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Bestias Ancestrales. Parte 2

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 20 de septiembre de 2026

Había pasado casi una hora. El ambiente en el apartamento se había vuelto espeso, como si el aire se hubiese saturado de tensión contenida. Los cinco seguían conversando, rodeando el tema con frases calculadas, observando cada palabra que salía de la boca de Theodore. 

— ¿Y no te parece curioso? —preguntó Rebecca, sirviendo una segunda ronda de café— Que la criatura haya aparecido en la misma ciudad a la que tú volviste hace solo semanas. 

— San Francisco no es precisamente pequeña. —respondió Theodore, apoyando los codos sobre la mesa— Si van a basarse en eso, deberían sospechar de media ciudad. 

Lucas no sonrió, pero su voz mantenía un tono cordial, casi cálido. 

— Claro, pero no es solo eso. Tú también estuviste con Tyler al momento de que nos durmiéramos al lado del fósil de triceratops. Perdona mis palabras pero no puede ser casualidad. 

Theodore mantuvo la mirada hacia Lucas mientras le quedaba más claro que de que creen completamente que es el Triceratops, cruzando los brazos. 

Tú estuviste ahí. Con nosotros, no decimos que seas alguien malvado, quizás eres el Triceratops sin saberlo. —dijo Tyler, con un tono firme, sin agresividad— 

Por unos segundos, nadie dijo nada. Theodore solo los miró, uno a uno. No dijo ni sí ni no. Pero su silencio empezó a hablar más fuerte que cualquier frase. 

En la sala de monitoreo de la OISS, Alex murmuró desde su asiento: 

—Está al borde de estallar. Su silencio lo delata demasiado, puede que como Triceratops sea bastante fuerte, pero está a años luz de saber elaborar mentiras.  

Edward asintió. Anne miraba fijamente la pantalla, estudiando el lenguaje corporal de Theodore. 

Esta nervioso. —dijo ella— Debe de estar pensando desesperado en algún modo de evitar ser relacionado antes de tener que recurrir a matarlos... 

En el apartamento, Mike apoyó su taza vacía sobre la mesa. 

Sea como sea, todos aquí queremos evitar otra tragedia como la del parque. 

Entonces busquen en otra parte. —respondió Theodore, aunque su voz ahora temblaba apenas al final— Porque no van a encontrar pruebas contra mí. No tienen nada. 

Lucas levantó la ceja Todavía no. 

Theodore tragó saliva, y en ese momento, supieron que lo habían alcanzado. No lo tenían acorralado físicamente, pero la verdad ya estaba empezando a quebrar su fachada. Y si no hablaba pronto, lo harían hablar. 

Durante el resto del tiempo Theodore fingía escuchar mientras sus ojos se movían con rapidez, repasando cada gesto, cada tono. El sudor comenzaba a humedecerle la nuca. Las preguntas habían dejado de ser casuales hacía rato, y por más que intentara disimularlo, el aire se volvía más denso a cada minuto. 

Entonces notó algo, un bulto apenas perceptible en la camisa de Mike era demasiado simétrico para ser una arruga y demasiado evidente para pasar desapercibido. Sus ojos recorrieron el entorno con más atención. Un leve destello en una esquina del techo, siendo esto una cámara. Ya había entendido todo al instante, Estaba siendo visto por más personas y quién ya no consideraba amigos lo sabían. 

Su garganta se cerró. Por un instante, pensó en actuar normal, en mantener la mentira. Pero algo dentro de él colapsó, el miedo, el enojo. Todos esos sentimientos se agolparon como una avalancha en su pecho. 

Desgraciados...” pensó lleno de rabia. Y entonces, sin previo aviso, golpeó su propio pecho con fuerza sabiendo lo que iba a pasar. Se levantó de su asiento mientras el resto era testigo de esto, su cuerpo crujió a la vez que su cuerpo se estaba agrandando de manera bestial. El apartamento tembló mientras su cuerpo mutaba, ganando masa, volumen, cuernos, incapaz de soportar las medidas de la bestia que se estaba terminando de formar. 

El Triceratops rugió con furia, su mera presencia destrozando la mesa y volcando el sofá contra la pared. El techo se resquebrajó, las ventanas estallaron en pedazos. Dejando solo unos segundos de reacción a los demás para alejarse lo suficiente para evitar ser dañados. 

Mientras en la furgoneta, Alex y el resto de su equipo observaban el caos a través de las cámaras antes de que se perdieran. 

¡Se transformó, vamos por él antes de que algo pase! —ordenó a los agentes— 

Con ello, la furgoneta arrancó y se dirigió a toda velocidad hasta el apartamento en donde se transformó para ahora, detener a Theodore quién ya estaba bastante claro que era el Triceratops.

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