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Decadencia. Parte 3

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 15 de septiembre de 2026

La conversación entre risas y recuerdos se vio interrumpida cuando una figura alta y algo encorvada apareció junto a la mesa. Tyler fue el primero en notarlo: el andar metódico, la camisa perfectamente planchada a pesar del calor, y esa expresión cansada pero digna que ya se había vuelto una constante. 

— ¿Señor Campbell? —dijo Rebecca, enderezándose en su asiento— 

Maxwell Campbell asintió con una leve sonrisa y un gesto con la mano que pedía tranquilidad. 

— Buenos días, chicos. ¿Os importaría si me uno un momento? Solo será un par de minutos, lo prometo. 

— Claro que no, señor Campbell. —respondió Lucas con una mezcla de respeto y curiosidad— Este asiento es suyo. 

El director general de Eclipse Laboratories se sentó con cuidado, como si cada movimiento requiriera consideración. Aunque su cabello ya era más gris que castaño y las arrugas marcaban su frente con firmeza, sus ojos aún conservaban ese brillo observador de quien había pasado la vida entre teorías, hallazgos y decisiones difíciles. 

No suelo hacer este tipo de visitas, lo sé. —dijo tras un breve silencio— Pero ustedes cinco… bueno, aún representan algo muy valioso para Eclipse. Algo que no quiero perder del todo. 

Los cinco intercambiaron miradas. Theo inclinó levemente la cabeza, atento. Mike tragó saliva en silencio. Rebecca enarcó una ceja. Tyler, por su parte, se limitó a escuchar. 

He venido a hablaros de un proyecto. —continuó Campbell Una expedición en Suramérica. Una zona remota en plena selva, alejada incluso de los mapas turísticos. Hace unas semanas recibimos datos... inquietantes, podríamos decir. Una serie de hallazgos geológicos y biológicos que simplemente no encajan con ninguna explicación actual. 

¿Hallazgos de qué tipo? —preguntó Lucas con tono escéptico 

Maxwell dudó unos segundos antes de responder. 

Varias formaciones minerales que parecen… alteradas. Como si no pertenecieran a esa época. Cuerpos fosilizados que no tienen paralelo en nuestros registros. Energía residual en patrones que no podemos identificar. Y lo más extraño: se detectaron fragmentos subterráneos de un material que, hasta ahora, no tiene comparación conocida. Como si… como si no fuera de aquí. Todo esto según dicen, bastante cerca de unas antiguas ruinas. 

Las palabras flotaron pesadas entre ellos. Ninguno habló de inmediato. Incluso el ruido de la cafetería pareció apagarse un poco. 

Entiendo que suena... inverosímil. —añadió el jefe— Y creedme, no muchos quieren aceptar el encargo. De hecho, casi nadie. Es arriesgado, complicado, y los recursos son escasos. Pero el gobierno no quiere involucrarse directamente. No aún. Y yo… yo no tengo a quién más recurrir. Vosotros sois lo último que me queda. 

Rebecca bajó la vista. Theo desvió la mirada hacia la ventana. Lucas frunció el ceño, visiblemente molesto con el tono de derrota que percibía. Mike solo se removió en su asiento, incómodo. Tyler, sin embargo, mantuvo la mirada fija en Campbell. 

¿Por qué nosotros? —preguntó finalmente 

Maxwell suspiró Porque vosotros aún creéis. Porque, a pesar de todo, seguís viniendo aquí cada día. Porque sois capaces. Y porque no hay nadie más que yo confíe para algo tan incierto. 

El silencio volvió a asentarse sobre la mesa. 

No espero una respuesta ahora. —dijo levantándose— Tenéis todo el tiempo que sea necesario. Y si decidís no ir, lo entenderé. Nadie os culpará. Yo tampoco. 

Se quedó unos segundos de pie, observándolos con una mezcla de pesar y respeto. 

Gracias por escucharme. Os deseo una buena tarde. 

Y sin esperar respuesta, se alejó caminando lentamente hacia los pasillos interiores del edificio, como un viejo comandante que aún recorre su barco aunque ya no quede tripulación. 

Ninguno habló durante un rato. Ni bromas, ni críticas, ni dudas disfrazadas de cinismo. Solo el sonido de los cubiertos sobre los platos, y el eco lejano de una lluvia que empezaba a tamborilear sobre el techo de la cafetería. 

