Lucas necesitaba avisar a sus amigos sobre lo que él creía desde que vio al Triceratops en la base durante su estancia en Sudamérica, por lo que uno a uno los llamó para reunirse en su hogar y ahí contarles sobre su teoría. Eventualmente los minutos pasaron y el cielo de San Francisco comenzaba a teñirse de naranja cuando Lucas, impaciente, aguardaba en el salón de su apartamento. No podía evitar revisar su reloj cada poco segundo. Finalmente, uno por uno, Rebecca, Mike y Tyler llegaron.
— ¿Pasa algo? —preguntó Rebecca, al cerrar la entrada—
— Sí. —respondió Lucas de inmediato— Y necesito que lo que voy a decir lo toméis con pinzas.
Los tres se miraron entre sí, algo tensos mientras Lucas cruzó los brazos. Su tono era firme, pero su expresión denotaba que no era fácil para él hablar.
— Creo que… Theodore podría ser el que está detrás del Triceratops que vimos en Sudamérica.
Un silencio incómodo inundó la sala.
— ¿Estás hablando en serio? —dijo Mike con los ojos bien abiertos—
— No tengo pruebas certeras, —aclaró Lucas— pero todo me está llevando a eso. Fue el único que nunca estuvo en la base cuando la criatura empezó a aparecer. Su explicación cuando regresó no me convence del todo.
— En parte tiene razón... —susurró Mike, pensativo, bajando la mirada—
— Y al igual que Tyler, él estuvo al lado del fósil antes de que todos nos durmiéramos... —añadió Rebecca—
— ¡Un momento! —Tyler alzó la voz, sacudiendo la cabeza— No podemos acusarlo así. Theodore puede ser muchas cosas, pero tampoco tenemos la certeza de que lo pueda llegar a ser, además de que no tiene razón alguna para ocultarnos eso. Si hay una posibilidad de que sea él… necesitamos pruebas. No suposiciones.
—Rebecca se cruzó de brazos— Entonces debemos empezar a buscarlas.
Mike asintió, aunque su mirada denotaba más preocupación que decisión.
En ese momento, el sonido del televisor encendido en una esquina, que hasta entonces solo emitía noticias de fondo, cambió el tono de todo en la habitación.
Una reportera, visiblemente agitada, hablaba en vivo desde el Golden Gate Park. Las imágenes aéreas mostraban una gigantesca criatura reptiliana, de piel gruesa, cuernos masivos y una cola que destruía todo a su paso. Gente corría en pánico, y las autoridades aún no habían logrado contenerlo.
—Rebecca palideció— ¡Es esa cosa…!
—Lucas apretó los dientes— La bestia de Sudamérica.
Mike se echó hacia atrás, con el rostro desencajado.
Tyler, en cambio, se quedó en silencio. Su cuerpo se tensó. Esa cosa que veían en pantalla no la recordaba con claridad. Su mente había bloqueado parte del evento cuando él mismo se transformó y se enfrentó a ella.
— ¿Estáis seguros? —murmuró—
— No hay dudas. —dijo Lucas, sin apartar la vista del televisor— Es el Triceratops otra vez.
El sonido de la televisión todavía vibraba en el fondo mientras el apartamento de Tyler se llenaba de una tensión difícil de describir. Las imágenes del Triceratops rugiendo entre los árboles destrozados del Golden Gate Park no se iban de la pantalla, ni de la cabeza de ninguno de ellos.
— Esto es una locura… —susurró Mike, con las manos en la cabeza— ¿Cómo se supone que alguien va a detener algo así?
— No alguien. —dijo Rebecca, mirando de reojo a Tyler— Algo.
Todos giraron la vista hacia él. Tyler permanecía de pie frente a la ventana, con los puños apretados y la mirada clavada en el horizonte, como si pudiera ver la criatura desde allí.
— Estás pensando en transformarte, ¿no es así? —preguntó Lucas—
Tyler no respondió de inmediato. Se limitó a asentir.
— ¿Estás loco? —intervino Rebecca, caminando hacia él— ¿Sabes lo que eso implicaría? No solo pondrías tu vida y la de los demás en riesgo… ¡podrías ponerle nombre y rostro a lo que el gobierno ya está empezando a notar! ¿Y si te capturan? ¿Y si deciden estudiarte como un experimento?
— ¿Y si no hago nada? —Tyler se dio la vuelta, con los ojos brillando de determinación— ¿Cuántas personas podrían morir por mi indecisión?
— Pero no es tu responsabilidad… —empezó Mike, nervioso, tamborileando los dedos sobre la mesa—
— Tal vez no lo sea. —interrumpió Tyler— Pero debo. Si tengo el poder… si esta habilidad me fue dada por algún motivo, aunque no lo entienda, aunque me pueda arruinar la vida… entonces voy a usarla. No voy a quedarme sentado de brazos cruzados mientras esa cosa arrasa mi ciudad.
Rebecca lo miró largo rato, con los labios apretados. Lucas cerró los ojos con frustración, mientras Mike bajaba la mirada, sin poder rebatirlo.
— No vamos a dejar que vayas solo. —dijo Lucas finalmente—
— No puedes detenerlo tú solo, ni en esa forma ni en ninguna otra. —añadió Rebecca—
— Tanto tú como nosotros formamos parte de esto al fin y al cabo... —terminó Mike, tragando saliva—
Tyler los miró uno a uno. No necesitaban transformarse, no tenían poderes, pero tenían algo que compensaba su carencia de habilidades, eso era valor y autoestima.
Sin decir una palabra más, todos se pusieron en marcha. Las sirenas ya se escuchaban a lo lejos, y la ciudad entera estaba entrando en pánico. Pero en ese apartamento, lo único que quedaba era claridad.
El monstruo debía ser detenido, y si Tyler era el único con el poder para hacerlo, aunque pudiera morir, lo haría sin dudarlo mil veces.