.
Klaus mira hacia otro lado mientras suspira, y Lyra se detiene, gira un poco su cabeza para darle un vistazo y responde:
—Me alegra poder servirles y ayudarles en lo que haga falta.
Camino lentamente hacia donde iba Lyra. La veo colocarse detrás de Iván, quien mira fijamente un tronco con un plato encima. Él pone las manos dentro del tronco, y entonces la escucho preguntar:
—¿Lograste algún avance, joven Iván?
Iván, nervioso como siempre, le responde:
—La verdad es que... intento, pero me es difícil centrarme en esos pensamientos, sumergirme... Perdón si te aburro. Debes estar cansada de perder el tiempo conmigo.
Lyra, algo molesta, comenta:
—Tú no eres una pérdida de tiempo, joven Iván. Una semilla necesita tiempo para crecer y convertirse en un árbol que dé frutos. Que requiera tiempo no significa que sea malgastado.
Iván, apenado, juega con sus dedos mientras muestra una expresión triste.
—Perdón, tienes razón. Debo intentarlo más.
Veo cómo Lyra se mueve y le hablo fuerte, moviendo la mano para saludarla. Ella también me saluda y me dice:
—Hola, joven Hiroshi. Veo que despertaste. Como noté que dormías muy bien y estabas muy cansado, pensé en no despertarte. Recuerda que tu magia es algo más peligrosa y gasta más energía que la de tus compañeros.
Le sonrío a Lyra mientras termino de comer el pedazo de carne, y después le respondo:
—No te preocupes, me siento mejor. Solo necesito estirarme y practicar algo físico para sentirme bien físicamente, y después continuar. ¿Cuánto tiempo llevan entrenando?
Lyra contesta tranquilamente.
—Llevamos solo 15 minutos desde que comenzamos. El primero en llegar fue Iván, ¿por qué la pregunta?
Le respondo, sonriendo con energía.
—Es que quiero practicar mi esgrima. Necesito un compañero, y no podría hacerlo si están cansados. Por eso necesito a alguien, porque siento que mis habilidades se desgastan por no haber practicado desde que comenzó este viaje.
Lyra, pensativa, entonces contesta:
—Pensaba hacer un entrenamiento físico más adelante, pero supongo que aprender el uso de la espada también ayudará. Aunque es peligroso usar espadas de verdad, buscaré algo de madera para que puedan practicar. Espere aquí, joven Hiroshi.
La joven de cabello blanco camina en dirección a la carroza mientras me estiro y observo a Iván, que sigue concentrado. Entonces le digo:
—Ey, Iván, ¿quieres ser mi pareja para la esgrima?
Iván se desconcentra, me mira mientras le sonrío, y responde:
—Bueno, está bien... pero solo un rato... ¡eh!
Lo agarro de la parte trasera de la camisa y lo arrastro lentamente hacia un área más abierta. Al llegar, lo suelto y él se sienta para esperar a Lyra. Entonces Iván comenta:
—No sé nada de esgrima, así que no te decepciones si me vences fácilmente. La verdad, nunca he hecho ningún deporte.
Escucho lo que dice y le respondo:
—No te preocupes, conmigo aprenderás. Incluso era muy bueno en mis clases.
Iván, despacio y con pequeños tartamudeos, me contesta:
—Sí... solo te avisaba.
Entonces veo a Lyra caminando con dos espadas de madera. Se coloca enfrente de nosotros y nos reparte ambas, entonces digo:
—Solo encontré estas en uno de los cajones de la carroza. Normalmente las usan para entrenar.
Miro la espada y la acaricio con la mano. Es un poco más pesada que las espadas de esgrima, pero funcionará.
—Muy bien, Iván, primero hay que ponerse en guardia. Observa coloca tu pie hacia adelante del mismo lado de la mano derecha con la que sostienes la espada, apuntando hacia adelante, y el otro pie hacia atrás.
Veo a Iván intentando seguir mis órdenes, con una cara llena de nervios. Cuando lo logra, comento:
—Ahora trata de hacerme una estocada. Extiende tu brazo con la espada y avanza con un paso adelante, apuntando la punta de la espada hacia mí... ahora.
Veo que Iván se mueve, intentando apuntar a mi pecho. Sin embargo, baja su velocidad y se detiene momentáneamente, así que me muevo hacia su lado izquierdo y lo toco en el pecho con la punta de mi espada.