La mesa se fue quedando en silencio a medida que las tazas se vaciaban y los platos quedaban a medio terminar. Nadie volvió a mencionar la expedición, pero la tensión flotaba en el aire, como una decisión que ya había empezado a tomar forma aunque nadie quisiera ser el primero en darle voz. 

¿Entonces… mañana? —preguntó Lucas, mientras jugaba con una servilleta entre los dedos 

Mañana. —confirmó Rebecca, sin mucho entusiasmo, pero con una firmeza que bastaba para sellar el trato 

Es justo... —añadió Mike, visiblemente aliviado de no tener que decidir en ese mismo instante 

Tyler asintió. Agradeció el acuerdo, aunque por dentro ya sabía cuál era su decisión. Cuando se puso de pie, la mirada de los demás se desvió hacia él por un segundo. No dijo nada más. No lo necesitaba. 

Caminó por los pasillos con las manos en los bolsillos de su uniforme de trabajo, observando los tubos fluorescentes que parpadeaban débilmente y los carteles antiguos que aún colgaban en las paredes, restos de una época en la que Eclipse Laboratories era sinónimo de avance, orgullo y prestigio nacional. Las vitrinas que antes albergaban trofeos de descubrimientos e innovaciones ahora estaban vacías o cubiertas de polvo. El eco de sus pasos era el único sonido en un pasillo que solía rebosar actividad. 

Él aún creía. Quizá más que nadie. No solo por nostalgia o por idealismo, sino porque sentía que Eclipse aún tenía algo que ofrecer al mundo. Sabía que aceptar la expedición era apenas el primer paso, pero también comprendía que no podría hacerlo solo. Necesitaba a los demás, a su equipo. A sus amigos. 

¿Te vas ya? —preguntó una voz detrás de él 

Tyler se giró y encontró a Theodore, apoyado con los brazos cruzados contra la pared, con su expresión calmada y habitual. A diferencia de otros, Theo nunca parecía incómodo en el silencio. 

Solo estaba caminando un poco. —respondió Tyler, acercándose— ¿Y tú? 

Buscaba aire. O quizás solo evitar pensar demasiado. —dijo Theodore, apartándose de la pared para caminar junto a él— Supongo que es lo mismo. 

Caminaron juntos por los corredores sin rumbo fijo, en un silencio que no pesaba. Al cabo de unos minutos, Tyler fue directo al grano. 

¿Ya sabes qué vas a hacer? 

Theo no tardó en responder Sí. Voy a ir. 

Tyler lo miró de reojo, sorprendido por la rapidez y claridad de la respuesta. 

¿Tan seguro estás? 

No del todo. Pero… siento que es algo que debo hacer, no sé cómo explicarlo, pero debo hacerlo. —Theo bajó la mirada brevemente antes de continuar— Y si lo que Campbell dijo es real, si de verdad hay algo allá afuera que pueda cambiar las cosas… entonces quiero verlo con mis propios ojos. 

Tyler asintió en silencio. No eran palabras grandilocuentes, ni discursos heroicos. Era simple convicción. Sincera. 

Me alegra que pienses así. —dijo finalmente— Yo también quiero ir. 

Lo imaginaba. Siempre fuiste el más testarudo. —comentó Theo con una leve sonrisa 

Y tú el más callado. Pero mira quién está hablando ahora. 

Ambos soltaron una pequeña risa, breve pero suficiente para aliviar el peso de la noche. Siguieron caminando por los pasillos hasta que el cielo comenzó a teñirse de un azul profundo. Las luces de la ciudad ya parpadeaban a través de las ventanas altas del laboratorio, recordándoles que el día había terminado sin que se dieran cuenta. 

Cuando se detuvieron cerca de la salida principal, se dieron una palmada en el hombro mutuamente. No hubo necesidad de decir más. Cada uno tenía su propia ruta de regreso a casa, pero compartían el mismo camino a partir de ese momento. 

Tyler miró por última vez el interior de Eclipse antes de salir. A pesar del silencio, de las luces apagadas y de la soledad que lo envolvía, algo en su interior se encendía con renovada fuerza. 

Sabiendo que su oportunidad de cambiar ya llegó.

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