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El Despertar. Parte 4

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 17 de septiembre de 2026

El sol golpeaba con fuerza desde lo alto cuando Theodore abrió los ojos. 

Lo primero que sintió fue el suelo húmedo bajo su espalda. Musgo, tierra... ramas. Lo segundo fue el dolor sordo en todo su cuerpo, como si hubiera sido lanzado a través de una tormenta. Se incorporó con esfuerzo, notando el sudor frío en su frente y la camiseta pegada a la piel. Estaba en medio de la selva, muy lejos del campamento. No tenía ni idea de cómo había llegado allí. 

Se llevó una mano a la cabeza. Sus recuerdos eran como fragmentos rotos: la sensación de calor insoportable, la presión en el pecho, el dolor... y después, nada. 

— ¿Qué... demonios...? —murmuró, mientras se ponía de pie tambaleándose— 

Durante las siguientes horas vagó por el lugar, con una mezcla de confusión y determinación. Inspeccionaba el terreno, buscaba alguna pista lógica. Entonces, entre los árboles cercanos, notó algo: marcas profundas en los troncos. Eran líneas irregulares, gruesas, como si algo enorme los hubiese arañado, además de huellas. 

No de botas, no de animales salvajes. Eran huellas gigantescas, con una forma tridáctila que le hizo helarse por dentro, pero también le resultaban extrañamente familiares. Las huellas llevaban directamente al claro donde él había despertado. Fue ahí cuando lo entendió. 

Una imagen cruzó su mente: el mural. El ser de aspecto reptiliano. La figura a la que creyeron un dios. Luego, el recuerdo del fósil. El fósil que él mismo había estado analizando antes de todo volverse blanco, ató los cabos. 

No... puede ser —susurró, tocándose el pecho 

El alivio no tardó en reemplazar la incredulidad. En vez de sentir miedo o rechazo, algo dentro de él se sentía bien. Completo. Como si toda su vida hubiese llevado a esto. Su respiración se calmó, y su mente se llenó de una euforia que rozaba lo irracional. 

¿Esto es lo que soy ahora? —preguntó en voz alta, casi sonriendo 

Entonces lo intentó, recordó la presión, el calor, el impulso. Se golpeó varias partes de su cuerpo con la intención de que probar su idea de transformarse hasta que golpeó con fuerza su pecho, justo donde había sentido aquella energía antes de que todo se apagara. Por un momento, nada ocurrió. 

Pero luego, su cuerpo comenzó a estremecerse. Su piel se endureció como roca, sus músculos se expandieron. Sintió el crujir de sus huesos, el estirarse de su espina dorsal. En cuestión de segundos, ya no era humano. 

La transformación se completó, y el rugido que soltó hizo temblar las ramas cercanas. Sentía una fuerza descomunal recorrerle el cuerpo. Podía sentir la tierra vibrar bajo sus pies. Cada sentido estaba despierto, cada fibra de su ser resonando con poder ancestral. 

Y luego, con una exhalación lenta y profunda, volvió a la normalidad. Su cuerpo regresó a su forma humana, agotado pero feliz. 

Sonrió. 

Lo logré... tenía razón y lo controlé... 

Se cruzó de brazos, orgulloso. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía verdaderamente invencible. No tenía miedo. Tenía un propósito. 

Y mientras el viento soplaba entre las hojas, Theodore comenzó a caminar de vuelta hacia el campamento, con la moral por las nubes y un secreto que aún no sabía si compartir. 

En algún lugar de la selva, el equipo, exhausto pero determinado, se adentraba cada vez más en ella. La búsqueda de Theodore no había dado frutos, y con los fósiles aún desaparecidos, el aire se volvía más tenso con cada minuto que pasaba. 

Lucas iba a la cabeza, machete en mano, apartando ramas espesas. Rebecca lo seguía, revisando el terreno en busca de alguna señal. Mike, en silencio, no se despegaba del mapa que intentaba reconstruir con sus anotaciones. Tyler, por su parte, caminaba unos metros más atrás. Se lo notaba inquieto. 

¿Estás bien? —preguntó Rebecca, girando hacia él 

Sí… solo un poco de calor, eso es todo... —respondió Tyler, secándose el sudor de la frente 

Pero no era solo calor. Su cuerpo empezaba a traicionarlo. Las manos le temblaban, los músculos se contraían como si una corriente eléctrica pasara por ellos. Su respiración se volvía pesada. Cada paso le costaba más. 

Un agudo pinchazo en el pecho lo hizo detenerse. 

Tyler, —dijo Rebecca, notando que se doblaba sobre sí mismo— ¿qué pasa? 

No sé... No... no me siento bien... 

Cayó de rodillas, jadeando. Sus uñas se alargaban lentamente. Su piel, normalmente pálida, adquiría una tonalidad más marrón. El sudor comenzó a evaporarse de su piel como si su temperatura corporal se disparara. Las venas se marcaban como raíces en su cuello. Rebecca se acercó, aterrada. 

¡Mike! ¡Lucas! ¡Venid rápido! ¡Tyler está mal! 

Sin saberlo, ya era tarde, un rugido gutural, más bestial que humano, estalló desde el pecho de Tyler. Sintió un cosquilleo recorriendo cada parte de su cuerpo y tras ello su columna se arqueó hacia atrás mientras sus huesos crujían violentamente. Las ropas se rasgaban, su cuerpo se agrandaba. Sus brazos se agrandaban, sus piernas se reforzaron como columnas vivas. El rostro que Rebecca conocía desapareció entre escamas, dientes y ojos amarillos que brillaban con una fiereza imposible. 

Frente a ella, ya no estaba Tyler, lo único que había era un tiranosaurio de forma humanoide, con una postura y miradas imponentes. Rebecca retrocedió, helada. 

Lucas y Mike llegaron segundos después, justo a tiempo para ver la criatura alzar la cabeza hacia el cielo y soltar un rugido que hizo temblar la tierra. 

¿¡Qué... es eso!? —exclamó Mike, con los ojos abiertos de par en par 

No puede ser... —murmuró Lucas, tragando saliva— ¿Es... Tyler? 

La bestia los miró. No con odio, ni con rabia. Más bien como si intentara entender qué estaba pasando. Se tambaleó. Retrocedió. Y entonces, justo cuando parecía que iba a atacar, simplemente salió corriendo hacia una dirección cualquiera mientras se tambaleaba con cada paso pesado que daba. 

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