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Moviendo Fichas. Parte 1

The Radiant Twilight | Parte 4. Echo Knight · por Aldex29 · 24 de septiembre de 2026

19 de octubre de 2025. El amanecer se filtraba por los ventanales rotos del viejo refugio, tiñendo el aire con un tono anaranjado y cálido que contrastaba con el cansancio que dominaba el ambiente. El silencio sólo era interrumpido por el canto de los pájaros y el leve goteo del agua desde una tubería oxidada. 

Sam abrió lentamente los ojos, sintiendo el cuerpo entumecido. Cada músculo le ardía y los vendajes que le cubrían el torso y los brazos apretaban con firmeza. Por un momento, no recordó dónde estaba; sólo sintió la pesadez de la noche anterior. Pero la voz tranquila de Liam lo trajo de vuelta. 

— Vaya... pensaba que dormirías un par de horas más. —comentó el padre, sentado frente a él con una leve sonrisa— No lo hiciste nada mal, Samuel. Aguantaste más de lo que habría esperado alguien sin experiencia en combate real. 

Sam se incorporó con esfuerzo, sosteniéndose en la pared. Su respiración era lenta, medida, pero los recuerdos del ataque lo golpearon como una ola: las cuchillas, el ruido metálico, el rostro oculto del atacante, y el sonido del teléfono con Audrey al otro lado. 

— Audrey... —murmuró— ¿Dónde está? 

Liam cruzó los brazos, asintiendo con un gesto tranquilo. 

— Está bien. Está en el patio trasero de este refugio. Insistió en venir conmigo para asegurarse de que estuvieras vivo, aunque yo le advertí que no tenía habilidades para defenderse si algo salía mal. Pero, bueno... tiene una determinación que impresiona. —Liam soltó una leve risa— Cuando la encontré, estaba tan nerviosa que apenas podía explicarme dónde estabas. Sí que le diste una buena carrera anoche, chico. 

—Sam bajó la mirada, pero una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios— Sí... ya lo imagino. —Luego respiró hondo y miró al sacerdote con expresión seria— ¿Y el tipo? El que me atacó... ¿Dónde está ahora? 

—Liam negó con la cabeza, con un gesto resignado— Cuando llegamos, ya no quedaba nadie más que tú. No encontré ni rastro del atacante, sólo restos metálicos y marcas de quemaduras en el suelo. Siento la tardanza, Sam. Casi te cuesta la vida. 

El muchacho suspiró y se recostó otra vez, mirando al techo del refugio. 

— No pasa nada. —Su voz era tranquila, aunque se notaba el cansancio en ella— Si no fuera por ti y por Audrey, probablemente no estaría aquí ahora mismo. 

Liam lo observó en silencio por unos segundos. Sabía que detrás de esa calma había una mezcla de miedo y rabia contenida, la de alguien que había sido empujado demasiado pronto al fuego. Pero también había algo más: determinación. 

— Descansa un poco más. —dijo finalmente— Has sobrevivido a algo que muy pocos podrían. Pero si esto sigue así... necesitaremos prepararte mejor. 

Sam asintió, cerrando los ojos un instante, dejando que la luz del amanecer bañara su rostro herido. Por primera vez desde la noche anterior, sintió un poco de paz. Aunque sabía que no duraría mucho. 

La puerta de la habitación chirrió suavemente al abrirse, dejando pasar una tenue luz del pasillo. Audrey entró con paso calmado, aunque sus ojos delataban el cansancio de haber pasado la noche en vela. Traía el cabello algo despeinado y una chaqueta que Liam le había prestado para cubrirse del frío. 

Al ver a Sam despierto, se detuvo unos segundos en el umbral, como si necesitara confirmar que realmente estaba bien. Luego, con una sonrisa contenida y un tono sereno para ocultar lo que en verdad sentía, habló. 

— Vaya... sí que hiciste un numerito anoche. —Se cruzó de brazos, fingiendo ligereza— Pero... me alegra que estés bien, Sam. 

Sam sonrió un poco, sin la energía suficiente para replicar con sarcasmo. 

— Sí, bueno... supongo que no era la mejor forma de terminar el día. 

Liam se aclaró la garganta, atrayendo la atención de ambos. 

— Muy bien, jóvenes. —dijo mientras se levantaba de la silla y se apoyaba en la mesa de madera— Ahora que los dos estáis aquí y que Sam puede hablar, necesito hacer unas preguntas. No es simple curiosidad, sino precaución. 

Audrey asintió y se sentó junto a Sam, que todavía estaba recostado contra la pared. Liam adoptó un tono más serio, el de alguien que no buscaba conversación sino respuestas. 

— Primero... —comenzó— ¿Visteis algo extraño o fuera de lo común en los hombres que os atacaron el otro día? Cualquier detalle podría ser importante. 

Audrey bajó la mirada, tratando de recordar los rostros y movimientos de los agresores. Finalmente, habló con voz segura. 

— Sí. Todos llevaban el mismo símbolo en la mano derecha. —Alzó la suya, dibujando la forma en el aire— Era una estrella de cinco puntas... un pentagrama, creo. Pero en el centro tenía un ojo. No sé qué significa, pero lo tenían tatuado o grabado, y parecía importante para ellos. 

Liam entrecerró los ojos, pensativo, mientras Audrey continuaba. 

— Podría ser el emblema de alguna organización. Una que busca a Sam por lo que puede hacer. No lo sé con certeza, pero me da la impresión de que no era una coincidencia. 

—Sam frunció el ceño y asintió— Tiene sentido. Si es así, el tipo que me atacó anoche también debía pertenecer a ellos. Pero... —su voz se volvió más grave— no se parecía en nada a los otros. Era distinto. Más preparado. 

—Liam se inclinó un poco hacia adelante— ¿Distinto cómo? 

Sam miró al suelo, recordando la silueta metálica entre las sombras, el sonido cortante de las cuchillas y el brillo rojo del visor. 

— No pude verle el rostro. Tenía todo el cuerpo cubierto. Llevaba una especie de traje metálico... pesado, pero rápido. Podía sacar cuchillas de los brazos y usaba unos patines con sierras, además de un jetpack. Todo lo que hacía era preciso. No dudaba ni un segundo. 

Audrey lo observaba, impresionada por la claridad con la que lo describía pese al agotamiento. Liam, en cambio, permanecía inmóvil, con la mirada fija en el suelo de piedra. 

El silencio llenó el cuarto unos segundos. El sacerdote, finalmente, murmuró en voz baja. 

— Un pentagrama con un ojo... y un hombre de metal. —Cruzó los brazos, con el ceño fruncido— Si lo que sospecho es cierto... entonces esto no es una simple persecución. 

— ¿A qué te refieres? —preguntó Sam. 

—Liam levantó la mirada, con una seriedad que heló el aire— A que puede que te están buscando de manera personal por tus habilidades. Y si esos hombres tienen un símbolo... significa que alguien los está organizando. Alguien que ya sabe demasiado. 

Audrey y Sam se miraron sin decir nada, sintiendo el peso de aquellas palabras. Algo mucho más grande estaba ocurriendo, y sin darse cuenta, ambos ya estaban en medio de ello. 

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