—Ya perdiste. ¿Por qué paraste en el último segundo? Ibas bien... bueno, continuemos.
Seguimos por varios minutos. Iván, por más que lo intentaba, no podía tocarme ni una vez. Su cuerpo, algo grande, lo hacía susceptible a ser atacado con facilidad. A lo lejos, veo a Klaus logrando crear una estructura de tierra de un metro. Intenta hacerla más grande, pero pierde la concentración y comenta:
—Bueno, al menos mejoré más que ayer. Pero, según Lyra, tengo que manipular la tierra y usarla como arma... qué fastidio.
Entonces Klaus mira hacia nuestra dirección, donde estamos luchando con las espadas. Iván, en el suelo, intenta levantarse después de varias caídas y comenta:
—Hiroshi, eres bastante bueno. Me rindo... no puedo vencerte, no te pude tocar ni una vez.
Mientras cierro los ojos y sonrío, luego respondo:
—Eso es porque siempre que intentas atacar, te detienes. ¡No tengas miedo de lastimar a tu contrincante!
Klaus se acerca bostezando y, luego, suelta un comentario en tono sarcástico:
—Parece un cerdito en el suelo... bueno, dame esa espada.
Miro a Klaus levantar la espada mientras Lyra ayuda a levantar a Iván lentamente y le dice:
—¿Estás bien? No debes dudar al atacar porque el enemigo puede aprovecharse de eso, joven Iván.
Iván, ya de pie, se sienta y observa cómo Klaus mira la espada de madera. Entonces le digo:
—¿Quieres intentarlo, Klaus? Veo que miras mucho la espada...
Klaus lo mira con un poco de curiosidad; mientras se toca la barbilla, responde:
—Nunca he usado una espada de madera. Supongo que sería igual a un bate, que literalmente usaba mucho en el pasado contra algunas bandas.
Veo a Klaus ponerse en guardia con la espada de madera enfrente, entonces comento:
—¿Entonces aceptas? Pelea como quieras. Solo digo que era uno de los mejores en la clase de esgrima. Intentaré no ser agresivo... ¿listo?
Klaus suspira para después bostezar entonces dice:
—Qué fastidio... comienza ya, déjame ver qué tan bueno eres.
Chocamos espadas, aplicando fuerza, pero ninguno retrocede. Lentamente, siento que me estoy moviendo hacia atrás, así que retrocedo. Entonces Klaus comenta:
—¿Qué pasa? ¿No puedes...? Por eso retrocediste...
Al escuchar sus palabras, corro hacia él con rapidez. Veo cómo intenta clavarme la espada con su mano derecha, pero esquivo el ataque con agilidad. Acto seguido, con un movimiento veloz de mi brazo derecho, dirijo la punta de mi espada hacia su hombro izquierdo. Sin embargo, él reacciona a tiempo y utiliza el mango de su espada de madera para desviar mi estocada, logrando mover mi brazo en el último segundo y evitando que mi espada lo toque. Aprovecha la oportunidad para apartarse, mientras Klaus, sorprendido, murmura en voz con su baja:
—Es demasiado ágil y rápida su espada.
Entonces suspiro, algo agotado, y luego sonrío.
—¿Te rindes? Aún estás a tiempo, aunque debo admitir que usar el mango de la espada para desviar la punta es algo que pocos hacen... ¿eh?
Miro a Klaus poniéndose en posición de ataque. Luego, con un gesto de la mano, me hace una señal para que me acerque mientras responde:
—Hablas mucho, ven ahora.
Me pongo en guardia y ataco. Entonces, veo que Klaus patea el suelo, levantando una nube de polvo que cubre mi rostro. Aprovechando la distracción, me derriba al suelo con su espada de madera y me apunta al pecho mientras dice:
—Perdiste.
Mientras me limpio la cara, digo con irritación y señalo con las manos.
—¡Hiciste trampa! Klaus, era un combate de espadas.
Klaus bosteza un poco para, después, responder:
—No es cierto. Dijiste que era un combate y que luchara como quisiera. Igual, no me ibas a ganar si seguíamos el combate, niño. Solo mírate; se puede notar el sudor en tu cara. Tu velocidad es impresionante, pero eso trae desventaja; tu resistencia no es mucha.
