Una brisa suave soplaba entre las tiendas del campamento. Rebecca fue la primera en abrir los ojos, aturdida, sintiendo la garganta seca y la cabeza pesada. Al levantar la mirada vio que no era de noche o aún era de tarde, sino que ya había amanecido por lo que se había dormido por todo ese tiempo.
Estaba tumbada sobre la tierra, como si hubiera perdido el conocimiento. Se incorporó lentamente, con un leve temblor en las manos. A su alrededor, todo parecía en calma.
A pocos metros de distancia, Lucas y Mike despertaban también, dentro de su tienda. Ambos se miraron confundidos, como si algo se les hubiese escapado de las manos sin siquiera darse cuenta.
— ¿Nos dormimos? —preguntó Mike, sobándose las sienes—
— No… no me acuerdo de haberme acostado. —dijo Lucas, poniéndose de pie— Fue como... si alguien nos hubiese apagado.
Salieron rápidamente y corrieron hacia donde estaban los demás. Rebecca estaba de pie, observando el interior de la tienda principal, con el rostro pálido.
— ¿Qué pasó? —preguntó Lucas—
—Rebecca negó con la cabeza lentamente— No lo sé. Solo recuerdo una luz… y luego nada.
Fue entonces cuando Tyler y Theodore salieron también, ambos con el ceño fruncido y pasos torpes. Parecían desorientados.
— ¿Alguien más tiene un dolor en el pecho? —preguntó Tyler, llevándose una mano al torso como si algo latiera distinto ahí dentro—
— Yo me siento raro también… como si hubiera soñado algo importante pero no lo puedo recordar —dijo Theodore, mirando el suelo—
— ¿Dónde están los fósiles? —preguntó Rebecca, de golpe—
Todos se volvieron. La mesa de trabajo estaba vacía, sin rastro alguno de los fósiles.
— No… no puede ser —dijo Mike, ya rebuscando por toda la tienda— No hay huellas, no hay señales de movimiento. ¡Desaparecieron!
Rebecca se agachó, tocando el lugar donde habían estado los cráneos. Estaba frío, como si algo se hubiera drenado de ahí. Como si se hubiera extinguido una llama invisible.
— ¿Y si alguien los tomó mientras estábamos dormidos? —sugirió Lucas—
Pero no había huellas. No había disturbios. No había nada que indicara que alguien externo se los hubiese llevado.
— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó Mike, frustrado y nervioso— ¿Qué fue esa luz?
Mientras el resto discutía las posibilidades, Tyler y Theodore se miraron en silencio. No era solo confusión lo que sentían, era otra cosa. Algo interior. Como una energía latente, imposible de nombrar pero imposible de ignorar. Algo que sus cuerpos reconocían, aunque sus mentes lo negaran.
— Estoy bien. —murmuró Tyler al final, como si quisiera convencer más a sí mismo que al resto— Solo… debimos dormirnos y ya.
— Sí. —dijo Theodore, aunque su voz no tenía convicción alguna— Seguro fue eso—
Pero en sus ojos había algo más. Un reflejo extraño. Como si, muy en el fondo, supieran que algo dentro de ellos ya había cambiado, sin vuelta atrás.
El sol ya estaba cayendo cuando Rebecca regresó al campamento con los hombros encorvados y el rostro cubierto de polvo. Su linterna colgaba de la mano como si ya no tuviera fuerzas ni para sostenerla. Tyler, Theodore, Lucas y Mike ya estaban allí, también con el mismo semblante agotado. Todos habían decidido pasar el día buscando el posible paradero de los fósiles, pero ninguno había encontrado algo.
Ni marcas en el suelo, ni grietas nuevas, ni pisadas ajenas. Era como si se hubieran desvanecido en el aire.
— Nada. —dijo Lucas, quitándose el pañuelo que tenía en la cabeza para evitar el sol con un suspiro— Ni una maldita piedra movida.
— Es como si nunca hubieran estado. —agregó Rebecca, todavía sin aliento—
Mike, que había estado sentado contra una de las cajas con las manos entrelazadas, alzó la vista con el ceño fruncido.
— ¿Y si alguien nos siguió? —preguntó, rompiendo el silencio— Piensen en esto: una civilización antigua, fósiles extraños, un mural raro, y justo cuando estamos analizándolos… nos desmayamos y desaparecen. ¿No creéis que suena a sabotaje?
— ¿Sabotaje? —repitió Theodore con tono escéptico—
— Sí. ¿Y si alguien estaba esperándonos? Nos dejaron inconscientes con gas, drogas o algo más, tomaron los fósiles y se fueron sin dejar rastro.
—Rebecca se cruzó de brazos— Entonces, ¿por qué no se llevaron nada más? ¿Por qué no nos hicieron daño? ¿Por qué dejarnos vivos?
— Porque solo querrían los fósiles. Tal vez sabían lo que eran, o lo que podían hacer —respondió Mike—
Tyler negó con la cabeza, aunque no muy convencido.
— No hay rastros. Ninguna señal de que alguien haya entrado o salido del perímetro. Nada. Y nosotros… no escuchamos nada. No sentimos nada. Simplemente… nos apagamos.
— ¿Y qué otra explicación hay? —replicó Mike con un deje de frustración—
Porque, aunque su teoría era dudosa, tampoco tenían nada mejor. Lo único que compartían todos era la misma sensación de vacío. De no tener idea alguna de lo que había pasado.
Y el cansancio se acumulaba como una manta pesada sobre sus espaldas.
— Mañana seguiremos buscando. —dijo Tyler, levantándose lentamente— Por ahora… hay que descansar.
— Sí... —asintió Lucas— No sacaremos nada más con las linternas medio apagadas y las piernas a punto de rendirse.
Rebecca apagó la lámpara central de la tienda mientras los demás se dirigían a sus respectivas tiendas. Uno a uno fueron cayendo en el silencio de la noche, con el viento rascando suavemente las lonas y el murmullo lejano de la selva como única compañía.