La noche era espesa y húmeda, como si San Francisco hubiera decidido retener el aliento. Desde una camioneta discreta estacionada a tres cuadras del edificio, Alex, Anne, Edward y más agentes de la OISS observaban la transmisión de audio en tiempo real. En las pantallas, las ondas vocales de cada persona en el apartamento de Lucas vibraban con vida propia.
— Micrófonos activos. —dijo Edward con calma, ajustándose los auriculares—
— Esperemos que lo manejen bien —añadió Anne, con los brazos cruzados, nerviosa—
Mientras tanto, en el apartamento, todo transcurría como una reunión cualquiera entre viejos conocidos. Tyler había llamado a Theodore unas horas antes, con voz calmada y fingida espontaneidad.
— Hey, Theo. Vamos a hacer una pequeña reunión en casa de Lucas, ¿te pasas? Un poco de comida, risas… ya sabes.
La pausa del otro lado fue breve pero significativa.
— ¿Hoy? Qué raro… Bueno, está bien. ¿Por qué no?
Y ahora estaba allí. Theodore se había sentado en el sillón frente al ventanal, en una postura casual, pero con los ojos bien abiertos, atentos, como si estuviera esperando que algo ocurriera.
Rebecca le ofreció algo de beber, Mike bromeó con él sobre viejos tiempos, y Lucas se encargó de poner música suave en el fondo. Todo parecía normal, pero el silencio que caía entre líneas de diálogo era más revelador que las palabras.
— ¿Sabes algo que llevo pensando últimamente? —empezó Tyler, casi como si no lo pensara mucho— Lo que pasó en el Golden Gate… fue brutal.
Theodore levantó una ceja, bebiendo un sorbo de su vaso.
— Sí. Vi los videos y noticias. Increíble cómo la ciudad puede cambiar en segundos, lo bueno es que sigues vivo y esa cosa lejos.
— ¿No te parece… curioso? —preguntó Lucas, mirando a su copa— Que justo cuando estamos todos juntos, pase algo así… tan parecido a lo que vivimos en Sudamérica.
Una leve contracción en los labios de Theodore fue todo lo que dijo su cuerpo.
— Es como si esa criatura… no apareciera por casualidad. —siguió Rebecca, sonriendo, aunque sus ojos no acompañaban la expresión— Como si supiera dónde íbamos a estar o como si siempre hubiera estado con nosotros.
Theodore los miró a todos, uno por uno. Estaba notando algo raro en su actuar, pero prefirió no decir nada.
— Pero esto son solo nuestros pensamientos —dijo Mike, cruzándose de brazos— Lo que pasó no es normal y hay muchas coincidencias.
En la camioneta, Anne murmuró:
— No quiere hablar al parecer.
— Pero aún no ha dicho algo que nos haga decir al 100% que él lo sea —añadió Alex, con los ojos fijos en la pantalla— Seguid presionando…
Dentro del apartamento, el aire se volvía más denso.
— Theodore… —Tyler finalmente lo miró directo— Tú estuviste con nosotros en Sudamérica, fuiste testigo de lo que esa criatura podía hacer.
Un silencio tan pesado como el concreto cayó sobre la sala. Theodore dejó su vaso sobre la mesa con un suave y habló con una calma tan exacta que resultaba artificial.
—Si piensas que tengo algo que ver con esa cosa, me siento bastante dolido por tus palabras, no deberías desconfiar de mí sabiendo que siempre fuimos amigos, Tyler.
Y aunque sonaba convincente, nadie en la habitación ni en la camioneta creyó en esa frase del todo.