Iván interviene, intentando calmarnos con sus palabras típicas de alguien que evita el conflicto.
—Este... No se peleen. Klaus, lucha otra vez con Hiroshi, ¿sí?
Klaus se aleja del campo de batalla, rascándose la cabeza y respondiendo:
—Será mañana. Quiero continuar con mi entrenamiento y comer. Tú también deberías hacerlo, Hiroshi.
Me levanto, me limpio el polvo del pantalón y procedo a quejarme mientras el medaba la espalda:
—¡Klaus, regresa! ¡Tramposo!
Iván se acerca y me ayuda a levantarme mientras sacude la tierra de mi pantalón para limpiarlo, diciendo con una expresión de molestia:
—¿Pueden creer que tuvo que hacer trampa para ganarme? Si no lo hubiera hecho, hubiera perdido contra mí. Me tuvo miedo.
Entonces, vuelvo a mirar a Iván con cierta inquietud, mientras Lyra permanece en silencio, con el puño en el mentón, pensativa. Pregunto:
—¿Chicos, no me digan que creen que Klaus me iba a vencer?
Lyra, con una expresión pensativa, reacciona al momento en que le pregunto y responde con seriedad.
—La verdad es que, joven Hiroshi, tus movimientos son muy rápidos y ágiles, pero eso te agoto. El señor Klaus creo que es mas fuerte; incluso pudo detener uno de tus ataques. Eventualmente, hay más probabilidades de que el señor Klaus termine ganando.
Iván permanece callado, y Lyra me mira pensativa. entonces pensé: ¿En serio creen que ese tipo, sin haber practicado un deporte, me ganaría en mi área?
Mientras los observo, una sonrisa irónica se dibuja en mi rostro, y, de repente, respondo con sarcasmo, cerrando los ojos como si el tema no tuviera importancia.
—¿Para qué les pregunto? Ustedes no saben nada de esgrima; son tan ignorantes.
Lyra se muestra seria por mi respuesta, e Iván se sorprende. Entonces, me retiro del lugar para entrenar mi habilidad con el mana lejos de allí. Pasan varias horas y ya es tarde. Cada vez se me hace más difícil crear llamas con mis manos mientras sudo un poco.
—¡Maldición! Ayer había logrado avanzar, pero ¿por qué ahora no puedo sacar las llamas con la misma intensidad de antes? Todo por ese estúpido de Klaus. Ahora todos creen que soy un charlatán con mi esgrima. Y Lyra... ahora debe pensar que no soy la gran cosa. ¡Maldita sea!
Golpeo el suelo con frustración, después de tantos intentos fallidos y la vergüenza acumulada. En ese momento, escucho la voz de Lyra gritando. El sol ya se está poniendo, y digo:
—Intentaré mañana; tal vez si me relajo un poco, lo logre.
Mientras me dirijo hacia la carroza, veo a Iván encendiendo la fogata lentamente para calentarnos. Luego, veo a Klaus comiendo arroz en un plato. Me quito la ropa para refrescarme y me siento cerca de la fogata. Lyra, sonriendo, nos dice:
—Bueno, pasado mañana supongo que debemos continuar con nuestro viaje, ya que el señor Klaus y el joven Iván lo pidieron. Aunque solo falta usted, joven Hiroshi. ¿Está de acuerdo?
Al escuchar eso, miré hacia otro lado. Luego, contesté sin mirarla y, a la vez, desanimado.
—Como sea, decídanlo ustedes.
Klaus me mira, se ríe un poco y dice:
—¿En serio estás molesto por la lucha? Vamos, niño, tampoco fue una lucha real como para que te lo tomaras como si te insultaran o humillaran.
Miro con disgusto a Klaus y, entonces, contesto con tono sarcástico:
—No, no fue una lucha real, solo alguien que intentó luchar contra un tramposo que pelea como una persona callejera. No me sorprende; después de todo, te gusta atacar por la espalda, como a los soldados del cuartel que golpeaste.
Entonces escucho la voz preocupada de Lyra:
—¡¡Basta, chicos, no peleen!! Hiroshi, ¡¡no sigas hablando!!
Iván, nervioso, tartamudea mientras dice:
—Ch-chicos... ¿no somos compañeros? ¡No deberían discutir! además Hiroshi si no fuera por Klaus haber atacado por la espalda nos hubieran atrapado.
