1989, la tarde estaba teñida de un tenue resplandor anaranjado cuando Dorian caminaba por el parque que solía visitar con su hermano menor, Ethan Rivers. El viento era fresco, y el crujir de las hojas secas bajo sus botas llenaba el silencio entre ellos. Dorian no había planeado este encuentro, pero Ethan lo había estado buscando durante días, y finalmente, lo encontró.
— Dorian, ¿puedes parar un segundo? —preguntó Ethan con firmeza, deteniéndose en el camino—
—Dorian giró la cabeza, sus ojos cansados apenas mostrando interés— ¿qué quieres, Ethan? Estoy ocupado.
—Ethan apretó los puños, frustrado— ¿ocupado haciendo qué? ¿Evitandome? ¿Evitando a todos?
—Dorian suspiró y continuó caminando, sus manos en los bolsillos— no tengo tiempo para esto.
—Ethan no se quedó atrás; apuró el paso hasta bloquearle el camino— ¿qué te pasa? No eres el mismo desde que... desde que cambiaste.
—Dorian lo miró con el ceño fruncido— ¿cambiar? ¿A qué te refieres?
— a lo que tú y yo sabemos. —replicó Ethan, señalándolo con un dedo acusador— Tus poderes, Dorian. Desde que obtuviste esas habilidades, te has convertido en alguien que no reconozco. Te encierras, no hablas con nadie, actúas como si estuvieras por encima de todo.
—Dorian bufó, girando sobre sus talones— no tienes idea de lo que estás diciendo. No sabes cómo es vivir con esto.
— ¡porque no me dejas entenderlo! —gritó Ethan, su voz cargada de desesperación— Soy tu hermano, Dorian. Se supone que nos apoyamos, pero ahora... no sé en qué piensas, qué sientes.
— no tengo que explicarte nada, Ethan. Esto no es asunto tuyo —dijo Dorian con frialdad, su voz marcando un claro límite—
—¡claro que es asunto mío! —Ethan lo empujó levemente, apenas lo suficiente para captar toda su atención— Eres mi hermano mayor. Siempre he confiado en ti, pero ahora... ni siquiera sé si puedo hacerlo.
—Dorian lo miró con ojos entrecerrados, su paciencia agotándose— estás cruzando la línea.
— ¿la línea? ¿Qué línea? ¿La que tú cruzaste cuando decidiste que tus poderes son más importantes que tu familia? —Ethan dio un paso más cerca, su voz temblando entre rabia y tristeza— No tienes idea de cuánto me duele verte así, como si el Dorian que conocía hubiera desaparecido.
—El aire entre ellos se tensó como una cuerda a punto de romperse. Dorian apretó los dientes, su mandíbula marcada por la tensión— no sabes nada de lo que estoy pasando. No sabes cómo es tener que controlar esto todos los días, fui escogido por el destino para ser el portador de este poder.
— ¡pues hazme entenderlo! —gritó Ethan, y su voz resonó en el parque como un eco que no se apagaba—
Dorian cerró los ojos por un instante, intentando contenerse. Pero las palabras de Ethan seguían martillando en su cabeza, removiendo su ira y su culpa.
— ¡basta, Ethan! ¡No quiero oír más! —gritó Dorian, dando un paso hacia adelante, su tono lleno de advertencia—
—Ethan no retrocedió— no. No voy a parar. No hasta que entiendas que te estás destruyendo y a todos los que dices que te importan.
La tensión explotó. Dorian, cegado por la mezcla de emociones, levantó las manos, apuntando hacia su hermano. Ethan, en un acto reflejo, se preparó para defenderse. Ninguno de los dos iba a ceder.
De vuelta al presente, el sol de la mañana atravesaba las ventanas del pequeño gimnasio donde Dorian y Anne entrenaban. Los rayos iluminaban las gotas de agua suspendidas en el aire, como si el tiempo se hubiese congelado por un instante. Anne estaba concentrada, sus brazos extendidos mientras intentaba darle forma a un charco que había creado con esfuerzo.
