La noche había caído con fuerza cuando Tyler y Theodore regresaron al campamento. Las linternas cortaban la oscuridad mientras los sonidos de la selva se hacían más presentes que nunca. Rebecca se levantó apenas los vio llegar.
— ¿Y bien? ¿Visteis algo? —preguntó, con una mezcla de preocupación y curiosidad—
Tyler dejó la mochila a un lado y se sentó junto al fuego. —No mucho… la entrada es segura, pero está deteriorada. Hay una sala más amplia al fondo que no quisimos explorar sin el equipo completo. Mañana iremos todos —dijo, secándose el sudor de la frente.
— ¿Una sala amplia? —intervino Lucas, alzando una ceja— ¿Tiene sentido arriesgarse si no hay evidencias claras?
— No lo sabremos hasta mirar bien. —dijo Theodore, con su tono firme habitual— Pero hay algo extraño en esas ruinas. Nada que encaje con culturas conocidas. Necesitamos más ojos.
Lucas se cruzó de brazos, pensativo. Mike, que había estado revisando algunas provisiones, intervino con voz temblorosa pero decidida. —Entonces… ¿mañana vamos todos?
— Sí. —confirmó Tyler— Revisaremos todo juntos, empezando por esa sala. Hay algo ahí. Lo presiento.
Rebecca asintió, mirando de reojo a Lucas, que al final no objetó nada. La noche pasó sin incidentes, salvo por el crujir constante de ramas a lo lejos y el zumbido agobiante de los insectos. Cada uno descansó como pudo.
A la mañana siguiente, el grupo partió temprano. Equipados con linternas, cámaras, herramientas y provisiones, se adentraron en la selva hasta llegar nuevamente a las ruinas. La luz del día hacía el lugar menos amenazante, aunque no por ello menos misterioso. Las sombras se colaban entre las grietas y las inscripciones seguían pareciendo ajenas a cualquier registro histórico conocido.
— Aquí está la entrada. —dijo Tyler, guiando al grupo por el pasillo que él y Theo recorrieron la noche anterior—
— Las paredes están más erosionadas de lo que imaginaba. —comentó Rebecca, pasando los dedos por los relieves— Esto lleva aquí siglos, quizás más.
Lucas caminaba al frente junto a Theodore, evaluando la estructura. Mike, por su parte, se movía con cierta inseguridad, siempre un paso detrás, observando cada detalle con cautela.
Finalmente, llegaron a la sala que Tyler y Theo habían mencionado. Era más amplia de lo que parecía, aunque parte del techo estaba colapsado. Polvo, raíces y piedra partida cubrían gran parte del suelo. Las paredes estaban plagadas de inscripciones, pero ninguna reconocible.
El grupo comenzó a investigar en silencio. Escaneaban, tomaban fotografías, y analizaban fragmentos. Sin embargo, tras casi una hora, no parecía haber nada relevante. Hasta que Mike, que había ido a revisar una sección más apartada, alzó la voz.
— ¡Chicos! ¡Venid a ver esto!
Los demás acudieron al instante. Mike apuntaba con su linterna a una pared lateral, semioculta por vegetación y piedras caídas. A medida que la luz recorría la superficie, un mural tallado emergía ante sus ojos. No estaba en buen estado, pero se distinguía claramente.
Había varias imágenes grabadas en el mural como si tratara de contar una historia. Los bordes estaban plagados de símbolos imposibles de identificar, con líneas curvas, espirales y formas que parecían moverse si uno las miraba demasiado tiempo.
— ¿Qué demonios es esto? —susurró Rebecca, boquiabierta—
— No se parece a nada que haya visto en mi carrera. —añadió Lucas, ahora totalmente atento—
— Parece algún tipo de historia… pero no encaja con algo que ya hayamos visto antes. —murmuró Tyler—
Todos estaban asombrados de un modo u otro, comentando el mural como si fuera algo fuera de otro mundo. Todos salvo Theodore el cual observaba pensativo tratando de descifrar lo que trataba de contar el mural.
Un silencio incómodo envolvió al grupo. Nadie sabía cómo interpretar aquellas imágenes, pero todos, en lo profundo, sintieron lo mismo: ese lugar no era como los demás. Había algo oculto, enterrado bajo siglos de tierra, piedra… y quizás miedo.