Tras un corto viaje en coche, los tres habían terminado por llegar. El zumbido eléctrico de las luces se mezclaba con el crujido metálico de las puertas automáticas. Tyler caminaba con paso firme por los pasillos grises del centro de contención, seguido de cerca por Alex y Edward. Lo primero que quería Tyler antes que nada era ver a Theodore a solas.
— ¿Estás seguro de esto? —le preguntó Alex, serio, justo frente a la puerta reforzada que llevaba a la celda especial—
— Sí. —respondió sin dudar Tyler— Necesito hacerlo.
Alex le sostuvo la mirada unos segundos y, tras un breve suspiro, asintió. Pulsó el panel al costado y la compuerta se abrió con un sonido hidráulico. Tyler entró. La puerta se cerró detrás de él.
La habitación estaba completamente grisácea, fría y sin ventanas. En el centro, esposado estaba Theodore, que aún tenía las ropas puestas con la que lo capturaron. Parecía acorralado, pero, aun así, mantenía una expresión burlona y arrogante que lo había acompañado siempre.
— Vaya… —soltó Theodore al verlo— Mírate. Siempre tan heroico.
Tyler no respondió de inmediato. Se acercó un par de pasos, lo suficiente para tenerlo de frente, pero aún a una distancia prudente.
— No puedo creer que seas tú. —dijo al fin, su voz cargada de rabia contenida— Nunca imaginé que algún día tendría que venir aquí para ver en lo que te convertiste.
Theodore arqueó una ceja, divertido.
— ¿Y en qué me convertí, Tyler? ¿Eh? ¿En alguien que por una vez dejó de ser un espectador de la vida y se convirtió en alguien digno de ser recordado?
— Te convertiste en un asesino y en un monstruo. —espetó Tyler, dando un paso más hacia adelante— Mataste a Lucas, casi matas a Mike y Rebecca, nos traicionaste a todos. ¿De verdad crees que eso te hace digno de algo?
Theodore giró apenas el rostro, el tono de su voz manteniéndose sereno, casi despreocupado.
— Lo que hice, lo hice porque pude hacerlo. Porque tengo el derecho de hacerlo. ¿Acaso no ves lo que somos, Tyler? No somos meros humanos, somos más. Lo que pasó era inevitable y era lo que tenía que ser.
— ¿Tú te escuchas? —Tyler apretó los dientes, cada palabra le costaba no gritarla— ¡Justificas tus crímenes como si fueras parte de algún destino torcido! ¡Eras mi mejor amigo, hicimos una promesa!
Theodore ladeó la cabeza.
— Y yo sí la estoy haciendo gracias a esta habilidad. —alzando apenas sus esposas— Este don me hará grande. Lo único que he hecho es aprovechar todo lo que la historia ha preparado para alguien capaz de usar como debe un poder así.
Tyler se quedó mudo unos segundos. Su respiración era pesada. Quería gritarle, sacudirlo e incluso golpearlo. Pero eso no iba a ayudar en algo. Theodore mantenía la mirada fija en Tyler, pero su sonrisa había cambiado. Ya no era arrogante. Ahora era calculadora. Como si ya supiera lo que venía después.
— ¿Sabes algo, Tyler? —dijo, inclinando un poco la cabeza— Ha sido una charla… reveladora. Pero aún me queda algo.
—Tyler frunció el ceño— ¿Qué estás diciendo?
Theodore sonrió con los ojos encendidos de satisfacción.
— Perdón por usar un truco tan sucio.
Y antes de que Tyler pudiera reaccionar, su cuerpo comenzó a crujir, a hincharse, a retorcerse con un sonido orgánico y gutural. La transformación se activó de golpe. Huesos reorganizándose, músculos creciendo, piel resquebrajándose hasta convertirse en escamas duras como el concreto.
Tyler retrocedió alarmado.
— ¡No… no puede ser…!
Las esposas que tenía puestas se rompieron con sus manos creciendo se hizo trizas cuando el cuerpo de Theodore terminó de convertirse en un ser imponente al que ya conocía bastante bien. El suelo tembló, todo el cuarto vibró con un rugido monstruoso.
La puerta tras Tyler se abrió de golpe. Edward apareció con sus ojos observando el momento.
— ¡Tyler, ven!
Tyler fue agarrado y llevado fuera de la sala por los brazos de madera de Edward convertidos en una especie de tentáculos antes de que Triceratops embistiera contra él, atravesando la sala con furia bestial, rompiendo paredes como si fueran papel mojado. Edward lo ayudó a levantarse y lo zarandeó.
— ¡Transfórmate! ¡¡Ahora!!
Tyler cerró los ojos. Sintió el cosquilleo. Lo deseó. Quiso entrar en ese estado, pero nada. No pasaba nada.
— ¡No puedo! —gritó desesperado—
— ¡Entonces huye hasta que puedas hacerlo!
Ambos comenzaron a huir por los pasillos del complejo mientras el rugido de la bestia retumbaba detrás de ellos. Triceratops los perseguía sin descanso, embistiendo cada pared, cada puerta, cada obstáculo. Las luces parpadeaban y las alarmas se activaban con cada impacto. El techo se estremecía y rasgaba por sus cuernos, el concreto crujía. La criatura era demasiado grande para moverse con facilidad por los pasillos, pero eso no lo detenía, lo rompía todo a su paso.
— ¡Por aquí! —gritó Edward, girando hacia una escalera de emergencia—
Tyler lo siguió jadeando, con el corazón en la garganta. Detrás, la sombra de la bestia se acercaba con velocidad bruta y destructiva. A cada paso, el suelo se agrietaba más. El rugido volvió a escucharse, más fuerte, más cerca. Su cacería había comenzado.