Los pasos titánicos resonaban con un eco monstruoso en todo San Francisco. La lucha se había alargado demasiado y la noche estaba llegando ya, Tyler y Theodore se habían pasado luchando todo ese rato por todo San Francisco hasta el punto donde llegaron al Puente Golden Gate, sus cables tensándose con cada embate. Tyler, aún en su forma de T-Rex, jadeaba con fuerza mientras sus músculos palpitaban de dolor. La sangre caliente corría por sus brazos transformados, tiñendo de rojo la estructura.
Triceratops lo había embestido con toda su fuerza. Los dos cuernos se habían hundido en sus hombros como lanzas brutales, haciéndolo rugir de dolor al ser elevado por el impacto y arrojado de espaldas contra una de las torres del puente.
— ¡Te dije que nunca podrías contra mí, Tyler! —tronó la voz gutural de Theodore desde su cuerpo mutado— ¡Eres débil! ¡Siempre lo fuiste!
Tyler se aferraba con las garras a los cables de acero, intentando mantenerse en pie. Su visión temblaba, las fuerzas lo abandonaban, y por un segundo todo se volvió borroso hasta que escuchó voces conocidas.
— ¡¡TYLER!!
La figura de Edward, cubierto de ramas endurecidas como escudos, apareció desde un costado, seguido de Anne, cuyas manos ya comenzaban a emitir un brillo azul acuoso. Sin decir nada, ambos hermanos se lanzaron directo al combate.
Anne levantó una gran cantidad de agua con forma de puño extraída directamente del Océano Pacífico debajo de ellos, golpeando fuertemente a Triceratops con ello, retrasándolo por unos segundos. Edward corrió hacía su compañero, con furia en el rostro.
— ¡Levántate! ¡No te vas a rendir ahora!
Tyler lo miró, él jadeaba y aún le dolía la herida que le habían hecho, pero asintió. Con un gruñido gutural, se puso en pie mientras sus heridas se mantenían abiertas, su cuerpo respondiendo con más fiereza de lo que jamás había sentido. Con cada respiración, la ira y la determinación lo fortalecían.
— No... voy a dejar que ganes —murmuró entre dientes, con voz grave y profunda—
Theodore retrocedió cuando lo vio acercarse. Esta vez, el temblor en sus pasos no era de debilidad: era la señal de un gigante en ascenso.
Tyler se lanzó hacia él con una velocidad brutal, esquivando la embestida y golpeándolo con su gigantesca cola. El impacto hizo que Triceratops derrapara por el asfalto del puente, destruyendo parte del barandal.
Edward apareció desde un costado y lo mantuvo fijo con raíces y ramas que brotaban del suelo.
— ¡Ahora, Tyler!
Anne sumó a la ofensiva una corriente de agua que lanzó a Theodore contra una de las columnas. Tyler, sangrando, temblando, pero con el fuego ardiendo en sus ojos, corrió directo hacia su antiguo amigo.
— ¡No voy a dejar que me vuelvas a llevar la delantera!
Saltó con un rugido colosal, el aire vibrando con la potencia. El impacto sacudió el puente entero cuando cayó con un puñetazo directo al pecho de Triceratops. La batalla había cambiado y esta vez, Tyler no estaba solo.
El rugido desgarrador de Tyler resonó por todo el puente mientras su cuerpo de T-Rex comenzaba a tensarse con una violencia inusitada. Los ojos, antes llenos de determinación, ahora ardían con una furia ciega. Cada golpe que le daba a Theodore era más brutal que el anterior, cada garra rasgando la piel endurecida de su contrincante con una fuerza descontrolada.
— Tyler... —murmuró Anne, notando cómo algo estaba mal—
Pero él ya no escuchaba. La rabia había tomado el mando.
Tyler hundió los puños con tal fuerza que el cuerpo de Triceratops se sacudió como si fuera una muñeca de trapo. El concreto del puente estallaba con cada embestida. Las raíces de Edward ya no eran necesarias. Theodore no podía levantarse. Su cuerpo sangraba. Jadeaba con dificultad, su mirada solo podía captar como Tyler lo golpeaba una y otra vez.
Entonces Tyler rugió nuevamente, se inclinó con la mandíbula abierta, enorme, salvaje, y la cerró contra el cuello de Triceratops. Los colmillos presionaban la piel gruesa y rugosa de su enemigo, estaba a un segundo de matarlo.
— ¡Tyler, BASTA YA! —dijo una voz que no era ni de Edward o Anne—
Era Rebecca, ella estaba parada en medio del puente, temblando, con el rostro empapado en lágrimas. Se había acercado sin pensar en el peligro. Con miedo, sí, pero con más miedo aún de perderlo a él.
— Ya... ya se acabó, Tyler. Por favor, vuelve... tú no eres esto...
T-Rex tembló, sus colmillos comenzaron a abrirse. Los ojos, antes de dorado radiante y furiosos, comenzaron a apagarse lentamente. Un rugido más, esta vez más bajo, casi como un gemido. Y entonces retrocedió.
Dejó caer el cuerpo inconsciente de Theodore al suelo, quien quedó inerte, aún respirando, pero apenas. Tyler dio unos pasos hacia atrás, tambaleándose, mientras la transformación comenzaba a revertirse. Su cuerpo encogía, sus huesos crujían, y al final, cayó de rodillas, humano nuevamente. La piel cubierta de sangre y polvo.
Rebecca corrió hacia él y lo abrazó con fuerza. Sin palabras. Edward y Anne también se acercaron, aún alerta, mirando a Theodore por si acaso, pero sabiendo que ya no quedaba más pelea en él ya que también se estaba volviendo humano. Tyler bajó la mirada, jadeando, con el corazón golpeando como un tambor desbocado.
— Casi... casi lo mato... —susurró, con voz rota—
— Pero no lo hiciste. —dijo Rebecca, aun abrazándolo— Porque tú sigues ahí.
El silencio se apoderó del puente. Solo quedaba el eco de los pasos y el murmullo del viento con el peso de lo que acababa de ocurrir.