— vamos, Anne, enfócate —dijo Dorian desde un banco al costado, observándola con atención—
Anne frunció el ceño, canalizando su energía en el agua que flotaba delante de ella. Al principio, parecía que estaba logrando formar un simple círculo, pero de pronto las gotas comenzaron a dispersarse y cayeron al suelo con un sonoro chapoteo.
— ¡ugh! Otra vez no... —murmuró Anne, secándose el sudor de la frente—
— no te desesperes. Esto no es algo que se logre de inmediato. —dijo Dorian, cruzando los brazos— Incluso para alguien como yo, con más experiencia, fabricar grandes cantidades de agua requiere mucho más control y paciencia que para disparar unas esferas pequeñas.
Anne respiró hondo, cerrando los ojos. Recordó cómo, en su primer intento de manipular el agua, apenas podía lanzar un chorro sin perder el equilibrio. Ahora, aunque aún fallaba, podía sentir que algo dentro de ella se iba afinando, una conexión más clara con sus habilidades.
— vamos de nuevo —dijo con determinación, levantando ambas manos hacia el charco—
Dorian asintió, viendo cómo su aprendiz enfrentaba el desafío con renovado optimismo. El agua comenzó a alzarse nuevamente, esta vez tomando una forma más definida, un cilindro que temblaba ligeramente pero que se mantenía unido. Anne sonrió por un breve instante, antes de que la estructura colapsara en gotas.
— bueno, al menos fue mejor que la última vez, ¿no? —bromeó Anne, soltando una leve risa para aliviar la tensión—
Dorian no respondió de inmediato. Permaneció en silencio, sentado en el banco, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en ella. Había algo en la forma en que Anne abordaba el entrenamiento que le recordaba a alguien más.
—Anne notó el silencio y giró hacia él— ¿oiga señor Rivers, está bien?
Dorian parpadeó, volviendo al presente. Su expresión se suavizó un poco, pero aún había algo oscuro en sus ojos.
— tienes un gran potencial, Anne. —dijo finalmente, su voz baja— Es impresionante lo rápido que avanzas, incluso cuando fallas.
—Anne sonrió, agradecida por el cumplido— bueno, tengo a un buen maestro.
Dorian dejó escapar una leve sonrisa, pero pronto se desvaneció. Se inclinó hacia atrás, mirando al techo por un momento antes de hablar de nuevo.
— Anne, hay algo que necesito decirte.
La seriedad en su tono hizo que Anne dejara de lado el entrenamiento. Se acercó lentamente, limpiándose las manos mojadas en la camiseta.
— ¿de qué se trata?
Dorian respiró hondo, como si las palabras estuvieran atrapadas en su garganta. Finalmente, la miró directamente a los ojos.
— no soy exactamente el mejor ejemplo a seguir cuando se trata de controlar estas habilidades. Y hay algo... algo que pasó hace mucho tiempo que creo que deberías saber.
Anne lo observó con curiosidad, pero también con cautela. Había algo en la expresión de Dorian que parecía pesarle como una carga invisible.
— ¿es sobre cómo obtuviste tus poderes? —preguntó ella, intentando suavizar el momento—
—Dorian negó con la cabeza lentamente— Algo por el estilo. Si soy tu mentor lo mínimo que puedo hacer es contarte todo sobre mi...
El silencio en la sala se volvió casi tangible, como si el aire se hubiera vuelto más denso. Anne frunció el ceño, insegura de cómo responder.
— señor Rivers... —comenzó a decir, pero él levantó una mano, pidiéndole que lo dejara continuar—
— no quiero que te sientas obligada a juzgarme o entenderme. Solo... creo que si voy a ayudarte a desarrollar tus habilidades, necesitas saber quién soy realmente y lo que llevo conmigo.
Anne asintió, sentándose a su lado en el banco. No sabía lo que estaba a punto de escuchar, pero algo le decía que no sería fácil de digerir.
Dorian miró hacia el frente, sus ojos perdiéndose en algún punto indeterminado mientras se preparaba para abrir un capítulo de su vida que había mantenido cerrado durante demasiado tiempo.