Klaus se toca la cara, intentando no perder la paciencia, y dice lentamente:
—Piensa lo que quieras, Hiroshi, solo demuestras que eres un mal perdedor. No vale la pena escucharte.
Al escuchar eso, me molesto un poco y respondo:
—Igual pienso que alguien que no sabe usar la espada y pelea salvajemente no vale la pena. Seguro que tu familia es igual.
En ese momento, Klaus agarra con fuerza la espada de madera y se acerca a mí, pero es detenido por Lyra e Iván con todas sus fuerzas. Entonces, se escuchan sus voces al unísono:
—¡Basta se están comportando como niños!
Lyra, molesta, me dice con voz algo grave:
—!Hiroshi, lárgate a dormir a la parte delantera de la carroza¡
La miro con irritación, pero ella me devuelve la mirada con enojo y me grita:
—¡¡Ahora!!
Iván sigue sujetando con fuerza a Klaus, intentando calmarlo, y dice:
—Klaus, cálmate. Hiroshi lo dijo sin pensar; está solo de mal humor.
Me levanto lentamente, molesto, sin mirarlos, y me meto en la carreta hasta el fondo para dormir allí. Veo que Klaus se calma y luego se sienta. Iván comenta suspirando:
—Supongo que tendrás que dormir en la parte trasera de la carroza, para evitar más conflictos.
Lyra, sentada, se aparta de Klaus. Los veo sentarse alrededor de la fogata antes de taparme el cuerpo entonces mientras pienso un poco mordiéndome los labios por el enejo, intento cerrar los ojos para intentar dormir lentamente entre la oscuridad.
Se escuchan pisadas en un suelo de madera, el sonido del agua corriendo en un pequeño lago en un jardín lleno de flores. Se visualiza una casa con un pasillo mientras un niño con un uniforme y un gorro abre deslizando el fusuma. Sonriendo, trae un papel en la mano:
—¡Querido padre, acabo de tener una calificación aprobatoria! ¡Mira, mira, mira!
El hombre mira el examen de su hijo, pero no muestra ninguna reacción y le responde:
—Muy bien. Si sigues así, quizás algún día puedas ser como tu hermano.
El niño, algo desanimado, agarra el papel y se aleja mientras examina sus notas, diciendo:
—Me esforcé demasiado para conseguir un Ryū, que sería un mínimo de 70%, pero aún no alcanzo a mis hermanos.
Mientras camina, el chico se cruza con un joven adolescente y una chica detrás de él. Entonces, el niño dice:
—¡Hermano! ¡Hermano! ¿Volviste de tus prácticas de natación? Además, ¿otra chica invitaste?
Al escuchar estas palabras, la chica mira al hermano mayor con una expresión seria, mientras el joven responde:
—No le hagas caso a los niños. A veces mienten o tienen una percepción del tiempo alterada.
La chica acepta lo que dijo y entra en la recámara de mi hermano. Luego, él me dice:
—Idiota, Hiroshi, casi lo arruinas. Toma unos dulces y vete; quiero estar solo con ella.
Mientras camino y como un dulce, veo a mi madre aparecer.
—¡Otra vez dulces, Hiroshi! ¿Kaito te sobornó, ¿verdad?
La miro y respondo mientras mastico:
—Bueno, es que él siempre sale con chicas. Es muy popular y quiere que me calle, madre.
Mi madre suspira y luego dice:
—Dame esos dulces. Primero te vas a bañar ahora mismo, y después te los comes.
Mientras me quita los dulces, se me cae el examen. Ella lo recoge, mira mis notas, y mientras la miro esperando su respuesta, entonces me contesta:
—Bueno, anda rápido. Debes estar sucio después de estar por horas en la escuela.
Con el paso de los años, mi hermano obtuvo las mejores calificaciones y una beca. Mis padres lo usaban como ejemplo a seguir. Cuando entré a la secundaria, sentí lo pesada que era esa carga.
—Hola chicos, espero llevarme bien con ustedes. Me llamo Hiroshi.
Uno de los chicos pregunta:
—¿No eres el hermano de Kaito?
Se escucharon murmullos en la clase. Oía comentarios como: "¿Es cinco años menor que él?" y "¿Será tan bueno como su hermano?" Entonces empezó mis problemas desde que entre participaba en eventos, siempre me aceptaban por ser su hermano, al punto de que a veces me comparaban con él. Esos comentarios me golpeaban como balas:
— Cielos, no es tan bueno como pensábamos.
