Durante los dos días siguientes, la sede de la OISS se convirtió en el centro de una sutil tensión. Aunque no se habían dado registros del Triceratops atacando la ciudad, el aire que se respiraba era espeso, denso, como el silencio antes de una tormenta.
Tyler y su grupo permanecieron en el complejo, trabajando junto a Alex, Edward, Anne y varios estrategas de la organización para definir la mejor forma de interrogar a Theodore sin levantar sospechas. El objetivo era claro: confirmar si él era el que estaba detrás del Triceratops sin empujarlo a reaccionar violentamente.
Las reuniones se llevaban a cabo en una sala de operaciones amplia, con pantallas que mostraban mapas de la ciudad, grabaciones del incidente en el parque, y fichas digitales con los datos disponibles de Theodore. Mientras discutían, surgieron momentos que rompieron la rigidez del entorno.
Rebecca y Anne, en uno de los recesos, terminaron hablando sobre sus vidas, conectando rápidamente por su interés en común. Mike, más callado, encontró afinidad con Edward al compartir edades similares, viendo en él algo que no era, alguien valiente y determinado.
Lucas, por su parte, compartía estrategias de seguimiento y vigilancia con agentes de campo, aportando ideas que incluso sorprendieron a Alex por su ingenio y sentido táctico. El propio Alex, aunque era una figura de liderazgo fuerte, se mostraba abierto a escuchar a los recién llegados. Parecía genuinamente interesado en sus opiniones, y poco a poco se formaba algo más parecido a un equipo que a dos bandos obligados a colaborar.
Tyler observaba todo eso en silencio mientras pasaba parte del tiempo con Edward. A pesar de lo poco que hablaban, había un entendimiento tácito entre ambos. Quizás porque los dos sabían lo que era perder el control. Porque los dos habían sentido ese terror primitivo de mirar sus propias manos y no reconocerse.
En una de esas charlas, mientras caminaban por uno de los jardines internos del edificio, Edward le dijo:
— No sé qué te llevó a transformarte la primera vez, Tyler. Pero lo importante ahora no es solo controlar lo que eres… sino decidir qué vas a hacer con ello.
Tyler lo miró, sin responder. Pero en su interior, algo se acomodaba. Una decisión se estaba gestando. La noche del segundo día, con la estrategia finalmente planteada y aprobada, Alex reunió a todos en la sala de reuniones.
— Mañana —dijo, mirando a cada uno con firmeza— será el momento de descubrir la verdad. O ganamos o nos lamentamos, no hay opción de fracaso.
Las luces se apagaron lentamente, dejando la sala en penumbra. Afuera, la ciudad dormía sin saber lo que estaba por venir.