El día en la selva seguía su curso como cualquier otro. El murmullo constante de insectos y hojas agitadas por el viento envolvía el campamento en un ritmo que casi parecía respiración. Bajo una de las tiendas de campaña, Lucas y Mike seguían sentados frente a la mesa improvisada, rodeados por papeles, fotos y trazos que habían ido copiando del mural.
— Todas las escenas tienen una lógica —dijo Lucas, repasando los bocetos con el dedo— Mira, esta muestra la llegada de lo que parecen ser meteoritos, y esta otra cómo los miembros de la tribu encuentran los fósiles…
— Y esta representa algunos rituales. —interrumpió Mike— Ofrendas, fuego, cosechas creciendo. Hasta aquí todo encaja como si fueran registros históricos o mitológicos.
Ambos fijaron la vista en la última imagen del mural: una figura humanoide, de cuerpo ancho, postura erguida y rostro similar al de un lagarto o un reptil. Los ojos del dibujo parecían demasiado detallados para el resto del estilo artístico.
— Pero este... —Mike señaló la imagen con el bolígrafo— este no encaja. No hay contexto, no hay explicación visual. Solo está ahí, como si fuera lo más importante... pero sin decirnos nada.
—Lucas entrecerró los ojos— ¿Y si no es un evento? ¿Y si es una representación simbólica? Como una deidad, un mito, algo que no esperaban ver físicamente pero sí reverenciaban.
—Mike asintió, algo escéptico— Una especie de dios reptiliano.
— Sí. O una figura que ellos creían que vendría de los cielos... ¿O que ya había venido? —Lucas se recostó en su silla de campaña— Sea lo que sea, no hay nada más que lo confirme. Así que solo podemos interpretarlo como eso: una creencia. Una fe.
Mientras tanto, a pocos metros en la tienda principal, Tyler, Theodore y Rebecca trabajaban con sumo cuidado sobre las mesas donde reposaban los cráneos fósiles.
Una lámpara portátil colgaba sobre ellos, lanzando su luz amarillenta sobre la superficie de los restos. Rebecca observaba uno de los cráneos con una lupa, mientras Theodore tomaba notas. Tyler se mantenía de pie, con los brazos cruzados, vigilando en silencio.
— Esto no huele como debería. —dijo Rebecca, arrugando la nariz— No es humedad, ni putrefacción... es como... ¿metálico? ¿Orgánico? No sé cómo describirlo exactamente...
— Yo también lo noté. —dijo Tyler con tono bajo— No es normal.
Theodore tocó con suavidad la parte posterior del cráneo del Triceratops. Lo que debía ser un simple fósil tenía una textura que no correspondía del todo al material óseo.
— Hay una capa interna... —dijo, apartando parte de la tierra endurecida con una espátula— No es piedra. Tampoco parece colágeno fosilizado. Es otra cosa.
—Rebecca cambió su expresión— ¿Podría ser algún tipo de cristalización inusual?
—Theodore negó con la cabeza— No lo creo. Mira esto...
Apuntó con una linterna a una sección expuesta. Bajo el polvo y la tierra, una parte del cráneo parecía brillar sutilmente. Como si aún conservase una energía latente. Como si no estuviera del todo muerto.
— Esto no tiene sentido. —murmuró Tyler, dando un paso atrás, alerta—
Rebecca se inclinó con más cuidado, casi conteniendo la respiración.
— ¿Y si esto tampoco es solo fósil?
Lucas y Mike salieron de su tienda con pasos firmes pero rostros cansados, cargando consigo una carpeta con dibujos y apuntes. El viento del atardecer movía levemente las lonas del campamento, y las linternas colgadas en los postes lanzaban sombras largas sobre la tierra húmeda.
— ¿Ya tenéis algo? —preguntó Theodore en cuanto los vio acercarse—
— Sí, creemos que sí. —respondió Lucas, desplegando los bocetos sobre la mesa de trabajo donde estaban los fósiles—
Todos se reunieron alrededor, prestando atención mientras Mike tomaba la palabra.
— A ver. El mural es, básicamente, una cronología. Muestra una lluvia de meteoritos, luego una tribu encontrando fósiles extraños. A partir de ahí, se dan mejoras en las cosechas, aparecen rituales y sacrificios, hasta que termina en esa figura humanoide con aspecto de reptil.
—Lucas señaló la última imagen— Creemos que esa figura no es una persona real, sino un símbolo. Un dios o espíritu que la tribu veneraba. Quizá como protector, o como castigo. No tenemos más contexto que eso.
—Theodore frunció el ceño— ¿Un dios dinosaurio?
— Sí. —intervino Rebecca— Es una interpretación como cualquier otra. Tiene sentido con lo que hemos visto.
— Pero entonces… —Tyler bajó la mirada a los cráneos— ¿Qué son estos fósiles realmente?
Todos guardaron silencio. Las teorías encajaban con el mural, pero no explicaban por qué los cráneos seguían tan bien conservados. Por qué emanaban ese extraño olor. Por qué su textura no se sentía enteramente... muerta.
— Quizá el misterio está en ellos. —murmuró Rebecca, examinando uno con una linterna— Quizá lo que adoraban eran una reconstrucción errónea de lo que alguna vez fueron estos fósiles de dinosaurios.
— Sea lo que sea, no lo sabremos sentados. —dijo Theodore, cruzando los brazos— Hay que seguir analizando. Si hay algo oculto, está aquí.
Sin perder tiempo, los tres se pusieron nuevamente a trabajar sobre los cráneos. Tyler sostenía con cuidado uno de ellos mientras Rebecca inspeccionaba los bordes con una microcámara, y Theodore hacía cortes diminutos sobre una muestra para análisis microscópico. El ambiente estaba en completo silencio salvo por el sonido de los aparatos y el zumbido constante del generador del campamento.
— Necesito un respiro. —dijo Rebecca después de un rato, dejándolos unos segundos— El aire aquí dentro es demasiado denso.
Salió de la tienda, dejando que el aire fresco de la tarde la despejara un poco. Se alejó unos metros y se estiró, dejando que la tensión de sus hombros se desvaneciera con cada respiración.
Dentro de la tienda, Tyler estaba volviendo a colocar el cráneo sobre su soporte cuando una ligera vibración le recorrió los dedos.
— ¿Lo sentiste? —preguntó a Theodore, que levantó la cabeza—
Pero antes de que pudiera responder, ambos cráneos comenzaron a temblar. Levemente al principio. Luego más fuerte. Las herramientas sobre la mesa vibraron, cayendo al suelo.
— ¿¡Qué!? —gritó Theodore—
Pero no era eso. El suelo estaba inmóvil. Solo los fósiles parecían responder a algo invisible.
Y entonces todo se volvió blanco, pero no solo para Theodore y Tyler, sino que también para el resto del equipo, Rebecca, Mike y Lucas sentían lo que sucedía, pero solo pudieron ver como todo se volvía blanco.