— ¿En serio no sabes encestar una pelota?
— El béisbol no es para ti, vete.
Sentía una profunda vergüenza cada vez que veía a mi hermano exhibir sus trofeos de natación, béisbol y fútbol. Mi hermana tampoco se quedaba atrás; sus excelentes calificaciones en lectura y matemáticas brillaban, a pesar de ser un año más joven que yo. ¿Y yo? ¿Qué tenía para ofrecer?
A pesar de todo, había alguien, un compañero, que siempre me apoyaba. Aun con mis deficiencias, él insistía en que buscara algo en lo que fuera bueno. Pero, en el fondo, lo que realmente anhelaba era un lugar donde no me juzgaran por mis errores ni me compararan constantemente.
Entonces, llegó el día en que comencé la preparatoria. Al estar frente a un letrero, con sus letras grandes y claras, algo en mi interior se removió. Me quedé mirando, y después de un momento, dije:
—Tal vez esta sea mi oportunidad. No he visto un trofeo o reconocimiento de esto en mi casa.
De camino a casa, me detuve frente a la puerta de mi hermano. Intenté abrirla, pero sentí un poco de miedo porque quería preguntarle algo. Entonces, escuché.
—¿Eres tú, Hiroshi? ¿Por qué te quedas allí? Pasa.
Me puse nervioso y entré lentamente. Mi hermano, en pijama y acostado en su cama comiendo unas botanas, preguntó:
—¿Qué es lo que quieres? ¿Quieres que te dé consejos para ligar chicas? Normalmente no pescas nada. ¿O será que quieres consejos para la preparatoria?
Tragué saliva mientras lo miraba, y luego pregunté despacio:
—Solo tengo una pregunta. ¿En algún momento piensas inscribirte en un club de esgrima o karate?
Mi hermano me miró y dijo las palabras que quería escuchar con todo mi corazón.
—No, la verdad nunca me interesó. Aunque me ofrecieron participar muchas veces, me parece aburrido.
Al escuchar su respuesta, me puse nervioso y le dije:
—¡Muchas gracias, hermano!
Salí corriendo feliz y, cuando llegué a la salida de mi casa, empecé a gritar:
—¡¡si, al fin, si!!
Esto llamo la atención de las personas que pasaban cerca de la cera mientras lo hacía, pasé cerca de mi padre, que venía del trabajo, y me miró con una expresión de vergüenza. Después de una semana, me inscribí en el club. Estaba frente a la puerta, suspiré y me preparé mentalmente. En mi mente me dije a mí mismo: Intenta caerles bien, no cometas errores, sé único. Puedes ser la mejor versión de ti, Hiroshi.
Abrí la puerta y vi a mi hermano sentado dentro, junto a otro chico que era alumno. Me dijeron:
—Lo siento, ya no te necesitamos. Ellos son mejores.
Entonces, escuché la voz de mi hermano hablando:
—¿En serio creías que te iban a querer solo porque yo no estaba? Pobre iluso.
Mientras veía cómo se alejaban todos, sentí que el salón se alejaba también. Intenté avanzar, pero sentí un dolor en mis pies y piernas. Entonces, dije:
—Auch, ¿Qué es esto? ¿Por qué me duele?
Vi raíces de espinas que no me permitían avanzar. Sangraba con cada paso y me tropecé, enterrando todas las espinas en mi cuerpo. Sangraba lentamente, con las manos abiertas y el cuello sangrando por las espinas que habían perforado mi carne. Lo último que pude decir fue:
—¿Por qué... siempre estoy abajo?
La sangre recorrió mi vista, todo se volvió rojo, y entonces se escuchó un grito:
—¡¡Aaaaah!!
Suspirando, agitado, todos se levantaron y me miraron. Iván, que estaba durmiendo cerca de mí, preguntó:
—Hiroshi, ¿estás bien? ¿Qué te pasó? ¿Tuviste una pesadilla?
Mientras escuchaba, me toqué la cara con las manos suspirando, temblando respondí:
—Sí, una muy mala... Una horrible.
Lyra se quedó mirándome, algo preocupada, mientras Iván me acariciaba la cabeza.
Era una noche oscura que me atormentó.
Continuará...