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Con Rabia y Voluntad. Parte 3

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 21 de septiembre de 2026

Las puertas de emergencia se abrieron con estruendo, y Tyler y Edward salieron disparados al exterior del edificio, exhaustos por haber corrido tanto. El lugar estaba sumido en caos: sirenas activadas, personal corriendo de un lado a otro y luces rojas bañando todo el perímetro. 

— ¡¿Qué demonios pasó?! —gritó Anne, acercándose a ellos por delante, sin aliento, su mirada oscilando entre ambos— 

Edward apenas pudo mirarla mientras pasaba corriendo a su lado. 

— ¡Price se transformó! 

¿¡Qué!? —fue todo lo que alcanzó a decir Anne antes de que el crujir de concreto destrozado le llegara por la espalda 

Del interior del edificio, destrozando por completo el marco metálico, emergió la colosal silueta del Triceratops. Las cámaras de vigilancia saltaban de sus anclajes. Las ventanas explotaban. Cada paso que daba era un golpe sordo contra el suelo. 

Tyler se detuvo unos segundos, mirando la escena. Quería ayudar. Quería pelear. Pero su cuerpo seguía negándose a responder. Ni un cosquilleo o una señal. Edward, en cambio, se adelantó junto a su hermana. 

¡Tyler, aléjate! ¡Esto lo cubrimos nosotros! 

¡Pero…! 

—¡AHORA! —gritaron ambos al unísono 

Sin más remedio, Tyler se alejó corriendo hacia la zona trasera, dándoles espacio, con el corazón latiéndole en las sienes. 

Anne se colocó en posición, extendiendo las manos hacia el suelo. Un torrente de agua emergió de las cañerías subterráneas, girando a su alrededor como una serpiente líquida. Edward, por su parte, comenzó a transformar sus brazos en una gran maza y un látigo puntiagudo. 

El Triceratops rugió, y sin más, embistió. La batalla fue brutal desde el primer instante. Anne manipulaba el agua para crear columnas que lo empujaban de lado a lado, tratando de desestabilizarlo. Edward atacaba con su maza, asestándole numerosos golpes de lleno mientras le daba latigazos. 

Ambos luchaban sincronizados, esquivando juntos, flanqueando por lados opuestos, confiando ciegamente el uno en el otro. Pero no bastaba. 

El cuerpo de Theodore resistía cada embate como si fueran simples ráfagas de viento. Uno de sus cuernos rozó el brazo de Anne y la lanzó contra una de las paredes. Edward intentó inmovilizarle una pierna con sus dos brazos ahora transformados en látigos, pero la bestia los arrancó al instante. 

A pesar de todo, ninguno de los dos cedía. 

¡Vamos, Tyler…! —murmuró Edward mientras esquivaba una embestida a centímetros de ser destrozado— 

A la distancia, oculto tras un montículo de concreto, Tyler observaba. Las manos le temblaban. El pecho le dolía. Sentía el sudor corriéndole por la espalda. Cerró los ojos. Buscó el cosquilleo. El impulso. El peligro. 

El rugido del Triceratops lo hizo abrir los ojos justo cuando Edward era embestido y lanzado varios metros contra una torre de comunicación. Anne gritaba su nombre mientras luchaba por mantenerse firme. Pero finalmente, ambos terminaron perdiendo contra la bestia. Tyler solo se limitó a huir hasta que pudiera transformarse. 

El viento le azotaba el rostro. El caos de la batalla retumbaba a sus espaldas como un eco maldito que lo perseguía sin tregua. Sus pies golpeaban el suelo con torpeza, cada paso más lento que el anterior. No podía dejar de pensar en Edward, en Anne, en todo lo que acababan de hacer por él y cómo, una vez más, había terminado escapando. 

"¿Por qué…? ¿Por qué siempre tienen que dar la cara por mí siempre…?" 

Recordaba el sonido seco del cuerpo de Edward siendo golpeado. La sangre que manchaba la mejilla de Anne. Todo por protegerlo. 

"¿Por qué soy siempre el que corre? ¿Por qué soy el que arrastra a los demás al desastre?" 

Su corazón latía desbocado, pero no por el cansancio. Era rabia, impotencia. Era un nudo quemándole la garganta. 

"¡No soy un maldito espectador! ¡¡No quiero seguir siendo una carga!!" 

Sus piernas flaquearon. Cayó de rodillas entre arbustos y tierra, jadeando. El sudor le nublaba la vista. Sentía la presión en el pecho como si lo estrangularan. 

Fue entonces cuando el suelo tembló y al darse la vuelta vio como Triceratops se le acercaba a toda velocidad, presenciando una vez más la imagen del cómo alguien que veía como un hermano deseaba matarlo. Avanzaba a paso firme, como una sentencia. Cada una de sus pisadas quebraba raíces y hundía la tierra. Sus cuernos brillaban bajo el sol como cuchillas que lo iban a desgarrar. 

Tyler intentó levantarse, pero su cuerpo no respondía. Solo podía mirar. Ver cómo esa criatura, su ex mejor amigo, se acercaba para aplastarlo como a un insecto. 

¡No puedes huir de mí! —rugió la bestia, su voz distorsionada pero reconocible 

Y entonces alzó su brazo para golpearlo, asestarle un solo golpe que iba a ser suficiente para aplastarlo. Lo único que Tyler hizo fue presenciar la escena, completamente indefenso, pero desde lo más profundo de su cuerpo, una corriente furiosa estalló. Como fuego negro, una explosión silenciosa de emociones comprimidas. 

Ira, frustración, necesidad de proteger. El miedo que, por primera vez, no lo hizo temblar, sino arder. Y cuando el puño estaba a milímetros de alcanzarlo un estallido de energía lo envolvió por completo. Sus ojos se abrieron, su piel se cubrió de escamas oscuras y ásperas. Su espalda se arqueó y se expandió mientras su fuerza volvía. 

Sin desearlo Tyler se transformó nuevamente en T-Rex, consciente una vez más. El puño de Triceratops no golpeó a un hombre indefenso, golpeó a otro monstruo. Tyler lo miró a los ojos, ahora desde la misma altura. Su respiración era densa, firme, un halo de energía roja vibraba alrededor de su cuerpo. 

No más huidas. —gruñó con voz grave— Esto termina ahora.

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