El silencio opresivo de La Mugre contrastaba con el caos de la batalla. Su cuerpo viscoso y deforme se movía con fuerza aterradora mientras Anne y Edward se posicionaban para enfrentarlo.
— ¡Edward, tenemos que coordinar nuestros ataques! —gritó Anne, esquivando un tentáculo que se lanzó hacia ella—
Pero Edward no respondió. Ya había cargado hacia La Mugre, golpeando su masa con toda la fuerza de sus puños de madera. Aunque los ataques lograban hacer retroceder momentáneamente a la criatura, su estructura gelatinosa parecía absorber parte del impacto, regenerándose casi al instante.
— ¡Edward, para un segundo y escúchame! —gritó Anne de nuevo, frustrada—
— ¡ni yo ni esta cosa tenemos tiempo para esperar y pensar algo, Anne! —respondió Edward entre dientes, su voz cargada de rabia. Su mirada estaba fija en la criatura, cada movimiento suyo era impulsivo, guiado más por el rencor que le tiene a La Mugre que por la estrategia—
Anne se mordió el labio, lanzando una ráfaga de agua hacia La Mugre para apartarla de su hermano. La criatura se tambaleó, pero pronto se recuperó, arrojando un tentáculo que golpeó el suelo cerca de Anne, haciéndola retroceder.
— ¡estás arruinándolo todo, escúchame por una vez en tu vida! —exclamó Anne, creando un escudo de agua para bloquear otro ataque—
Edward no le prestó atención. Seguía atacando sin cesar, golpeando y esquivando con movimientos erráticos. Cada vez que parecía que Anne podría intentar alguna estrategia, Edward se interponía, ignorando cualquier intento de coordinarse.
La Mugre, aunque errática y descontrolada, parecía adaptarse a la situación. Sus ataques comenzaron a volverse más precisos, enfocándose en la falta de coordinación entre los dos hermanos.
Anne levantó una barrera de agua entre Edward y la criatura, obligándolo a detenerse por un momento.
— ¡Edward, detente! Si seguimos así, no vamos a ganarle. ¡Tenemos que pensar!
Edward la miró con furia, sus ojos brillando con frustración.
— ¡no necesito que me digas qué hacer! —gruñó, apartándose de la barrera con un movimiento brusco—
Anne apretó los dientes. Su hermano siempre había sido impulsivo, pero esto estaba llevando las cosas al límite. Sabía que él estaba lidiando con mucho, pero su falta de control estaba poniendo a ambos en peligro.
Mientras tanto, Dorian observaba desde la distancia, con los brazos cruzados y una expresión seria.
— es un caos absoluto... —murmuró para sí mismo, aunque en el fondo había cierta curiosidad por ver cómo manejarían la situación—
La Mugre lanzó otro ataque, esta vez apuntando a ambos hermanos simultáneamente. Anne reaccionó rápido, levantando una ola de agua para desviar el golpe.
— ¡Edward, cúbreme mientras preparo algo más grande! —gritó Anne, girando sobre sí misma mientras manipulaba el agua a su alrededor—
Pero Edward, en lugar de protegerla, cargó de nuevo contra La Mugre, ignorando completamente su petición. La criatura respondió lanzándolo contra una de las columnas del puente, haciéndolo caer al suelo con un gruñido de dolor.
Anne dejó escapar un suspiro exasperado, pero no perdió el enfoque. Sabía que no podía confiar en que Edward se calmara, así que tendría que encargarse ella misma.
— deja de ser tan testarudo, Edward. No estamos compitiendo aquí —murmuró para sí misma mientras reunía más agua a su alrededor—
La Mugre se preparó para lanzar otro ataque. Anne sabía que necesitaban encontrar una forma de detenerla rápido, antes de que el puente colapsara o más civiles resultaran heridos.
La batalla continuaba, pero la falta de sincronía entre los hermanos hacía que cada momento fuera más peligroso. Anne solo podía esperar que Edward recapacitara antes de que fuera demasiado tarde.
