Al día siguiente, la luz de la mañana entraba con suavidad por las persianas del apartamento de Tyler, tiñendo la habitación de un tono ámbar cálido. El lugar olía a café recién hecho y pan tostado, cortesía de Rebecca, que se había ofrecido a ayudarle en lo que pudiera después de lo sucedido en Sudamérica. Ambos estaban sentados en el suelo de la sala, rodeados de papeles, tabletas y una laptop abierta con las imágenes del mural proyectadas en pantalla.
Tyler pasaba lentamente las fotografías con el dedo, ampliando ciertos símbolos, volviendo atrás para mirar los detalles grabados con siglos de antigüedad. Su mirada era seria, concentrada.
— ¿Sabes? —dijo de pronto, rompiendo el silencio— Creo que lo entendí… El mural no representaba un mito o una historia cualquiera. La figura reptiliana. —señaló una de las imágenes, donde una silueta humanoide con rasgos de dinosaurio alzaba las manos al cielo— Eso era lo que me pasó. Esa transformación, no fuimos los primeros, debió de haber alguno antes de nosotros como para que pudieran hacer esta imagen.
Rebecca se inclinó un poco hacia adelante, tomando una taza de café entre sus manos. Observó la imagen con atención, como si de pronto viera lo mismo que Tyler.
— ¿Crees que alguien más encontró fósiles similares? ¿Que esa civilización los usó?
—Tyler negó con lentitud— Eso es lo que no sabemos, ni creo saber algún día. Solo estoy seguro de que la civilización que vivía en aquellas ruinas llegó a ver a alguien transformado en un dinosaurio.
Rebecca apoyó la taza sobre la mesa baja del salón y se cruzó de brazos, pensativa.
— ¿Y qué vas a hacer con eso? —preguntó sin rodeos—
Tyler tardó en responder. Sus ojos seguían clavados en la pantalla, como si esperara que las imágenes le dieran una respuesta. Finalmente, murmuró:
— No lo sé. Una parte de mí quiere deshacerse del fósil. Enterrarlo, romperlo, no sé. No quiero volver a… convertirme en eso. A perder el control. Pude haber lastimado a cualquiera de vosotros. Lo que pasó en la selva me dejó claro que ese poder no es solo mío y que es bastante peligroso.
Rebecca lo miró de reojo, una sonrisa leve apareciendo en sus labios.
— O quizás, —dijo con tono juguetón— no deberías deshacerte de él. Tal vez esto estaba destinado a pasar. No todos los días te vuelves un dinosaurio gigante con superpoderes. Y sinceramente, mejor que le haya tocado a una buena persona como tú, que a un desgraciado sin escrúpulos.
Tyler se río por lo bajo, bajando la mirada, algo avergonzado, pero también agradecido.
— Gracias. En serio.
—Rebecca alzó una ceja— ¿Por qué? Solo dije la verdad.
— Porque no sé si podría lidiar con esto solo. —admitió Tyler— El poder, la historia detrás, lo que viene después... es demasiado. Pero saber que estás aquí me hace sentir que no tengo que cargarlo todo.
Rebecca le dio un pequeño empujón con el hombro, sonriendo.
— No lo harás. Estamos en esto juntos, ¿de acuerdo?
Tyler asintió. Aunque seguía habiendo dudas en su mente, por primera vez desde que todo comenzó, se sintió menos solo. Tal vez no entendía todo aún. Tal vez no sabía cómo controlar lo que tenía dentro. Pero tenía aliados. Tenía un propósito que apenas comenzaba a vislumbrarse. Y mientras Rebecca estuviera a su lado, sabía que no se dejaría consumir por lo que llevaba en su interior.