Anne estaba en la pequeña mesa de su cocina, con un café tibio en sus manos mientras Edward, de pie junto a la ventana, miraba hacia la calle con expresión pensativa. Habían pasado la mañana debatiendo qué hacer después de lo que había sucedido la noche anterior.
— lo que querías ya está hecho, ¿no? —preguntó Anne, tomando un sorbo de su café y observando a su hermano—
— ¿de verdad crees que esto se acabó? —respondió Edward sin apartar la vista de la ventana. Su tono era firme, casi frío—
—Anne suspiró, dejando la taza sobre la mesa— esa cosa está destruida, la gente está a salvo, ¿qué más queda?
—Edward se giró, clavando sus ojos en los de Anne— esto no es solo sobre esa cosa. Hay algo más grande ocurriendo aquí. Lo sé porque lo siento. Algo está cambiando en el mundo, y no para mejor.
Antes de que Anne pudiera responder, su teléfono vibró sobre la mesa. Frunció el ceño al ver el nombre de Dorian en la pantalla, dudando si contestar o no. Finalmente, deslizó el dedo para atender la llamada.
— ¿señor Rivers?
— Anne, ¿estás bien? —la voz de Dorian sonaba preocupada y directa, casi con urgencia—
— sí, estoy bien. ¿Por qué lo preguntas?
— vi las noticias. Tú estabas allí, ¿verdad? —Dorian hizo una breve pausa antes de continuar— Necesitamos hablar. Esto es importante.
—Anne se mordió el labio, lanzando una mirada rápida a Edward, quien levantó una ceja con curiosidad al notar su reacción— está bien, ¿dónde quieres que nos veamos?
—Dorian le dio un lugar cercano, y Anne asintió aunque él no pudiera verla—estaré allí en veinte minutos.
—Colgó y se levantó de la silla, tomando su chaqueta. Edward cruzó los brazos, inclinándose ligeramente hacia ella— ¿quién era?
— un amigo. Quiere hablar conmigo —respondió Anne mientras se dirigía a la puerta—
— ¿y qué hay de mí? —preguntó Edward con un leve toque de sarcasmo—
—Anne lo miró por encima del hombro— puedes quedarte aquí mientras tanto. Descansa, come algo. Pero no toques nada raro.
—Edward soltó una carcajada seca, levantando las manos en señal de rendición— entendido, hermana
Sin más palabras, Anne salió por la puerta, dejando a Edward solo en el apartamento. Él se acercó de nuevo a la ventana, mirando a su hermana mientras desaparecía entre la multitud de la calle.
— un amigo, ¿eh? —murmuró para sí mismo, con una mezcla de curiosidad y cautela—
Anne caminaba por las calles con el rostro parcialmente cubierto por una bufanda y la capucha de su abrigo. Aunque trataba de pasar desapercibida, podía escuchar los murmullos y fragmentos de conversación a medida que cruzaba entre la gente.
— es ella, ¿verdad? La chica del agua, Aquaria...
— dicen que salvó a muchas personas anoche.
— ¿qué pasa si hay más de esas criaturas?
Anne suspiró, acelerando el paso. No era momento para detenerse y aclarar cosas con extraños. Había suficiente en su mente como para preocuparse por lo que otros pensaran de ella. Finalmente llegó a la puerta del apartamento de Dorian y tocó dos veces antes de que él abriera casi de inmediato.
— entra rápido —dijo Dorian, haciéndose a un lado—
Anne asintió, entrando y quitándose el abrigo. El ambiente del lugar era cálido, pero la expresión seria de Dorian dejaba claro que no estaba para charlas triviales.
— bueno, aquí estoy. ¿Qué pasa? —preguntó Anne, sentándose en el sofá—
—Dorian apagó la televisión, donde aún se veía una pausa de las noticias de la noche anterior, y se giró hacia ella con los brazos cruzados— quiero saber qué pasó exactamente. ¿Qué fue todo eso de anoche? ¿Quién es el tipo con pinta de árbol y qué demonios era esa cosa de lodo y basura?
—Anne se cruzó de brazos, buscando las palabras adecuadas— la criatura… no sé qué era exactamente. Apareció y empezó a atacar. No tengo idea de cómo o por qué se creó, pero ya está destruida.
— ¿y el otro tipo? —insistió Dorian—
—Anne dudó un segundo antes de responder— es mi hermano, Edward.
—Dorian arqueó una ceja, sorprendido— ¿tu hermano? ¿El tipo que estaba atacando como un loco?
—Anne apretó los labios, algo molesta por el comentario— sí, él. Lo que le pasó… es complicado. Digamos que ha cambiado mucho desde la última vez que lo vi.
—Dorian se dejó caer en una silla, pensativo— ya veo. Bueno, vi cómo luchaba en las noticias. Y no me malinterpretes, parece fuerte, pero también vi otra cosa.
— ¿otra cosa? —preguntó Anne con el ceño fruncido—
— cómo peleaba —respondió Dorian, mirándola directamente— Atacaba sin control, sin importarle lo que tú hicieras o si estuvieras en peligro. Lo vi claro, Anne. Conozco muy bien esa manera de luchar.
— estaba enfocado en destruir a esa criatura —replicó ella, con un toque defensivo—
— ¿eso es lo que tú crees? ¿O es lo que quieres creer? —Dorian apoyó los codos en las rodillas, inclinándose hacia ella— Mira, no quiero meterme en tu relación con tu hermano, pero dejarlo quedarse en tu apartamento… Es una pésima idea.
—Anne se levantó del sofá, irritada— no tiene derecho a juzgarlo sin conocerlo, señor Rivers. Es mi hermano.
— y tú eres mi amiga. —replicó él con firmeza— Solo te estoy diciendo lo que vi. Ese tipo está lidiando con algo más grande de lo que parece, y no sé si sea seguro para ti estar cerca de él ahora.
Hubo un largo silencio entre ambos. Anne sabía que Dorian tenía razón en parte, pero no podía ignorar que Edward era su familia. Finalmente, suspiró, tratando de calmarse.
— entiendo lo que dices, pero él necesita ayuda. No puedo simplemente abandonarlo —dijo Anne, con un tono más conciliador—
—Dorian también se relajó un poco, asintiendo— está bien, pero prométeme que serás cuidadosa. No lo digo para molestarte, Anne, solo porque me preocupo por ti.
—Ella asintió, cruzándose de brazos— lo sé. Lo siento por enfadarme.
— yo también. —Dorian se levantó y sonrió levemente— Bueno, ¿seguimos con el entrenamiento?
—Anne sonrió con un toque de ironía— claro, aunque después de lo de anoche, me siento como si ya hubiera tenido suficiente práctica.
— créeme, apenas estás comenzando —dijo Dorian, guiándola hacia la pequeña área que habían preparado para entrenar—