El lugar ya casi irreconocible por los daños causados por La Mugre y los ataques erráticos de Edward. Anne, aunque deseaba unirse al combate de lleno, rápidamente comprendió que había civiles que necesitaban ayuda.
Mientras Edward intercambiaba golpes con la criatura, Anne apartó a una mujer que tosía violentamente, claramente afectada por la atmósfera tóxica que rodeaba a La Mugre. La ayudó a alejarse del área contaminada, formando una burbuja protectora de agua que le facilitara respirar aire limpio.
— tranquila, estarás bien —le dijo Anne mientras la mujer asentía con debilidad. Después de dejarla en una zona segura, Anne giró la vista hacia Edward, que seguía enfrentándose sin descanso al monstruo—
Cada golpe que Edward lanzaba parecía alimentado por una rabia descontrolada, pero su determinación lograba mantener a La Mugre a raya. Anne levantó un muro de agua para desviar uno de los tentáculos de la criatura, protegiendo a un grupo de personas que intentaban huir por un costado del puente.
— ¡Edward! ¡Cuidado! —gritó Anne al notar cómo otro tentáculo se lanzaba hacia su hermano. Pero Edward, como si no hubiera escuchado, esquivó con un movimiento brusco y contraatacó, hundiendo su puño en la cabeza de La Mugre con toda su fuerza—
El impacto fue diferente esta vez. Al penetrar en la masa gelatinosa que formaba su cabeza, Edward sintió algo extraño, como si hubiera tocado un núcleo interno. Un destello cegador invadió su mente, y, de repente, se encontró viendo algo que no era el caos del puente, sino un lugar oscuro y frío.
En esa visión, un hombre estaba sentado en una silla metálica, su rostro pálido y lleno de miedo. Frente a él, Andrew Cooper, con una expresión calculadora, sostenía una jeringa cargada con un líquido de tono verdoso.
— esto te hará especial... único —dijo Andrew mientras inclinaba la aguja hacia el brazo del hombre—
Edward sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al observar cómo el hombre, aterrorizado, forcejeaba sin éxito. Edward no sabía que fue lo que pasaba exactamente, pero estaba seguro que lo que estaba viendo estaba relacionado con La Mugre.
La visión se desvaneció de repente, devolviendo a Edward al caos del puente. Su puño aún estaba hundido en la cabeza de la criatura, que se retorcía violentamente para liberarse. Edward retrocedió, pero su respiración se aceleró mientras procesaba lo que acababa de ver.
— entonces... eras un hombre —murmuró para sí mismo, mirando a La Mugre con ojos entrecerrados—
Pero lejos de sentir compasión, esa revelación alimentó aún más su ira. Para Edward, el hecho de que La Mugre hubiera sido un humano no la redimía. Si acaso, ahora veía al monstruo como una abominación creada intencionalmente, y eso lo enfurecía más.
— ¡eres más malvado de lo que pensé! —gritó Edward, lanzándose de nuevo al ataque con una furia renovada. Sus golpes eran cada vez más brutales, su mente completamente cegada por la ira—
Mientras tanto, Anne, quien seguía apartando a más personas del peligro, observó a su hermano con preocupación. Su descontrol no solo ponía en riesgo a ambos, sino que también hacía más difícil la posibilidad de derrotar a La Mugre de forma efectiva.
— ¡Edward, cálmate de una vez! ¡No vamos a ganar si sigues así! —gritó Anne, intentando hacer que entrara en razón—
Pero sus palabras parecieron caer en oídos sordos. Edward estaba atrapado en su propia batalla, no solo contra La Mugre, sino contra el torbellino de emociones que lo consumía.
Desde la distancia, Dorian seguía observando, con el ceño fruncido.
— esa ira... si no aprende a controlarla, esto no terminará bien, parece ser que no me equivocaba del todo... —murmuró para sí mismo, cruzando los brazos mientras consideraba intervenir—
La lucha continuaba en el corazón del puente, pero ahora Anne sabía que no solo enfrentaban a La Mugre. También tendrían que lidiar con el lado más oscuro de Edward si querían salir de esta batalla con éxito.