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Scary Monsters. Parte 2

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 19 de septiembre de 2026

Las raíces de los árboles eran trituradas bajo su peso. Las estatuas eran polvo. Los senderos, surcos profundos marcados por pisadas implacables. 

Theodore ahora convertido en una bestia colosal, una fusión monstruosa de músculo, cuernos y pura arrogancia ancestral caminaba por el Golden Gate Park como si fuera su imperio. Cada paso hacía temblar la tierra. Cada rugido hacía gritar a la gente, correr, huir como insectos bajo una tormenta, y él lo amaba. 

Míralos... —pensó con una voz interior deformada por su orgullo— Ciegos, frágiles, inútiles. Todos esos años fingiendo humildad, conteniéndome... ¿para qué? Para que al final, solo yo tenga el poder de estremecer al mundo. Solo yo tenga la fuerza de una bestia prehistórica caminando entre los débiles. 

Una mujer tropezó frente a él. No hizo nada más que observarla correr llorando, su figura alejándose entre gritos. Era eso lo que más le gustaba: el efecto. El miedo. El dominio absoluto sobre el corazón de los hombres. 

Esto es lo que siempre debí ser. No un arqueólogo frustrado. No una sombra detrás de Tyler. Este poder ancestral que reside en mí me da la capacidad de hacerlo, soy la Bestia Enastada que piensa convertir este mundo en su parque de diversión. 

Una patrulla policial se acercó y fue lanzada como un juguete hacia el cielo con un simple golpe de su brazo. No se reía, no gritaba: no lo necesitaba. Su silencio era el lenguaje de los titanes. Fue entonces cuando los vio. 

A lo lejos, corriendo entre el polvo y el desastre. Tyler, Rebecca, Lucas, Mike. Llegaban como una especie de esperanza desesperada. Theodore no se movió, solo los observó a todos mientras sonreía, por dentro. Ya sabía que vendrían, eso era obvio. Pero, sobre todo, sabía que Tyler si o si iba a llegar. 

Vamos, Tyler. —pensó mientras preparaba sus puños— Transfórmate, haz lo que tienes que hacer, héroe. En cuanto esa forma monstruosa se muestre al mundo, ya no serás un protector. Serás una amenaza, un peligro y al igual que yo, un monstruo más. 

Se mantuvo en pie, firme como una montaña, esperando que su rival se revelara, no con miedo, sino con certeza. 

El aire olía a polvo, a raíces arrancadas, a miedo. Tyler respiraba rápido. Tenía los puños apretados. Frente a él, a una distancia prudente, el monstruo cornudo, ese triceratops que ya había visto en Sudamérica se alzaba imponente, como una fuerza primitiva desatada. 

Pero su problema no era el enemigo, era él mismo. 

—Vamos… —murmuró— Vamos, por favor… 

Sabía que debía transformarse. Que esa era la única oportunidad. Pero no entendía cómo. La única vez que lo hizo había sido por sorpresa y sin desearlo. Algo incontrolable, un chispazo salvaje e imposible de repetir hasta ahora. 

¿Qué pasó? —se preguntó en voz baja, temblando— ¿Qué sentí esa vez? 

Cerró los ojos. Dejó que el miedo lo invadiera, pero también el recuerdo de la furia, de la impotencia, de la necesidad de sobrevivir. Sintió una vez más una vez más un cosquilleo enorme recurriendo su cuerpo sumado de un calor en las entrañas, una fuerza reptil creciendo, expandiéndose como fuego entre sus músculos. 

Su columna se quebró. Su carne se rasgó. Su cuerpo se reformó con violencia abrumadora. Rebecca gritó. Mike dio un paso atrás. Lucas se cubrió el rostro por la ráfaga de viento que generó la transformación. 

Y donde antes estaba Tyler, ahora rugía un tiranosaurio imponente, colosal, de mirada vacía. Pero, igual que la vez anterior, Tyler no estaba al mando. El rugido que salió de su garganta no era humano, era puro instinto y rabia cruda. Lo único que conservaba era una chispa, una imagen borrosa: el triceratops era el enemigo y eso bastaba. 

La criatura dio un paso y luego otro, hasta que de pronto corrió con fuerza brutal, sus patas aplastando el césped, las raíces, el concreto. El triceratops levantó su mirada, clavó los ojos en él, y rugió también. 

Ambos titanes colisionaron en medio del parque como dos trenes sin frenos. El impacto sacudió los árboles. La tierra crujió. A lo lejos, los gritos se detuvieron por un momento, opacados por el rugido del combate. El tiranosaurio mordió. El triceratops embistió con sus cuernos en un duelo de garras contra armadura. 

Rebecca se quedó en silencio, Mike quería intervenir, pero sabía que era demasiado peligroso y Lucas no se movía. Pero no había nada que hacer. Era un duelo entre bestias. Entre lo que fueron y lo que ahora eran y solo uno dominaría el campo. 

 

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