Saltar al contenido
Explorar novelas

Un Nuevo Día. Parte 1

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 21 de septiembre de 2026

El silencio dentro de la celda subterránea era casi tan espeso como el concreto que la rodeaba. Las paredes estaban reforzadas con capas de acero, cables eléctricos, sensores de movimiento y cámaras térmicas que no parpadeaban ni por un segundo. En el centro de aquella prisión de máxima seguridad, en lo más profundo de la costa de San Francisco, estaba Theodore Price. 

Sentado en el borde de la cama, las luces blanquecinas del techo reflejaban su rostro ojeroso, tranquilo, casi resignado con una mirada seria y amenazadora. El collar ajustado alrededor de su cuello emitía un leve zumbido constante, como un recordatorio de su fracaso. Sus ojos no estaban clavados en nada. Solo recordaban lo que sucedió hace unos pocos días. 

El juicio había sido rápido. Brutal. La sala estaba llena de murmullos, cámaras y susurros de miedo. El jurado apenas lo miraba. Los que sí lo hacían, lo hacían como si estuvieran frente a una bestia. Algo inhumano. Un monstruo disfrazado de hombre. 

“Culpable.” La palabra resonó con una intensidad que no necesitaba eco. Theodore simplemente se mantuvo quieto y serio sin decir ni una sola palabra. No estaba feliz ni enojado, estaba terminando de aceptarse. 

Volvió al presente con el sonido metálico de cerrojos girando. La puerta se abrió con un chirrido hidráulico. Dos guardias con armaduras negras lo esperaban. 

Hora del recreo —le dijo uno sin emoción 

Theodore se levantó sin protestar. 

Los pasillos se extendían como un laberinto recto y muerto. No tardaron en llegar al patio cercado con barrotes dobles y sensores de pulso. El cielo era apenas un cuadrado ceniciento por encima. 

Y allí estaba alguien. Sentado con las piernas cruzadas en un banco oxidado, completamente relajado, como si estuviera en un parque cualquiera. Nicholas Foster, el hombre que había desatado el caos hace unos años. El mismo que lo había comenzado todo. 

Vaya... —dijo Nicholas al verlo— De todas las cosas que me podía pasar aquí, encontrarme con un excompañero de trabajo en mis mismas condiciones fue una de las que menos me esperaba. El Triceratops, la Bestia Enastada. 

Theodore se sentó a su lado, sin apuro. Miró hacia el cielo opaco sin responder aún. 

Es curioso —continuó Nicholas— Dos empleados de Eclipse Laboratories... ahora encerrados en el mismo lugar. Podríamos escribir un libro: Evolución, Transformación y Decadencia”. 

No me interesa escribir nada. —respondió Theodore, seco 

No me sorprende. Nunca fuiste el más expresivo en estos aspectos. Pero aun así... ¿no te parece interesante? 

¿Interesante? 

Sí. ¿Acaso no lo piensas? Dos sobrehumanos que pertenecían a la misma empresa, juzgados y tratados como escoria por las acciones que hemos cometido siendo conscientes de ello hasta acabar aquí. 

Theodore lo miró de reojo. No sabía si Nicholas estaba jugando con él, intentando manipularlo o simplemente conversando. 

Tú lo hiciste por un ideal que creías correcto. —agregó Nicholas, más suave ahora— Yo también, y por seguir nuestros propios caminos lo único que nos esperó fue esto, una condena. ¿Habrá válido la pena hacer lo que hicimos solo por esto? 

Theodore guardó silencio. El zumbido del collar le parecía más fuerte, pero no respondió a esa pregunta. No sabía si podía. 

Yo pienso que sí valió la pena que acabase aquí. —dijo Nicholas, cruzando los brazos— Me gusta pensar que lo que nos sucede no es por nada y que cada acción en este mundo por más injusta, cruel o merecida que sea terminará llevando a algo. Que todo posee un propósito y ese propósito es permitirnos evolucionar. 

Theodore bajó la mirada. No estaba seguro de compartir esa filosofía, pero tampoco podía refutarla. Los minutos pasaron. Después, un pitido indicó que el tiempo había terminado. Los mismos dos guardias regresaron, uno para cada prisionero. Ambos se pusieron de pie sin decir nada. 

Parece que nos toca volver al encierro —dijo Nicholas, antes de dar un paso atrás— Un gusto volver a verte, Price. Espero que charlemos de nuevo. 

Theodore no asintió. Pero justo antes de que los separaran por completo, giró el rostro. 

Lo mismo puedo decir, Foster. —dijo con una mueca ambigua 

Nicholas solo sonrió mientras era llevado, como si no pudiera evitarlo. Y mientras eran escoltados de nuevo, cada uno por caminos opuestos, el eco de esa conversación persistió en el aire, como el humo de una vela que no termina de apagarse. 

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Aldex29 en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: 🌅°Dᴏʀᴀᴅᴏ Aᴍᴀɴᴇᴄᴇʀ°🌅 · Cuentos de Pólvora y paz · Poemas Individuales⏳