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Las Ruinas. Parte 3

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 16 de septiembre de 2026

Mientras el grupo permanecía observando el inquietante mural, Theodore y Tyler intercambiaron miradas. Aunque el hallazgo había sorprendido a todos, había algo más, una incomodidad apenas perceptible, un presentimiento que les decía que el mural era solo el comienzo. 

— Voy a revisar el lugar —dijo Tyler en voz baja, agachándose junto a una esquina de la sala— 

— Ya estaba pensando lo mismo —respondió Theodore, siguiéndolo— 

Ambos comenzaron a inspeccionar minuciosamente el suelo polvoriento y agrietado. A primera vista no había nada más allá del desgaste de los años, pero con el paso de los minutos, Tyler notó algo peculiar: varios de los bloques de piedra seguían un patrón extraño, repetitivo, como si hubieran sido colocados con una intención oculta. 

Theo… ¿ves esto? —preguntó, señalando unas líneas finas apenas visibles entre los bloques 

Sí… parecen un marco, como si delimitaran algo… —respondió Theodore, entrecerrando los ojos— Espera… 

Tomó una vara metálica de su mochila y golpeó suavemente algunos de los bloques. El sonido era sordo, opaco. Pero uno en particular devolvió un eco hueco. 

Aquí hay una cámara debajo. —confirmó Theodore, ya con un brillo diferente en los ojos 

Tyler asintió y llamó a Lucas, que se acercó junto a Rebecca. Con ayuda de herramientas y fuerza bruta, comenzaron a desmontar los bloques cuidadosamente. Poco a poco, la tierra y la piedra cedieron, revelando una escotilla camuflada con el mismo material del suelo. Tyler respiró hondo y la empujó hacia arriba. 

Un crujido antiguo, áspero y oxidado rompió el silencio. 

Un aire denso y cargado emergió del hueco, junto a una oscuridad espesa que ningún rayo de luz podía disipar por completo. Uno a uno, los miembros del grupo descendieron por una escalera de piedra estrecha, hasta llegar a una cámara subterránea. 

Era una sala amplia, de forma circular. Las paredes estaban cubiertas con más símbolos indescifrables, aunque esta vez los grabados eran más profundos, más pulidos. En el centro, dos estructuras llamaron de inmediato la atención: altares de piedra negra, cada uno iluminado por pequeños haces de luz natural que entraban desde rendijas en el techo. 

Sobre esos altares yacían dos cráneos fosilizados. Uno, imponente y con fauces abiertas, completamente inconfundible: un tiranosaurio. El otro, más robusto, de estructura cuadrada, con el cráneo coronado por tres cuernos: un triceratops. 

Ambos estaban en un estado de conservación extraordinario, casi como si hubieran sido depositados allí con un cuidado reverencial. No parecían enterrados por el paso del tiempo, sino exhibidos… como si alguien los hubiera puesto ahí para ser vistos. O adorados. 

Esto… no tiene sentido. —murmuró Rebecca, sin poder apartar los ojos de los fósiles— Estos restos deberían estar destruidos por completo con el paso de los milenios. Esto no es una caverna natural. Es un santuario. 

Una sala de veneración, —susurró Tyler, con la voz enronquecida por la mezcla de asombro e inquietud 

. —dijo Theodore, dando un paso al frente— Esto fue construido para ellos. No para enterrarlos… sino para mantenerlos vivos en la memoria. O algo más. 

El silencio volvió a hacerse dueño de la sala. Los ecos de la historia resonaban en cada piedra, en cada hueso antiguo que descansaba sobre esos altares. Algo dormía allí abajo. Algo que no pertenecía al tiempo, ni a la lógica de la ciencia. 

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